Nuestra señora de los espías

24 10 2001

El 11 de febrero de 1858, en las afueras de la ciudad francesa de Lourdes, región de los Altos Pirineos, cerca de la gruta de Massabielle, ocurrió la primera de las dieciséis apariciones marianas. Aunque las visitas celestiales eran en exclusiva para una joven campesina llamada Bernadette Soubiron, pronto se convirtió en un fenómeno mediático, y posteriormente sanitario, económico. De modo que hasta fines de 1998 los archivos de la Oficina Médica de Lourdes registraban 6.772 curaciones, de las que 66 han sido declaradas «milagrosas» por la Iglesia.

Sesenta kilómetros al sur de La Habana, en otra localidad también llamada Lourdes, ha funcionado durante 37 años un Centro Radioelectrónico de espionaje ruso. Lo milagroso de este suceso es que, surgido en plena era glacial de las relaciones cubano-soviéticas, tras el berrinche de Fidel Castro contra Kruschev por llevarse los misiles en 1962 sin pedirle siguiera su opinión; haya sobrevivido al desplome del campo socialista. Milagroso que perdurara tras la casi extinción de las relaciones cubano-rusas, y el fin de la guerra fría. Que se mantuviera en activo durante la Era Yeltsin. Y, más milagroso aún, que sea el antiguo KGB Vladimir Putin quien le dé el tiro de gracia.

El cierre de la estación anunciado por los rusos fue intempestivo y tomó por sorpresa a La Habana, dado que se encontraban en esos momentos en conversaciones sobre el destino de la base y la exigencia de los eslavos de disminuir drásticamente los US$200 millones anuales de arrendamiento. Claro que la prisa de Putin se debía al deseo de anunciar en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) de Shanghai dos obsequios para sus nuevos aliados norteamericanos: el desmantelamiento de la base vietnamita de Cam Ranh, y del Centro de espionaje Radioelectrónico en Cuba. Y lo anunciaron.

Putin se refirió al «mundo rápidamente cambiante» y a las nuevas «prioridades»: la lucha contra el terrorismo internacional —donde incluye a sus secesionistas chechenos—. Claro que el señor Fidel Castro no parece dispuesto a asumir los cambios de este mundo, y sus prioridades son las mismas de siempre. Habló también el presidente ruso de la base cubana como “tarea secundaria”, cosa que desde Kruschev siempre duele al mandatario cubano quien, según Putin, «ha sido informado de ello». Informado no significa consultado. Cómo le dolería que el presidente norteamericano afirmara al respecto que esta “es otra indicación de que la Guerra fría terminó. El presidente Putin entiende que Rusia y Estados Unidos ya no son adversarios».

La reacción del gobierno cubano ha sido inmediata y virulenta, subrayando en su declaración oficial del 17 de octubre que:

1-A diferencia de Cuba, Vietnam es un país que no corre riesgos de agresión por Estados Unidos, país con el que mantiene relaciones normales.

2-“A pesar de incumplimientos flagrantes de acuerdos, daños económicos y riesgos para Cuba”, el gobierno accedió a la permanencia del centro de Lourdes. Los 200 millones de arrendamiento —fueron 90 en 1992, 160 entre el 93 y el 95, y 200 desde 1996—no son ni el 3% del daño ocasionado a Cuba por la desintegración del campo socialista y “la anulación unilateral de todos los convenios”.

3-“Cuba se beneficiaba con parte de la información adquirida, relativa a la seguridad de nuestra Patria”.

4-Las presiones rusas para rebajar el precio de arrendamiento eran “algo habitual cada año en los análisis de los incumplimientos reiterados de las obligaciones por la parte rusa”. Aunque de un tiempo a esta parte se habían producido “exigencias injustificables y exageradas de reducir el pago de los servicios, dada la triplicación del precio del combustible, principal producto de exportación de Rusia, y la evidente mejora de su economía, que se expresaba, entre otros hechos, en que las reservas crecieron de aproximadamente 12 mil millones a más de 30 mil millones”.

5-Este “sería el momento más inoportuno” para desmantelar el centro de espionaje, dada “la política agresiva y belicista del gobierno de Estados Unidos”, de modo que “muchos países están amenazados”. Siendo esto “un mensaje y una concesión al gobierno de Estados Unidos que constituía un grave peligro para la seguridad de Cuba”.

6-Asegura que “el acuerdo sobre el Centro Radioelectrónico de Lourdes no está cancelado, ya que Cuba no ha dado su aprobación, y resultará necesario que Rusia continúe negociando con el Gobierno cubano”.

Una prueba de que al gobierno cubano no le es ajeno el sentido del humor, es la tesis de que quizás Putin “debido al cambio-horario, no tuvo oportunidad de recibir a tiempo nuestros (…) argumentos”, o que Cuba mantiene un gran respeto por Rusia y se abstiene de hacer cualquier crítica.

Algo que la declaración cubana no explica es por qué Vietnam, el país que ha sostenido con Estados Unidos la guerra más larga y sangrienta, mantiene hoy relaciones normales con ese país. O por qué el Vietnam devastado hace veinte años, presta hoy ayuda económica a Cuba. Tampoco se menciona, cuando se habla de “incumplimientos flagrantes de acuerdos” por parte de los rusos, o cuantiosos daños como consecuencia de la desintegración del campo socialista, que Cuba debe a Rusia 20.000 millones de dólares, deuda que al parecer ha apuntado en el hielo. Aunque se afirma que Cuba se beneficiaba de información obtenida por los rusos (lo que nos permite matizar la casi-afirmación cubana de que mantener la base era un evento solidario), no se dice con quién la compartía, a cambio de qué o a quién se la vendía.

Recordar precisamente ahora la mejoría de la economía rusa, es cuando menos sorpresivo para el lector cubano. Los crédulos lectores de Granma, en los últimos 10 años, sólo han recibido noticias de que Rusia y sus antiguos socios del Este se han hundido en la miseria y la desesperación.

Cuando la declaración cubana afirma que éste “sería el momento más inoportuno” para desmantelar el centro, al estar Cuba casi a punto de ser invadida, ni se le ocurre que puede ser el momento más oportuno para Rusia, cuya cancillería acaba de afirmar: «Es evidente que nosotros esperamos medidas recíprocas. Los centros de inteligencia electrónicos estadounidenses creados en el período de la Guerra Fría continúan sus actividades en países vecinos de Rusia». Tal como afirmó el 18 de octubre en la televisión rusa el Teniente General (retirado) Nicolai Leonov, ex jefe de la dirección de análisis de la Inteligencia soviética, “los ucranianos lanzaron un cohete contra nuestro TU-154 y los norteamericanos fueron los primeros en detectar que fue tumbado por un cohete”. Demostrando que para Rusia es más importante el cese del espionaje norteamericano que su base cubana.

La declaración gubernamental cubana tampoco esclarece por qué el país se encuentra entre los que dan cobijo al terrorismo. Podría deberse a la presencia en la Isla de especialistas en demolición del IRA, narcoguerrilleros colombianos, y tiradores a la nuca pertenecientes a ETA. Aún así, difícilmente Cuba sea atacada. Claro que no sorprende a nadie la viaja táctica de “ahí viene el lobo” de cara al mercado interno. Es una técnica que ya practicaban los pastores del Viejo Testamento para evitar la desbandada de sus ovejas.

Lo que sí necesita desesperadamente La Habana, en un momento en que peligran las remesas de los exiliados, son esos 200 millones.

Por último, es risible que La Habana declare nula la decisión rusa hasta tanto no negocien con ellos, cuando los rusos pueden, simplemente, recoger sus maletas y dejarles de recuerdo un mausoleo al espionaje del siglo XX.

El exilio cubano ha reaccionado de dos modos diametralmente opuestos, pero igualmente erróneos a la noticia: Una parte subraya que el cierre de la estación «no aminora el peligro de Fidel Castro». La otra, augura que este hecho contribuirá a normalizar las relaciones de La Habana con Washington. Ni la una ni la otra. A pesar de su política de beligerancia retórica (dirigida básicamente al lector doméstico), Cuba no constituye un peligro para Estados Unidos. Tampoco se producirá ningún cambio como consecuencia. La razón es sencilla: el señor Fidel Castro necesita la beligerancia para justificar la desastrosa realidad cubana, y para concitar la cada vez más escasa y nostálgica solidaridad internacional. El destino de sus súbditos es secundario. Su papel de agitador local es cada vez más exiguo. Y sin poderosos aliados, su capacidad económico-militar de fomentar la subversión o mantener guerras externas es, simplemente, nula.

Pero bien podría el mandatario cubano aprovechar las ruinas de Lourdes, e instaurar un centro de peregrinaje y descanso para los espías del planeta, con jacuzzi y conferencias de terroristas vascos, colombianos o irlandeses. En definitiva, la Lourdes gala, con menos de 20.000 habitantes, algunos milagros y mucho marketing, se ha convertido en la segunda ciudad hotelera de Francia, con un total de 278 instalaciones. Ahora que decae el turismo de sol y playa, puede que San Dzerzinsky lo salve de la ruina.

 

La virgen de los espías”; en: Cubaencuentro, Madrid,24 de octubre, 2001. http://www.cubaencuentro.com/internacional/2001/10/24/4467.html.

 





Los cinco magníficos

6 07 2001

El pasado 8 de junio, transcurridos seis meses y 103 audiencias en un tribunal federal de Miami, un jurado que no incluía a ningún cubanoamericano, declaró culpables de conspirar para acceder a información secreta en bases militares del sur de la Florida, y de actuar como agentes extranjeros sin registrarse como tales, a cinco ciudadanos cubanos residentes en La Florida: René González Sehwerert, instructor de vuelo y especialista en técnicas de aviación; Ramón Labañino Salazar, economista graduado en la Universidad de La Habana; Fernando González Llort, y Gerardo Hernández Nordelo, ambos licenciados en Relaciones Internacionales, y Antonio Guerrero Rodríguez, ingeniero civil en construcción de aeródromos. En el caso de Gerardo Hernández, se le halló culpable también de participar en la conspiración que fraguó el derribo y el asesinato de cuatro pilotos de Hermanos al Rescate, en 1996, lo que podría equivaler a cadena perpetua. Ellos integraban la llamada Red Avispa.

Desde la captura de los agentes, a fines de 1998, y durante el largo proceso, La Habana hizo un espeso silencio sobre el caso. Por fin, doce días después de la sentencia, apareció en Granma la noticia de que cinco compatriotas “que en las entrañas mismas del monstruo arriesgaban diariamente sus vidas para descubrir e informar sobre los planes terroristas que la mafia cubano-americana con la tolerancia y complicidad de las autoridades de Estados Unidos “fueron “declarados culpables de infames y falsas imputaciones ante un tribunal de Miami (…) amañado, prejuiciado, desinformado, y bajo colosal presión”. Explica Granma que “dada la índole de su heroica misión, era necesario esperar el desarrollo del largo y tenebroso período que duró el proceso desde el arresto hasta la injusta decisión del jurado para desenmascarar y denunciar la impúdica actuación de las autoridades policiales y judiciales de Miami. Después de casi tres años de anónimo y ejemplar heroísmo, ha llegado la hora de divulgar toda la verdad”.

Durante tres años, cualquier ciudadano del planeta podía informarse en la prensa sobre los pormenores del arresto, las pruebas, los alegatos del fiscal y la defensa. El pueblo cubano carecía de ese derecho. Y la razón es muy simple: el cubano no tiene derecho a recibir información pura e interpretarla por su cuenta. La información siempre tiene que llegarle ya interpretada. Mientras cupo cierta esperanza de que los agentes no fueran hallados culpables, La Habana se abstuvo de pronunciarse abiertamente. Y sin interpretación, la noticia no existe.

Casos de espionaje se dan todos los días, y por parte de todas las naciones. Espías son aprehendidos y juzgados continuamente, sin que se dé al asunto otra connotación que “bajas en el servicio activo”. Pero en lo que se refiere a estos cinco espías, se decidió, una vez confirmado el veredicto, que podrían tener una utilidad adicional: utilidad patriótica para alimentar infinitas mesas redondas donde se demuestre que “cinco patriotas cubanos” han sido “injusta y cruelmente” encarcelados por presiones políticas. Para ello, comienza el Granma transcribiendo un mensaje que supuestamente escribieron los espías al pueblo norteamericano, al que preguntan “por qué no podemos vivir en paz ambos pueblos”; dicen haber evitado “la muerte de ciudadanos inocentes cubanos y norteamericanos”, acusan al gobierno norteamericano de complicidad y tolerancia con los planes agresivos hacia Cuba del exilio cubanoamericano que, según su contabilidad, han costado a la Isla 3.478 muertos y 2.099 incapacitados y, por último, no se arrepienten de sus acciones. Muertes lamentables, sin duda, como la de los 30.000 compatriotas que, según estimaciones discretas, han muerto mientras intentaban huir de Cuba.

El sistema de mesas redondas, que se inauguró con la Era Elián, ha persistido contra diferentes enemigos: La Ley de Ajuste Cubano, el embargo, etc., promoviendo un estado de beligerancia perpetua que los cubanos logran paliar apagando la tele. Mantener al cubano en un estado de crisis permanente no sólo justifica la supresión de las libertades en un país en guerra, sino que pretende distraer al personal de su más importante problema: el yantar cotidiano. En las mesas redondas ya efectuadas los métodos de ataque han sido tres: descalificación del (supuesto o real) enemigo, recalificación de los espías y argumentaciones sesgadas de un hecho innegable: cinco ciudadanos al servicio de un país recogían en otro información de inteligencia.

Entre los descalificados, empleados como coartada de las acciones de los espías cubanos, se encuentra José Basulto, que encabeza Hermanos al Rescate, protagonista de incursiones de propaganda en el espacio aéreo cubano, sin otro daño que la información, pero también del salvamento de numerosos balseros cubanos a la deriva. Se le acusa de volar con periodistas checos a bordo, un crimen difícil de catalogar, y se afirma que goza de total impunidad, con lo que se acusa directamente al gobierno norteamericano de permitirle violar “las normas del Convenio de Chicago que rigen estrictamente las formulaciones para el tráfico aéreo, más cuando se sabe que por el espacio de nuestro país pasan diariamente cerca de 400 vuelos, fundamentalmente estadounidenses, donde viajan en su mayoría ciudadanos norteamericanos, a los cuales se les pone en peligro la vida”. Claro que la vida de estos ciudadanos no es puesta en peligro por las avionetas de Basulto, sino por una presunta respuesta de los cazas cubanos, que acaso podrían derribar un Boeing 747 por error.

Otro de los “enemigos” mencionados es el presidente del Movimiento Democracia, Ramón Saúl Sánchez, a quien se acusa de 20 ataques a embarcaciones y misiones diplomáticas cubanas, participación en el asesinato de Carlos Muñiz Varela, y de un atentado en el 79 a la Oficina de Intereses de Cuba en Washington. En el mismo saco se incluyen sus acciones de los últimos 20 años: protestas callejeras al concretarse los primeros acuerdos migratorios Cuba-EE. UU., flotillas que se han acercado a la Isla en un gesto de protesta, entre el 95 y el 98, fundación de Radio Democracia, apoyo a los parientes miamenses de Elián, y testificar en el juicio a los propios espías. Lejos estoy de justificar cualquier acción violenta contra Cuba, ni en el pasado ni en el presente. Pero me resultan inadmisibles los baremos del gobierno cubano, según los cuales una acción de protesta o el ejercicio de una opinión contraria, son actos de guerra. Se trata, simplemente, de una internacionalización de su política doméstica hacia la disidencia interna.

Al proceso de recalificación de los espías han sido convocados los familiares: la madre de René González Sehwerert, por ejemplo, cita a su hijo como “muy emprendedor”, dado que hizo, “con la ayuda de su hermano Roberto, el juego de cuarto” (¿dónde habrá conseguido la madera?), lector impenitente y hasta poeta. Cosas todas estas que cualquier madre puede decir de su hijo, sin que de ello deduzcamos si era o no un buen agente de la Seguridad del Estado cubana. Claro que el propósito es desvanecer la idea de que se trataba de agentes profesionales de inteligencia que hacían el trabajo para el que fueron entrenados. Su condición actual de “víctimas” recomienda presentarlos como cubanos comunes y corrientes, amateurs heroicos que un día decidieron sacrificar sus pacíficas vocaciones por la patria.

Las interpretaciones sesgadas son aún más ingeniosas.

El periodista Randy Alonso aseguró en una mesa redonda que “Cuba nunca ha ocultado que se realizaban acciones de búsqueda de información entre los terroristas de Miami, en legítima defensa” —a pesar de que durante tres años se ha ocultado al propio pueblo cubano que cinco espías estaban siendo procesados—, pero “que no necesitamos espiar a Estados Unidos, como ha expresado Fidel”. De modo que toda la mitología de infiltrados en la CIA, dobles agentes, triunfos del espionaje cubano en las entrañas del monstruo ¿era mentira? ¿O mienten ahora? Ya uno no sabe qué pensar. Si Estados Unidos es, en la retórica gubernamental cubana, el gran enemigo, si practica hacia el exilio de Miami “tolerancia y complicidad” ¿no es lógico que se le espíe?

En ningún momento, por supuesto, esclarecen qué sucedería en caso contrario. Me explico: Cuba ha promovido (y promueve) movimientos insurgentes en diferentes puntos del planeta: ha entrenado a guerrilleros latinoamericanos y africanos, terroristas vascos, y ha dado cobijo a profesionales de la violencia de la variopinta izquierda mundial. ¿Qué le habría sucedido en Cuba, de ser capturados, a un grupo de espías colombianos, por ejemplo, que investigaran los nexos entre la subversión en su país y las autoridades cubanas? ¿Habrían sido tratados como patriotas colombianos, o encausados como espías de una nación extranjera?

Si nuestros espías eran en los 70 y 80, James Bonds tropicales que “en silencio ha tenido que ser” compitieron en las grandes ligas de la inteligencia mundial, ahora son inocentes víctimas, degradados a penetrar los “grupúsculos” de Miami que organizan vuelos de avionetas y flotillas de protesta. Víctimas abrumadas por el sistema penal norteamericano que, según Randy Alonso, les incomunica los fines de semana y sólo el lunes les permite llamar por teléfono a sus familiares y, además, les mata de hambre, dado que el último alimento que consumen al día se les sirve a las cuatro de la tarde. Olvida Randy Alonso que el sistema penal de la Isla, que se aplica por igual a los once millones de cubanos en presunta libertad, les prohíbe llamar por teléfono a sus familiares en el exterior de lunes a domingo, y no les garantiza ni una comida caliente al día.

 

Los cinco magníficos”; en: Cubaencuentro, Madrid,6 de julio, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/07/06/2979.html.