Ego te absolvo

3 08 2011

En el frío mes de enero de 1996 nos reunimos en Madrid un grupo de narradores cubanos, todos de la diáspora, en un encuentro que se llamaba «La Isla entera», pero terminó siendo “La media Isla”, dada la negativa del gobierno cubano de permitir su asistencia a los escritores invitados residentes en Cuba.

De ese encuentro recuerdo dos noches en vela. La primera fue la que pasamos Eliseo Alberto, José Lorenzo Fuentes y yo escuchando una espectacular disertación de Manolo Granados sobre la estructura social, los hábitos, costumbres y creencias de una familia negra cubana, y sus marcadas diferencias con la familia blanca que yo conocía. Aquello fue, al menos para mí, una verdadera revelación. Es una lástima que no se haya grabado.

La segunda noche comenzó, en realidad, a media tarde, cuando Lichi me entregó el manuscrito de su Informe contra mí mismo y me pidió que lo leyera. Tenía serias dudas sobre la procedencia o no de publicarlo.

Implacable como una buena novela de misterio, el manuscrito me atrapó desde la primera página hasta la última, que concluí a las cinco de la mañana.

El hilo conductor, casi diría la excusa de este libro, es el informe que la Seguridad del Estado le pide sobre su propia familia, convirtiéndolo en el chivato de los suyos. Sobre él advierte Lichi: “Yo estoy preso en un file. Aquellas hojas manuscritas, donde dije que colaborar voluntariamente con la historia significaba un privilegio del cual estaría orgulloso hasta el fin de mis días, son el antecedente directo de este libro”.

Pero Informe contra mí mismo es mucho más. Es un análisis íntimo, personal, de la travesía histórica de eso que se insiste en llamar Revolución. Es la anatomía de un desconcierto y de una desilusión. El libro podría ser la primera historia emocional de la Revolución Cubana, pero también del exilio, que se cierra en el capítulo final cuando pregunta “¿Quieren que les cuente qué me pasa?”. Y, “en dos palabras”, que se extienden diez páginas, desgrana una extensa nómina del exilio cultural cubano.

Este libro exorciza tus demonios, le dije a Lichi a la mañana siguiente, tus demonios y tus ángeles, pero también los nuestros. Si no lo publicas, será un exorcismo no consumado, trunco.

Y su publicación, ya lo sabemos, conmovió a propios y extraños.

Ahora Lichi se ha marchado hacia el último exilio.

Como a todo escritor, lo espera el juicio definitivo de sus lectores, perdurar en la memoria, y confío en que pase la prueba.

Pero yo prefiero recordarlo ahora como el hombre bueno que se atrevió a escribir sus angustias (y las nuestras), sus entusiasmos y su desaliento (y los nuestros), y lo hizo desde una Cuba que nada tiene que ver con las ideologías o la geografía. Una Cuba ubicua, ajena a adentros y afueras, que sobrevuela las ideologías porque es anterior y posterior a sectas y ortodoxias.

Ahora, cuando vemos a algunos que en su día fueron dilectos funcionarios fabricarse laboriosos currículos disidentes con la esperanza de que una amnesia global asole el planeta, quiero recordar a quien no dudó en informar contra sí mismo. Más aun, a quien sabía de los informes que otros habían escrito sobre él, y supo que la piedad con ellos sería también la piedad consigo mismo: “digo aquí que los perdono, pues es la única manera de perdonarme”.

El juicio de la posteridad literaria será cuestión de tiempo, pero, si acaso existe, ahora mismo Lichi se estará presentando frente a un tribunal omnisciente, al narrador en tercera persona por antonomasia. Espero que considere entre los debes y los haberes que Eliseo Alberto Diego, lejos de la maledicencia al uso y las palabras emponzoñadas, supo encontrar a cada uno, aunque fuera mínimo, su lado bueno; que hizo de la nostalgia una profesión y supo que perdonar era el único modo de perdonarse. Y que considerados todos estos atenuantes sentencie “Ego te absolvo” y le conceda el acceso al sitio donde, seguramente, lo está esperando, impaciente, su padre.

“Ego te absolvo”; en: Cubaencuentro, Madrid, 03/08/2011. http://www.cubaencuentro.com/cultura/articulos/ego-te-absolvo-266343

 





El destape de “Machadito”

2 08 2011

El octubre de 2008, el metropolita Kiril Gundjaev condecoró en el Palacio de la Revolución de La Habana a Raúl Castro con la Orden Príncipe Danilo de la Buena Fe de Primer Grado, y le entregó la Orden Honor y Gloria, de la misma iglesia, para Fidel Castro, quien en esos momentos no estaba muy ortodoxo de salud. Siguiendo la probada fórmula de Domino’s y Telepizza, la iglesia inauguraba su servicio de órdenes a domicilio.

En agradecimiento, Fidel Castro enunció que la iglesia ortodoxa “es una fuerza espiritual” que “en los momentos críticos de la historia de Rusia jugó un papel importante” y que tiene los mismos principios éticos que el presidente venezolano Hugo Chávez, algo que él considera un elogio. Subrayó que esa iglesia “no es enemiga del socialismo”, recordando quizás al Patriarca Sergei, quien proclamó en 1927 su lealtad al gobierno soviético –la iglesia ortodoxa serbia apoyará con entusiasmo años más tarde a Radovan Karadzic– que, entre 1917 y 1937 detuvo a 136.000 clérigos, de los cuales sólo sobrevivieron 40.000.

La condecoración de los Castro fue noticia en numerosos medios, sin percatarse de su injusticia: José Ramón Machado Ventura, el más ortodoxo pope de la fe castrista, no recibió de sus homólogos rusos ni una medallita de san Jonás de Moscú, a él, que pasó tantos años evitando que se lo tragara la ballena.

Pero ahora su propia iglesia lo ha condecorado con el discurso por el 58 aniversario del Asalto al Moncada, monopolio durante decenios del Metropolitano de La Habana.

Médico de profesión, José Ramón Machado Ventura ha sido durante más de treinta años el ideólogo sin demasiadas ideas de un Partido que tampoco ha deslumbrado por sus aportes teóricos al marxismo. Un oscuro (casi diría siniestro, y no me refiero a sus apellidos, de infausta memoria para la cubanía) funcionario, un burócrata autoritario y fiel, sin otras aspiraciones que servir y que, por ello, lejos de intentar imponer su antigua ortodoxia, algo que queda fuera de su alcance, está dispuesto asumir la nueva retórica con la misma fe que la anterior. “Machadito” (resulta chocante que sigan chiqueando, como si fuera el chico de los recados, a este anciano que ocupa la segunda plaza en el escalafón cubano) soltó en Ciego de Ávila un discurso sin imprevistos ni revelaciones, desde el título: “La batalla de hoy tiene un frente decisivo en el combate cotidiano y sin tregua contra nuestros propios errores y deficiencias”. Algún lingüista debería hacer un estudio comparado de las retóricas totalitarias.

Apegado al guión, tras la retórica habitual sobre los mártires, y citar a mambises y combatientes, el equivalente de las batallitas que cuentan los viejitos jubilados en los parques, le echó un par de piropos a Ciego de Ávila por su gestión económica, aunque días atrás la asamblea provincial hablara más de fracasos que de éxitos.

Puntualizó que “debemos cumplir cabalmente la orientación del compañero Raúl, de que lo que acordemos no puede convertirse nunca más en un papel que duerma el sueño eterno en la gaveta de un buró”. Y que “hay que romper definitivamente la mentalidad de la inercia”. De lo cual se desprende que la inercia era de otros, la inercia de siboneyes y taínos, al igual que las gavetas donde se confinaron cincuenta años de buenos propósitos. O siglos, quizás se refiera a las gavetas de la Capitanía General.

A tono con los nuevos tiempos, reconoció que en la entrega de tierras ociosas “todavía hay empresas y formas productivas que no declaran toda la tierra ociosa o deficientemente explotada que tienen, a lo que se añade la demora en la ejecución de los trámites”, y que “algunos de los que ya las recibieron tienen morosidad en ponerlas en producción”. Confiemos en que no demoren otro medio siglo.

Despotricó contra “el derroche y los gastos superfluos”, “contra la indisciplina social y laboral, la deficiente contabilidad, el mal aprovechamiento de los recursos, las actitudes burocráticas generadoras de rutina, indolencia o esquematismo y contra procedimientos absurdos que nada tienen que ver con el socialismo”. Es decir, con el “nuevo socialismo”. El anterior es ahora una suerte de Jurásico neblinoso.

Curiosamente, el mismo Machado Ventura de la ortodoxia estatalizante nos dice ahora que “proyectaremos el trabajo de nuestra organización política de manera que se dejen atrás prejuicios hacia el sector no estatal de la economía”. Llamo la atención sobre la palabra prejuicio, “opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal”, según el diccionario de la RAE. Dicho por el gobierno que desmanteló, persiguió, satanizó e incluso persiguió judicialmente la empresa privada, resulta tan sorprendente como escuchar que Adolf Hitler tenía prejuicios contra los judíos.

Recalcó Machado las palabras de su jefe en el sentido de que las reformas se harán «sin prisas, pero sin pausas» (dada su juventud, los dirigentes cubanos disponen de todo el tiempo del mundo), para dar “soluciones definitivas a viejos problemas” (creados por nosotros, le faltó decir) y “sin que nadie se crea dueño de la verdad absoluta”, “con pies y oídos bien puestos sobre la tierra, muy atentos a la opinión de la gente, listos para rectificar sobre la marcha”, en un alarde demócrata que, dicho a destiempo, le habría costado el puesto.

De sus escasas y casi siempre tangenciales apariciones públicas, todos recordamos a Machado Ventura desde lo que los ingenieros llaman la vista en planta, la perspectiva cenital desde la cual se descubría su calva precariamente enmascarada por cuatro pelos que nacían en la patilla izquierda y, abrumados por el esfuerzo, alcanzaban la oreja derecha. En tiempos recientes, bien sea por la falta de laca, porque los cuatro pelos naufragaron o porque algún nieto deslenguado le dijera “no seas ridículo, abuelo, con esos cuatro pelos pareces un calvo entre signos de admiración”, se decidió por el destape y ha asumido su alopecia con una dignidad tardía.

Del mismo modo, ahora descubrimos que bajo los cuatro pelos de la ortodoxia se escondía un reformista auténtico, con inclinaciones democráticas. Posiblemente a eso se refiera cuando nos exhorta en su discurso a “predicar con el ejemplo”. Aunque, volviendo a la iglesia ortodoxa, me temo que le va mejor lo de predicar que lo del ejemplo.

 

“El destape de Machadito”; en: Cubaencuentro, Madrid, 02/08/2011. http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/el-destape-de-machadito-266288





De los peces rojos a las manchas negras

29 07 2011

Bajo el sello editorial Algaida acaba de aparecer La mancha negra (Sevilla, 2011, 248 pp.), última novela de Manuel Sánchez Dalama, que obtuvo el XIV Premio de Novela Ciudad de Badajoz, 2010. Una novela que marca el final de un ciclo o el inicio de otro, según se mire.

Licenciado en Economía y técnico en periodismo, Manuel Sánchez Dalama (Santa Clara, Cuba, 1951), ingresó a los 17 años en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y a los 20 fue condenado a seis años de prisión en la fortaleza de La Cabaña. Emigró a Galicia en mayo de 2000, con la firme voluntad de escribir lo que no había escrito en los cincuenta años anteriores, pero ni una palabra sobre Cuba. Y comenzó a reunir información para escribir una novela que se desarrollara en la Galicia del siglo IV AC, pero los caminos de la literatura, como los del Señor, son inescrutables.

En 2004 apareció Peces rojos en la lluvia (Ediciones Noroeste, Santiago de Compostela, 2004, 208 pp.), cuyo hilo narrativo es el diario que escribiera en la prisión de La Cabaña, con flash backs a su infancia y su primera juventud entre los años del batistato y los primeros de la revolución, y que cierra con los sucesos del Mariel en 1980 y una coda lejana en el Madrid del siglo XXI. Lejos de la heroicidad, el protagonista es un hombre vapuleado por la historia que intenta sobrevivir a la epopeya y las miserias de su tiempo. El propio Dalama afirma que “el problema básico de Fernando no es que él no quiera a la revolución sino que la revolución –con su férrea intolerancia– no lo quiere a él. En este sentido la novela es, también, una defensa del hombre”. Desde ese punto de vista, podría ser la historia toda del exilio.

El santaclareño que no quería escribir sobre Cuba publicó en 2009 Hasta el fin del mundo (Vigo, 175 pp.), un libro de tránsito que nació de su recorrido por el tramo final del Camino de Santiago y después hasta Finisterre, “donde los peregrinos de la vieja Europa remataban un largo viaje siguiendo el curso de la Vía Láctea, lavaban su pasado en el frío mar, quemaban las ropas usadas, asistían a la puesta del sol y emprendían el impredecible regreso a su lugar de origen” y el Monte Pindo, “El Olimpo Celta”. Un concierto de los Valdés, Chucho y Bebo, completó la trama que gira alrededor de un joven abandonado por su padre, un viejo pianista, y es engañado por su mujer y por sus amigos en una lejana referencia a la vejación de la tumba de Gonzalo Castañón por los estudiantes de medicina en el siglo XIX. Las relaciones entre política, poder, libertad y (des)amores filiales centra esta historia que se desplaza como un largo camino de Santa Clara a Finisterre pasando por Santiago.

Por fin, en 2011, La mancha negra gira alrededor de la realidad española, aunque lejos del siglo IV AC.

Esta novela negra conjuga dos naufragios: uno naval y otro humano. La catástrofe del Prestige en la costa gallega, y el naufragio de un policía madrileño sumergido en el tenebroso ambiente de las drogas en la capital. Ambos se anudan al final por el destino de Manfred Gnädinger, Man, «el alemán de Camelle» que edificó en la Costa da Morte su propio museo de piedra junto al mar y que pregonaba su peculiar credo naturista.

Una historia de frustraciones personales, ambición, lucro, violencia y poder, redimidos de alguna manera por los sueños extraviados en la adolescencia, por una percepción alternativa de la realidad, un mundo posible o probable menos sujeto a los dictados de la codicia y el hedonismo, y por la generosa actuación de los voluntarios que recuperan la costa de la tragedia ecológica.

Alrededor de Ángel Bravo, el policía afincado en Madrid, giran un confidente toxicómano, un policía ciego por un atentado de ETA, mafiosos, policías y un matrimonio tan maltrecho como el Prestige, ese buque obsoleto, con bandera de Bahamas, armador griego y propiedad de una empresa liberiana, que continúa navegando a parches de codicia y desinterés criminal por el medio ambiente. Un buque que transporta petróleo con alto contenido de azufre aunque su lugar ya estaba en el desguace. Tan sórdido como los bajos fondos de Madrid, en este mundo se mueve el capitán Mantouras, dispuesto a transigir con las condiciones del barco y la carga, porque su única vida posible es la mar.

La mancha negra resuelve con habilidad las subtramas que trenzan la historia, consigue las atmósferas en que se mueven los personajes y subraya el dramatismo del naufragio tras un acertado contrapunteo entre autoridades marítimas, políticos, armadores y aseguradores, en medio de los cuales, como víctima en lecho de Procusto, el capitán es lentamente desmembrado.

Los dos disparos del agente Bravo que desencadenan toda la acción de la segunda subtrama no son, quizás, demasiado convincentes, al tratarse de un policía con amplia experiencia y que se mueve desde hace mucho en el submundo del narcotráfico, pero a partir de ese momento los acontecimientos se encadenan con acierto de acuerdo a las leyes de la necesidad narrativa. También resulta prescindible su impulso homicida final, cuando en la cárcel se anudan ambas historias, y no diré más para no arruinar la sorpresa a los lectores.

La estructura de la novela es consecuente con las normas del género y los acontecimientos se mueven con agilidad y sin apenas codas o remansos hacia su solución, algo que los lectores agradecerán. Se echa de menos, quizás, un trazado sicológico más completo de Man, de los protagonistas y del expolicía ciego, aunque quizás no sea precisamente eso lo que esperen los lectores de género, y mi percepción no pase de ser una deformación profesional.

Si en sus novelas anteriores el autor apelaba a una estilización de la norma lingüística cubana, en La mancha negra consigue una textura del idioma equidistante, una suerte de norma neutra con una precisa administración de los localismos, de modo que la intelección es inmediata y fácil para cualquier hablante de la lengua. En qué medida ello resta posibilidades a la riqueza del idioma y en qué medida es un acierto poner el lenguaje estrictamente al servicio de lo narrado, es algo que cada lector deberá juzgar por su cuenta. Ciertamente, cumple eficazmente su cometido, sin innecesarios “exabruptos poéticos” o prescindibles cambios de tono que con frecuencia obstaculizan la lectura. En cualquier caso, a lo largo de sus 248 páginas se percibe una voluntad de alcanzar y mantener un tono que facilita al lector el disfrute de la trama.

En el presente globalizado, donde la información viaja a una velocidad sin precedentes y el español recobra la universalidad del Siglo de Oro, esta novela no sólo busca un espacio argumental común, que puede ser de interés para cualquier lector, sino que consigue un lenguaje que facilita este proceso y subraya los términos ya casi globales del contrato entre los lectores y las fórmulas de la escritura.

 

(http://www.cubaencuentro.com/cultura/articulos/de-los-peces-rojos-a-las-manchas-negras-266129)

“De los peces rojos a las manchas negras”; en: Cubaencuentro, Madrid, 29/07/2011. http://www.cubaencuentro.com/cultura/articulos/de-los-peces-rojos-a-las-manchas-negras-266129





El tiempo sin fronteras de la poesía

22 07 2011

“El mediodía vaga por las calles reprimiendo entre sus dedos alguna vaga esperanza” escribía Isel Rivero en el Canto Segundo de La marcha de los hurones (1960), a sus diecinueve años. Un libro precoz que marcó el arranque de las ediciones El Puente.

Quienes hayan apreciado aquellos versos, quedarán gratamente sorprendidos por el volumen Words are Witnesses. Las palabras son testigos (Editorial Verbum, Madrid, 2010, 168 pp.), que recoge su obra poética en inglés, escrita entre 1970 y 2008 e incluida en los libros Songs (1968), Night Rined her (1972) y Palm Sunday (1981), así como otros poemas no recogidos en libro o que han aparecido en un volumen colectivo.

La literatura de Occidente ha estado signada durante el siglo XX por un proceso acelerado de transculturación que, al cabo, ha creado literaturas posnacionales, híbridas, sin adherencia estricta a ningún corpus nacional. Cuba, con la sexta parte de su población en el exilio, es parte de ese proceso, aunque en buena medida las obsesiones nacionales se empecinan en no abandonar a buena parte de los escritores del exilio. No es el caso de Isel Rivero. Ella sabe que “siempre hay una puerta que/ cruzar una bestia atrapada clama al / cielo y solo el infierno escucha” (October Songs, III).

Edward W. Said, al referirse en Fuera de lugar (De Bolsillo, Barcelona, 2002, p. 377) a su identidad, sustituye la metáfora del árbol que hunde sus raíces en la tierra (que alimenta y encarcela el árbol) por “un cúmulo de flujos y corrientes” antes que como “una identidad sólida”. La nación de desterritorializa y se desacraliza, en palabras de Bernat Castany Prado (“Las nuevas metáforas identitarias de la literatura posnacional”, en Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo, n.º 9, año III, junio de 2005). Ya Claudio Magris proponía en El Danubio (Anagrama, Barcelona, 1997, p. 21) una concepción heraclitiana, líquida, de la identidad: “el río es por excelencia la figura interrogativa de la identidad, con la eterna pregunta de si podemos o no bañarnos dos veces en sus aguas”. Y Carlos Monsiváis ha denominado «posnacionalista» al proceso de crisis política, económica y cultural de su país, precedido, a fines de los 60 y principios de los 70, por una reformulación de las representaciones culturales de la nación.

En la poesía de Isel Rivero, temas, espacios, inquietudes, angustias, rebasan ampliamente las fronteras líquidas de la Isla y sus peculiares obsesiones. Ben Franklin escribe un poema en alemán sobre enchufes eléctricos; una agenda de Naciones Unidas convive con Virgilio (no Piñera) y Federico El Grande; los amores de Alfonso El Sabio; la muerte de Bellini, “demasiado hermoso para las mujeres / demasiado perfecto para los hombres”, a quien le sigue Frederic Chopin. El tono, la atmósfera, las referencias e incluso la cadencia del lenguaje encuentran una densidad, una mesura que nos remite a la literatura centroeuropea y anglosajona. Como Orlando, el Rey Demente, Isel Rivero “se levanta / de su trono / arroja el cetro / a la bruma humeante / y ríe”. Ríe de cualquier filiación que no sea la literatura misma, apela directamente a las esencias de la condición humana, no a sus disfraces folklóricos.

Según Christopher Domínguez Michael (“¿Fin de la literatura nacional?”; en: Reforma, Ciudad de México, agosto 21, 2005), “la extinción de las literaturas nacionales, al menos en América Latina, no será desde luego un proceso ni natural ni lineal. Implica la desmantelación de un concepto firmemente establecido en la academia, en la opinión pública, en el espíritu de muchos escritores aún ligados sentimentalmente al nacionalismo cultural. Contra lo que suele pensarse en el extranjero (y en México mismo), ese proceso de desarraigo arranca con el siglo veinte: la tradición cosmopolita es la tradición central —aunque no la única— de la literatura mexicana moderna”. Domínguez recuerda cómo la sociedad letrada de América Latina siempre se sintió el extremo occidental de la cultura occidental, de modo que narradores como Salvador Elizondo y Alejandro Rossi se desplazan con absoluta libertad por la literatura mundial; Sergio Pitol, Juan García Ponce, Hugo Hiriart o Fabio Morábito apelan a la literatura centroeuropea, y Borges se nutre de universos literarios completos.

En Isel Rivero este proceso es el natural desenlace de una temprana familiaridad con el inglés y de décadas de vida y trabajo en otras lenguas. No hay en ello nada impostado ni una boutade literaria al estilo experimental de los 60. La textura de las palabras es exacta en la lengua original, el inglés, a pesar de la excelente traducción en esta edición bilingüe.

En ella el tiempo continuó moviéndose en su propia dirección, ajeno a la memoria o la nostalgia, como en “Fin de lo ido”:

 

El reloj no detiene el sonido del movimiento

Un frío ronroneo de metal murmura tiempo aplaca

El vacío del cuarto una hueca necesidad de frecuencia

Que mide las pausas que nunca llegan porque

El reloj no se detiene para contar a quien

Dejó la habitación donde alguien aún sentado escucha

 

Quien pretenda escuchar esta poesía de Isel Rivero aún sentado en aquella habitación, pierde su tiempo. No sólo hay concentración, densidad y estilización, sino que aquella ansiedad, aquel sofoco de sus primeros poemarios, ha dado paso a una serenidad que no equivale a frialdad, como lo demuestran sus poemas de tema erótico.

“Me aferro al amplio espacio que tus hombros tienden hacia mis manos” (Night Rained her, IV), y en ello hay una verdadera poética: lejos de frivolidad o exabruptos procaces que, desgraciadamente, no escasean en ciertas obras de género, sus invocaciones a lo erótico son de una delicadeza extraordinaria. Se escucha de fondo un Jagdlied de Mendelssohn y “otra Eva baila / alrededor de la antorcha encantada” (Night Rained her, V). “Pero aún permanece un tiempo / un segundo de tiempo / astillado en millones de celdas de más tiempo / mientras me miras me pides que te mire una vez más” (Night Rained her, IX).

En la poesía de Isel Rivero, la obsoleta noción romántica de literatura nacional ha caducado felizmente a favor del universalismo del Siglo de las Luces. Como afirma Christopher Domínguez Michael, se cancela “la identificación romántica entre cultura y nación (…) [es] el fin de nuestra excepcionalidad”.

Pero el mejor indicio de esta trasmutación es el tiempo. El tiempo urgente, histórico, inmediato, de sus primeros poemarios, es ahora el tiempo inmanente de la poesía. La de siempre.

 

“El tiempo sin fronteras de la poesía”; en: Cubaencuentro, Madrid, 22/07/2011. http://www.cubaencuentro.com/cultura/articulos/el-tiempo-sin-fronteras-de-la-poesia-265796





Después de las seis

18 07 2011

Entre julio de 2010 y abril de 2011, 115 presos políticos cubanos fueron excarcelados y trasladados a España junto con 647 familiares, a razón de 5,63 familiares por preso.

Se ha afirmado que la operación fue acordada entre el gobierno de Raúl Castro, la Iglesia Católica cubana, dotada por primera vez de cierto protagonismo, y el gobierno español. El diputado del PP Teófilo de Luis calificó, en un debate parlamentario, de «inmisericorde y vergonzante» la colaboración del cardenal Ortega en el proceso de excarcelaciones y opinó que a los presos «no se les dejó ninguna opción de permanecer en Cuba» y se «les forzó al destierro». Aunque el ex prisionero Julio César Gálvez ha afirmado: «Yo no pedí venir a España», lo cierto es que, tal y como han aclarado el Arzopispado de La Habana y Laura Pollán, presidenta de las Damas de Blanco, a los reclusos incluidos en el proceso el cardenal Ortega les informó sobre su inminente excarcelación y les consultó si deseaban o no viajar a España. «Nadie ha obligado a ningún preso a que abandone el país», afirmó Pollán, y citó los casos de Rafael Ibarra, un preso político que no aceptó viajar, y continúa en prisión, y de su esposo, Héctor Maseda, uno de los 12 excarcelados que decidieron permanecer en Cuba. Aunque es perfectamente comprensible que la mayoría decidiera abandonar el país.

Quien haya seguido la política del gobierno cubano sabe que estas excarcelaciones no corresponden a un giro en su política respecto a la disidencia o a los derechos humanos, y la represión posterior lo corrobora. Ciertamente, ese lavado de imagen sirvió de argumento al ministro de Exteriores español para solicitar a la Unión Europea la derogación de la Posición Común, aunque no hayan variado las circunstancias que la motivaron. Pero, sobre todo, podría servir de argumento a la administración Obama para relajar o derogar el veto a sus ciudadanos de viajar a Cuba, algo vital para la economía insular en bancarrota. Al mismo tiempo, la Iglesia remozaba su imagen pública y ganaba un espacio de interlocución. En cualquier caso, la excarcelación de opositores políticos pacíficos es siempre una buena noticia.

Los cubanos excarcelados y sus familiares han llegado a España acogidos a un programa financiado por los Ministerios de Trabajo y Asuntos Sociales, y Asuntos Exteriores y de Cooperación, idéntico al que se aplica a otros refugiados por razones humanitarias. Tras una breve estancia de tránsito en Madrid, los refugiados han sido redistribuidos por los centros de acogida que Cruz Roja Española, la Asociación Comisión Católica Española de Migración y la Comisión Española de Ayuda a Refugiados tienen repartidos por todo el país. En una tercera fase, cada familia pasa a un piso de alquiler y recibe una ayuda de unos 1.390 euros al mes, más otras ayudas para la escolarización de los niños y la compra de libros de texto, y unos 300 euros al año para la compra de ropa, más cursos de formación para la búsqueda de empleo.

Lo primero que llama la atención de esta operación ha sido el número de familiares que han acompañado a los 115 ex prisioneros: 647. Como promedio, familias de siete miembros, aunque en algunos casos superan los 30. El ex preso político Néstor Rodríguez Lobaina ha dado las gracias al gobierno español por sacarlo de Cuba a él y a su familia, pero afirma que aquí se ha enfrentado a un “infierno de burocracia”. “Si el gobierno español no tenía las condiciones por estar en una crisis económica, yo no comprendo cómo hace un arreglo con la dictadura cubana para traer a 1.000 personas a un lugar donde no hay trabajo”, se pregunta. Y quizás tenga razón, aunque dicho por alguien que se ha beneficiado de esta generosidad resulta, cuando menos, indelicado.

Varios refugiados han agradecido a España por su acogida. Miguel Martínez afirma que “la ayuda ha sido generosa y alcanza”. Y Antonio Díaz, que “hemos tenido cubiertas nuestras necesidades. Nuestros hijos han ido a la escuela, han recibido atención médica, tenemos casas confortables, y una ayuda que nos permite subsistir en un nivel muy, pero muy digno”, aunque se queja de tener que renovar el permiso de trabajo cada tres meses y la demora en concederles el asilo político –se ha concedido hasta ahora el estatus de refugiado político a 53 disidentes o familiares, y a otros 400 la protección subsidiaria–, por lo que ha decidido trasladarse a Miami.

Pero lo que es noticia en los últimos días es, justamente, lo contrario. Al menos cuatro refugiados han perdido las ayudas. Entre ellos, Néstor Rodríguez Lobaina y Erick Caballero Martínez. El primero, por «reiteradas faltas de respeto al personal de la Cruz Roja», «actitud desafiante y amenazadora», incumplir con las ordenanzas del centro, su «desinterés y desprecio absoluto» por las ayudas concertadas para su proceso de integración, y, sobre todo, la «agresión» a otros cubanos, según el subdirector de migraciones de la Cruz Roja. Rodríguez Lobaina se declara el blanco de una «maniobra oscura» por parte de la ONG, en connivencia con la dictadura castrista, para separarlo de su familia. Afirma que le han quitado el abono de transporte, el derecho a realizar llamadas a Cuba, el suministro de algunos artículos personales y el alimento de los domingos. Que se le acabaron la pasta dental y el desodorante y que no ha recibido dinero para cortarse el cabello desde su llegada.

Erick Caballero, por su parte, amenazó en Torrelavega, Cantabria, con una huelga de hambre en protesta por las condiciones de vida. “Nos están tratando como unos simples inmigrantes”, dijo. Y ha denunciado a El Nuevo Herald que muchos no han recibido el dinero para ropa y transporte prometido, o que lo han recibido tarde, y que la asistencia médica ha sido deficiente y tardía. Se queja de los estrictos horarios y de la alimentación. “Yo salí de una prisión de máxima seguridad, y aquí ponen horario para todo: bañarme, comer, salir, la tele”, dijo Caballero. Agregó que algunos no han podido asistir a seminarios para hallar empleo porque no hay dinero para el transporte ni para ropa.

La Comisión Española de Ayuda al Refugiado expulsó a fines de junio a siete cubanos de su centro de acogida en Málaga y del programa de atención del que se beneficiaban. Entre los expulsados está Carlos Martín Gómez, que hace unos días emprendió, junto a cuatro familiares, una huelga de hambre al no lograr alquilar un piso donde establecerse. La institución explicó en un comunicado que los expulsados habían mantenido “continuos conflictos entre ellos, llegando a la agresión física” obligando al reajuste de “la distribución de este grupo familiar por habitaciones”. Los acusa de “proferir amenazas directas e indirectas, agresiones verbales y faltas manifiestas al respeto” contra los trabajadores del centro; la introducción de “alcohol en el centro o exhibir armas blancas en el patio”, así como su “falta de compromiso” al abandonar los cursos formativos y limitarse “a reivindicar actuaciones y prestaciones más allá de las establecidas”.

(Imaginemos el alborozo en el Palacio de la Revolución ante estos sucesos: Eso les pasa por no leer el Granma. Son delincuentes comunes. Yo se lo dije a los gaitos, pero no me hicieron caso).

Julio César Gálvez y Ricardo González Alfonso también se han quejado de su acogida. Y Regis Iglesias declaró a El Nuevo Herald que “la falta de un estatus [de refugiado político] ha impedido insertarnos en la sociedad española”, aunque agradece la ayuda económica recibida. En entrevista concedida a Libertad Digital, Juan Carlos Herrera declara que quiere regresar a Cuba ante el “trato hostil” y “vengativo” del Gobierno español y la “violación” de sus derechos. También Néstor Rodríguez Lobaina ha pedido que se le devuelva a la prisión de donde salió. Dado que no se han cumplido los once meses reglamentarios, supongo que esas repatriaciones serán perfectamente viables.

¿Han sido diametralmente diferentes las condiciones de acogida en unos y otros lugares? ¿O han sido diferentes las visiones de unos y otros sobre circunstancias más o menos similares?

Hay una situación objetiva: España está en plena crisis y su tasa de desempleo es la mayor de Europa, de modo que la integración plena, que empieza por la independencia económica, se vislumbra difícil. Cuando el economista Miguel Martínez se queja de la lenta homologación de títulos académicos y universitarios («un trámite muy lento y burocratizado», admite un portavoz de Accem) y duda de las “posibilidades de que podamos acceder al mercado laboral conforme a nuestros estudios y preparación”, se integra al clamor de varios millones de españoles.  Es el caso del odontólogo Alfredo Pulido, aunque según éste, “Nada es comparable con una prisión, y menos en Cuba”.

Según las ONG de acogida, algunos han conseguido algunos trabajos esporádicos, pero ningún contrato permanente. La secretaria general de CEAR, Estrella Galán, asegura que los cubanos cuentan con la «simpatía» de la sociedad española, pero que los pocos que han encontrado trabajo ha sido en la economía sumergida, o que, como cualquier parado de larga duración, “ante el temor a perder las ayudas, sopesan bastante las ofertas de trabajo». Por todas estas razones, el gobierno ha decidido prorrogar otros seis meses los subsidios, siempre que «las personas formen parte activa del proceso de integración«, en palabras del subdirector para Migraciones de Cruz Roja, José Javier Sánchez.

Lo cierto es que desde octubre, nueve disidentes se han trasladado a Miami, uno a Chile y otro a la República Checa, y la cifra podría ascender a una treintena. Las autoridades norteamericanas ya han creado un programa de visados para los asilados políticos cubanos. Si se trata de reunirse con sus familiares y encontrar un espacio promisorio, es perfectamente razonable. Si alguno confía en las subvenciones norteamericanas al exilio político cubano, debería tomar nota de las quejas de Reina Luisa Tamayo, madre Orlando Zapata, porque la ayuda que ha estado recibiendo se está «agotando» y actualmente ninguno de sus doce familiares, alojados en cuatro apartamentos (a un alquiler de 1.295 dólares mensuales cada uno) tiene trabajo que les garantice el sustento en los próximos meses. De momento, ya buscan un nuevo lugar donde vivir, más económico.

Una de las informaciones más asombrosas relacionadas con los excarcelados cubanos la ofrece Fran Cosme (http://www.primaveradecuba.org/Articulo/22odisea). Según él, “dos minutos antes de abordar el avión, funcionarios de la embajada española les dieron a firmar un compromiso que dentro de sus tantos puntos contenía uno que los obligaba a abstenerse de formular críticas al gobierno cubano y al español, así como abstenerse también de manifestaciones políticas”. El autor no cita la fuente y, dadas las pruebas, resulta difícil compatibilizar esas exigencias (claramente inconstitucionales) con el hecho de que el 19 de julio de 2010, diez ex prisioneros solicitaron por escrito a los cancilleres de la Unión Europea que no fuese revocada la posición común, tal como solicitaba el ministro Moratinos, sin que, hasta donde se sabe, se produjeran represalias. O que Regis Iglesias y Miguel Martínez aceptaran una invitación a una conferencia de prensa organizada en Madrid por Unión Progreso y Democracia (UPyD), en la que ambos señalaron que España ha incumplido el “Proceso de acogida e integración social a personas pidiendo protección internacional”. En esa ocasión, Fernando Maura, de UPyD, sostuvo que “los trajeron como mercancía política para cambiar la posición común de la Unión Europea hacia Cuba”. Olvidó decir que en aquella conferencia de prensa, Iglesias y Martínez también eran “mercancía”, en este caso de la política doméstica.

Responsables de las ONG de acogida han afirmado que la mayor parte de los excarcelados llegó con unas «expectativas muy altas que no se han podido cumplir». Y eso nos lleva a un fenómeno endémico en la sociedad cubana: la sobrevaloración de lo extranjero. Frente a la retórica de Granma, según la cual, excepto Cuba, Corea del Norte y Venezuela, el mundo entero está a punto de hundirse en la miseria, los cubanos han desarrollado un imaginario del Malecón pallá en el cual los jamones pata negra y los trajes de Armani florecen como la verdolaga. Basta recogerlos. Eso explica que muchas familias consideren las remesas vitalicias de sus parientes out of borders una especie de derecho adquirido por el simple hecho de permanecer en la Isla, cuidándola para que no se hunda y que al regresar de visita la encontremos en el mismo sitio. Y que el primo segundo de la tía política no pida un par de tenis para ir a la escuela, sino unos Converse último modelo.

Durante medio siglo ha actuado sobre nosotros una pinza perversa. Por un lado, el poder ha intentado convencernos de que los cubanos, faro y guía del universo, somos el pueblo elegido, tributario natural de la solidaridad internacional. Y predica con el ejemplo: casi 198.000 millones logró sacarle a los rusos, y 21.000 millones de deuda impagada. Más lo que le debe al Club de París y las subvenciones venezolanas.

La otra mandíbula de la pinza es la indefensión. El cubano que reside en la Isla no está autorizado a mejorar su situación económica, algo que debe comprender el visitante que llega, y el amigo o pariente que lo recibe si tiene la suerte de brincar el charco. Quienes lo ayudan, invitan o convidan como muestra de amistad, afecto, amor u otros sucedáneos, cumplen una obligación que no requiere más explicaciones.

En el caso que nos ocupa, puede que algunos consideren una obligación internacional la subvención a quienes luchan por la democracia en Cuba, y han sufrido prisión por ello. Es comprensible que eso fuera así mientras permanecían en la Isla, hostigados por el régimen que les negaba, incluso, el acceso a un puesto de trabajo. Y es justo que se les otorguen subsidios temporales y facilidades para integrarse a esta sociedad en uno de sus momentos más difíciles, algo de lo que no disfrutan millones de sus compatriotas, “simples inmigrantes”, en palabras de Erick Caballero.

Pero ningún país del mundo tiene obligaciones o deberes con la Isla. El destino de Cuba es, exclusivamente, un asunto de los cubanos.

Un amigo que fue a recibir a uno de los primeros grupos de excarcelados me contó de una señora que, al bajar del avión, le manifestó su intención de continuar desde España la lucha por la democratización de Cuba. Y él le respondió: “Después de las seis”. “¿Cómo?”, preguntó ella. “Después de las seis. A esa hora termina la jornada de trabajo”.

 

“Después de las seis”; en: Cubaencuentro, Madrid, 18/07/2011. http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/despues-de-las-seis-265503





Desobediencia

12 07 2011

El poder, humano o divino, siempre ha tenido la obediencia (de los súbditos) en muy alta estima. La desobediencia de Adán y Eva les canceló automáticamente su permiso de residencia en el jardín del Edén. Fue el primer pecado para los judíos, no necesariamente heredable por toda la especia humana, aunque lo asegure el cristianismo, como si lleváramos en nosotros el ADN de la culpa.

La desobediencia a los mandamientos de Jehová es pecado, no importa lo absurdas o despiadadas que sean sus órdenes. Así la autoridad de Dios, como afirma Erich Fromm en Tener y ser, queda “modelada sobre el papel de un rey de reyes oriental”. Y esos reyes aprovecharon desde entonces el modelo para sacralizar su despotismo a imagen y semejanza del “capo di tutti capi”. Aunque más tarde Santo Tomás de Aquino, como también afirma Fromm, le diera al pecado un sentido humanista, al considerar que éste no consiste “en desobedecer a la autoridad irracional, sino en ir contra el bienestar humano”.

Fue el caso de Prometeo, quién desobedeció a los dioses al entregar el fuego a los hombres. Ni se sometió al mandato de la autoridad, ni se sintió culpable, “rompió la ecuación entre desobediencia y pecado”. Pero el poder suele ser bastante ajeno a la compasión y sobre Prometeo cayó todo el peso de la (in)justicia divina.

El 12 de abril de 1954, el académico Piotr Kapitsa (Premio Nobel de Física 1978) escribió una carta a Nikita Krushov en la que afirmaba: “El estímulo principal para cada creación es el descontento con lo existente. El inventor está descontento con los progresos existentes e inventa nuevos; el científico está descontento con las teorías existentes y busca otras más perfectas, etc. Las personas activamente descontentas son intranquilas y su carácter no les permite ser borregos obedientes (…) el genio se manifiesta generalmente en la desobediencia. El hombre busca algo nuevo cuando no quiere atenerse a lo existente porque no lo satisface. La desobediencia es uno de los rasgos inevitables que se manifiestan en el hombre que siempre busca y crea algo nuevo en la ciencia, el arte, la literatura o la filosofía. De manera que parecería que una de las condiciones para el desarrollo del talento fuera la libertad de desobediencia”.

A un año de la muerte de Stalin, Kapitsa escribió dos palabras que en la URSS de entonces eran heréticas: “libertad” y “desobediencia”. Hacía suya la frase de Siegmund Freud: “Genio y obediencia son cosas incompatibles”. Ignoro cuál fue la respuesta de Kruschov, pero presumo que estaría en consonancia con la del zar Nicolás I cuando se reunió con los estudiantes más brillantes de la Universidad de Moscú y les espetó que “No preciso inteligentes, sino obedientes”. Así le fueron las cosas.

Una relectura de la historia nos demuestra que sociedades donde en su día florecieron la creatividad y el talento se apagaron cuando se impuso la obediencia y se unció el talento a las necesidades del poder. China era, en el siglo XIV, la nación tecnológicamente más avanzada del planeta. Pero entonces, según el historiador Manuel Castells, el Estado inhibió el desarrollo tecnológico por temor  al impacto de las nuevas tecnologías en el statu quo social; los elementos más dinámicos de la cadena productiva se consagraron al servicio estatal; la sociedad se supeditó completamente a las necesidades del Estado; se impuso una rígida organización burocrática; se suprimieron los contactos y el comercio con extranjeros, y la exploración geográfica, que había alcanzado la costa occidental de África en enormes flotas junto a las cuales las carabelas de Colón eran meras chalupas, fue abandonada y se prohibió por decreto la construcción de grandes barcos.

No escasean ejemplos puntuales de dictaduras que han potenciado, de forma interesada y muy dirigida, la investigación en determinados campos, especialmente los relacionados con la industria armamentística. La Alemania nazi y la URSS, por ejemplo. Pero, al cabo, conceder sólo libertad condicional al talento ha terminado por atrofiar esos impulsos creativos. La II Guerra Mundial concluyó con un golpe de tecnología sobre Hiroshima fraguado, en buena medida, por “excedentes” de la ciencia alemana que resultaron inadmisibles para el poder nazi.

Desde finales del siglo XIX la ciencia ya no es una parcela acotada donde cada genio cultiva en solitario sus propias ideas, sino un ecosistema en el que las ideas fluyen de unos campos a otros en una interacción difícilmente predecible por un plan quinquenal. Conceder libertad a los cultivadores de tomates y no a los de pepinos sólo sirve para que jamás se pueda hacer un buen gazpacho.

En Cuba existe hoy una gran masa escolarizada y una mina de talento por explotar. Pero no es suficiente. Carlyle afirmó que el genio es una capacidad infinita para esmerarse, pero para ello necesita condiciones propicias, patrocinios y múltiples impulsos que lo hagan posible. No basta crear un centro de Biotecnología y otro de Inmunoensayos, sectores promisorios en el imaginario castrista. Las limitaciones impuestas a la libertad creadora se traducen en limitaciones de lo creado.

El genio suele serlo en determinadas parcelas del conocimiento. No se le puede amaestrar para que salte por un aro ajeno a sus saberes. Fuera de su agua, como el pez, se ahoga, o busca en otra charca aguas alternativas. El bracero mexicano desobedece su destino y huye al Norte por razones de supervivencia. El talento hace lo mismo con un aliciente adicional: la búsqueda del clima adecuado para que su talento eclosione y alcance su posibilidad, y no se quede en la imagen, para decirlo en palabras de Lezama.

Desde mediados del siglo XX, asistimos a la sociedad del conocimiento. El desarrollo no está ya determinado por quién produce más acero o más telas, sino por quién produce más ideas. Y existe una clara distinción entre países productores y países consumidores de ideas; entre países que atraen talento y países que lo exportan. Cuba es, desde hace medio siglo, un exportador de talento. Comenzó por exportar en masa a toda la clase empresarial, los que ahora llaman emprendedores, y una buena parte de su dotación técnica. Y ha continuado exportando talento, ya educado dentro de la Revolución, en oleadas sucesivas o en un inexorable goteo.

En los “Lineamientos de la política económica y social” que, presuntamente, signarán la vida de los cubanos durante los próximos años, se habla de “crear condiciones organizativas, jurídicas e institucionales” para el desarrollo de la ciencia; “sostener y desarrollar investigaciones sobre el cambio climático, preservación de los recursos y las ciencias sociales”; “institucionalizar y sistematizar”; “ir creando las condiciones para propiciar la integración de los logros de la ciencia y la técnica en la producción”; “completar y aplicar los instrumentos jurídicos requeridos para la articulación del Sistema de Ciencia e Innovación Tecnológica”. De nuevo los planes quinquenales, el dirigismo machacón desde un Estado que ha demostrado sobradamente su incapacidad de fomentar y de prever, y que sólo ha logrado una imparable sangría de talento. Y, justamente, la palabra “talento” no aparece en esos “Lineamientos”. Tampoco la palabra “libertad”, excepto en la frase de Fidel Castro que sirve de exergo, donde se afirma que la Revolución “es igualdad y libertad plenas”. Sí se repiten hasta ocho veces los términos “orden”, “ordenamiento” y “ordenado”, y otras ocho veces, entre los “Lineamientos” y el “Informe central” de Raúl Castro, la palabra “disciplina”.

En lugar de desobediencia creadora, disciplina (léase obediencia); en lugar de libertad, orden.

Durante décadas, ante cualquier idea alternativa a las orientaciones que bajaban desde las alturas, nos repetían que aquellas directrices venían investidas de la más alta sabiduría, contaban en su haber con todos los datos de los que carecíamos nosotros, los simples mortales. El devenir histórico de Cuba acabará convenciéndonos de que los simples mortales teníamos algún destello de genialidad, o que el Olimpo estaba plagado de incompetentes, si aceptamos la tesis de Osias L. Schwarz: “De un máximo de observaciones, un hombre de talento extrae un mínimo de conclusiones, mientras que el genio saca un máximo de conclusiones de un mínimo de observaciones”.

Dado que se trata de los mismos incompetentes, me temo que un máximo de observaciones del mundo donde, quiéranlo o no, Cuba se inserta, no les alcancen para comprender que las naciones más avanzadas son, justamente, aquellas donde la libertad, incluso la libertad de equivocarse, es un derecho, y donde el aparato del Estado está condenado a aceptar, le guste o no le guste, la desobediencia del talento.

“Desobediencia”; en: Cubaencuentro, Madrid, 12/07/2011.  http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/desobediencia-265263





La revista del país que será

1 07 2011

 La experiencia demuestra que toda revista cultural importante requiere de un país que le aporte patrocinios gubernamentales y de un público natural e inmediato. Sobrevivir sin apoyos institucionales es un deporte de riesgo para cualquier revista cultural del mundo que, por su propia naturaleza y limitado público, difícilmente podrá cubrir sus costes con anunciantes y suscripciones. Y la cultura cubana no es la excepción. La Revista de Avance publicó el 15 de septiembre de 1930 su último número, el 50, a los tres años de su nacimiento. Orígenes alcanzó los 40 números, con una tirada de algunos cientos de ejemplares, entre 1944 y 1956. (Más los dos números apócrifos, el 35 y el 36, que publicó en paralelo José Rodríguez Feo). Ciclón circuló entre 1955 y 1957, con un número epigonal aparecido en 1959, tras lo cual “dejó de existir (…) muerta de cansancio”, como diría en Lunes de Revolución Virgilio Piñera. Y se trataba de revistas hechas en la Isla, cerca de su público natural, y dirigidas a un mercado concreto, inmediato, lo que favorecía la prospección de anunciantes y sponsors. En cambio, las revistas patrocinadas por el gobierno cubano a partir de 1959 han disfrutado de una larga vida y de una extensa tirada. Casa de las Américas, por ejemplo, ha alcanzado el número 256 con 3.000 ejemplares por número.

La revista Encuentro de la Cultura Cubana es, por tanto, un caso sui géneris. Una revista sin país, o destinada a ese país virtual que es la diáspora y al país real que le cierra sus puertas y donde casi la mitad de su tirada ha debido circular clandestinamente durante todos estos años. Una revista hecha en Madrid para un público disperso por todo el planeta y un país cerrado. Aun así, ha durado 53 números en 13 años, con una tirada de entre 2.000 y 4.000 ejemplares por número. Es, sin dudas, el mayor empeño cultural cubano en el exilio durante este medio siglo y, para muchos, la mejor revista cultural de tema cubano en circulación.

Su historia se remonta a 1994, cuando se conmemoró el cincuentenario de la revista Orígenes. La Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica del Ministerio de Asuntos Exteriores de España organizó el seminario La Isla Entera, con el propósito de reunir a un numeroso grupo de creadores y críticos literarios cubanos, tanto residentes en la Isla como en otras latitudes, al margen de sus ideas políticas. Amigos que no se habían encontrado en muchos años. Jóvenes que veían por primera vez en “carne y hueso” al mito Padilla. Todos se reunieron en Madrid con una cordialidad sin fronteras ni ideologías. El escritor cubano Jesús Díaz, recién llegado de Berlín, venía a Madrid con una idea fija: fundar una revista donde encontrara cabida “un debate sobre el presente, el pasado y el futuro del país”. Expuso su proyecto, se produjo un diálogo marcado por el entusiasmo, y los asistentes confirmaron su apoyo y lo enriquecieron con sugerencias e ideas.

En 1995 se fundó la Asociación Encuentro de la Cultura Cubana, y en 1996 la Agencia Española de Cooperación Internacional donó los primeros fondos al nuevo proyecto. El primer número de la revista Encuentro apareció en el verano de ese año en condiciones bastantes precarias. A partir del segundo año, las fuentes de financiación se diversificaron: la National Endowment for Democracy (NED),  el Centro Internacional Olof Palme, del Partido Socialdemócrata Sueco, la Fundación Pablo Iglesias, del Partido Socialista Obrero Español, la Fundación ICO (Instituto Oficial de Crédito) española, la Fundación Ford, el Open Society Institute, la Dirección General del Tesoro, la Fundación Caja Madrid, la Junta de Andalucía, la Dirección General del Libro, la Unión Europea, etc. En 2000 se creó el diario digital y en 2002, gracias al apoyo la Unión Europea, se lanzó un portal llamado a convertirse en un sitio de referencia de la cultura cubana.

Durante estos trece años, la revista Encuentro ha publicado a centenares de autores cubanos y no cubanos, residentes en la Isla o en el exilio, y ha reafirmado su vocación plural en varias direcciones. La cultura como un espacio sin fronteras, de modo que en la revista dialogan todas las geografías. Un espacio pluritemático donde se codean la literatura y la música con las artes visuales, las ciencias sociales, la economía, la historia, la ecología y la política. Sin fronteras generacionales, porque sus páginas no se constriñen a una generación o una estética. Y, al mismo tiempo, prefigura la Cuba plural de mañana ofreciendo espacio a proyecciones ideológicas muy diversas y, con frecuencia, contradictorias, favoreciendo el diálogo necesario.

Dos de los principios fundacionales de Encuentro de la cultura cubana fueron su independencia, al no constituirse en plataforma de ningún partido u organización política de Cuba o del exilio,  y su carácter abierto, al conciliar en un solo espacio de diálogo las hasta entonces antitéticas nociones de “nosotros” y “ellos”, “adentro” y “afuera”. No obstante, y quizás por ello, la revista ha sido objeto de los más persistentes ataques por parte de las autoridades cubanas y de una zona del exilio.

Según La Habana, esos principios han sido mediatizados bajo la influencia de nuestros patrocinadores, especialmente la National Endowment of Democracy, condicionando una línea editorial pro-norteamericana. Pero basta hojear la revista desde sus orígenes hasta hoy para percatarse de la falsedad de esas acusaciones. Tan temprano como en el número 1, ya aparece una mirada crítica hacia el embargo y, en especial, hacia la ley Helms-Burton. De ahí en adelante, Encuentro ha dado cabida, a lo largo de sus 52 números, a numerosos textos que cuestionan la política norteamericana hacia Cuba, firmados por Jorge I. Domínguez, Luis Manuel García, Jesús Díaz, Joaquín Roy, René Vázquez Díaz, Alberto Recarte, Ignacio Sotelo, Max J. Castro, Marifeli Pérez-Stable, Guillermo Rodríguez Rivera, Iván de la Nuez, Tzvetan Todorov, Rafael Alcides, Beatriz Bernal, Carmelo Mesa-Lago, Juan Antonio Blanco, Diego Hidalgo, Andrés Ortega, Javier Solana, Alejandro Armengol, Haroldo Dilla y Arturo López-Levy, entre otros, sin que exista un hiatus en esta política, ni un punto de inflexión que permita a los funcionarios cubanos sustentar la tesis del “desvío” del mesurado proyecto inicial, aunque eso es lo que afirma Iroel Sánchez, director del Instituto Cubano del Libro:  que la revista “se inicia con una posición política no totalmente contraria a la Revolución, pero va evolucionando en esa dirección” (http://www.lajiribilla.cu/2003/n100_04/100_07.html). Una acusación que no es nueva. Según ella, el “giro” se produce alrededor de 2000-2001, con los dossiers Cuba, 170 años de presencia en Estados Unidos, Polémica en LASA 2000, Literatura Cubana en Miami y, desde luego, El presidio político en Cuba (No. 20, primavera de 2001). Pero la acusación entraña una contradicción. Si Encuentro, como afirma La Habana, ha seguido el diktat de la CIA a través del patrocinio de la NED, ese presunto “giro” se produce justo cuando la NED cede protagonismo ante las aportaciones de la Fundación Ford y la Unión Europea.

La consolidación de Encuentro, su talante abierto y la sostenida calidad de los trabajos publicados, le han valido un prestigio que atrae incesantemente a nuevos colaboradores y lectores. Encuentro ha conseguido lo que el gobierno cubano ha intentado evitar durante casi medio siglo: la nación posible donde quepan todos los cubanos. De ahí que sus ataques contra la revista sean más enconados y persistentes que contra otras publicaciones donde el anticastrismo puro y duro marca toda la línea editorial, sin espacios para el diálogo. Porque es precisamente el diálogo lo que más teme La Habana.

Para la nomenklatura de la Isla es muy difícil digerir la relación de personalidades a las que Encuentro ha rendido homenaje subrayando su aporte a nuestra cultura, no el bando o la geografía en que habitan: Tomás Gutiérrez Alea y Gastón Baquero, Eliseo Diego y Luis Cruz Azaceta, Fina García Marruz y Julio Miranda, César López y Manuel Moreno Fraginals, Antón Arrufat y Heberto Padilla,  Abelardo Estorino y José Triana, Virgilio Piñera y Antonio Benítez Rojo, Aurelio de la Vega y Reina María Rodríguez, entre otros. No se trata, al estilo de las autoridades culturales cubanas, de rescatar post-mortem del ostracismo a escritores indefensos, filtrando hacia el lector de la Isla sus obras previamente escardadas de “malas hierbas”.  Homenajeamos a intelectuales en activo que, en muchos casos, han recibido distinciones gubernamentales y/o militan activamente a favor del régimen.

Razón por la que una zona del exilio más beligerante ha acusado a Encuentro de ser una operación de la Seguridad de Estado cubana, destinada a dividir al exilio y “ablandarlo” frente al régimen de la Isla. Defienden el anticastrismo puro e intolerante con el mismo énfasis que el régimen propugna un castrismo sin “desviaciones” y castiga la más mínima disidencia. Acusaciones difíciles de conciliar con extensos dossiers sobre el papel de los militares en Cuba, el estado catastrófico de la economía, la transición, el desastre urbanístico, la Cuba post Castro, o el número especial sobre la represión durante la Primavera Negra de 2003. Encuentro siempre ha apreciado como un buen síntoma ese “equilibrio” entre las acusaciones de ambos extremos. La “pureza revolucionaria” que refrenda el monólogo se mira en el espejo de la “pureza contrarrevolucionaria” que refrenda el… qué casualidad. La supervivencia de ambos requiere un enemigo. Y para ambos, cualquier diálogo es perverso.

Todos nuestros colaboradores, cubanos y no cubanos residentes en cualquier geografía, son los artífices del proyecto Encuentro. Sin ellos, la idea no habría pasado de ser una ilusión compartida. Y eso es algo que conoce perfectamente el gobierno cubano, por lo que ha ejercido enormes presiones sobre los intelectuales de la Isla, y sobre muchos del exilio, para que se abstengan de publicar en nuestras páginas. Nueve de nuestros colaboradores fueron condenados a penas de hasta 25 años de privación de libertad y consta en las actas de los juicios que escribir para Encuentro era uno de sus “delitos”.  La táctica de coaccionar a los autores de intramuros  no es sólo un ejercicio de autoritarismo. Su lógica es más perversa: una vez cortado el tráfico intelectual con la Isla, se puede acusar a Encuentro de ser una revista “del” y “para” el exilio. Eso explica que muchos intelectuales se hayan abstenido de escribir en nuestras páginas, debido a las extrañas disciplinas que rigen las instituciones cubanas y a la presión total que puede ejercer un Estado totalitario. Pero una de las razones por las que Encuentro no se ha convertido en una revista “del” y “para” el exilio, fue expresada por un intelectual de la Isla cuyo nombre no mencionaré por prudencia: “Como antes había que publicar en Orígenes, ahora hay que publicar en Encuentro. Es la revista”. Aunque la primera razón es que muchos intelectuales, como el resto de la población, comprenden que el proyecto político ha caducado y que es imprescindible un diálogo abierto, sin servidumbres, para refundar un país que se desploma económica y socialmente. Durante los primeros treinta años de su gobierno, Fidel Castro exigió como paradigma el “intelectual comprometido” (con su proyecto, desde luego). Tras la catástrofe y el descrédito, ante la profunda desilusión de la ciudadanía, se invita a los intelectuales a recluirse en sus tareas profesionales, lo más asépticas posibles. Si no aplauden, al menos no hagan ruido. No soportan al intelectual comprometido, si no pueden manipular ese compromiso.  Y este nuevo “intelectual comprometido”, ahora con sus propias ideas, empieza a ser cada vez más frecuente.

En sus ataques, el gobierno cubano ha afirmado que Encuentro “con sus aparentes fines culturales, esconde propósitos políticos”.  Algo absolutamente falso. Desde el primer número hicimos explícito nuestro proyecto político: una Cuba plural y democrática, abierta al diálogo, en las antípodas de la Cuba totalitaria.

Pero esos ataques no se han traducido en un debate de ideas, a pesar de que Encuentro siempre ha estado dispuesta a publicar cualquier “versión oficial”. ¿Habría algo más natural que enviarnos un texto con una mirada diferente, que discrepe o polemice? Las poquísimas veces que esto ha sucedido, siempre se han reproducido fielmente. Pero no es éste un territorio cómodo para las autoridades de la Isla, habituadas a rehuir el debate ideológico con sus críticos y opositores, a menos que dispongan del derecho al veto, y a sustituirlo por la deslegitimación, que se ejerce desde una prensa cautiva y sin espacio a la réplica. Toda disidencia es etiquetada como “anexionista”, agente de la CIA y vendida a Washington. El insulto suplanta al argumento.

Y ese ataque se ha centrado en nuestras fuentes de financiación que, según ellos, condicionan una servidumbre política. Para esto no sólo utilizan su burocracia cultural y la prensa orgánica (un portal en internet, el diario Granma y la televisión), encargada de  manipular y ocultar datos, sino que instrumentalizan la desinformación de intelectuales extranjeros a los que invitan y agasajan, llegando al extremo de circular en la Feria del Libro de Guadalajara un copioso libelo anónimo.

Parten de una falacia: que los sistemas de cooperación y mecenazgo en sociedades democráticas operan según los mismos principios que en una sociedad totalitaria, la cual no sólo evita subvencionar cualquier proyecto que vaya contra su monopolio del poder y del pensamiento único, sino que prohíbe la búsqueda de fuentes de financiamiento al margen del Estado, penaliza la producción y distribución del pensamiento alternativo y elabora su propio Index de ideas y autores prohibidos. La trasgresión de esta norma está recogida en el Código Penal cubano. Si una sociedad democrática es, por definición, plural, admitiendo grados de libertad que permiten, incluso, navegar contra la corriente de la política oficial; un estado  totalitario sólo admite la circulación en un sentido.  Toda infracción de la norma de tránsito, es penada.

Un vistazo al sistema de cooperación que ponen en práctica las fundaciones públicas y privadas en sociedades democráticas demuestra que éstas suelen ejercer un mecenazgo atento al interés del destinatario, más que a una presunta “coincidencia ideológica”. En un ejercicio de independencia inconcebible para las reglas del juego totalitarias, contravienen, incluso, la política exterior de los países donde radican. Así, tanto la Unión Europea como la Agencia Española para la Cooperación Internacional, Caja de Madrid y la Fundación Ford donan fondos a instituciones de Cuba y también a Encuentro de la cultura cubana. GSF y Arca, instituciones norteamericanas, al igual que la Fundación Rockefeller, donan fondos a instituciones de Cuba para promover el deshielo y no a  Encuentro. En cambio, el National Endowmenf for Democracy (NED), cuyo propósito es promover la democratización, dona fondos a  Encuentro y no a instituciones de la Isla.

Fernando Rojas,  portavoz oficial de Cuba en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, declaró en Granma que Encuentro «ha sido financiada por la National Endowment for Democracy, (…) pantalla de la CIA».  Los voceros del gobierno cubano dan por sentado el carácter axiomático de la frase y que, por carácter transitivo, Encuentro es una operación de la CIA y del gobierno norteamericano. En ese caso, La Habana debería revisar sus relaciones con Gabriel García Márquez, amigo personal de Fidel Castro, cuya Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) ha recibido fondos de la NED y de otras entidades demonizadas por La Habana: el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Council on Foreign Relations norteamericano, la USIS (U.S. Investigations Services) y la Embajada de los EE. UU. en Bogotá. Del mismo modo, las acusaciones de Cuba a la Fundación Ford, donante de Encuentro, como pantalla de la CIA, ponen en entredicho a las propias instituciones de la Isla, ya que esa Fundación ha apoyado la conservación y modernización de la biblioteca de Casa de las Américas, en La Habana; el intercambio entre la Universidad John Hopkins y el Instituto de Relaciones Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, y ha invertido fondos para crear un estado de opinión  favorable a la apertura de la política norteamericana hacia la Isla.

Argumentar que la línea editorial y la agenda de Encuentro están al servicio de la política norteamericana por razones de financiación es un razonamiento peligroso para el propio gobierno cubano. En treinta años de patrocinio soviético, Cuba recibió 39.500 millones en préstamos, de los cuales 20.000 millones permanecen impagados, 60.500 millones en subsidios y 13.400 millones en ayuda militar[1]. Siguiendo su propio razonamiento, podría aducirse que durante treinta años Cuba no fue un país, sino una operación del gobierno soviético.

Claro que las verdaderas razones de ese recurrente y patético intento de descalificar a Encuentro son la soberbia, el miedo y la impotencia. El gobierno de la Isla, desde una soberbia sin límites, se considera dueño y señor de las vidas y haciendas de todos los cubanos, y no tolera una publicación independiente y plural. En su arrogancia, se cree el administrador de la obra que hacemos incluso fuera de sus linderos territoriales. Pero tras esa soberbia se esconde el miedo ante el libre debate de las ideas, ante un espacio donde se puede hablar sin eufemismos ni discursos trucados, y donde nadie está obligado a refugiarse en el suelo sagrado de un silencio. Y la impotencia, porque al ser incapaces de rebatir ideas, se ven obligados al insulto, el engaño y la intimidación. Tanto los intelectuales de la Isla como los del exilio conocen el precio de saltarse la fatwa dictada por La Habana. Unos no recibirán permiso de salida; otros no recibirán permiso de entrada.

Y una razón que es síntesis de las anteriores: la ecología. El hábitat donde medra a sus anchas el totalitarismo es la beligerancia, la intolerancia, el miedo y la amenaza. Sobre la beligerancia permanente con Estados Unidos –cuyo mantenimiento se han esmerado en proteger de distensiones y aperturas– ha prosperado el estado de exención en que viven los cubanos hace medio siglo. Su “guerra permanente” sirve de coartada para trocar un país en cuartel, exigir obediencia y fidelidad ciegas,  y declarar desertor al que huye. Todo puente hacia la reconciliación debe ser dinamitado, a riesgo de que se desmorone la retórica de plaza sitiada y el poder omnímodo del régimen.

¿Por qué una revista editada en España por un grupo de escritores y artistas despojados de todos sus derechos dentro de Cuba, y cuya única arma son las palabras, preocupa tanto a un régimen que domina la vida de sus once millones de habitantes, y el intercambio de ideas y personas? ¿Será que no pueden controlar ese otro territorio inaprensible: la mente de sus ciudadanos?

 

Recién publicado el número 51/52 de la revista, la Asociación Encuentro de la Cultura Cubana cerró su oficina de Madrid en octubre de 2009 por falta de fondos. Prácticamente todos los trabajadores nos hemos ido a engrosar la mayor empresa de España, el Instituto Nacional de Empleo (¿o de Desempleo?). Desde que se conoció la noticia del cierre, no pocas botellas habrán sido descorchadas en el Ministerio de Cultura cubano y en el Comité Central. Con el alivio que supone sacarse una piedra del zapato, los funcionarios de la cultura (la unión de esas dos palabras es una verdadera aberración) dormirán mejor sabiendo que los jóvenes lectores de la Isla no serán corrompidos por textos de Carlos Victoria, Gastón Baquero o Reinaldo Arenas; ni violará su inocencia algún dossier sobre el papel de los militares, el suicidio o las ruinas de La Habana; ni se pasearán por las calles de la ciudad los cadáveres de los balseros y de los fusilados en el Escambray y La Cabaña. Tampoco deberán temer que una nueva ola de represión tenga como respuesta una carta abierta firmada por cientos de los más prestigiosos intelectuales europeos y americanos.

Pero también se habrán descorchado botellas en algunos recintos del exilio. El cierre de nuestra oficina demuestra que las subvenciones de la CIA o de la Seguridad del Estado (según versiones) no han sido suficientes. Y, hasta donde sabemos, no ha habido ofertas del KGB, ni del Mosad, del MI6 o de la Sûreté Nationale.

Aunque en ciertos corrillos del exilio (y del insilio también, why not?) puede haber otro ingrediente. Omar Torrijos contaba que a la entrada de un pueblo perdido de Panamá encontró el siguiente cartel: “Abajo el que suba”. Un enunciado a priori contra todas las políticas y los políticos (hasta que no se demuestre lo contrario) también podría servir de slogan al deporte nacional español y latinoamericano: la envidia. La diáspora cubana ha visto nacer y extinguirse a decenas, cientos de proyectos, muchos de los cuales habrían merecido mejor suerte. La persistencia de Encuentro ha hecho más difícil para algunos la digestión de esos fracasos. Otros han clamado por el cese de la financiación a Encuentro como si ello pudiera trasvasarse automáticamente en financiación propia. Y algunos han apelado incluso a la fórmula ejemplar de la envidia socialista: aquel hombre que sentado en la puerta de su casa ve pasar un flamante Mercedes Benz y desea de corazón que se estrelle en la próxima curva para que todos seamos peatones.

La más importante revista cultural hecha por la diáspora cubana está abocada a su desaparición. Pero soy portador de malas nuevas para los empresarios de pompas fúnebres. El muerto patalea. Existe la posibilidad de que Encuentro regrese en 2010 de entre los muertos para enturbiarle los sueños a los funcionarios cubanos.

«Perdonen que no me levante» es, posiblemente, el más conocido de los epitafios, que se atribuye a Groucho Marx; aunque en su tumba del Eden Memorial Park de San Fernando, Los Ángeles, sólo figura su nombre, las fechas de su nacimiento y de su muerte (1890-1977) y una estrella de David. Parafraseando ese epitafio sin lápida, me gustaría inscribir hoy en la tumba provisional de Encuentro: “Perdonen que sí me levante”, para que pueda seguir siendo una revista sin país. O mejor, la revista de ese país virtual donde habitamos todos los cubanos del planeta. O mejor, la revista del país que será mañana.

 

“La revista del país que será”; en: Madrid habanece; Iberoamericana Vervuert, Madrid, 2011.

 


[1] Carmelo Mesa-Lago; Breve historia económica de la Cuba socialista. Políticas, resultados y perspectivas. Alianza Editorial. Madrid, 1994).





El momentómetro

28 06 2011

En 1989 se implantó en Cuba un sistema de evaluación que rebajaba la frontera del aprobado y favorecía, en la estela del llamado “promocionismo”, un incremento de las notas medias en el sistema de enseñanza que no reflejaban en lo absoluto un incremento en la calidad pedagógica o los conocimientos de los estudiantes. Tras consultar a maestros, pedagogos y estudiantes, así como las claves del nuevo sistema, escribí un artículo donde se reflejaba su efecto perverso sobre la calidad de la enseñanza. Por entonces, yo estaba condenado a escribir sobre planetas distantes e historia antigua, y el artículo fue engavetado por la revista Somos Jóvenes siguiendo orientaciones de la dirección nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, dado que aquel no era “el momento” adecuado para su publicación. Tres años más tarde, ya derogado el sistema de evaluación, en una asamblea de la editorial con el secretario general de la UJC, éste nos invitó a un periodismo más comprometido, y citó como ejemplo mi artículo que, de haberse publicado en su momento, hubiera sido extraordinariamente útil para evitar los males provocados por aquel sistema.

Todos recordamos la sutil dialéctica de “el momento”. Habitualmente, en Cuba cualquier crítica sólo es admisible si se pronuncia en “el momento” histórico correcto. Y ello requiere una delicadísima percepción de hacia dónde soplan los alisios de la política nacional. Normalmente, nunca es “el momento”, y lo más frecuente es que “el momento”, fugaz milisegundo histórico, pase por nuestro lado sin que nos demos cuenta, y la próxima estación del crítico sea enterarse de que ya no es “el momento”.

Eso me recuerda una anécdota a la que se refiere Isaiah Berlin en “La dialéctica artificial”: Un camarero de un crucero pregunta cómo evitar que los platos se le caigan cuando la mar se pique. Le responden que no deberá caminar en línea recta, sino en zigzag, acomodando sus pasos al balanceo del barco. Llegado el momento, rompió una montaña de platos y argumentó en su defensa que cuando él hacía zig, el barco hacía zag, y viceversa. Concluye Berlin que esa es la sabiduría de cualquier ciudadano soviético: saber hacer zig o zag al compás del Partido.

“El momento” es una dama famélica a dieta de puro silencio. Camina con un dedo sobre los labios. Pide silencio, porque cualquier palabra no autorizada puede servirle al enemigo para componer una copla satírica. No hay que darle argumentos. Que se resigne a la música instrumental. Los muertecitos de Stalin no estaban muertos sino en terapia intensiva; se les proporcionaba respiración artificial de discursos, himnos en vena. Hasta la intervención de Nikita Kruschov en el XX Congreso. Ese día los desconectaron de golpe. Y fíjese bien, compañero, sabemos que hay un bache en la carretera de Viñales, pero no es el momento histórico de mencionar ese bache, que es bache pero es nuestro. El enemigo usaría nuestra autocrítica para decir que toda la carretera de Viñales es un bache, que el comunismo es un bache en la carretera de la Historia. ¿Comprende, compañero?

Entre “Fidel, Kruschov, estamos con los dos” y “Nikita, mariquita, lo que se da no se quita” hubo un interregno de duda en que un error de cálculo podía ser fatal. Como lo fue el titular del diario Revolución ante la invasión rusa a Checoslovaquia de 1968. Los chinos han sido, alternativamente, hermanos y peones del imperialismo. En 1978, los “gusanos” se convirtieron en “comunidad cubana en el exterior”, “mariposas”, para abreviar. Los sancionados por escribir a sus padres y hermanos de Miami, pudieron recibirlos en persona y sin disimulo. Nunca el género epistolar fue tan maltratado. La revista Sputnik pasó de recomendable a prohibida. Silvio Rodríguez, de prohibido a obligatorio. Y Fidel Castro, en 1985, durante el “Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas”, censuró el desempeño de su propia revolución como quien acaba de regresar de un largo viaje y encuentra la casa desordenada.

Ahora hemos escuchado a Raúl Castro afirmar que “o Cuba cambia o se hunde la revolución”; «o rectificamos o ya se acaba el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos”; se refiere a los «errores» cometidos durante medio siglo de socialismo; invita a  «poner sobre la mesa toda la información y los argumentos que fundamentan cada decisión y, de paso, suprimir el exceso de secretismo a que nos habituamos durante más de 50 años de cerco enemigo»; afirma que «es necesario cambiar la mentalidad de los cuadros y de todos los compatriotas al encarar el nuevo escenario que comienza a delinearse»; invita a  no frenar, como en el pasado, las iniciativas de cambio, y que los acuerdos del Gobierno deberán cumplirse y no convertirse en letra muerta como ha sido habitual.

Y haciéndole la segunda, Alfredo Guevara (http://www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/alfredo-guevara-cuba-vive-transicion-del-disparate-al-socialismo-264525) considera que Cuba vive una “transición del disparate” hacia el socialismo y, en un encuentro con estudiantes universitarios que recoge el portal Cubadebate, llama a “desestatizar” y “desburocratizar” al país. Advierte que nada cambiará “mientras todo lo administre una burocracia disparatada e ineficiente”, y llama a “destruir este aparataje descomunal que ha decomisado la sociedad”. “El crimen más grande que podemos cometer es aceptar que la ignorancia ocupe cargos (…) tenga poder sobre los demás. Y hay demasiada ignorancia en nuestro Estado todavía”. “Todas mis esperanzas, la verdad, están en que la desestatización y la desburocratización de la sociedad cubana, conduzca a una sociedad en que la creatividad de las personas se desencadene y sea tomada en cuenta seriamente”. Y concluye que “en lo más alto de la cúpula del poder hoy día, no priman ideas dogmáticas”, pero que durante años los dirigentes estudiaban marxismo “como marxismo-leninismo, como catecismo estalinista”.

Como diría Martí, «es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz» (al final del túnel), por lo que el presidente cubano ha afirmado que ahora no es tiempo de mirar atrás, confiando en la amnesia selectiva de los cubanos. Una amnesia en la que también confía Alfredo Guevara. Pero, desgraciadamente, existen las hemerotecas.

Guevara considera que Cuba vive una “transición del disparate” hacia el socialismo. Y no queda muy claro a qué se refiere, porque en su intervención de 1961 en la Biblioteca Nacional afirmó que “después de la proclamación de nuestra revolución como una revolución socialista, no puede haber ni crítica ni posición honesta y seria de un intelectual que no parta del conocimiento profundo y serio de las posiciones marxistas-leninistas” (Revolución es lucidez, Ediciones ICAIC, 1998). ¿Era ese el disparate? En caso contrario, ¿lo mencionó antes?

Quien llama a “desestatizar” y “desburocratizar” al país, el que advierte que nada cambiará “mientras todo lo administre una burocracia disparatada e ineficiente”, y llama a “destruir este aparataje descomunal que ha decomisado la sociedad”, es el mismo que encabezó la cruzada contra Lunes de Revolución en aras de una centralización (del poder) cultural, el que  llamaba a desenmascarar “estas corrientes que se titulan nuevas y son antiguas, que se enmascaran con la revolución y se ríen de ella, que apoyan a la revolución y la niegan con su indiferencia en el arte”. (“Las catedrales de paja”, en: Nueva revista cubana, enero-marzo, 1960), y los acusó de no reconocer el cine soviético y de alabar, en cambio, el cine norteamericano, primero, luego la “nueva ola” francesa y el cine polaco. Y lo hizo en estrecho contubernio con el neoestalinismo de Edith García Buchaca. Aunque ahora afirme que durante años los dirigentes estudiaban marxismo “como marxismo-leninismo, como catecismo estalinista”.

Quien afirma que “el crimen más grande que podemos cometer es aceptar que la ignorancia ocupe cargos (…) tenga poder sobre los demás. Y hay demasiada ignorancia en nuestro Estado todavía”, no sólo hizo silencio mientras tanta ignorancia era entronizada, sino que practicó él mismo un favoritismo que con frecuencia primaba en el escalafón virtudes ajenas a la capacidad y el talento.

El que pone sus esperanzas en que nos encaminemos “a una sociedad en que la creatividad de las personas se desencadene y sea tomada en cuenta seriamente”, es el mismo que hostigó a Tomás Gutiérrez Alea, la figura mayor del cine cubano. En Volver sobre mis pasos. Una selección epistolar de Mirtha Ibarra (Tomás Gutiérrez Alea; Ediciones y Publicaciones Autor SRL, Madrid, 2007), cuya publicación intentó impedir Alfredo Guevara, aparece el memorando de Titón a Guevara, fechado el 25 de mayo de 1961, “Asuntos generales del Instituto”, donde toca prácticamente todas las llagas que asolarían durante medio siglo la cultura y la vida cubana: la ultracentralización de la toma de decisiones, que termina creando un cuello de botella que entorpece el trabajo; el escamoteo y la ocultación de información para evitar que los creadores “se contaminen” de algún virus capitalista; la cúpula autodesignada para decidir quién puede leer o ver esto o aquello sin mancharse; el monopolio estético, pues todas las obras deberán pasar por el filtro del gusto de una sola persona; la tendencia a pensar por los demás e imponer ideas; la minimización de los márgenes de libertad y la falta de confianza en las personas, con su corolario: la supervisión excesiva que ralentiza y castra el trabajo, mata la pasión artística y crea un clima opresivo.

Por eso no es raro que Memorias del subdesarrollo saliera adelante gracias a la intervención personal de Osvaldo Dorticós, entonces presidente de la República; que su película El encuentro fuera paralizada; que algunas de sus películas fueran engavetadas y otras, llevadas a pasear por diferentes festivales internacionales de la mano de funcionarios y burócratas, sin comunicarlo siquiera a su director, o que prosperara, con la anuencia de Guevara, el caso de suplantación realizado por Santiago Álvarez al apropiarse del crédito de realización de Muerte al Invasor, dirigido y editado por Titón. En carta de 1977 a Alfredo Guevara, Titón reconoce que las relaciones entre ambos han dejado de existir hace tiempo, a pesar de lo cual le escribe para aclarar cosas en aras del trabajo. Desgrana, entonces, un rosario de miserias y ostracismo a los que ha sido sometido, e incluso la posibilidad de irse del ICAIC y no hacer más cine.

En el caso específico de Guevara, hay que reconocer que, muy selectivamente, dio refugio en tiempos difíciles a artistas condenados al ostracismo, y no se le puede aplicar que “la ignorancia ocupe cargos”, para decirlo con sus palabras. La explicación la ofrece él mismo: “Creo que la inteligencia cuando es madura tiene un ángulo de diabolismo; si no, no es inteligencia”. (Entrevista a Alfredo Guevara por Leandro Estupiñán Zaldívar el 23 de octubre de 2009)

“Más vale llegar a tiempo que ser invitado”, reza un viejo proverbio, y a ese don de la oportunidad apela en todo el mundo la clase política. La diferencia es que en Cuba sólo existe un momentómetro homologado (obsoleta tecnología soviética remendada una y otra vez), y aunque las hemerotecas estén racionadas e impere la ley del olvido selectivo, para su mal, ha venido Pilar Google trayendo “al desmemoriado una almohadilla de olor”.

 

“El momentómetro”; en: Cubaencuentro, Madrid, 28/06/2011. http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/el-momentometro-264665





De la libertad y Terminator

24 06 2011

En Mi viaje a la Rusia soviética, publicado en 1921, Fernando de los Ríos cuenta que al entrevistarse con Lenin en su oficina del Kremlin, le preguntó por la libertad, y Lenin le aclaró que “nosotros nunca hemos hablado de libertad, sino de dictadura del proletariado”, algo que “en Rusia podría durar unos cuarenta o cincuenta años”. “¿Libertad para qué?”, concluyó Lenin. De los Ríos se pregunta entonces “¿Bajo qué régimen hay que vivir en tanto se llega a la meta…? ¿Bajo el “despotismo ilustrado” de una “vanguardia” de la clase obrera, que controla toda la economía, la cultura y la expresión de un país?”.

Años más tarde, Albert Einstein, en su conocido artículo “¿Por qué Socialismo?”, advertía que “Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. (…) ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?”.

Libertad, despotismo, utopía, poder, sociedad, individuo. En esas palabras se condensa la tragedia del socialismo real y, en particular, la que ha asolado a Cuba durante medio siglo.

Recientemente, la editorial Aduana Vieja ha publicado tres libros transitados oblicua o perpendicularmente por esas palabras, tres libros entre los cuales descubrimos de inmediato vasos comunicantes, puentes tendidos por la escritura entre las dos orillas, la del individuo y la del poder, mientras al fondo del cañón fluye la sociedad: sus visibles remolinos de aplausos y su corriente de fondo, casi subterránea, de frustración y miedo.

En Última novela: Cuba. Treinta años de Mariel (Ed. Aduana Vieja, 2010, 148 pp.), Ramón Luque se acerca a los autores de la generación del Mariel a través de una escritura híbrida entre la narrativa, el periodismo, la memoria personal y el ensayo. Una escritura ágil, sin pausas, que sumerge al lector en una levedad engañosa, la de los textos perfectamente anudados. Los protagonistas visibles son José Abreu, Luis de la Paz, Armando de Armas y Rodolfo Martínez Sotomayor, a los que se unen los fantasmas de Reinaldo Arenas, Carlos Victoria y Guillermo Rosales. Aunque el verdadero protagonista es la voluntad libertaria de un grupo de amigos, compinches literarios segregados por la historia y cuyo único refugio fue la geografía. Más que una comunión estética —es difícil conjugar en un corpus único la prosa avasallante de Arenas, los mecanismos de relojería de Victoria y el grito angustioso de Rosales, por poner algunos ejemplos—, los escritores de Mariel estaban unidos por la desolación. En Cuba, ellos reivindicaron al individuo frente al poder que suplantaba la voz de una sociedad silenciada. En el exilio, reivindicaron el cuerpo frente a la maquinaria estandarizadora de una sociedad donde nunca encontraron su justo lugar, al tiempo que inventaban “un Miami littéraire”, como decía Jesús Díaz en 1999 al referirse a Rosales y Victoria.

En todos ellos, en mayor o menor medida, encontramos la misma angustia del desajuste, de la incapacidad del “amoldamiento”. Un desarraigo que asola por igual a sus personajes de la Isla y del exilio. Un exilio que no es sólo ese espacio físico de la diáspora, esa patria de repuesto, especialmente Miami. Eso explica que las tres novelas de Victoria sean verdaderos Bildungsromanen, especialmente La travesía secreta y La ruta del mago, mientras Puente en la oscuridad las anuda mediante una búsqueda inversa que desdibuja la frontera entre realidad, nostalgia y mitología. Abel (La ruta del mago, 1997), Marcos Manuel Velazco (La travesía secreta, 1994) y Natán Velázquez (Puente en la oscuridad, 1993) tienen diferentes nombres, pero los tres componen un mismo Aprendizaje de Wilhelm Meister. Los tres intentan exorcizar a los mismos fantasmas: la soledad, el desarraigo y el difícil ajuste a dos sociedades que exigen su tributo, cada una en su propia moneda. De modo que los verdaderos exilios son esas huidas interiores a las que parecen propensos muchos de los personajes que pueblan la literatura de los autores de esta generación, una suerte de respuesta transgresora a las presiones de la realidad exterior. Los exilios subsidiarios del alcohol y la muerte, la noche y la literatura; excepto el propio cuerpo, ese refugio último.

De Carlos Victoria es el segundo libro, sus Cuentos completos (Ed. Aduana Vieja, 2010, 206 pp.), en una feliz reedición que añade a la anterior los cuentos de El salón del ciego y un hermoso prólogo de Madeline Cámara. Si con Luque recorrimos los predios de la generación Mariel, con Victoria nos codeamos con una galería de personajes marginados y marginales, seres que intentan ser ellos mismos frente al patrón de una presunta “normalidad”. La huida, ese es el tema de Victoria, y el exilio es apenas una de sus manifestaciones. La intolerancia, la inadaptación y el exilio no son en él cotos privados de nuestra insularidad transida de política; se extiende también a esa sociedad donde han sido acarreados por la resaca de la huida: una sociedad intolerante a su manera, cuadriculada por un andamiaje de normas y costumbres, y sometida a la dictadura del mercado. Quizás por eso la geografía de Carlos Victoria es incierta, dubitativa, los personajes transitan de un paisaje a otro, viven en Miami con el mismo gesto de habitar La Habana.  “Desde el comienzo de mi carrera noté que todo a mi alrededor conspiraba para que yo dejara de ser quien estaba siendo”, confiesa Victoria. La angustia del desarraigo y la marginalidad eclosionan en la ambigüedad de “El resbaloso”, uno de los textos más inquietantes del volumen. Ese personaje inasible, perseguido nadie sabe exactamente por qué. (¿O será precisamente por eso, porque una sociedad que nos obliga al tributo del cuerpo no acepta a ese espíritu que no puede ser disecado en las actas de la República?). Ese espíritu de la noche en la ciudad que se deshace hacia un recuerdo de la ciudad.

Si el puente entre los libros de Luque y Victoria son evidentes, el que une a ambos con Buena Vista Social Blog. Internet y libertad de expresión en Cuba, coordinado y editado por Beatriz Calvo Peña (Ed. Aduana Vieja, 2010, 329 pp.), requiere ciertas explicaciones.

Buena Vista Social Blog combina en sabias dosis el ensayo sociopolítico con textos más o menos periodísticos o íntimos de los propios blogueros y nos permite ir desentrañando un fenómeno que ha crecido selvático durante los últimos años. Este volumen dota a la blogosfera de una suerte de urbanismo a posteriori, al analizarlo como un nuevo medio de comunicación que parte de la necesidad y la iniciativa personal, pero también de esa anagnórisis que padece la cubanía independientemente de la latitud donde radique, a lo que se suma la necesidad testimonial y la urgencia de construir una sociedad civil cuyo tránsito del universo virtual al real ya se está produciendo. El libro apunta acertadamente al hecho de que la confluencia en los blogs de intimidad e intencionalidad testimonial y política ensaya y prediseña la sociedad del mañana. Y en ello radica el hecho diferencial de la blogosfera cubana: toda ella tiende a recomponer la sociedad plural abolida por decreto, incluso desde la intimidad.

En “Arte bloguética”, Yoani Sánchez habla de sus posts como un ejercicio de cobardía: “Cada nuevo post impide que la presión aumente dentro de mí y estalle de forma comprometedora. De modo que los kilobytes deben cargar con mi impotencia cívica, con mis pocas posibilidades de —en la vida real— decir todo esto”.

La blogosfera nos demuestra que la sociedad de mañana no se construye con discursos de caudillos o hazañas de héroes, sino con los pequeños miedos y las pequeñas heroicidades de todos nosotros. La voz online ya no es un código secreto entre conjurados. Va tomando la calle, el cuchicheo, el susurro, y ese, como bien saben los carceleros de la palabra, es el preámbulo del grito.

Jürgen Habermas proponía un tipo ideal de sociedad, donde la acción comunicativa fuera el eje central y, según Foucault, el sujeto-cuerpo se halla inmerso en la sociedad y es determinado por ella a partir de normas y reglas, de modo que el sujeto se interconecta con la sociedad  a partir de las relaciones de poder que ejerce y que padece. La blogosfera ha empezado a restituir el equilibrio ideal de Habermas, a equilibrar las relaciones de poder que, según Foucault, la sociedad padece, con las que ejerce.

En la práctica, el socialismo declara construir una sociedad libre donde el propio hombre no lo es, aunque Marx y Engels, en El Manifiesto Comunista, hablaban de “una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos”. De modo que, para los puristas del marxismo, la blogosfera respondería mejor a los clásicos que esa “nueva sociedad” que no educa para ser libre, sino para obedecer y sacrificarse, en la mejor retórica bíblica, si deseas conquistar el paraíso terrenal del comunismo donde sobrarán manzanas por la libre.

En 1884, José Martí, al comentar el libro La futura esclavitud, de Herbert Spencer, anota que en un hipotético socialismo “De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas (…) iría a ser esclavo de los funcionarios. (…) Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder (…) El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre”.

La blogosfera es, ante todo, como anota este libro, un espacio de libertad. Una nueva forma de democracia donde el sujeto no sólo tiene voto, sino voz. Una voz que prescinde de intermediarios y censores. No pocos centros de poder acusan a la blogosfera de caótica. Y tienen razón. Es tan caótica como la libertad.

Pero la blogosfera es más que eso.

En la segunda entrega de Terminator, cuando Hollywood decidió que el futuro gobernador de California no debería hacer papeles de villano, Robert Patrick encarna al robot T-1000, un prototipo de metal líquido que es capaz de transformarse en cualquier persona y reconstruirse a si mismo aunque lo desintegren. La llamada Revolución Cubana también intentó desintegrar a su “terminator”, la sociedad de la Isla: escindió los afectos y bloqueó el diálogo entre las dos orillas, suplantó la familia de la sangre con la familia ideológica, condenó al individuo que no aceptara la servidumbre e inmolara su yo en el altar de una sociedad prediseñada mediante técnicas de ingeniería social, dictaminó la obediencia del hombre al poder, aunque cuidándose de enmascararlo como “ el bien común”. Toda Revolución funciona como un artefacto explosivo y ésta no fue la excepción. Los escritores de Mariel son esquirlas de esa explosión. Su angustia y su soledad han ido engrosando el corpus literario del exilio, que es también el corpus literario (diverso, contradictorio, enriquecedor) de todos nosotros. Hoy, esas esquirlas y muchas otras que la onda expansiva arrojó a todos los confines, comienzan a reunirse en la blogosfera como gotas de metal líquido empeñadas en reconfigurar el cuerpo de la nación. Y los guionistas del castrismo, menos imaginativos y capaces que los de Hollywood, no serán capaces de evitarlo.

 

“De la libertad y Terminator”; en: Cubaencuentro, Madrid, 24/06/2011. http://www.cubaencuentro.com/cultura/articulos/de-la-libertad-y-terminator-264537





Cuba en su encrucijada (Entrevista a Carmelo Mesa Lago)

21 06 2011

Catedrático Distinguido Emérito de Economía y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Pittsburgh, Carmelo Mesa Lago ha sido catedrático visitante en la Universidad Internacional de la Florida, Universidad de Tulane, Universidad de Salamanca e Instituto Universitario Ortega y Gasset, así como asesor regional en Seguridad Social en la CEPAL. Es miembro de la Academia Nacional de Seguridad Social (EE. UU.) y de la Junta Editorial de la Revista Internacional de Seguridad Social (Ginebra) y fue Presidente de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA, EEUU). Autor de 79 libros y 250 artículos/capítulos de libros, sobre seguridad social, Cuba y sistemas económicos comparados, publicados en ocho idiomas en 33 países; entre sus libros más recientes encontramos: Atención de la salud para los pobres en América Latina y el Caribe (1992), Breve historia económica de Cuba socialista (1994)Manual de economía de la seguridad social en América Latina (1998), Buscando un modelo económico para América Latina ¿mercado, socialista o mixto? (2002), La economía y el bienestar social en Cuba a comienzos del siglo XXI (2003), Las reformas de pensiones en América Latina y su impacto en los principios de seguridad social (2004), Cuba’s aborted reform: Socioeconomic effects, international comparisons and transition policies (con Pérez-López, 2005), Las reformas de salud en América Latina y el Caribe y su impacto en los principios de seguridad social (2006), Reassembling social security: A survey of pension and healthcare reforms in Latin America (2008) y World crisis effects on social security in Latin America and the Caribbean: Lessons and policies (2010). Consultor en seguridad social y salud de los más importantes organismos internacionales, ha conducido investigaciones y asesorías en pensiones, salud o protección social en 19 países latinoamericanos, cuatro países del Caribe anglófono, dos europeos, dos africanos y dos asiáticos. Ha recibido premios y bolsas de investigación de instituciones europeas, norteamericanas, latinoamericanas y asiáticas, incluyendo el Premio Internacional de la OIT al Trabajo Decente (compartido con Nelson Mandela) y fue finalista al Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales en 2009.

El pasado 6 de junio, Mesa Lago ofreció en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en Madrid, la conferencia “Servicios sociales bajo la revolución cubana (1959-2011): Salud, educación, vivienda, pensiones, desempleo y salario real”, germen de la presente entrevista.

 

La Revolución ha hecho hincapié en su carácter social. Cuba en 1958 estaba entre los tres primeros países de América Latina en cuanto a los promedios nacionales de sus prestaciones sociales, pero con enormes diferencias entre grupos de ingreso y entre la ciudad y el campo. Son indiscutibles los logros cubanos en alfabetización, educación y asistencia sanitaria, no así en vivienda, mientras que las pensiones ajustadas a la inflación se han deteriorado. ¿En qué medida estos cincuenta años han sido un avance y en qué medida un retroceso en cuanto a las prestaciones sociales?

Carmelo Mesa Lago: En un artículo publicado en América Latina Hoy (2008) he demostrado que, en vísperas de la Revolución y respecto a promedios nacionales en indicadores sociales, Cuba se ordenaba entre los tres primeros países latinoamericanos (por ejemplo, tenía la mortalidad infantil inferior), pero con diferencias notables entre grupos de ingreso y entre las zonas urbanas y las rurales (así la mortalidad infantil era la mitad de la nacional en La Habana pero el doble en el campo, donde se concentraba la pobreza). La Revolución universalizó e hizo gratuitos los servicios educativos y sanitarios, eliminando o reduciendo notablemente dichas brechas y también expandió la cobertura de las pensiones. Esto fue posible por la acción del Estado y 65.000 millones de dólares recibidos de la URSS en el período 1960-1990, de los cuales Cuba solo devolvió 500 millones. En 1989, la Isla se colocaba a la cabeza de América Latina y de muchos países socialistas en la gran mayoría de sus indicadores sociales. Pero la desaparición de la URSS y el campo socialista provocó la caía del 35% del PIB entre 1989 y 1993, y esto, unido a serios errores de política económica interna, causó un severo deterioro de los servicios e indicadores sociales. Ocurrió una mejoría con la recuperación que comenzó en 1995 impulsada por reformas tímidas hacia el mercado, pero a comienzos del siglo XXI, Fidel revirtió las reformas, lanzó la Batalla de Ideas, recentralizó la toma de decisiones y debilitó el sistema económico antes de la crisis económica mundial, lo cual ha vuelto a dañar los servicios sociales que, además, se han hecho insostenibles financieramente en el largo plazo, como ha reconocido Raúl Castro.

 

Desde los años 60, Cuba prácticamente eliminó el desempleo por el rápido expediente de inflar las plantillas que hicieron irrentables las empresas estatales. En tu conferencia citaste el dato oficial de que el desempleo disminuyó entre 1989 y 2009 de 8% a 1,6%, aunque te referiste a un desempleo oculto de 34% en los años 90. El progresivo deterioro del poder adquisitivo de los salarios ha hecho evidente que, en lugar de crearse empleo, se redistribuyó el desempleo. Y ello creó una subcultura sintetizada en la frase: “El estado simula que me paga y yo simulo que trabajo”. Dijiste que casi la mitad de los nuevos cuentapropistas son jubilados o proceden de la economía sumergida y, dada la presión fiscal y la corrupción de inspectores que imponen su propio sistema tributario, 27.000 trabajadores por cuenta propia han devuelto sus licencias. Raúl Castro propone terapias de shock que incluyen el despido de más de un millón de trabajadores que, presuntamente, encontrarán empleo en la economía no estatal. ¿En qué medida esa fuerza laboral podrá reajustarse a una economía competitiva y esto podría ocasionar una fractura social de consecuencias imprevisibles?

CML: En un artículo reciente publicado en Espacio Laical analizo este problema. Supongamos que una fábrica necesita 100 trabajadores pero el Estado emplea 200, eso reduce el desempleo “abierto” pero disminuye a la mitad la productividad laboral y el salario, a más de crear desempleo “oculto” o contratación de mano de obra innecesaria (“plantillas infladas”). Esta práctica, que se expandió a través de la Revolución, se agravó con la crisis de los 90 porque cientos de fábricas y empresas fueron cerradas por falta de insumos importados y demanda de las exportaciones cubanas por los desaparecidos países socialistas. Sin embargo, el gobierno mantuvo los salarios de los trabajadores, muchos de los cuales se fueron a casa, y con ello aumentó el desempleo oculto a 34% en 1993 según cálculos de la CEPAL; aunque después de 1998 aquella dejó de publicar esas estimaciones. El desempleo oficial era 1,6% en 2010, pero los 500.000 trabajadores estatales excedentes que debían ser despedidos en marzo de 2011 equivalían a 10% de la fuerza de trabajo, por lo que el total de desempleo era realmente 11,6%, muy superior al promedio regional. Por otra parte, el salario “real” (ajustado a la inflación) descendió 73% entre 1989 y 2010, o sea, que el poder adquisitivo cayó a una cuarta parte, un severo desincentivo para el trabajo estatal y la productividad. El plan era despedir un millón de trabajadores a fines de 2011 (20% de la fuerza laboral) y 1,8 millones para 2014 (39%). Los desplazados deberían encontrar ocupación en el sector “no estatal” (privado) pero se autorizaron solo 178 ocupaciones, muchas de ellas de poca monta (payasos, carretilleros, forradores de botones) y la mitad no podía contratar empleados. Además, los impuestos son excesivos (hasta 40% sobre el ingreso, 25% por fuerza laboral y seguridad social, 10% sobre ventas, etc.), lo que creó desincentivos para registrarse como cuentapropista legal, de ahí que la mayoría de los “nuevos” 138.000 cuentapropistas lo eran ya antes como ilegales o se trataba de jubilados y 27.000 devolvieron las licencias. La Ministra de Finanzas y Precios declaró a la Asamblea Nacional el pasado diciembre, que el impuesto a la fuerza laboral crecería gradualmente según aumentase el número de empleados por los cuentapropistas, a fin de desanimar la contratación y así evitar la concentración de la riqueza. El gobierno anunció que el ingreso por impuestos sobre los cuentapropistas aumentaría 300% en 2011 pero mató al ganso antes de que pusiera los huevos de oro. A fines de febrero Raúl anunció el fracaso de esta política, pero el VI Congreso del PCC no hizo correcciones, en mayo se informó que se estudiaba una posposición y/o revisión de los impuestos y que todos los cuentapropistas podrían contratar empleados. Si esto no se hace y no se expande el número de ocupaciones privadas importantes, o bien los despidos no ocurrirán o, si ocurren, se generará una situación social peligrosa.

 

En los 90 se observó un decrecimiento en el ritmo de la educación superior, comprensible dado que los profesionales que, obligatoriamente, tienen que trabajar para el Estado fueron los más afectados por la crisis. Durante lo que va de siglo, gracias a la creación de las universidades municipales y otras vías, se observa un incremento desproporcionado de las ciencias humanísticas y sociales y de la pedagogía en un país donde la educación primaria se contrae y en un mundo cuya solvencia depende cada vez más de la alta capacidad tecnológica. Si sumamos a eso el notable éxodo de profesionales, ¿coloca esto a Cuba en una situación de desventaja a los efectos de reinsertarse en una economía mundial altamente competitiva? ¿Limita las posibilidades del país a una economía tercermundista con bajos índices de valor añadido y servicios?

CML: La “Batalla de Ideas” lanzada por Fidel a comienzos de este siglo provocó una explosión de las universidades municipales y de la matrícula, que saltó 128% entre 1989 y 2010, pero con un comportamiento muy distinto por disciplinas: las humanidades y ciencias sociales aumentaron 2.850% y la pedagogía 1.118%, pero las ciencias agrícolas solo 24% y las ciencias naturales y matemáticas decrecieron 30%, esto último es una amenaza para el desarrollo económico del país. A pesar del enorme aumento de la matrícula en pedagogía ocurrió una seria escasez de maestros (por los bajísimos salarios) y para paliar el vacío se creó un programa de “maestros emergentes” integrado por jóvenes del campo que recibían un entrenamiento rápido; la calidad de la enseñanza se deterioró y se reveló que muchos de los universitarios recién ingresados sufrían de graves faltas de ortografía y estaban incapacitados para tener éxito en sus carreras. Raúl eliminó el programa de maestros emergentes y las escuelas en el campo, al tiempo que estableció cuotas de ingreso para las disciplinas en que había sobre-matrícula, y ofreció incentivos a los maestros retirados para que volvieran a las aulas. El VI Congreso ha ratificado estas medidas, pero se necesita mucho más esfuerzo y reasignación de recursos para aumentar la matrícula y la capacidad de los universitarios en las carreras clave para el desarrollo. Un artículo que he publicado este año en la revista Temas estudia los problemas actuales de los servicios sociales en Cuba.

 

Los índices de salud de Cuba son, en buena medida, impresionantes: la segunda esperanza de vida de la región, tras Costa Rica; una mortalidad infantil que ha decrecido un 56% a pesar de la crisis, sólo menor a la de Canadá. Pero hay datos contradictorios, ¿por qué mientras ha decrecido la mortalidad infantil, ha aumentado un 61% la mortalidad materna? ¿Por qué disminuyen un 25% las camas de hospital mientras la población envejece y requiere más ingresos? Por otra parte, la escasez de medicamentos y la exportación de médicos especialistas (aunque la cantidad de médicos por 10.000 habitantes se haya duplicado), ¿se ha reflejado en los índices de salud del país?

CML: El gobierno ha seguido asignando sus escasos recursos para continuar reduciendo la mortalidad infantil que es la segunda más baja en el hemisferio porque esto se utiliza como “bandera” del desempeño de la sanidad cubana, pero el costo de disminuir aún más este indicador es sustancial y creciente, mientras que la infraestructura de agua potable y alcantarillado se abandonó y deterioró, lo que provoca enfermedades como diarreas agudas, hepatitis e intoxicación por alimentos contaminados. La mortalidad materna creció 61% en el período debido a que a las embarazadas a las que se descubre problemas en el feto se les aconseja abortar (lo cual reduce la mortalidad infantil) y por ello Cuba tiene la mayor tasa de abortos de la región. La severa escasez de medicamentos (la enorme mayoría solo puede comprarse en las tiendas de divisas) e infecciones post-parto explican este fenómeno. Fidel no cerró muchos hospitales ginecológicos y pediátricos a pesar de que tienen índices de ocupación inferiores al 50% (porque Cuba tiene la tasa de fecundidad menor del hemisferio y la población está disminuyendo), mientras que la población envejece y hay una grave escasez de asilos para ancianos y hospitales geriátricos, todo lo cual demuestra la irracionalidad en la asignación del gasto sanitario. La relación de médicos por 10.000 habitantes se duplicó en 1989-2010, pero un tercio de ellos trabaja en el extranjero (principalmente en Venezuela, que paga alrededor de 5.000 millones de dólares anuales por los servicios de profesionales cubanos), provocando una disminución del acceso de la población. Un acuerdo del VI Congreso estipula garantizar que la graduación de especialistas médicos cubra las necesidades del país y las que se generen por los compromisos internacionales. Hay evidencia abundante que la calidad de la atención médico-hospitalaria se ha deteriorado seriamente pero esto no se refleja en la mayoría de los indicadores de salud.

 

Basta una visita a La Habana para percatarse de que la pobreza ha aumentado considerablemente. En tu última conferencia de Madrid, afirmabas que en La Habana hay al menos un 20% de pobres y que la cifra debe ser superior en el interior del país. En 2009, sólo el 15% de esos pobres ha recibido asistencia social. ¿Cómo se han calculado esas cifras? Dado que ese gobierno pretende abandonar el modelo paternalista, ¿no debería implementar algún modelo asistencialista para evitar la pobreza extrema a los sectores más vulnerables? ¿No es contraproducente que el gasto en asistencia social haya disminuido?

CML: El gobierno cubano no publica series estadísticas sobre pobreza, pero una encuesta tomada en La Habana en 2002 y reportada por científicos sociales cubanos indica que el 20% de la población estaba en situación de pobreza. Debido a la crisis actual es lógico inducir que dicho porcentaje ha crecido, y existe evidencia de que la situación es peor en el interior de la Isla. Tomando la cifra de beneficiarios de asistencia social en La Habana en 2010 (dada por la Oficina Nacional de Estadística, ONE) y estimando el número de pobres basado en el porcentaje conservador de 2002, calculé que sólo 15% de los pobres reciben asistencia social. En 1994, tres científicos sociales cubanos (Julio Carranza, Pedro Monreal y Luis Gutiérrez) recomendaron en un libro clave que se sustituyeran los subsidios a los productos (por ejemplo, alimentos vendidos en el racionamiento a un precio inferior al precio de mercado) por subsidios a las personas, porque los primeros benefician a toda la población incluyendo al grupo de mayor ingreso. Esto equivalía a crear una red mínima de protección social focalizada en los pobres. Aunque dicho libro y sus autores sufrieron entonces la crítica oficial, Raúl adoptó esta política en el VI Congreso y este la ratificó. El problema es que la eliminación de las “gratuidades” y el plan de despidos aumentarán el número de necesitados a par que el presupuesto asignado a la asistencia social se redujo 38% en 1989-2011 (sólo 1,5% del PIB se asigna a la asistencia social). Habría que aumentar sustancialmente el presupuesto en ese rubro, estimar de manera precisa el número de pobres y desarrollar un método adecuado de focalización de los subsidios asistenciales como han hecho Brasil, Chile y Costa Rica.

 

Como ha reconocido el propio gobierno cubano, el actual sistema de seguridad social es insostenible. En veinte años el déficit de las pensiones ha crecido un 733% y la relación entre trabajadores activos y pensionados ha pasado de 3,6 a 3,1. Dado el éxodo de personas jóvenes, la baja natalidad y el envejecimiento de la población, ¿crees que la apertura (tímida, limitada y reticente) al trabajo por cuenta propia podrá evitar la bancarrota de la seguridad social cubana?

CML: El déficit del sistema de pensiones de seguridad social equivalió a 41% del gasto en 2009 y es creciente (debido al envejecimiento de la población) y sufragado por el Estado. La cotización sobre los salarios es 12% pagada por las empresas y sólo una proporción muy pequeña de trabajadores cotiza un 5% (esta contribución se estipuló por la reforma tributaria de 1994 pero se pospuso y ahora está supeditada a que los trabajadores reciban primero un incremento salarial). Para equilibrar las finanzas, la cotización debió ser 20,4% en 2009 y continuar aumentando cada año. Se ignora cuál es la deuda actuarial a largo plazo del sistema, pero debe ser una de las mayores en la región. El porcentaje de personas mayores de 60 años creció de 11% a 17,4% en 1986-2009 y seguirá aumentando con mayor rapidez. A pesar del alto costo del sistema (casi 8% del PIB en 2009), la pensión promedio real (ajustada a la inflación) disminuyó a la mitad entre 1989 y 2009. Las edades de retiro en Cuba eran de las más bajas en América Latina (55 las mujeres y 60 los hombres) y como la esperanza de vida al tiempo del retiro era de las más altas, el tiempo promedio de recibir una pensión era el más largo, aumentando el costo. Una reforma del sistema previsional en 2008 aumentó las edades de jubilación en cinco años para ambos sexos, lo que se está haciendo gradualmente en siete años (yo había recomendado 20 años, pero la magnitud y crecimiento del déficit forzó la reducción del período). Esta y otras medidas de la reforma están bien encaminadas pero no lograrán restablecer el desequilibro financiero-actuarial del sistema. Los trabajadores por cuenta propia no tenían cobertura obligatoria en pensiones, sino voluntaria y pocos se acogían a ésta. Raúl y el VI Congreso hicieron obligatoria la cobertura y si se materializa la proyectada expansión del cuentapropismo, podría aliviar el déficit, pero se impone una cotización de 15% comparada con 5% a los pocos asalariados estatales que contribuyen, y esto es un obstáculo a la referida expansión.

 

La situación de la vivienda en Cuba ya es, más que catastrófica, trágica, con un déficit de 600.000 viviendas reconocido por el gobierno y que posiblemente se eleve a 1.000.000. ¿Podrían las nuevas medidas ayudar a resolver ese problema a medio plazo, o sólo beneficiará a un pequeño sector con elevados ingresos?

CML: Hay un consenso generalizado entre académicos dentro y fuera de Cuba de que la vivienda es el problema más grave que enfrenta el país. La reforma urbana de 1960 facilitó que los arrendatarios de viviendas se convirtieran en propietarios pagando dichos alquileres por 20 años y se dice que dos tercios de la población es propietaria de sus casas, pero también prohibió la compraventa así como la hipoteca (que pudiera usarse como colateral para obtener préstamos encaminados al mantenimiento y ampliación inmobiliaria). Otros tres problemas han sido: el deterioro y destrucción de las viviendas existentes por la falta de mantenimiento y oferta de materiales de construcción a la población, así como varios huracanes que causaron grandes destrozos, y la insuficiente construcción de nuevas viviendas: el número edificado cayó 44% entre 1989 y 2009, mientras que las unidades construidas por 1.000 habitantes se redujeron de 6 a 3 y aún no se han reparado/reconstruido las viviendas afectadas por ciclones recientes. Por ello el déficit habitacional se da oficialmente como 600.000, aunque mi estimado es de un millón. La “permuta” permite el trueque de casas o apartamentos de “similar” valor, pero está cuajada de trabas burocráticas y corrupción. El VI Congreso autoriza la compraventa, no elimina la permuta aunque estipula su flexibilización, legitima la construcción de viviendas por la población (existentes de facto por decenios) y promete satisfacer la demanda de materiales de construcción para la conservación y rehabilitación de viviendas. Estos cambios requieren de leyes o decretos que los regulen y no podemos anticipar los resultados en la práctica. En todo caso, los grupos de menor ingreso carecerán de recursos para adquirir materiales de construcción cuyos subsidios han sido ahora eliminados.

 

En el horizonte del próximo quinquenio hay varios factores que podrían modificar drásticamente la ecuación cubana: la muerte de Fidel Castro e incluso de su hermano, y de algunos funcionarios que ocupan puestos claves en la nomenclatura, dada la edad de la mayor parte de la cúpula; la perspectiva de encontrar petróleo en los bloques cubanos del Golfo de México; la posibilidad de un cambio de gobierno en Venezuela, primer socio comercial cubano con 9.000 millones de intercambio y petróleo a precios preferenciales; el levantamiento del embargo o su atenuación (considerando el cambio de opinión de la comunidad cubana, menor entre aquellos con derecho al voto, la visión más realista del presidente Obama y las perspectivas petroleras del Golfo), y la posible eliminación de barreras migratorias, lo que podría acentuar el éxodo, sobre todo de personas jóvenes, haciendo menos sostenible la seguridad social. ¿Te atreverías a aventurar algunas hipótesis sobre la incidencia de estos factores en el destino de la Cuba futura?

CML: Esta es una pregunta muy compleja que envuelve numerosas variables, la gran mayoría muy difíciles de predecir. Sin embargo, hay algunas seguras, como la eventual desaparición de la actual dirigencia de los “históricos”, aunque se ignora cuál será la posición de los relevos en la nueva generación (Marino Murillo, ex Ministro de Economía y Planificación y actual encargado de la implementación de los acuerdos del VI Congreso, parece ser uno de ellos, pero el equipo económico fue despedido en 2009-2010). Obama confronta problemas tremendos como las tres guerras, la crisis económica y su reelección, por lo que es difícil que gaste sus escasas municiones para modificar radicalmente la actual política hacia Cuba y, a pesar del cambio positivo de opinión entre los exilados cubanos en la Florida respecto al embargo y las relaciones con Cuba, ellos siguen eligiendo congresistas que se oponen a cualquier apertura. El descubrimiento de petróleo sería una bonanza a largo plazo para Cuba, pero requiere de tiempo para que produzca frutos, a más de que hasta ahora no se ha encontrado petróleo de calidad adecuada para su explotación y exportación. Varios académicos cubanos han advertido que la dependencia cubana de Venezuela es muy peligrosa y también lo es la excesiva concentración en la venta de servicios profesionales. En 2010 la economía venezolana tuvo uno de los peores desempeños en la región pero el alza de los precios del petróleo en 2011 es una inyección al régimen. Si Chávez pierde el poder en las próximas elecciones presidenciales, las consecuencias serían devastadoras para Cuba. Los recientes convenios con China podrían aliviar pero no sustituir la ayuda venezolana, porque Cuba tiene poco que exportar a China, cuyos dirigentes son más pragmáticos que Chávez. El posible éxodo que podría generar una apertura a la salida de cubanos solo atenuaría el déficit de las pensiones si los que emigran son ancianos o jubilados, mientras que una emigración de jóvenes ayudaría a reducir el desempleo pero implicaría una fuga de cerebros. En resumen, los problemas económico-sociales de Cuba sólo pueden resolverse con reformas estructurales integrales y profundas (más allá de las actuales, cuajadas de trabas y desincentivos) lo cual requeriría resolver el conflicto que probablemente existe dentro de la dirigencia cubana.

 

“Cuba en su encrucijada”; en: Cubaencuentro, Madrid, 21/06/2011. http://www.cubaencuentro.com/entrevistas/articulos/cuba-en-su-encrucijada-264203