Cuba D.C.

29 06 2001

Los emotivos desmayos de las divas del cine mudo no dieron tanto que hablar como el desmayo protagonizado por los 74 años de Fidel Castro, en vivo y en directo por la televisión cubana, mientras se dirigía en el Cotorro a una nutrida concurrencia el sábado pasado.

No menos de treinta artículos inundaron la prensa en apenas dos días, algunos de primera plana; Arafat y Chávez fueron los primeros en hacerle llegar sendos mensajes pidiéndole que no desmayara en su empeño. Se pasó revista a su historia clínica y ha habido todo tipo de diagnósticos: desde la leve lipotimia, un desbalance térmico que los ancianos ya no pueden compensar como los jóvenes, una arritmia cardíaca, una isquemia cerebral similar a la que, según comenta El Nuevo Herald, ya sufrió durante un Consejo de Estado en 1997, y que de durar más de unos pocos segundos, al dejar sin irrigación arterial el cerebro, lo dejaría fuera de combate, convertido en un vegetal, a juego con su atuendo. A propósito, se ha pasado revista en estos días a las diferentes ocasiones en que FC se ha quedado en blanco en la tribuna, vacíos que ha sorteado simulando buscar un papel extraviado. Aunque quizás el diagnóstico más “preciso” haya sido el del canciller Felipe Pérez Roque, quien trató de calmar a la multitud explicando que “el compañero Fidel ha tenido (…) un momentáneo descenso». Claro que no se trata del descenso que muchos vienen esperando desde 1960, sino de un ensayo, al que el propio FC se refirió en broma como “hacerse el muerto para ver qué entierro le hacían”. En un futuro próximo sabremos si le gustó la parálisis de la gerontocracia histórica, la vacilación de Carlos Lage, que se dirigía a la tribuna en cámara lenta, la discusión de su secretario, Carlos Balenciaga, con su canciller Felipito, el raudo asalto a los micrófonos de Pérez Roque, como de actor secundario que intenta atrapar al vuelo un protagónico, sabiendo que esas oportunidades se dan una vez en la vida. Cosa de la que algo sabían Carlos Aldana y Roberto Robaina cuando les concedieron su jubilación anticipada.

Durante los últimos días se han vertido millones de palabras para analizar las reacciones de las personas e instituciones más afectadas por el desmayo, pensando, claro está, en el desmayo final, idea que pasó por la mente de todos, amigos y enemigos, mientras se apagaba “la voz más alta de Cuba”, como la llama el locutor Rafael Serrano, y “el padre de nuestra independencia” (ídem) caía hacia la tribuna. Los escudos blindados desplegados a su alrededor por los miembros de la escolta, mientras lo sacaban en brazos, son la última versión del escudo que tradicionalmente ha desplegado el gobierno y la prensa cubana alrededor de sus problemas de salud y el tema tabú de su muerte. Pero lo cierto es que pasada cierta edad, el tema se ha hecho recurrente: notas de prensa, rumores, documentales enteros donde se pregunta a los cubanos por la era D.C., el éxito en U.S.A. de los pulóveres con la inscripción B.C. (Before Castro), ofrendas a la Caridad del Cobre para que lo cuele en la lista de espera, planes de contingencia, trifulcas sucesorias, y, sobre todo, decenas de chistes.

Todo esto ha demostrado que la llamada “dirección colegiada”, a que se ha referido FC en reiteradas ocasiones para eludir la marca de fábrica “dictadura personal”, es apenas un chiste que alude al colegio nacional, donde hay muchos alumnos, pero un solo director, cuya muerte provocará confusión y reyertas en el patio de la escuela. Ni amigos ni enemigos están preparados para lo inevitable. La Era D.C. es una ecuación con muchas variables y pocas (o ninguna) constante.

¿Estamos preparados para el cambio?

En el caso de las autoridades cubanas, hay una línea dinástica predeterminada, cuyo cumplimiento es, cuando menos, riesgoso: por razones de edad y de talento, y dos nuevas generaciones que aspiran al poder, sin que el grado de simulación que impera en la vida pública cubana permita conjeturar, razonablemente, la dirección en que lo ejercerán (suponiendo que el Jurasic Park no los purgue antes). Esta situación de indeterminación es la maniobra post-mortem del líder cubano: al presuponer que su obra continuará sin cambios —cosa de la que su propia inteligencia debe, razonablemente, dudar—, confirma para la posteridad el papel de héroe clásico, guerrillero perpetuo, azote de la injusticia y prócer ideológico del Tercer Mundo que ha pretendido representar durante medio siglo de cara a la galería. Aunque entre bambalinas sus propios utileros comenten que todo cuanto ha hecho ha sido, en cada momento, lo más apropiado para su perpetuación en el poder. Si el esquema ilusorio de la Revolución Milenarista se derrumbara, la rebatiña por el poder, la ascensión de personajillos y el caos bien podrían fomentar en una parte del pueblo cubano la nostalgia por aquellos felices tiempos en que FC nos gobernaba. Una jugada maestra, continuadora de esa praxis que ha consistido, durante más de 40 años en alimentar la megalomanía de un cubano con la infelicidad de los otros.

En cuanto a la disidencia interna: ¿Existe un plan de acción para el instante en que el desmayo sea irreversible? ¿Será lo adecuado forzar de inmediato a un cambio, convocando a la calle, o esperar a que se diriman las reyertas sucesorias y saber entonces a qué atenernos? Ignoro cuál o cuáles serán las variantes de actuación en cada caso, pero si hay algo claro es que urge posicionarse, buscar vías para multiplicar su poder de convocatoria (aún en estas condiciones extremadamente difíciles), porque ellos son, sin dudas, la primera línea de una sociedad civil que tendrá la difícil misión de abortar un segundo acto de la tragedia nacional.

El exilio, que ha clamado durante decenios por la nueva era, que celebrará el último desmayo con más pirotecnia que el fin de milenio, ¿está preparado para asumirlo? ¿Está preparado para comprender que, en primera instancia, nuestra tarea será apoyar incondicionalmente a todas las tendencias políticas que propugnen desde la Isla la restauración de las instituciones democráticas? ¿Está preparado el exilio para cambiar el discurso reivindicativo hacia un discurso de cooperación, encuentro y diálogo con nuestros hermanos de la Isla que durante decenios han luchado por la democracia en medio de la persecución y el silencio? La perseverancia de las ayudas familiares y los sólidos nexos personales entre cubanos de las dos orillas me permiten conjeturar que el exiliado de a pie está preparado. No obstante, tengo mis dudas sobre algunas formaciones políticas: ¿podrán, quienes han crecido en la confrontación y se han alimentado de la beligerancia, reciclarse hacia la colaboración generosa por el bien de todos los cubanos? ¿Podrán, de inmediato, ponerse al servicio del futuro cubano, sin pretender de inmediato un protagonismo que recaerá, sin dudas, sobre los actores políticos de la Isla? En perspectiva, Cuba reconocerá a todos sus ciudadanos, de adentro y de afuera, y su destino será obra de todos; pero conviene recordar que 40 años de propaganda no pasan en vano, y que una abrupta entrada del exilio puede reforzar las tesis más apocalípticas de la gerontocracia en el poder; mientras la colaboración desmantelará prejuicios y aceitará la transición indolora hacia un futuro plural y democrático.

¿Está preparado el gobierno norteamericano para un cambio drástico en Cuba? Por ahora, la única preparada es la Guardia Costera, que entrará en máxima alerta ante una posible avalancha. Cuarenta años de tozudo e ineficaz embargo, que sólo ha servido como excusa política a FC, me permiten dudar sobre su capacidad de reaccionar de modo flexible y ajustado a las necesidades de la Isla, de cara a una transición. El hecho de que cualquier gobierno norteamericano responde, ante todo, a los intereses de Norteamérica, no recomienda exigirle peras al olmo, para evitar decepciones. Y la diversidad de fuerzas, con frecuencia contrarias, que se conjugan en su política, tampoco permite un pronóstico fiable.

Y el último, que sería el primero: la población de la Isla. ¿Está preparada? Es obvio que no hay muestreos de opinión serios. Pero cualquiera que tome el pulso a la calle notará la coexistencia de esperanza y miedo, ansiedad por que acabe de ocurrir y desconfianza en lo que pueda ocurrir. Muchos mayores temen a un futuro de capitalismo salvaje sin garantías sociales. Los jóvenes, crecidos en la simulación, el discurso hueco y la picaresca, sin una sociedad civil que les ofrezca variantes con las que vertebrar sus ilusiones, confían más en la salida personal (con pavorosa frecuencia sólo “salida”), que en la penosa reconstrucción de un país desmantelado. Muchos están cansados: 40 años construyendo el socialismo más la perspectiva de pasarse otros 20 construyendo el capitalismo es pasarse la vida entera en obras. Se detesta el poder absoluto y paralizante. Se detesta al vacío donde cabría lo mejor y lo peor. Confío en la inteligencia, la capacidad de adaptación y la flexibilidad de nuestros compatriotas de la Isla; confío en su creatividad para construir un futuro mejor, pero no dejo de pensar que la transición puede ser ardua para todos, y especialmente dolorosa en el caso de los menos aptos.

El último chiste sobre el desmayo, cuenta que el médico que lo atendió en la ambulancia sale demacrado y los escoltas le preguntan: Doctor, ¿hay esperanzas? Y el médico contesta: No. Se está recuperando.

Yo confío en que haya esperanzas para todos en el futuro D.C. de la Isla, pero antes deberemos desmayar el desmayo, y no desmayar en el pre diseño de un porvenir que no puede caernos encima como un diluvio en plena seca, sin premeditación y con mucha alevosía. En cierta época se repitió hasta el aburrimiento que “los hombres mueren, el Partido es inmortal”. Fraguar desde ahora una Cuba próspera, plural y democrática, es la mejor manera de confirmar que las leyes de la naturaleza no tienen excepciones.

 

Cuba D.C. ”; en: Cubaencuentro, Madrid,29 de junio, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/06/29/2883.html.

 





Impunidad en extinción

26 06 2001

El hasta hace no mucho intocable Slovodan Milosevich, promotor de la década más sangrienta en los Balcanes, fue obligado por la presión popular a aceptar los resultados de las últimas elecciones. Fue encarcelado más tarde por delitos económicos, y esta semana se discute su extradición al Tribunal Internacional de La Haya, donde será juzgado por crímenes de guerra y genocidio.

El hasta hace no mucho intocable Vladimiro Montesinos, hombre fuerte durante los gobiernos de Alberto Fujimori, tras una huida rocambolesca que incluyó cirugía plástica, fue detenido en Caracas por agentes de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM), y ha sido deportado a Perú, donde deberá responder a las acusaciones de enriquecimiento ilícito, torturas, asesinato y tráfico ilegal de armas y drogas.

La televisión venezolana mostró imágenes de siete personas, una de las cuales parecía ser Montesinos, cuando subían a un avión peruano en el aeropuerto internacional de Maiquetía, a 35 kilómetros de Caracas, a las 01:30 hora local del lunes (05.30 GMT), aunque el suceso no fue confirmado por fuentes oficiales. En la noche del sábado había sido detenido en el barrio “23 de enero”, a escasos mil metros del palacio presidencial de Miraflores, por agentes de la Dirección de Inteligencia Militar, el otrora intocable de la corruptocracia fujimorista.

El hasta hoy intocable Alberto Fujimori, tras el ridículo internacional que supone la huída de un jefe de Estado en activo por la puerta trasera, continúa bajo la protección de las autoridades niponas, que se niegan a su extradición.

La legislación yugoslava no contempla la extradición de sus ciudadanos a terceros países o tribunales internacionales. No obstante, se discute la adopción de un decreto ley, dado que el proyecto de entrega de Milosevich ya fue bombardeado en el parlamento por los socialistas montenegrinos. Aunque el Partido Socialista Popular (SNP) de Montenegro, sólo obtuvo el 30% de los votos de un país de 640.000 habitantes, y aunque la coalición DOS en el poder cuenta con la mayoría de los 10 millones de votantes serbios, el sistema de cuotas autonómicas imperante permitió a los 29 diputados socialistas impedir la votación.

El Partido Socialista de Serbia, que aún dirige Milosevich, ha tildado a la posible extradición como “golpe a la democracia” —curioso alegato por parte de quienes no aceptaron las últimas elecciones democráticas—. Es comprensible que el gobierno de Vojislav Kostunica se apresure a mostrar su colaboración con la justicia internacional, dado que el próximo 29 se podría decidir en Bruselas una primera donación de 1.200 millones de dólares a Yugoslavia. Una ayuda condicionada a su actitud ante la justicia internacional. Y es penoso el ultimátum de Washington que exige, a un país destruido por los bombardeos y que vive una delicada transición democrática después de una década de corrupción, dictadura encubierta y sangre, la decisión de entrega antes de ese día.

Tampoco los partidarios de Milosevich se quedarán de brazos cruzados, y ya el ejército de abogados que participa en su defensa ofrece 250 millones de marcos alemanes como fianza por su liberación a la espera de juicio. De donde se desprende que su salario como jefe de Estado debió ser considerable.

Las encuestas demuestran que en la calle hay rechazo de los serbios al Tribunal de La Haya, al que consideran parcial en contra de los crímenes serbios, y más “benigno” con otros ex-yugoslavos; aunque admiten la extradición si es el precio a pagar para evitar las sanciones internacionales, lograr las ayudas, y reconstruir el país y su imagen. El propio presidente, Vojislav Kostunica, opina que la entrega es inevitable, pero injusta.

Sea juzgado en La Haya, lo que parece más probable, o en Serbia, o en ambos, lo ejemplar de este caso es que engrosa una lista donde ya constan el ex-dictador Augusto Pinochet, ahora Vladimiro Montesinos, y confiemos que en breve el nuevo hijo del Sol Naciente, Alberto Fujimori.

Nunca la justicia ha sido igualmente justa: dinero y poder han sido, y son, atenuantes de peso. La doctrina de no injerencia en los asuntos internos de otros países ha servido de refugio a dictadores, criminales de guerra y mafiosos de Estado. La justicia internacional, tampoco: Estados Unidos puede montar una redada policial a gran escala para capturar al mafioso Noriega; pero ni se les ocurre una acción equivalente contra China o Rusia. Hay aún dictadores amigos y dictadores enemigos, importante coartada. Los casos de Pinochet, Milosevich y Montesinos no han derogado la impunidad como ley; la mera existencia del Tribunal de La Haya, organismo de las Naciones Unidas, tampoco. Pero tanto unos como otros, acercan el día de la justicia globalizada, cuando promotores de genocidios, dictadores y delincuentes de Estado se vean obligados a acudir a las agencias espaciales para encontrar un refugio seguro.

Impunidad en extinción”; en: Cubaencuentro, Madrid,  26 de junio, 2001. http://www.cubaencuentro.com/meridiano/2001/06/26/2838.html.

 





Corrupciones

22 06 2001

Tras casi medio siglo de socialismo, Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba, declaró que la corrupción es un mal inherente al sistema capitalista, pero ajeno al socialismo. Sin llegar a culpar al Imperialismo, llamó a combatirlo, dado “el vínculo existente entre la batalla de ideas y la lucha contra las indisciplinas sociales en todas sus expresiones”. Siendo “indisciplina social” un término donde lo mismo cabe la salida ilegal, el saqueo a Liborio o la compra de malanga en bolsa negra. Casi al mismo tiempo, Carlos Lage, en una reunión con directores de empresas, afirmaba que “sin el apoyo de las masas no podemos combatir a los corruptos». Exhortación de la que se deduce que ese apoyo no abunda. ¿Es sólo una malévola deducción mía o una realidad? No es tan difícil averiguarlo.

Ante todo, ¿cuál es el panorama de la Cuba actual que se desprende de la propia prensa de la Isla?

A la batalla contra las viviendas ilegales o paralegales que se está librando desde hace un tiempo —no construyendo casas, sino mediante medidas policiales—, ha seguido una redada contra decenas de administradores, acusados de apropiación ilícita, robo a portafolio armado, y el consiguiente lujo (o lujillo), que abofetea en ambas mejillas la miseria del cubano raso.

Mejillas ya maltrechas por el maltrato cotidiano en los comercios —en dólares o pesos, indistintamente—, que “linda a veces con la humillación” como nos cuenta la prensa cubana, hasta el punto de que Trabajadores llama “pesadilla cotidiana” a la compra de cualquier producto en la red comercial. Y Tribuna de La Habana cita las tribulaciones de una pobre mujer que dedicó tres meses y 529 dólares (cuatro años y medio de salario) a comprar un refrigerador defectuoso.

Un país donde los “buzos” escarban con fervor en los basureros para rapiñar restos servibles, con los que paliar los estragos de un Período Especial que ya parece Período Regular. Otros tienen más suerte, y son contratados por algunas empresas supuestamente “independientes”, patrocinadas por el Estado cubano, para servir como camareros a bordo de cruceros, ferris y yates de lujo, personal que hoy “navega en 16 cruceros en todas las latitudes” (según Granma); como médicos en África y América Latina, etc., recibiendo, de los mil dólares mensuales que a cambio de su trabajo pagan al gobierno cubano las empresas extranjeras,2 dólares diarios y una propina en moneda nacional —según refiere a El Nuevo Herald una fuente cercana a estas empresas—,. Y todos tan felices: el cubano con 60 dólares al mes, el gobierno con 940, y el empresario extranjero que se ahorra un buen dinero, al contratar a precio de ganga un semiesclavo altamente capacitado.

Por eso no resulta raro que los índices de alcoholismo hayan crecido estrepitosamente, tal como reconoce el diario Juventud Rebelde. No se trata de un mero rasgo de nuestra idiosincrasia o de una herencia familiar. Es el reflejo puro y duro de una juventud sin esperanzas que se debate entre la corrupción, la resignación y el exilio. Según Dionisio Zaldívar, decano de la Facultad de Sicología de la Universidad de La Habana, el alcohol es un «sustituto” que intenta “llenar su vacío existencial o material”.

Como tampoco resulta raro que el gobierno cubano haya decidido hacer un inventario de “conductas impropias”. Para ello el Buró Político ha creado las “Comisiones de Fidelidad”, encabezadas por miembros del Grupo de Apoyo de Fidel Castro, y cuya función primera es orientar a los CDR la relación pormenorizada de ilegalidades, cuadra a cuadra: arrendatarios que no pagan impuestos, cuentapropistas por la libre, vendedores ambulantes, empresarios del durofrío y ejecutivos de la carpintería y la plomería que operan sin licencias. Engendros del capitalismo naciente que seguramente son los causantes de todos los males de la República.

Dado que la corrupción y la ilegalidad son consustanciales al capitalismo, pero ajenas al socialismo, se sospecha que estos administradores que suministran más de lo que administran, las peluqueras ilícitas y los buhoneros de la bolsa negra, son importados, o cuando menos un derivado ideológico de la globalización.

Lo cierto es que la historia de Cuba es reacia a corroborar las palabras de Alarcón. Tras una dictadura corrupta, el primer acto de los guerrilleros en el poder fue instalarse en las mansiones que iba desalojando la burguesía criolla y hacer ondear las barbas al viento en Cadillacs convertibles último modelo. La era del igualitarismo ocultó, bajo la homogeneidad discreta de los uniformes, el lujo de puertas adentro y del Morro hacia afuera. Los 70 y los 80 presenciaron las mil y una corrupciones que Fidel Castro “descubrió” durante el llamado Proceso de Rectificación, y en los escándalos de drogas, dólares, marfil y diamantes que cerraron con broche de oro la década. Los 90 han sido los años del sálvense quien pueda. Los más pobres bucean en la basura. Y los de siempre se apresuran a reciclar sus currículos ideológicos hacia la libre empresa, al amparo gubernamental; exportando con frecuencia a sus hijos hacia países donde aprenderán las malas artes del capitalismo, y servirán de cápsula de emergencia en caso de que empeore el panorama insular. El legado de los burgueses nacionales ya fue repartido. Ahora tienden la mano, ávidos, hacia los burgueses foráneos. En el Serengueti, hay mucha fauna parecida que vive de los despojos. Un tipo de corrupción que no es, por supuesto, privilegio de Cuba. Gobiernos corruptos sobran en este mundo.

Lo más lamentable de nuestro caso es la corrupción masiva. La corrupción de quien simula una adhesión política para estudiar en una universidad, obtener un puesto digno de trabajo o los mínimos bienes que su sola probidad profesional jamás le otorgaría. La corrupción de quienes suplantaron el trabajo con el discurso, y han hecho de la genuflexión una exitosa carrera. La corrupción del periodista obligado a hacer silencio; del ingeniero condenado a ejecutar sin objeciones la obra imposible que ayer se le ocurrió al Ingeniero en Jefe; del sociólogo al que sólo se le concede libertad para comentar los conflictos tribales en Burundi. La corrupción del trabajo como única fuente de bienestar, porque si una lección ha quedado clara en 40 años, es que en Cuba “el que no trabaja, sí come, y come bien”. El que trabaja, en cambio, suele pasarlas negras; salvo que se arrime a la moneda enemiga que tantos amigos suscita. Y la peor de todas: la continua corrupción de la vida cotidiana. El chanchullo y el trapicheo, la bolsa negra, el saqueo a Liborio, el trabajito tapiñao por cuenta propia, el engome y la envolvencia, la resolvedera y el bisne: en caso de naufragio todo vale para no ahogarse. Puede decirse categóricamente que si un cubano, uno solo, se hubiese empecinado en no quebrantar la ley durante estos 40 años, ya sería cadáver. Cualquier dietista del mundo confirmará que nadie sobrevive a 40 años de monogamia con la libreta de (des)abastecimientos. Ni a los diez últimos. De modo que la existencia del pueblo cubano, vivito y coleando, es la mejor prueba de que la corrupción es el legado por excelencia de estos 40 años, nuestro modus vivendi. Y el entramado de transacciones ilegales es tan vasto que quien compra carne en bolsa negra, no denunciará al que vende aceite robado de la shopping, porque la carne hervida pierde su gracia.

Claro que la corrupción tiene una enorme utilidad política. Un ministro puede ser devoto y corrupto. Tan pronto flaquea su fe, o pretende un sitio en el Olimpo que no le corresponde, sus corruptelas se “descubren”. Un disidente puede ser encarcelado por comprar leche en bolsa negra. Y el albañil que denuncie la mansión que el administrador le hizo a su amante, será pulverizado por robarse dos palos con qué apuntalar la barbacoa. La mayor perversión del sistema es que te obliga a corromperte para sobrevivir y deja en suspenso la condena mientras des muestras de “buena conducta”. Todo superviviente es chantajeable. El mayor acto de disidencia es estar muerto.

Seguramente Lage tiene razón, y “sin el apoyo de las masas no podemos combatir a los corruptos”. Pero antes debería solicitar el apoyo del gobierno.

 

“Corrupciones”; en: Cubaencuentro, Madrid, 22 de junio, 2001 http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/06/22/2801.html.

 





Dime con quién enlazas

19 06 2001

En su traslación a Internet, el viejo refrán “dime con quién andas y te diré quién eres”, podría reeditarse como “dime con quién enlazas, y te diré quién eres”.

Por lo general, podemos descubrir la identidad de una página revisando aquellas que sus autores tienen a bien ofrecernos como merecedoras del “honor” de figurar en el selecto (y por fuerza reducido) grupo de las que aportan algo o complementan la página en cuestión, más las que simplemente gozan la condición de afines.

Revisando recientemente los enlaces que recomienda un suplemento cultural del diario Juventud Rebelde, encontré un enlace de nombre enigmático: Haika. Al visitar la página, descubrí que se trataba del órgano de la organización juvenil homóloga, que con 4.000 militantes se define como “la agrupación juvenil de izquierdas más importante de Europa” (así serán las otras) y, específicamente, de la izquierda aberzale (izquierda radical del País Vasco), cuya postura ante la violencia y el terrorismo se deduce de los textos publicados en ella.

Para quienes no estén familiarizados con el tema, vale aclarar que la izquierda aberzale va desde un partido político legal, EH, que en las últimas elecciones acaparó menos del 10% del electorado; los grupos juveniles que promueven la kale borroka (lucha en la calle), consistente en la quema de cajeros, sedes bancarias, empresas de trabajo temporal, y autos de policías o de políticos de otras formaciones; hasta ETA, en el otro extremo, que practica su particular versión de la guerra de independencia: el coche bomba y el tiro en la nuca. El común denominador es que todos se dicen independentistas, socialistas e internacionalistas. Y todos reivindican la soberanía del País Vasco (Euskadi), que en su imaginario no sólo abarca el territorio actual, sino el País Vasco Norte (parte de Francia) y Navarra.

En la página a que nos invita Juventud Rebelde, aparece una entrevista a un grupo de jóvenes protagonistas de la kale borroka publicada originalmente por la revista clandestina Resistencia, y reproducida por Haika bajo el título “La kale borroka como método de respuesta”. Un joven que emplea el seudónimo Eneko, alega que “En unos Estados policiales, corruptos, militarizados y fascistas como en los que nos hacen vivir, no se puede desarrollar por desgracia otras formas de protesta. Sales en manifestación y te la prohíben y te cosen a hostias (sic.). No existen medios de comunicación potentes en los que desarrollar las denuncias (…) Euskal Herria está dividida en tres comunidades, están asesinando a los presos políticos y a los exiliados, estamos en el puto paro, explotados, reprimidos y sin ninguna posibilidad de salir de la miseria como pueblo”. El lector ingenuo que desde Juventud Rebelde acceda a esta página imaginará un País Vasco tomado por los tanques españoles, nativos masacrados, manifestaciones disueltas a balazos; un País Vasco sumido en la miseria: masas hambreadas, mendicidad, una suerte de Tercer Mundo bajo la bota imperialista española.

Pero el lector ingenuo tropezará poco después, en la propia publicación, con el artículo “Pueblo palestino sí, pueblo vasco no”, de Roberto Delgado, quien nos cuenta que existen en Euskadi sindicatos nacionalistas, organismos que predican públicamente la desobediencia civil, asociaciones de vecinos con carácter independiente, medios de prensa, partidos y organizaciones juveniles independientes del Estado español. Ya quisiera la disidencia cubana, que opera dentro de un socialismo que para muchos aberzales es paradigmático, disfrutar del 10% de las facilidades que disfrutan estos oprimidos por el imperialismo español. Pero aún más, nos cuenta cómo los hambreados y explotados, en colecta popular, reunieron en un año casi seis millones de dólares para crear un nuevo diario. Disfrutar de una miseria tan solvente sería un sueño para muchos países que conozco. Y, ya de paso, le aclaro al lector ingenuo, que Euskadi es la región española con mayor ingreso per cápita, la más industrializada, y la que disfruta de un sistema fiscal especialmente beneficioso para la comunidad.

Si todavía el lector ingenuo continuara simpatizando con la lucha de ese pueblo pequeño por su independencia, deberá saber que, según Roberto Delgado, ello pasaría por una perspectiva anticapitalista y antiimperialista, procesos similares a los que están ocurriendo en México, Bolivia, Brasil, Palestina o Kurdistán (¡¿?!). Quizás el ingenuo simpatizante quede tan confundido como yo. Y todavía se pregunta Delgado por qué el resto de la izquierda española apoya la lucha en Palestina, pero no las reivindicaciones aberzales. Su explicación es, cuando menos, curiosa, dado que en su opinión “las acciones violentas de ETA están produciendo odio en la izquierda, ya que estas acciones no son condenadas por un porcentaje alto de la población vasca”. Una apreciación que no concuerda con la catástrofe electoral de EH, brazo político de ETA.

Por su parte, el joven Eneko, paladín de la kale borroka, no se preocupa por tales sutilezas y exige la rendición incondicional del Estado español: “ETA está hablando clara y contundentemente de que no hay salida policial, que, o se sientan a negociar o les costará muy cara su cerrazón fascista”. (Cuando dice “hablar” se refiere al estruendo de la dinamita y los disparos). Con lo cual el lector ingenuo tendrá que revisar su concepto de fascismo: dilucidar quién fue primero, si el huevo o la gallina; calibrar cómo se llama esto de que el 10% de la sociedad pretenda imponer a bombazos y cocteles molotov su versión del futuro al 90%, y buscar en las enciclopedias en qué momento de la historia existió esa Euskal Herría independiente, esa Jauja Vasca mítica y feliz que reivindican los amigos de Juventud Rebelde, en nombre de un socialismo que ocupa ya, ese sí, un lugar en los libros de historia.

Avísenme si encuentran la respuesta.

 

“Dime con quién enlazas”; en: Cubaencuentro, Madrid,19 de junio, 2001. http://www.cubaencuentro.com/meridiano/2001/06/20/2757.html.

 





Papirriquis sin fronteras

18 06 2001

No se trata de una nueva ONG, sino de los papirriquis (y mamirriquis), preferiblemente (o presuntamente) con guaniquiqui, que buscan allende los mares el amor de su vida. Traducido al castellano de la Real Academia, me refiero a los cardúmenes de españoles(as) (primer lugar en el ranking amoroso de importación), italianos, canadienses, mexicanos, etc., todos con (as) final, que acuden al Caribe a la caza del mancebo o la doncella, cuya veda fue levantada hace ya algunos años.

La agencia Reuters nos informa que en 2000 fueron concertados 2.573 matrimonios entre súbditos del Rey Juan Carlos y súbditos de Fidel Castro. Son mayoría las damas criollas con pretendiente peninsular; pero el ejemplo de las famosas hispánicas ha puesto de moda al macho cubensis, cuyo average de casorios crece vertiginosamente.

Con mil bodas, Italia es el segundo destino del turismo matrimonial. Le siguen Francia con 187, y Gran Bretaña con unas 100. Será cosa del idioma. Ya se sabe que el amor es comunicación. ¿Estaremos en presencia de una nueva conquista, pero esta vez más cariñosa y en sentido opuesto? ¿Cuántos de estos matrimonios terminan en divorcio? El dato no se conoce.

El caso de Joaquín Pérez citado por Reuters es ejemplar: a sus 71 años encontró en Cuba novia de 38. Amor y boda fulminantes —las flechas de Cupido son ahora turbo—, regreso al terruño y fin del partido por abandono cuando la muchacha partió sin decir a dónde, llevándose el coche con apenas 5.000 kilómetros de rodaje, aire acondicionado, ABS, llantas de aleación y elevalunas eléctricos. En su carta al consulado, se queja el abandonado: “Ella siempre me dijo que la diferencia de edad no importaba y que le gustaban los hombres maduros”. Don Joaquín es indulgente con la “madurez” de sus 71 años. Su carta, junto a la de otros (auto)engañados, como una suerte de “contraindicaciones” destinadas a los presuntos, cuelga en la sala del consulado español, donde hacen cola las parejas para formalizar su amor sin fronteras. Algo francamente ridículo, por no decir patético.

Es cierto que la extroversión del cubano hace más fácil entablar una relación en la Isla que en las ciudades europeas, donde entre las prisas y esa cáscara impermeable que con frecuencia protege la identidad, el prójimo deja de ser próximo, y el otro subraya su otredad. El Estado del bienestar proporciona confort, no compañía. Y la soledad es una dolencia que no cubre la Seguridad Social. Todo eso influye en que el turismo sexo-matrimonial vaya ganando incluso sus agencias de viajes especializadas, donde explican las técnicas para el ligue caribeño, los indicios para diferenciar una chica común —si usted va en plan serio— de una jinetera—si va en plan putañero—. Claro que es trágico. Tanto la situación de soltería forzosa en pueblos donde las muchachas emigran a la ciudad, mientras los varones se quedan en las labores del campo —Babilafuente, Arabayona y Cantalpino, cerca de Salamanca, han organizado incluso caravanas de solteros a la Isla—; como la de quienes necesitan cruzar la Mar Océana para toparse en persona con el sexo opuesto. Y la circunstancia de la Isla no puede ser más propicia: miseria, falta de expectativas, limitaciones migratorias y, sobre todo, la noción de que el statu quo no tiene intención de escampar en un futuro previsible. En definitiva, el altar es menos temerario que la balsa, y por muy peligroso que sea el pretendiente, nunca lo será tanto como la Corriente del Golfo.

El sueño de muchas muchachas italianas o alemanas de la postguerra era casarse con un soldadito norteamericano. Y Cuba vive la mayor postguerra sin guerra que se recuerda. “Aquí no estamos viviendo, sino durando”, decía alguien, y para ello hay que echar mano a una picaresca de la supervivencia en que la moral que no da de comer es inmoral. Y en este caso, ayuda el hecho de que para el cubano el matrimonio no es una institución sacrosanta, sino un estatus voluntario, eventual y reversible.

¿Son todos los matrimonios un pacto entre la voluntad migratoria y la ceguera voluntaria? En lo absoluto. Conozco parejas internacionales que llevan veinte (felices o apacibles) años de convivencia. Hay, y ha habido siempre, amores sin fronteras. Y bodas internacionales en que la seguridad material, un mínimo confort, suplantan al amor. También entre compatriotas, valga la aclaración. Pero sólo en circunstancias muy propicias la globalización del himeneo alcanza el grado de epidemia.

Si la Cuba de hace veinte años era Territorio Libre de Prostitución, el incremento del turismo a mediados de los 80, junto a la expansión de una red comercial en dólares, favorecieron su reaparición. La causa, ya se sabe, es otra. Ya existe hoy en la prostitución cubana un verdadero ecosistema: poblado por especies diversas. Desde la jinetera patriótica, que trabaja en moneda nacional, y suda la cintura en la base de la escala social; hasta la jinetera de áreas verdes, que opera exclusivamente en monedas exóticas, o la parajinetera, que combina el ejercicio de oficios muy diversos con la cabalgata ocasional. Se cubren todos los matices del espectro social y todas las tarifas. Incluso las no tarifadas: se trata de convencer al presunto de que lo mío es puro amor, papito (mamita). Puedo aceptarte un regalo, pero no me tarifo. Regresa y aquí me tienes, Francisco ó María José ó Pierre ó Selma, esperándote como tu novia(o) fiel. Hasta que el incauto pica el cebo, paga la boda, el billete de avión y se trae su flamante nativa(o), que posiblemente lo abandone al cabo de tres meses o un año, una vez consolidada su posición en la vieja Europa.

De cualquier modo, nada de lo que escriba exorcizará mi tristeza por esas muchachas y muchachos que venden su juventud y parte de su alma. Aunque quizás sea que estoy envejeciendo, y no acabo de enterarme de que en la pragmática del siglo XXI, piel y músculos son mercancías tan honorables como cualquier otra, sujetas a las leyes del mercado.

Tristeza (mayor) por esos solterones sin otra opción que importar una dosis de amor. O por esos putófilos trasatlánticos, obligados a recorrer 10.000 kilómetros con una valija de bragas y jabones para comprar lo que cualquier caníbal de Nueva Guinea: una ración de carne humana.

“Papirriquis sin fronteras”; en: Cubaencuentro, Madrid,18 de junio, 2001. http://www.cubaencuentro.com/lamirada/2001/06/20/2745.html.





Puentes y coartadas

15 06 2001

Mientras Bush reafirmaba en Madrid su voluntad de mantener el embargo a Cuba, un grupo de liberales y representantes de los Estados agrícolas, presentó en el Congreso nuevas facilidades para vender alimentos y medicinas a la Isla; a pesar de que esa tímida apertura del año pasado (incluyendo restricciones al financiamiento y los viajes a Cuba) no fue aceptada por el gobierno de La Habana.

Bridges to the Cuban People (Puentes con el pueblo de Cuba) se denomina la ley redactada por el senador demócrata por Connecticut, Christopher Dodd, con catorce copatrocinadores, que incluyen a tres senadores republicanos. Otro proyecto de ley colateral, esta vez con unos 80 copatrocinadores, fue presentado por el demócrata del Bronx José Serrano y el republicano por Iowa Jim Leach. Dodd, aprovechando su jurisdicción en los temas legislativos relacionados con Cuba, como presidente del subcomité del Hemisferio Occidental, perteneciente al Comité de Relaciones Exteriores, y el dominio de los demócratas en el senado, propone eliminar restricciones sobre viajes y ventas de alimentos. Le apoyan en el ablandamiento del embargo tanto Tom Daschle, líder de la mayoría, como el presidente del Comité de Agricultura, Tom Harkin.

Por su parte, George Bush, eludió dar por sentado en Madrid que se prorrogará de nuevo, el 17 de julio, el Título III de la Ley Helms-Burton, que establece sanciones extraterritoriales a las empresas que operen en Cuba, especialmente si ocupan instalaciones de antiguos propietarios norteamericanos. Ello afectaría a numerosas empresas europeas, canadienses, japonesas y mexicanas, y especialmente a las empresas españolas, primer socio comercial de Cuba en la Unión Europea.

Al respecto, Bush concedió, en referencia a la cadena hotelera Sol-Meliá: “Me doy cuenta de que hay un problema que afecta a una empresa española y trabajaremos para resolverlo”, pero reafirmó que “tenemos previsto mantener el embargo sobre Cuba hasta que Fidel Castro libere a los presos, organice elecciones y abrace la libertad”. Abrazo improbable.

Una postura que ya parece parte de las tradiciones presidenciales norteamericanas, a pesar de su ineficacia demostrada a lo largo de cuatro décadas. Si el propósito del embargo ha sido presionar al señor Fidel Castro a una apertura democrática, o al menos a la instauración de una economía de mercado (cosa que ha bastado en el caso de China para mantener buenas relaciones), el resultado es bien visible. La “amistad indestructible” con la Unión Soviética, consignada incluso en la Constitución de 1976, caso único, que yo recuerde, de un país citando a otro en su carta magna, permitió paliar durante treinta años los efectos del embargo. La cautelosa apertura al capital extranjero después, la dolarización y la copiosa ayuda familiar aportada por el exilio, han sido las tablas de salvación desde inicios de los 90. ¿No existe el tal embargo, y por tanto no hay razón para que se derogue, como argumentan contradictoriamente algunos? Sí, existe, y encarece el comercio cubano al privarlo de su mercado más cercano, cierra puertas a sus exportaciones e impide la llegada del tradicional turismo procedente de Estados Unidos. Su efecto ha sido calculado por La Habana en 40.000 millones de dólares. Cifra mínima en el balance de estos cuarenta años, y que denuncia a la nefasta política económica insular como el primer causante de su bancarrota: uno de los primeros países del continente, convertido en uno de los últimos, lo que explica por qué el país que recibió un millón de inmigrantes en la primera mitad de siglo, vio huir a dos millones en la segunda mitad. Ahora bien, si el propósito del embargo ha sido convocar la solidaridad internacional (según el esquema elemental de David y Goliat), y apuntalar ideológicamente al señor Fidel Castro, lo ha conseguido con una eficacia envidiable. Durante cuatro décadas el embargo ha sido el culpable perfecto, mentira que machacada a diario por la propaganda en el cerebro de los cubanos, ha llegado a convertirse en semiverdad. Por eso no es casual que ante cualquier intento de apertura (Carter, Clinton), la respuesta de La Habana haya sido el Mariel, el derribo de avionetas, etc. Si un día Washington decide dejar a FC sin coartada, ya lo veremos denunciando “esa nueva maniobra del imperialismo”, y haciendo lo imposible por abortar el levantamiento del embargo. En definitiva, los mandatarios de la Isla no carecen por su culpa ni de lo imprescindible ni de lo superfluo, y quien en todo caso sufre sus efectos, el pueblo llano, no tiene la oportunidad de pronunciarse en las urnas. Razón que explica el éxodo más copioso de nuestra historia, aunque de eso también tiene la culpa, en la retórica surrealista de La Habana, la perversa Ley de Ajuste, y no la miseria sin esperanza en que vive el ciudadano de la Isla.

Desde su promulgación, la Helms-Burton, una vuelta de tuerca en el embargo, que en su día pretendió demostrar (al fin) su eficacia como mecanismo de presión, ha concitado las protestas de los países con empresas que operan en Cuba, dada su extraterritorialidad, al abrogarse el derecho de hacer extensible una norma jurídica norteamericana al resto del planeta. Razón por la que, en dos ocasiones, el presidente Clinton dejó en suspenso su aplicación. A pesar de la negativa de Bush a confirmar la continuidad de esta política, no es previsible un cambio radical, algo que lo enfrentaría a sus aliados del resto del mundo.

Ahora, tras su encuentro con el presidente norteamericano en Madrid, José María Aznar subrayó que en las relaciones entre España y Estados Unidos lo verdaderamente importante es que ambos sean “capaces de trabajar juntos en situaciones delicadas, como es ésta de la Helms-Burton, o las que plantea el Plan Colombia, y de evitar problemas, aunque no estemos de acuerdo”. En su comunicado conjunto, ambos mandatarios se comprometen a “promover la democracia y los derechos humanos” en América Latina. Ya veremos en la práctica, qué significa eso.

 

“Puentes y coartadas”; en: Cubaencuentro, Madrid,15 de junio, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/06/20/2731.html.

 





La Revolución intranquila

12 06 2001

Tras una participación masiva que obligó a mantener abiertos algunos colegios electorales hasta medianoche, Mohamed Jatamí ha sido reelegido presidente de Irán con el 80% de los votos, superando el 68% que consiguió en 1997. A una considerable distancia, le siguen el ex ministro de Trabajo Ahmad Tavakoli, representante de la “línea dura” del islamismo conservador, con un 15%.

El modelo iraní de república islámica, instaurada en 1979 por el ayatolá Jomeini tras el derrocamiento del Sha Mohamed Reza Pahlavi, se basa en el Velayat-e Faquih, según el cual la máxima autoridad religiosa, el Guía de la Revolución, vocero de Alá, tiene un poder supremo, por encima del presidente electo, la voluntad popular materializada en el voto, el parlamento o las leyes. El actual ayatolá, Alí Jamenei, sucesor de Jomeini, dispone de un Consejo de Vigilancia y de un Consejo de Expertos —aproximadamente equivalentes al Tribunal Constitucional y el Consejo de Estado en Occidente—, de los cuales dependen el sistema judicial, las fuerzas armadas, los Guardianes de la Revolución, las milicias de los Basijis y la radiotelevisión iraní, controlando así los sectores claves del poder. El Consejo de Vigilancia determina también qué leyes, personas, normas o instituciones son compatibles con los principios teocráticos, desde la administración municipal y la justicia, hasta el funcionamiento de las universidades. En las presentes elecciones, por ejemplo, el Consejo ha rechazado más de 800 candidaturas, bien sea por su carácter disidente, o porque fueran presentadas por mujeres.

En su campaña a la presidencia de 1997, Mohamed Jatamí proponía, sin desmontar la República Islámica, la implantación de una democracia religiosa que garantizara una amplia libertad cultural y política, promoviera reformas económicas y abriera el país al mundo. El 70% de los votos (superior en el caso de las mujeres y los jóvenes), confirmó en aquella ocasión los deseos del pueblo iraní. Su reelección lo corrobora, aunque hoy el propio Jatamí considera que ha fracasado en su propósito. ¿Por qué? Durante cuatro años, el Consejo de Vigilancia se ha dedicado a reprimir a los nuevos partidos “jatamistas”, bloquear las decisiones del parlamento, controlado por los partidarios de Jatamí, y cerrar las puertas que intentaba abrir el presidente electo.

En abril de 2000, el parlamento, aún de mayoría conservadora, endureció la ley de prensa. El nuevo parlamento jatamista modificó la ley, pero fue vetado por el Consejo. La razón es que la prensa liberal aparecida en los últimos años ha canalizado muchas de las preocupaciones sociales, sobre todo de las mujeres, consideradas “menores de edad” de por vida, razón por la que se limita su función en la sociedad. Y las inquietudes de los menores de 25 años, que constituyen las dos terceras partes de la población iraní y son los más reacios a aceptar las limitaciones y la estratificación del poder legada por sus mayores, como también los más afectados por el paro. El ayatolá Jamenei ha tildado a la nueva prensa de ser «una base al servicio de los enemigos de Irán». Decenas de publicaciones han sido clausuradas, así como unos 400 cibercafés, que tras diez años de censura a la que llamaban “red satánica”, se expandieron vertiginosamente, demostrando la necesidad de apertura.

Para detener ese movimiento, la teocracia no ha dudado en encarcelar a centenares de periodistas, escritores y políticos partidarios del presidente Jatamí, cuyos principales asesores se encuentran en prisión o procesados; en asesinar a figuras descollantes de la cultura, entre ellos Said Hajarian, cerebro de las campañas electorales del presidente, quien fuera tiroteado frente al Ayuntamiento de Teherán a plena luz del día.

Por eso, la advertencia de Jatamí en su campaña electoral, que en Occidente suena a verdad de Perogrullo, en Irán es subversión: «Nadie debería estar por encima de la ley. En un gobierno democrático se debe reconocer a los opositores. El sistema no encarcela a los opositores bajo el pretexto de que intentan derrocarlo».

Las mujeres y los jóvenes tendrán seguramente un gran protagonismo en el futuro de Irán. Ellas, a pesar de ocupar hoy sólo el 15% de los puestos de trabajo, son el 60% de los estudiantes universitarios. Los jóvenes, que aportan el incremento anual del 4% en la población laboral activa, chocan contra una inflación de un 20% y un magro crecimiento del 2% de la economía, atada por un aparato estatal enorme y burocratizado, bajo el control de las fuerzas conservadoras, lo que ha permitido el surgimiento de una oligarquía teológica reacia a la apertura propuesta por Jatamí, quien aspira a eliminar frenos al desarrollo, poner orden al sistema de impuestos, alentar la iniciativa, privatizar empresas estatales ineficientes, atraer capitales, diversificar las exportaciones, desbloqueando el cambio de moneda hacia una cotización más realista que haga atractivos los productos locales al cliente internacional. Por eso no es casual que, según la agencia oficial de noticias iraní, IRNA, si la participación en las elecciones fue de un 83%, entre los jóvenes se eleva casi al 90, a pesar de que no pocos manifiestan su falta de confianza en la llamada “revolución tranquila” de Jatamí.

Ya hoy se le critica su debilidad ante los poderes fácticos, no aprovechar el apoyo popular para forzar a cambios más profundos y concesiones a la emergente sociedad civil, ampliación de la libertad política, sindical, de prensa y opinión, así como favorecer las asociaciones de diverso orden que han florecido últimamente. Otros van más allá, y le acusan de no romper definitivamente con el régimen de la aristocracia teológica que ha instaurado el placebo democrático: permitir la elección de un presidente, expresión de la voluntad popular, y vaciar de contenido el cargo, vetando así las aspiraciones de los iraníes; de modo que Jatamí sea apenas el envoltorio democrático de la autocracia, contribuyendo a prorrogar su supervivencia. Quizás por esa razón, Jatamí, aun con la seguridad de ser reelegido, tuvo serias dudas sobre su candidatura, que no presentó hasta último momento. Según la Constitución iraní, que no permite un tercer mandato, ésta es su última oportunidad de convertir a Irán en un país moderno, donde Fidel Castro no se sienta “como en su casa” en su próxima visita, y donde el canto del muecín llamando a la oración no sea la única música posible.

La revolución intranquila”; en: Cubaencuentro, Madrid,  12 de junio, 2001. http://www.cubaencuentro.com/meridiano/2001/06/12/2674.html.

 





Rehenes

8 06 2001

La situación de la niña cubana Sandra Becerra Jova, rehén e instrumento de venganza política, ha convocado de nuevo el Affaire Elián, que machacó a la opinión pública hasta los límites del hastío.

En este caso se trata de una Elián a la inversa.

Vicente Becerra y Zaída Jova, padres de la niña, cursaron en la Universidad de Campinas, en Sao Paulo, Brasil, estudios de postgrado, presuntamente a través de un convenio interestatal entre ambos países, modo casi exclusivo en Cuba de matricular en una institución extranjera. Como es habitual en estos casos, Sandra, su hija, no fue autorizada a viajar con ellos, y quedó al cuidado de su abuela.

Por razones personales, profesionales, económicas o porque hace ya tres años nació en Brasil Daniel, su segundo hijo, Vicente y Zaida decidieron quedarse a residir en el país sudamericano. La nacionalidad brasileña de Daniel, concedía a toda la familia el permiso de residencia, incluso a Sandra, la niña de once años que aún se encuentra en Cuba.

La pareja ha intentado infructuosamente que el gobierno cubano permita la salida de Sandra, y sólo ahora, hartos después de «cuatro años de infructuosos y humillantes trámites ante el régimen de Fidel Castro», deciden dar a conocer su caso. La situación de Sandra, la niña privada de sus padres, ha sido denunciada en la asamblea anual de la Organización de Estados Americanos (OEA), reunida en San José de Costa Rica, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), e incluso la cancillería brasileña se interesó por el asunto en abril, ante el embajador de Cuba en Brasilia, Jorge Lezcano Pérez, sin recibir respuesta.

Quienes conocemos el misterioso laberinto migratorio cubano, sabemos que no habrá respuesta.

Tras una época en la que viajar era prerrogativa de unos pocos, y siempre en funciones encomendadas por el Estado —exceptuando las llamadas “salidas definitivas”, que presuponen al gobierno actual como “definitivo”—, se abrió en los 80 la posibilidad de viajar si se era invitado por alguien que se hiciera cargo del (¿minusválido?) cubano; se multiplicaron los viajes de estudio e intercambio, y las invitaciones de instituciones culturales, frecuente tapadera de un exilio menos traumático, y a veces reversible. En todos estos casos, el Estado cubano, salvo excepciones, autoriza la salida de los adultos, pero no de sus hijos, dado que los menores de edad no están en Cuba autorizados a viajar al exterior, para protegerlos así de la contaminación capitalista, y que crezcan sanos y felices con su litro diario de leche garantizado hasta los siete años, momento en que se convierten en adultos lácteos, pero no migratorios.

El procedimiento tiene múltiples utilidades:

Si los padres se sienten tentados a “desertar” —es la palabra castrense empleada, dado que todos los cubanos son enrolados desde su nacimiento en la Revolución, sin siquiera solicitarlo—, es decir, a establecerse fuera de Cuba, deberán saber que su hijo queda a cargo de la Patria, que se los devolverá, discrecionalmente, cuando le dé su real gana. Si los padres se “portan bien”, es decir, no hacen declaraciones anticastristas en los medios de prensa, no se vinculan a organizaciones non gratas del exilio, y se mantienen calladitos, este plazo puede ser de tres a cinco años, durante los cuales el Estado retiene, pero no mantiene al menor. Si los padres se “portan mal”, es decir, hacen declaraciones que desagraden a las autoridades de La Habana, se vinculan políticamente, u otros etcéteras, el Estado cubano se atribuye la potestad de retener al menor por tiempo indefinido, librándolo así de la mala influencia de sus padres, y cuidando con esmero de su salud ideológica.

Ya sé que suena cínico, pero lo más cínico es que ocurra.

Si el famoso Elián debía estar con su padre, fuera comunista, demócrata, republicano o anarcosindicalista, viviera en Matanzas o en Arizona, tampoco deberían ocurrir los cientos de pequeñas-grandes tragedias, como la de la niña Sandra Becerra Jova, en silencio, sin que se filtren a la prensa. Los padres temen (con razón) que la divulgación de su caso sólo obtendría represalias de los mandantes cubanos, dueños de las vidas de sus súbditos, cuya libertad es apenas un gracioso obsequio, no un derecho.

Comprendo sus razones, pero también creo que los cubanos hemos hecho demasiado silencio. Quizás si se divulgaran los casos de esos cientos de elianes privados de sus padres en un ejercicio de venganza política, y a los cuales La Habana no aplica la batería de argumentos humanitarios que disparó con alegría en el Caso Elián, la presión internacional lograría lo que no consigue la silenciosa desesperación de tantas familias fracturadas: convencer a Fidel Castro de que cuanto en los mítines de la Unión de Jóvenes Comunistas se le nombra como “Nuestro Papá” (sin contar antes con la aprobación de nuestras pobres madres) se trata apenas de un slogan diseñado por alguna lumbrera de la guataquería. Ser amo podrá ser oficio del puño y del cerebro. Pero ser padre no es ni siquiera un derecho consagrado por unas gotas de semen, sino un oficio de la víscera más generosa: el corazón. Y dudo que en su corazón, tan apuntalado hoy como La Habana, y atestado de amor a sí mismo, quepa demasiada gente,

 

“Rehenes”; en: Cubaencuentro, Madrid,8 de junio, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/06/08/2633.html.

 





Los guerrilleros de Dios

6 06 2001

¿Quiénes son estos guerrilleros de nuevo tipo, que en nombre de Alá y de la Yihad, se enrolan en la batalla contra Satán, es decir, Occidente? ¿Quiénes son estos combatientes suicidas, que penetran a una discoteca forrados de explosivos, o se lanzan de cabeza contra torres civiles a bordo de aviones civiles repletos de pasajeros? La imagen que imperaba hasta hoy entre los ciudadanos comunes de Occidente, es la de fanáticos semianalfabetos y harapientos, imponiendo leyes medievales en Afganistán. Hoy sabemos que hay pilotos, estudiantes de tecnología en Alemania, que justo antes de desatar la barbarie, bien podrían pasar por personas comunes y corrientes.

Al igual que el arte, el Islam, y cualquier otra religión, tienen múltiples lecturas. Vale recordar hoy que muchas religiones han adolecido de fundamentalismos excluyentes. Los herederos de los cristianos que un día fueron arrojados a los leones, se encargaron  siglos más tarde de encender las hogueras donde la disidencia, la herejía, o simplemente lo incomprensible y lo diferente, fueron convertidos en cenizas.

Si leemos de buena fe los libros fundacionales, no hallaremos en ellos nada incompatible con un mundo plural y democrático. Si efectuamos una lectura intencionada, cualquiera de esos textos puede servir de apoyo a la intolerancia y la barbarie. No obstante, resulta difícil comprender que una cultura que, en medio de la tiniebla medieval cristiana, hizo florecer Al-Andalus, produjo a Maimónides, Avicena y Averroes, pueda dar cobertura ideológica a los inquisidores de Alá.

Ahora bien, ¿se trata de una tendencia más o menos extendida en el mundo islámico, o del subproducto indeseable de la recuperación de la identidad?

Durante la segunda mitad del siglo pasado, como parte del proceso de descolonización, vimos caer al anacrónico Sha de Irán ante  el empuje de una sociedad civil liderada por el Ayatolá Jomeini, quien aunó a todos, hasta que hubo alcanzado el poder, momento en que dejó claro su monopolio del discurso islámico y empezó la purga. Sus adeptos de las clases medias, que pretendieron utilizar al Ayatolá como herramienta para destronar al Sha, y después desecharlo, se vieron de pronto en la planta de reciclaje islámico.

Tras la invasión soviética a Afganistán, es Zbigniew Brzezisnki quien asesora a Carter para emplear a los islamistas radicales como fuerza de choque, surtiéndolos de armas y entrenamiento a través de Pakistán. Se usan mutuamente: Estados Unidos emplea a los talibán contra los soviéticos. Los talibán emplean a Norteamérica para alcanzar el poder. Una vez conseguida la retirada rusa, los talibanes proclaman la Yihad, que empieza cebándose en el propio pueblo afgano,  y Norteamérica observa a sus antiguos aliados con repugnada indiferencia.

En contra de quienes persiguen la redención socio-cultural por el islam, frente a la masiva presencia de la cultura occidental, pero al mismo tiempo coinciden en los postulados de prosperidad económica y democratización, los talibenes facturaron un islamismo hermético, escolástico, basado en una palabra divinizada a la que sólo cabía obedecer. Un islamismo manu militari, para convocar la obediencia ciega (hasta el suicidio) en una guerra; inoperante para la conducción de una sociedad civil, razón por la que 5 millones de afganos han optado por el exilio. Un fundamentalismo que, por otra parte, no desdeña los misiles inteligentes, la telefonía vía satélite y la más sofisticada ingeniería financiera para hacer circular en silencio sus fuentes de ingreso.

El éxito de la violencia en Afganistán condujo a movimientos equivalentes en Argelia y Egipto sobre todo. Pero en estos países los fundamentalistas no contaban con el aval del éxito frente a la invasión soviética; y una extendida clase media, cercana a Occidente en muchos de sus presupuestos políticos y económicos, actuó como barrera de contención.

Entre los suníes de Egipto las clases medias no se incorporaron al movimiento fundamentalista  y deploraron el asesinato de Anuar el Sadat, condenando al movimiento a nutrirse, casi exclusivamente, de los sectores más desfavorecidos.

En Argelia, el FIS, tras ganar las elecciones, anuladas por el ejército con el beneplácito de Occidente, se ha ido consumiendo en luchas internas, ha perdido adhesión de las clases medias, en buena medida por las declaraciones radicales de Alí Bel Hach, en el sentido de desembarazarse de todo lo europeo una vez conseguido el triunfo; además de haber sido sometidos a una represión equivalente en barbarie a sus actos terroristas, pero de signo opuesto. La balanza  de los terrorismos. Eficaz, pero ¿moral?

Lo más significativo fue que, frente a un mundo globalizado, donde la riqueza de los ricos es mostrada diariamente a los pobres por la televisión, un mundo donde conviven alta tecnología y economía de supervivencia,  jóvenes musulmanes desde Marruecos hasta Asia, se dejaron seducir por la formulación de un islam redentor, por la cultura de la violencia que tan buenos resultados estaba dando en Afganistán. Miles de voluntarios se enrolaron en esta guerra santa, y fueron entrenados como combatientes kamikatzes. La miseria, la desesperación, la falta de expectativas, fueron el caldo de cultivo. Y en Oriente Medio, la fábrica de suicidas queda exactamente entre la intolerancia y el terrorismo de estado practicado por Israel, y la corrupta inoperancia de la OLP. Y justo debajo de la aparente mediación norteamericana, y su efectivo apoyo a Israel.

A pesar de todo ello, el analista francés Gilloes Kepel, en su libro La Yihad. Expansión y declive del islamismo, publicado hace algunos meses en Francia, anota que los fundamentalismos comienzan a perder poder de seducción. Las razones, según él, son varias: la información, la práctica del poder, la globalización.

Los medios de comunicación han irrumpido en el mundo islámico con gran fuerza. Se ven los noticiarios de todo el mundo vía satélite. Jezira, una emisora de Qatar, ofrece un espectro amplísimo de opiniones, lo cual es perturbador para totalitarismos políticos y religiosos, y crea en las nuevas generaciones una posibilidad que hace apenas unos años era impensable: la posibilidad de elección ideológica. Los enormes movimientos migratorios, las culturas híbridas e Internet, van creando una poliédrica cultura global, que aún vista desde la óptica islámica, se aviene mal con “purismos” de cualquier signo. No es raro que músicos “impuros” sean víctimas del FIS, y que los jóvenes bailen con música iraní “Made in Los Angeles”.

La práctica del islamismo en el poder ha sido otro factor de decepción: Irán, Sudán, y sobre todo Afganistán, son ejemplos claros de que cierto modo de trasvasar las supuestas “leyes de Dios” al gobierno de los hombres, sólo consigue hacer más pobres y más infelices a las personas. Por eso no es raro que el aperturista Jatamí haya ganado por segunda vez las elecciones en Irán, a pesar de las enormes limitaciones impuestas por los “ortodoxos” para la puesta en marcha de las reformas.

¿Se trata entonces de un movimiento en vías de extinción? Pudiera decirse que sí, en términos estratégicos. Pero deberemos decir que no, en lo inmediato.

Mientras se mantenga estructurado, y con todas sus ramificaciones internacionales, el ejército suicida creado a partir de la guerra afgana, no se descarta el ejercicio del terrorismo a gran escala. Y no se trata de una recua de palurdos: jóvenes fanáticos (instruidos o no) de diferentes países, han sido captados por una fe que no resiste disenciones, una fe unidireccional (qué fácil de entender, qué adolescente).

Mientras se mantenga vivo el conflicto de Oriente Medio, y los palestinos sean condenados a ser un pueblo sin país, habrá mártires de la fe y de la causa, dispuestos a viajar derecho al Edén, llevándose por delante a cuantos más, mejor. En una sociedad fracturada por  el odio, sin esperanza, empobrecida; los mártires contarán con el respeto de la comunidad, y sus familiares serán recompensados con una pensión vitalicia.

Por último, mientras se mantengan las enormes diferencias estructurales que asolan el planeta, éstos u otros guerrilleros de Dios, de cualquier Dios, continuarán amenazando los símbolos de la hegemonía, el poder y el confort de Occidente. Frente a los satélites y los misiles guiados por láser, apuestan dos armas difíciles de neutralizar: sus propias vidas, inmoladas siempre que haya ganancia numérica, y su total falta de escrúpulos. Esto último merece explicación: para ellos una oficinista norteamericana o un joven judío en una discoteca, no son civiles inocentes, sino judíos o norteamericanos, partículas del Gran Satán. Y Occidente tendrá que enfrentar a ese enemigo sin caer en la tentación de incurrir en su juego macabro.

¿Es necesaria una coalición internacional contra el terrorismo? Sí. Y la razón es muy sencilla: ya existe una entente internacional del terrorismo. Fundamentalismos  nacionales o religiosos se ponen de lado cuando se trata de emplear las facilidades de la globalización: expertos del IRA residentes en La Habana instruyen a la guerrilla colombiana, seudoperiodistas marroquíes despedazan al líder de la oposición afgana, las armas de Europa Oriental terminan en campos de entrenamiento del desierto afgano, hacia donde han acudido  adeptos captados en todo el mundo islámico; y (se sospecha) capitales de países que reiteran su amistad con Occidente, fluyen (bajo presión o voluntariamente) hacia las imbricadas redes financieras del terror. ¿Son ellos representativos del espíritu de los islamistas en todo el mundo? No. Son, decididamente, la excrecencia enfermiza. Por eso es importante distinguir la batalla contra el terrorismo, de una batalla contra el otro, empezando por el Islam. Pero  no bastará extirpar el tumor a punta de bisturí, mientras el paciente siga fumando los humos letales de un mundo para todos dividido.

 





La espiral infinita

5 06 2001

 

Era un joven como cualquier otro. Llegó a la discoteca, en el Paseo Marítimo de Tel Aviv, el viernes primero de junio, a las once de la noche. En medio de la multitud de quinceañeros, se disponía a entrar. Una muchacha le preguntó si venía a bailar, y él afirmó con la cabeza mientras sonreía levemente. Era un joven como cualquier otro. Con una pequeña diferencia: por el contrario que el resto de los adolescentes, él sí conocía el resto de su vida. Sabía que en breves minutos sería mártir. En el momento de activar el detonador, quizás ni siquiera viese a los diecinueve muertos que en unos segundos rodearían su propio cadáver destrozado, quizás su mirada estaba fija en el instante triunfal que seguiría a la explosión: el instante en que Alá lo acogería en sus jardines para siempre.

Un hombre se parapeta como puede, trata de proteger al hijo con su propio cuerpo. De pronto el niño se quiebra. Una bala israelí ha reducido a diez años su esperanza de vida. La imagen da la vuelta al mundo, convoca el pavor de todos los padres que, por un instante, nos sentimos en su lugar, impotentes ante la bala que no logramos detener.

Seis meses de la segunta Intifada han arrojado ya casi un millar de víctimas. Cincuenta años de conflicto, cientos de miles. Dos milenios de destierro, millones.

Una vez los judíos fueron condenados a vagar por el planeta llevando en el equipaje sus antiguas palabras y la añoranza de una patria donde no fueran huéspedes. En 1949, graciosamente, la Gran Bretaña obsequió un país a los judíos. No era un trozo de la verde Inglaterra. Los británicos obsequiaron al pueblo judío un país con habitantes y todo: Palestina. De todas partes del mundo acudieron los judíos a fundar una patria: la tierra prometida. Hacia todas partes del mundo se dispersaron los palestinos: un pueblo sin país que conserva la patria en la geografía intacta de la memoria.

En 50 años, Israel se ha convertido en un pequeño gran país: ha labrado el desierto y creado el mayor polo de desarrollo al sur del Mediterráneo. Un pequeño país que suple su inferioridad numérica con el ejército más moderno de Oriente Medio. Ha librado y ganado guerras. Ha conquistado territorios. Ha colonizado el país asentamiento tras asentamiento. Un proceso que ha discurrido a través de guerras frontales o tangenciales, creación de “zonas de seguridad”, matanzas de refugiados palestinos, operaciones de castigo y terrorismo de Estado. En 50 años, el pueblo palestino ha intentado recuperar un país con todos los medios a su alcance: guerras frontales en cooperación con sus hermanos árabes, guerra de guerrillas, intifada, terrorismo dentro y fuera de las fronteras. En 50 años, como ya es costumbre, por cada militar muerto en combate, se amontonan decenas de civiles.

¿Quién tiene la razón en esta guerra sin guerra, que es ya la guerra más larga?

Ambos. Ninguno.

Estados Unidos ha apoyado decididamente a Israel. Tecnología y armamento. Veto a todo intento de sanciones por parte de la ONU. Renuencia a que las instituciones internacionales intervengan en el conflicto. Los países árabes, el antiguo campo socialista, Cuba, China, apoyan a la OLP, cuya existencia sería imposible sin financiación externa. Europa mantiene excelentes relaciones comerciales y culturales con Israel, sin ocultar su simpatía por la causa palestina. En las preferencias de cada uno se mezclan motivaciones morales y estratégicas, intereses económicos y política de corto alcance. Y no es raro que ambas piezas del tablero, sean subterfugios que ocultan devociones y odios mayores. Como de costumbre, mueren los peones, no los ajedrecistas.

Durante cuarenta años, los palestinos negaron la existencia de Israel. Su propósito era erradicar el nuevo-viejo país y reconquistar la tierra que les pertenecía. Un hito en esta historia fue el instante en que Yaser Arafat aceptó lo inexorable: Israel existe y seguirá existiendo. Pero al mismo tiempo reivindicó una realidad de la que hasta ahora se han desentendido los mandatarios judíos: Palestina también existe. La memoria histórica es frágil: el pueblo perseguido ayer, es hoy perseguidor; el pueblo sometido a la diáspora, se niega hoy al regreso de los palestinos dispersos por el planeta.

El último atentado del viernes tensa al máximo la cuerda. El polvorín de mecha lenta puede convertirse en un polvorín de mecha rápida. Por primera vez Arafat condena un atentado terrorista y la matanza indiscriminada de civiles, decretando, bajo presión israelí, un alto al fuego incondicional, al que se niegan sus propios partidarios. Al Fatah, Hammas y la Yihad Islámica persisten en su propósito de librar contra Israel una guerra santa que no excluye métodos ni descarta enemigos, hasta la liberación de Palestina. Un sondeo del Centro Palestino de Opinión Pública indica que entre los palestinos el 34,4% apoya el alto al fuego, el 49,1% se opone y el 16,5% se abstiene. Ariel Sharon, quien dictara un alto al fuego violado reiteradas veces, promete una respuesta contundente que tampoco excluye métodos ni descarta enemigos.

Israel presiona a Arafat para que sean encarcelados los dirigentes de las organizaciones islámicas que fraguan los atentados suicidas. Precavidamente. muchos de ellos ya han pasado a la clandestinidad. El propio Arafat se encuentra confinado en Ramala, ciudad cisjordana 15 kms. al norte de Jerusalén, imposibilitado de usar el aeropuerto de Gaza. Israel divide Cisjordania y bloquea el acceso a decenas de miles de trabajadores, cuya única fuente de ingresos se encuentra en territorio israelí, amenazando a los palestinos con el colapso económico. La lógica del conflicto indica que a partir de este punto, hay dos caminos: la solución razonable o la tragedia.

¿Serán capaces palestinos e israelíes de concertar una solución definitiva que pase por la creación del Estado palestino? La presencia de Sharon y el alza de las organizaciones islámicas no presagian un acuerdo razonable. ¿Puede la ONU hacer oídos sordos a la solicitud palestina de intervención internacional o plegarse a la oposición israelí, mientras continúa la construcción de asentamientos, y con ello la expansión del odio? ¿Puede la comunidad internacional observar de brazos cruzados la escalada del conflicto? De hecho, ha podido durante medio siglo. Sólo que hoy la llamada soberanía nacional no es una coartada invulnerable. La autoridad moral de los organismos internacionales está en juego. De ello depende su credibilidad futura, o el descrédito de un sentido internacional de la justicia, tantas veces anunciado.

“La espiral infinita”; en: Cubaencuentro, Madrid,  5 de junio, 2001. http://www.cubaencuentro.com/meridiano/2001/06/05/2585.html.