Muerte a plazos

10 12 2001

Jorge Mynor Alegría Armendáriz tenía 38 años y era periodista de Radio Amatique, una estación de Puerto Barrios, Guatemala, donde conducía el programa Línea Directa, muy crítico hacia las autoridades locales. Amenazado de muerte en varias ocasiones, a fines de agosto pasado denunció que el alcalde de Puerto Barrios, Jorge Mario Chigua, había despedido a 60 empleados municipales. El 5 de septiembre de 2001, informó sobre el levantamiento de la inmunidad parlamentaria de David Pineda, diputado local del Frente Republicano Guatemalteco y antiguo alcalde de la ciudad, procesado por presunta malversación. Jorge Mynor se proponía investigarle a fondo y hacer públicos sus resultados. Pero ese mismo día, frente a su casa, unos desconocidos le asesinaron de seis disparos. A la mañana siguiente, otro periodista del mismo medio, Enrique Aceituno, presentó su dimisión tras recibir reiteradas amenazas, y ante la perspectiva de sufrir la misma jubilación anticipada que su colega. Ni uno ni otro son casos excepcionales: al menos 20 periodistas guatemaltecos han sido amenazados o agredidos en lo que va de año.

En dos meses de guerra en Afganistán, casi una decena de periodistas han muerto. Más bajas que las que, oficialmente, reconoce entre sus tropas el gobierno norteamericano. Asesinados a sangre fría, asaltados para robarles, emboscados y tiroteados, la tarea de informar coloca al reportero de guerra en circunstancias de especial indefensión.

En 1999, 71 periodistas de 19 países fueron asesinados. El récord correspondió a Yugoslavia (22), seguida de Sierra Leona (10), lo cual se explica por la situación bélica de ambas naciones. Colombia, con 7 periodistas asesinados, se mantiene entre los primeros puestos del macabro ranking.

Durante el año 2000, según Reporteros sin Fronteras, fueron 33 los asesinados. Sierra Leona con 3, Rusia y Ucrania con 4 cada una, así como Mangla Des, Colombia, Filipinas, la India y Sri Lanka, con dos periodistas por país, ocupan los primeros puestos. Los datos de la Asociación Mundial de Periódicos (WAN, por sus siglas en inglés), al incluir a periodistas y otros empleados de los medios de comunicación, hace ascender la lista a 53. Según ellos Colombia (10 asesinados) y Rusia (6) siguen siendo los países más peligrosos, donde el ejercicio responsable y veraz de la información puede considerarse un deporte de riesgo. Si bien las cifras de 2000 fueron sensiblemente inferiores a las de 1999, se da una terrible circunstancia: disminuyeron los periodistas muertos en combate y aumentaron los ejecutados para evitar la revelación de noticias escabrosas, o como represalia por haberlo hecho y advertencia al resto de los colegas.

En ninguna de estas listas aparece Cuba. Según ellas, ni un periodista de la Isla ha sido asesinado. Y hasta donde sabemos, es cierto. Relativamente cierto. ¿Por qué? Porque las estadísticas de Reporteros sin Fronteras sólo recogen los asesinatos al contado; no las mutilaciones o las muertes a plazos.

La primera mutilación a un periodista en Cuba se produce en la Facultad, cuando se le extirpa el 90% de la zona beligerante del cerebro, dejándole apenas lo suficiente para criticar a algún administrador descarriado, los dependientes de un comercio o los vendedores ambulantes que intentan sobrevivir en los arrabales del sistema. Claro que con frecuencia las operaciones no tienen éxito, y el periodista sale dispuesto a enfrentarse a la realidad. Tras muchos intentos fallidos, mutilados por el toque de silencio, el periodista puede seguir varios caminos:

1-Automutilarse y ejercer el periodismo manso que se le exige.

2-Redireccionar toda su energía crítica contra el criticable de turno (el imperialismo y alguien más: rusos, chinos, argentinos, etc.) y convertirse en un exitoso periodista orgánico —algo así como un relaciones públicas que redacta—.

3-Abandonar el periodismo y aplicar sus habilidades gramáticas a la redacción de folletos turísticos, por ejemplo.

4-Que lo excluyan del ejercicio oficial de la profesión, tras declararlo inmutilable, y no sujeto, por tanto, a la feliz reeducación de sus habilidades.

Si el periodista ha llegado a este extremo, si se empecina en hacer uso de su integridad crítica, puede emplearse en el periodismo alternativo, en cuyo caso el Estado dicta contra él sentencia de muerte a plazos, con la ventaja añadida de que el reo no aparecerá en las estadísticas de la WAN. El método de ejecución es mucho más sofisticado que la inyección letal o la silla eléctrica.

Como ejemplo, puede servirnos el periodista Raúl Rivero. Tras dar a conocer sus opiniones alternativas, el primer paso fue excluirlo de todas las organizaciones gremiales y declararlo, profesionalmente, “no persona”. Más adelante se le declara “no persona” en sentido general: se le puede acosar, citarlo una y otra vez a la estación de policía, detenerlo, interrogarlo y volverlo a soltar. Si el periodista es invitado a un evento internacional —a México o a Miami en este caso—, las autoridades le niegan el permiso, aunque le reiteran que contaría con una rapidísima autorización en caso de que la salida fuera definitiva. El reo sufre las repetidas amenazas de los oficiales de la Seguridad del Estado, quienes expurgan con cuidado sus artículos publicados fuera de la Isla buscando una frase punible, dada la legislación vigente. No pocos periodistas han dado ya con sus huesos en la cárcel por presunta difamación al Comandante en Jefe.

Recordemos que en Cuba existe la llamada Ley de Protección de la Independencia Nacional y la Economía. Según ella pueden dictarse condenas de hasta 20 años para quienes difundan documentos “subversivos” (eso significa cualquier cosa que no sea obediencia pura). La policía hostiga permanentemente a los periodistas alternativos, de modo que medio centenar se han exiliado, varios cumplen condena y hasta los corresponsales de medios extranjeros destacados en Cuba se encuentran bajo vigilancia.

Las autoridades, por su parte, pueden difamar e insultar al periodista públicamente sin derecho a réplica. «Ellos no te llaman y te dan una paliza. No te dan un tiro ni te caen a patadas. Tratan de desestabilizarte, humillarte, desprestigiarte. Te acusan de ladrón, traficante o, incluso, hacen creer que eres colaborador del gobierno», dijo Rivero recientemente.

Todo ello forma parte de la muerte a plazos: se le priva primero de todo medio oficial de subsistencia, para después investigar si cobra por sus colaboraciones en la prensa internacional. En caso afirmativo, se le acusa de mercachifle de la palabra, algo que puede llevarlo incluso a la cárcel. Si no se le comprueba, los agentes y policías harían bien en pedirle la receta de cómo vivir del aire, o elevando los brazos en el patio para hacer la fotosíntesis, aprovechando el inclemente sol de la Isla. Receta que garantizaría el futuro luminoso de la Isla. Con un fervor digno de mejores empeños, también se persigue si compra en bolsa negra o ejerce el trapicheo de subsistencia, empleando para ello unos parámetros morales que, de aplicarse textualmente a la población cubana, sería más barato enrejar la Isla que construir cárceles para todos.

Pero eso no basta.

La condena no sólo incluye matar el prestigio, la probidad, la estabilidad emocional, matar la honradez del reo a los ojos del público. La condena se extiende a la familia. Blanca Reyes, la esposa de Raúl Rivero, lleva dos años intentando que la autoricen a visitar a su hijo, que reside en Miami. Se le ha negado. Y recientemente la han amenazado “con abrirle un expediente por ‘tráfico ilegal de divisas’. Claro que los mismos agentes volvieron a recomendarle que se fuera del país con Raúl. Esta parte de la condena es quizás la más perversa: acosando a la familia mes tras mes, año tras año, pueden debilitar su unidad, crear fricciones y sembrar la duda: ¿valdrá la pena todo este sufrimiento y este acoso? ¿No estaremos inmolando las únicas vidas que tenemos por un resultado incierto? Y el propio periodista puede verse ante una dolorosa disyuntiva: Hago lo que considero mi deber, pero ¿tengo derecho a imponer una vida de perseguidos a las personas que amo?

Si un buen día el periodista, por cualquier motivo (familiar, personal, profesional) decide aceptar el consejo de sus verdugos y abandonar el país, entonces la muerte a plazos se habrá consumado sin necesidad de manchar las impolutas estadísticas cubanas. Un país donde Jorge Mynor Alegría Armendáriz jamás habría sido asesinado. De haber sido nombrado por el Departamento de Orientación Revolucionaria, el propio director de Radio Amatique se habría encargado de que jamás investigara las actividades de un diputado del único partido, y menos aún que lo diera a conocer en un programa de su cadena. De ser un periodista cubano, Jorge Mynor aún caminaría por este mundo, dormiría con su mujer y conduciría su programa. Lo que no me atrevería a afirmar es que siguiera con vida.

 

Muerte a plazos”; en: Cubaencuentro, Madrid,10 de diciembre, 2001. http://www.cubaencuentro.com/cultura/2001/12/10/5294.html.





Victoria de la razón

5 12 2001

Por décima vez consecutiva, el embargo norteamericano ha sido condenado por amplia mayoría. Esta vez 167 países votaron a favor de la resolución 56/9, 3 votaron en contra y tres se abstuvieron. “Contundente victoria de Cuba en las Naciones Unidas”, puede leerse en el Diario Granma, ansioso por demostrar, como de costumbre, que el planeta en pleno apoya al gobierno de la Isla. Olvidando que la inmensa mayoría de esos países votó hace no mucho a favor de condenar al gobierno cubano por su sistemática violación de los derechos humanos. En aquel momento la prensa insular tildó a esas mismas naciones de lacayos del Imperio, lamebotas y sobornados. En su esquema maniqueo de las relaciones internacionales, no parecen comprender que existe algo llamado “independencia de criterio”.

De hecho, no se trata de una victoria del gobierno cubano —que ha secuestrado el nombre de Cuba durante medio siglo—, sino de la razón.

En teoría, el embargo tiene como propósito presionar a la Isla para forzar el cambio hacia un Estado de derecho y el respeto a las libertades individuales. Y la razón nos dice que si no lo ha conseguido en 43 años, algo falla. Las únicas dos empresas que han aplicado empecinadamente la misma política durante 43 años, a pesar de su probada ineficacia, son el gobierno cubano y quienes mantienen en Estados Unidos el embargo. En ambos casos se invoca la felicidad de los cubanos. En ambos casos, la felicidad de los cubanos es lo que menos cuenta.

Cuando ya la ineficacia del embargo había quedado sobradamente demostrada, e incluso su utilidad para el gobierno de la Isla, que la emplea como hoja de parra para tapar su ineficiencia, la respuesta norteamericana fue recrudecerlo, al aprobar la Ley Helms-Burton. Una ley que “procura sanciones internacionales contra el Gobierno de Castro en Cuba, planificar el apoyo a un gobierno de transición que conduzca a un gobierno electo democráticamente en la Isla y otros fines». Su presupuesto básico es sancionar y reparar «el robo por ese Gobierno [el de Castro] de propiedades de nacionales de los Estados Unidos», haciendo de ello un instrumento para la democratización de Cuba.

Y será el presidente de Estados Unidos quien determine cuándo existe un gobierno de transición. Dimanar de elecciones libres e imparciales y una clara orientación hacia el mercado, sobre la base del derecho a poseer y disfrutar propiedades, son las condiciones adicionales para que el mismo presidente concluya que se trata de un gobierno elegido democráticamente, momento en que la felicidad reinará en la Isla, ya que el bienestar del pueblo cubano se ha afectado, según la ley, por el deterioro económico y por «la renuencia del régimen a permitir la celebración de elecciones democráticas». La primera razón es obviamente correcta. La segunda, indemostrable. Taiwán, Corea y Chile, por un lado; Haití, Nicaragua y Rusia, por el otro, demuestran que la democracia de las urnas y la democracia del pan no forman un matrimonio indisoluble.

La presunta “amenaza castrista” permite a la ley apelar a la extraterritorialidad y sancionar a terceros países, dado que «El derecho internacional reconoce que una nación puede establecer normas de derecho respecto de toda conducta ocurrida fuera de su territorio que surta o está destinada a surtir un efecto sustancial dentro de su territorio» (sic). [No sólo a entidades y personas que]»trafiquen con propiedades confiscadas reclamadas por nacionales de los Estados Unidos», sino a quienes establezcan con Cuba cualquier comercio en condiciones más favorables que las del mercado; donen, concedan derechos arancelarios preferenciales, condiciones favorables de pago, préstamos, condonación de deudas, etc., etc. Es decir, todo lo que proporcione al Gobierno Cubano «beneficios financieros que mucho necesita (…) por lo cual atenta contra la política exterior que aplican los Estados Unidos». De modo que el planeta Tierra y sus alrededores quedan advertidos: Cualquier acción que contradiga la política exterior norteamericana respecto a Cuba, queda terminantemente prohibida.

El resultado ha sido la posposición indefinida de la aplicación de sus capítulos más drásticos. Helms y Burton no tomaron en cuenta que esas actividades económicas son también beneficiosas para los inversionistas, y como la primera ley del capital es la ganancia, la primera libertad democrática es la libertad de empresa, y el primer deber de un gobierno es defender a sus ciudadanos, y si son empresarios, más aún, la protesta ha sido unánime, consiguiendo de rebote la solidaridad hacia el pueblo cubano (que el gobierno de Fidel Castro monopoliza para su usufructo). En lugar de quedar «aislado el régimen cubano», la ley ha conseguido aislar a Estados Unidos, como se observa en cada votación de la ONU al respecto.

Está claro que Fidel Castro jamás aceptará las decisiones de una corte norteamericana, de modo que no será él quien pague las propiedades que expropió. ¿Quién las pagará entonces? Aunque la Ley Helms-Burton estipula que el presidente de Estados Unidos podrá derogarla una vez se democratice la Isla, las reclamaciones anteriores a esa fecha tendrán que ser satisfechas (incluso la voluntad de satisfacerlas es condición para que el nuevo gobierno sea aceptable); de modo que se da el contrasentido: Una ley dirigida contra Castro sólo afectará al gobierno de transición o al «democráticamente electo» que lo suceda, es decir, el que, al menos teóricamente, propugna la ley. Gobierno que heredará un país arruinado, y una deuda que no contrajo. Si el propósito es fomentar el nacimiento de una democracia precaria, está muy bien pensado.

Con ley o sin ella, si a alguien faltará lo elemental, no será a Fidel Castro, factor que deberíamos tener en cuenta todos los cubanos al pronunciarnos al respecto. Aunque alguno ha afirmado que se trata de «alentar» a los cubanos a «derrocar la dictadura». Una especie de «Sublevación o Muerte» que desde el exilio veremos por televisión.

La oposición cubana al embargo/bloqueo, puede inducir a algunos analistas a pensaren su presunta utilidad. Si observamos con atención, descubriremos que esa oposición es retórica, y que todo intento de distensión ha sido bombardeado desde La Habana, dado que los beneficios económicos del cese del embargo no compensarían la rentabilidad política de su mantenimiento, que permite al señor Fidel Castro mantener un discurso victimista, convocar la solidaridad internacional y justificar el desastre del país.

En 43 años se las ha ingeniado para domar con discursos y represión la miseria de su pueblo. Pero sabe que sería más difícil manejar las consecuencias de una apertura en toda regla, la invasión de turistas, productos y capital norteamericano. Razón por la que hasta hoy ha admitido la inversión extranjera sólo en la medida que le ayuda a paliar los efectos de la crisis y colaborar en su propia supervivencia. Entonces, ¿esas inversiones que el embargo y la Ley Helms-Burton pretenden evitar, contribuyen a apuntalar al gobierno actual? A corto plazo, sí. Pero también alivian la dramática supervivencia de los cubanos que viven en la Isla, cuyo sufrimiento no puede ser la moneda con que se compre una presunta «transición democrática». Y a mediano plazo, cada empresa que se desliza a otro tipo de gestión demuestra la ineficacia de la economía estatal ultracentralizada al uso, y debilita los instrumentos de control del individuo por parte del Estado. Concede al pueblo cubano una percepción más universal, más abierta, y de ahí una mayor noción de sus propios derechos, o de su falta de derechos, en contraste con los que se otorgan al extranjero en su propia tierra; desmitificando el camino trazado desde arriba como el único posible.

Hoy los turistas y los empresarios extranjeros corroen más que cualquier embargo las doctrinarias exhortaciones al sacrificio. La mayoría sospecha que el porvenir no queda hacia delante, por la línea trazada que se pierde más allá del horizonte y cuyo destino es por tanto invisible, sino hacia el lado. Más al alcance de la mano.

Victoria de la razón”; en: Cubaencuentro, Madrid,5 de diciembre, 2001. http://www.cubaencuentro.com/internacional/2001/12/05/5211.html.

 





La tercera erre

30 11 2001

Partieron de Bahía Honda la noche del 16 al 17 de noviembre en una lancha rápida, mientras un temporal de viento batía el Estrecho de la Florida. Eran treinta, entre ellos14 niños y un bebé de nueve meses. Habían pagado de $5.000 a $10.000 por un traslado seguro. Debían arribar en pocas horas a las proximidades de Miami, tocar tierra, y acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, promulgada en 1966, que les permitiría residir y trabajar en Estados Unidos. Como otros 2,400 cubanos en los últimos 12 meses. Al siguiente martes, guardacostas estadounidenses descubrieron, a unos 80 Km. al sureste de Cayo Hueso, una embarcación semihundida, sin rastro de supervivientes. Se difundió el rumor de que los había recogido un buque panameño, pero las autoridades de ese país lo desmienten. Diez días más tarde, los treinta cubanos no han llegado a ninguna parte. Engrosan ya la legión de 30.000 compatriotas que en estos 43 años descansan sin paz en un mar plagado de tiburones y peinado por las tormentas.

El señor Fidel Castro culpa de las muertes a la Ley de Ajuste, y en su discurso del 27 de noviembre declara su “dolor y su pena” por los adultos, pero más aún, su luto por los niños inocentes “arrancados a la Patria”. Y se pregunta por qué deben morir en el estrecho niños cubanos que disfrutan de atención prenatal, “cuidados intensivos posnatales, servicios médicos gratuitos durante toda la vida, vacunación contra 13 enfermedades prevenibles, alimentación adecuada (sic.), círculos infantiles, educación…”, etc. La respuesta podría haberla dado hace años, tras pedir asilo en Canarias, un pescador cubano. Entrevistado por la radio, afirmó que la educación y la atención médica eran buenas en Cuba. ¿Por qué pides asilo entonces?, le preguntó el periodista. “Porque uno no siempre está estudiando o enfermo”, ripostó sin pensárselo dos veces.

Aunque la pregunta del señor Castro bien podría suscitar muchas otras preguntas:

¿En qué se diferencian estos niños que ahora lo enlutan de aquellos que se ahogaron en el remolcador “13 de Marzo”, hundido sin que hasta hoy los culpables paguen por sus muertes?

¿Por qué Cuba, país que recibió casi un millón de inmigrantes durante la primera mitad de siglo (cuando según él era un país miserable), ha exportado dos millones de cubanos en la segunda mitad?

¿Por qué tras la instauración del socialismo, paraíso de los trabajadores, han emigrado dos millones de ciudadanos, en su inmensa mayoría trabajadores?

¿O es que había dos millones de burgueses y oligarcas, en cuyo caso el país debió ser un emporio de riqueza a su llegada? ¿Acaso ha generado el socialismo una nueva burguesía de recambio, exportable?

¿Por qué medio millón de cubanos ha emigrado hacia países (incluso muy pobres) donde no existe Ley de Ajuste? ¿No será que en Cuba subsiste desde hace 43 años cierta Ley de Desajuste, y se huye de muchas miserias, no sólo de la material?

¿Por qué afirma el señor Castro que “desde el triunfo mismo de la Revolución, nunca nuestro país puso obstáculos a la emigración legal de los ciudadanos cubanos a Estados Unidos o a cualquier otro país”, cuando pedir la salida ha conllevado siempre expulsión del trabajo, condenas a labores agrícolas hasta tanto llegara la salida, discrecionalidad del gobierno en cuanto a conceder (o no) el permiso para emigrar, cuando no una despedida con mítines de repudio, escarnio y golpes?

¿Por qué en Cuba se ha sancionado durante años con fuertes penas de prisión a quienes intentaban huir ilegalmente, práctica impensable en la inmensa mayoría de los países? ¿Y por qué es Cuba el único país que despoja al emigrante de sus bienes, le impide sufragar el viaje con su trabajo, reduciéndolo a minusválido migratorio, y le impone además sanciones económicas en forma de tasas abusivas?

¿Por qué las autoridades de la Isla se consideran propietarias de sus profesionales, educados gracias a la aportación de sus padres, cuyos salarios irrisorios conceden al Estado una plusvalía más onerosa que cualquier impuesto? ¿Y por qué el señor Castro es propietario de los niños cubanos, decidiendo si pueden o no emigrar con sus padres, reteniéndolos incluso cuando éstos huyen sin permiso, y castigando en los niños (cuya inocencia defiende con fervor), el “pecado” libertario de sus mayores?

Evidentemente, son muchas las preguntas que el gobierno cubano ha olvidado formular. Y la respuesta es siempre política: huir es un delito ideológico. Por eso durante años se prohibió a todo habitante de la Isla el contacto con el “enemigo”, así fuera su padre o su hijo. La familia política debía sustituir a la familia de la sangre. Pero casi siempre se demuestra que una suegra no es precisamente una madre.

Si la Ley de Ajuste fuera la culpable del éxodo ilegal, éste se habría comportado del mismo modo desde 1966. Pero sabemos que tras una corta fase inicial donde el exilio estuvo integrado por personas vinculadas al régimen anterior, y grandes empresarios expropiados, emigró durante los 60 y 70 una vasta clase media: miles por el Puerto de Camarioca, 300.000 a través de los llamados “vuelos de la libertad”, entre 1965 y 1973.En todos esos casos, el presunto emigrante necesitaba contar con un familiar que lo reclamase. En caso contrario, podía ir armando su balsa. Sabemos que tras las visitas familiares que empezaron a producirse a fines de los 70, se derrumbó el mito propagandístico que pintaba a los exiliados como los sirvientes pobres del “amo yanqui”, lo que, sumado a la felicidad siempre futurible que prometía la Revolución (a esas alturas ya no revolucionaba nada), condujo al Mariel. También sabemos que durante la relativa bonanza de los 80, y con la misma Ley de Ajuste, disminuyó el éxodo. Para multiplicarse con el derrumbe de los 90, que instauró la Era de las Tres Erres: “Resistir, Robar o Remar”.

Del otro bando, han sido proverbiales las limitaciones impuestas por la Oficina de Intereses norteamericana en Cuba para conceder visados. Y comprendo que cada país establece las normas que entienda para el ingreso a su territorio. No obstante, el mismo ciudadano al que se considera inapropiado, se vuelve admisible si logra sortear el estrecho sobre una tabla de wind surf, jugándose la piel (y el resto de su anatomía) y pisar tierra. Si no lo consigue, se convierte en «mártir de la libertad» o «escoria apátrida», según el bando. Aunque de un tiempo a esta parte, La Habana ha descubierto que esos cadáveres también son reciclables para la causa, declarándolos víctimas del imperialismo, nunca del socialismo. Una suerte de imbéciles obnubilados por la película del sábado; aunque ello resulte sorpresivo en el país que se declara “el más culto del mundo” (FC verbigracia), y donde hasta las prostitutas han pasado de ser invisibles a ser catedráticas.

En cualquier caso, las víctimas de esta macabra regata son el saldo de la desesperación, el tributo a la esperanza. Sus compatriotas lamentamos esas muertes. Sus familiares no se recuperarán nunca de su ausencia, tras haberlos llorado frente a un retrato, sin cadáver y sin flores. Para los espurios intereses de uno y otro lado, son apenas fragmentos de estadística política.

Nos faltan aún por presenciar muchos naufragios antes que concluya la regata más trágica y larga de la historia. Quienes no pueden o no quieren robar, quienes han agotado la condena a resistir por decreto, seguirán optando por la tercera erre.

Es muy generoso el señor Castro al lamentar las muertes de los náufragos. Si no fuéramos tan suspicaces, al considerar interesada su exhortación a derogar la Ley de Ajuste, si nos tragáramos su reciente vocación humanitaria, sería encomiable. Y si no recordáramos que él también tiene su Ley de Ajuste no escrita, otorgando asilo confortable a terroristas etarras, irlandeses, colombianos, guerrilleros en paro, perseguidos por sus truculentas acciones en las cuatro esquinas del mundo. Claro que no está en sus manos derogar una ley norteamericana. Lo que sí podría hacer, para evitar el naufragio de los balseros, y el naufragio final de la nación, es derogar su Ley de Desajuste, siete años más antigua que la otra, y que ha cobrado muchísimas más vidas.

 

La tercera erre”; en: Cubaencuentro, Madrid,30 de noviembre, 2001. http://www.cubaencuentro.com/sociedad/2001/11/30/5156.html.

 





Ciclones

19 11 2001

Internet permite, sin costearse el billete de avión, consultar los fondos de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, leer los diarios de la mañana cuando el quiosco aún no ha abierto, e incluso ver en directo, desde cualquier lugar del mundo, las mesas redondas que son ya el live show estrella de la TV cubana. En días pasados fui paciente espectador de una que versaba sobre la guerra en Afganistán. Los periodistas habituales daban detallada cuenta del rotundo fracaso de la contienda, de la heroica resistencia de los talibanes y de la universal repulsa a los bombardeos.

Fuera del estudio, acababa de atravesar la Isla por su lado más estrecho el huracán Michelle, con vientos superiores a 215 Km/hora. Aunque el señor Fidel Castro comentara jocosamente que se trataba de una nueva invasión por Playa Girón, y que en esta ocasión también venceríamos al invasor meteorológico, tuvo que reconocer en su comparecencia de Cienfuegos que “hay más daños de los que ayer uno podía imaginarse”. Las familia de los cinco muertos seguramente no estaban para bonchecitos, ni los millones de cubanos incomunicados y sin electricidad.

En el estudio de televisión se detallaban hasta los más insignificantes mítines de protesta por la guerra —4.000 personas en Grecia, 1.600 en Buenos Aires—, y el ligero incremento del descontento en las encuestas, demostrándose la precoz sabiduría de los líderes cubanos que estuvieron siempre en contra.

Fuera del estudio, en las provincias de Matanzas y Cienfuegos, el ejército rescataba a los aislados por el agua, y en las calles de La Habana, a unos pasos del ICRT, se empezaban a retirar los escombros, árboles y postes del tendido eléctrico arrasados por el peor huracán de los últimos 50 años. Dos tercios de la Isla se encuentran incomunicados por avión, ómnibus y ferrocarril. Mil familias al sur de Matanzas contemplaban las ruinas de sus hogares, y los inquilinos de 180 inmuebles de La Habana pensaban si serían habitables sus casas luego de los derrumbes parciales, mientras los de otros cuatro, demolidos por el huracán, perdían toda esperanza.

En el estudio, los periodistas entresacaban, con una minuciosidad digna de entomólogos, la declaración más nimia de la Señora Rice —fuera del estudio, algunos habían perdido hasta la cuota de rice que les dieron por la libreta el día primero—, o los comentarios conciliatorios del presidente Bush a su homólogo israelí.

Fuera del estudio, al sur de La Habana, se reportaban 1.500 viviendas dañadas, otras 500 en la Isla de la Juventud, 844 al norte de Camagüey, y 90.000 evacuados en Villa Clara. Hasta el mar se retiró en Batabanó, dejando el fondo a la intemperie. En total: más de 700.000 afectados, cuyo monto fue ascendiendo hora por hora, hasta concluirse al final que en mayor o menor medida la mitad de la población cubana había padecido las adversidades de la meteorología.

En el estudio, los periodistas, minuciosamente informados, seleccionaban con pinzas para el público toda información que contribuyera a denostar a Estados Unidos, el país que justo en esos momentos ofrecía a Cuba ayuda para paliar los efectos del huracán. Una ayuda que el señor Fidel Castro se dio el lujo de agradecer y rechazar. Pidiendo, en cambio, solamente, la posibilidad de comprar en Estados Unidos, al contado y con dólares, los recursos necesarios para la reparación del país. ¿Soberbia u orgullo? Sus partidarios hablarán de lo segundo. Sus detractores, de lo primero. En cualquier caso, es siempre más fácil rechazar la ayuda si la vivienda derrumbada, sin electricidad e incomunicada, no es la tuya. Como de costumbre, los cubanos abonan en desdicha la soberbia de su líder. El “orgulloso” y sufrido pueblo cubano, en palabras de su líder que ojalá se conviertan en hechos —y no como ha sucedido tras anteriores ciclones— no quedará desatendido: el gobierno se encargará de reparar los daños, para lo que cuenta con una “reserva especial” de la que hasta hoy no se había hablado. «Una reserva que permitirá hacer frente de momento” a la emergencia, según Carlos Lage. Aunque aclara que el gobierno tiene «recursos muy limitados”. ¿Dispondrá el mandatario cubano de alguna cuenta suiza con la que reparar el país y comprar al contado en Estados Unidos?

Fuera del estudio, el vicepresidente Carlos Lage afirma que “ninguno de los ciclones que ha cruzado nuestro país ha producido daños económicos de la magnitud de los ocasionados por Michelle». Cosechas enteras de plátanos y cítricos arrasadas, 400.000 hectáreas de caña afectadas, 125 torres de alto voltaje derribadas. Matanzas, Villa Clara y Cienfuegos no tendrán televisión hasta el 20 de diciembre. Y un total de 45.000 casas dañadas en la Isla, de ellas, 2.000 totalmente destruidas en Matanzas.

En el estudio, los periodistas, como si habitaran un país televisivo que poco o nada tiene que ver con el país de verdad, desgranaban durante horas cualquier información favorable a los talibanes. No importa que los estudiantes representen lo más retrógrado, torcido y brutal de la tradición islámica. No importa que reduzcan a la mujer a menos que bestia, imperen por el terror o hayan conducido a su país a las tinieblas del Medioevo. Todo lo contrario a lo que, supuestamente, propone el “humanismo socialista”, laico y positivista. Lo único que importa es que luchan contra Estados Unidos. Mientras la Fundación Cubano-Americana, en el Miami intocado por el ciclón Michelle, se enfrasca en una colecta de medios para ayudar a la población cubana, los periodistas de la Isla dedican sus mejores energías a colectar noticias de una guerra distante.

Fuera del estudio, al sur de Matanzas, una familia contempla desolada las ruinas de su casa, y se pregunta si empleando como materia prima la soberbia antiimperialista de su máximo líder, y con la cooperación de los albañiles talibanes, podrá reconstruirla.

 

Ciclones”; en: Cubaencuentro, Madrid,19 de noviembre, 2001. http://www.cubaencuentro.com/sociedad/2001/11/19/4895.html.

 





Paradisos

9 11 2001

El siglo XXI ha comenzado con cierto disloque universal. Una guerrilla trasnacional de fundamentalistas islámicos perpetra con éxito un ataque aéreo a la capital económica de Occidente. Y no al revés. Daniel Ortega, el cacique populista de Nicaragua, cambia el rojo y el negro por el rosado, se declara demócrata convencido, enrolando incluso a antiguos prisioneros de su gobierno, y quizás gane las elecciones. Fidel Castro hace votos de pacifista y partidario de un referéndum continental sobre el ALCA, aunque en tales menesteres democráticos le falte práctica. El presidente Bush pide moderación a su homólogo israelí, retirada de tropas y diálogo con los palestinos. Un militar golpista, amigo del terrorista más afamado de la Tierra antes del 11 de septiembre, se dice demócrata en Venezuela, y descendiente directo de Bolívar. Y lo más asombroso: Estados Unidos, Rusia y China, militan en el mismo bando.

Pero si algo no ha cambiado es esa manía que tenemos los humanos de inventar paraísos para después creérnoslos. Cuando se abalanzaban contra las torres gemelas, los terroristas padecían apenas una brevísima escala en su vuelo directo a los jardines del Edén, donde los esperaba una cuadrilla de huríes al pie de la escalerilla. Occidente apuesta por un Edén de supermercados y boutiques, ante la duda de que existan paraísos de rebajas. En el sur, el antiguo lujo de las catedrales, antesalas del cielo, va siendo sustituido en el imaginario popular por el lujo que rezuma borbotones el cine Made in Hollywood. El tradicional paraíso de arriba no sale nunca en la tele, y el del norte está perfectamente cartografiado. El futuro, ese paraíso positivista, es ya patrimonio de los crédulos. Y el pasado es el irreversible paraíso de los nostálgicos.

La izquierda, que en su día fraguó el paraíso proletario, lo tiene ahora más difícil. En primer lugar, porque ya no se sabe muy bien qué es la izquierda y en qué se diferencia exactamente de la derecha civilizada. Quizás, como a ciertos vinos, de la textura y el bouquet originales le queda apenas en la etiqueta una vaga referencia a la denominación de origen.

Sobre el paraíso zurdo, llamado en su día comunismo científico, se escribieron libros enteros donde se explicaban los pasos para llegar al remanso de la historia que, de ahí en adelante, por los siglos de los siglos amén, se conduciría mansamente y sin rápidos o meandros traicioneros. El modo en que viviríamos, recibiendo todo cuanto necesitáramos a cambio de lo que buenamente, y sin agobiarnos demasiado, nos fuera dado trabajar. La democracia telepática, la longevidad generosa, la juventud entusiasta, pero respetuosa de sus mayores. El paraíso del bolero, donde sólo existirían las penas de amor. Como literatura, Ray Bradbury ha demostrado ser más perdurable.

La izquierda que no se desparadisó tras los desafueros de Stalin, o más tarde, a la caída del muro, difícilmente asuma hoy como modelo la Rusia de Putin. China ha encontrado su sitio entre la dinastía manchú y Adam Smith, y el olorcillo que desprende no es precisamente incienso y mirra. Vietnam fabrica demasiados muñequitos para McDonald’s. Corea del Norte (el único norte para donde no quieren irse los del sur), posee ya su certificado de defunción, debidamente firmado y timbrado por la otra Corea. Aunque el entierro se demore por razones estrictamente personales.

Pero a la izquierda le queda una tierra de promisión, un paraíso no tan santo como debería, pero más visitable que los otros. Y lo que es mejor: interpretable. A la izquierda le queda Cuba. Cuba la tropical, numantina, rumbera, heroica y tan antiimperialista que se ha anexado la Florida y ha convertido el dólar en moneda nacional. La Cuba del turismo político de los que van. La del anti turismo de los que se van.

Ya no es Cuba la del socialismo con rostro humano que visitaron surrealistas y existencialistas en los 60. Tampoco es, como en los 70 y los 80, el país del Este que quedaba al Oeste. Ahora es un Jurassic Park de la política que muchos progres ansían visitar antes que se extinga. Aunque otros ni mencionan esa posibilidad. Bastantes socialismos han ingresado ya en el libro rojo de la historia. Unos, los menos, la defienden en bloque como proyecto viable (como veis, existe), Fidel Castro incluido. Otros, los más, defienden una suerte de modelo de contornos ambiguos, cuya florescencia (¿fluorescencia?) plena ha sido truncada por el embargo norteamericano, causa y razón de todos los desastres insulares. Y todos, sin excepción, promueven un turismo político a la Isla, del que regresan decepcionados ó encandilados, según la fortaleza de su fe y el grado de dioptrías que padezcan.

El Pla Jove valenciano, por ejemplo, promueve con idéntico fervor cursos para transexuales e intercambio de estudiantes con Cuba —confiemos que no envíen transexuales, nada gratos al machismo-leninismo de las autoridades cubanas.

Uno de los mejores ejemplos es el del joven vasco Aitor Suárez. La memoria de su viaje a la Isla fue publicada recientemente por la prensa bilbaína. Según él, «Por la mañana ayudábamos con la caña de azúcar o en los naranjales, por la tarde realizábamos excursiones o encuentros con diferentes sectores sociales». Después recorrió la Isla por su cuenta, para conocer ese «otro país, aún no viciado por el turismo y sus dólares»; descubriendo un sistema sanitario que funciona, la educación gratuita y universal, o que a pesar de la pobreza «nadie duerme en la calle». Le maravilló el nivel cultural y la generosidad de la población. Y, sobre todo, su aguante. Ejemplifica: «Aquí hay una huelga semanal de camiones y las ‘amas’ y ‘aitas’ arrasan con las estanterías de los supermercados. ¡Imagina esa situación durante cuarenta años!». Aunque reconoce que, de estar en lugar de los cubanos, él mismo se plantearía lo de emigrar a Miami. Pero lo más curioso de sus observaciones es la aportación del “sistema democrático” cubano: «Es horizontal, la elección se lleva a cabo en el barrio y no tiene nada que ver con los partidos, ni siquiera con el Comunista».

Aitor, seguramente descontento del capitalismo neoliberal y la democracia representativa que le han tocado en suerte, no sólo necesitaba imaginar un paraíso a su imagen y semejanza que le sirviese de contrapeso, sino encontrarlo. Y a fuerza de buscar, halló en Cuba prestaciones sociales, un pueblo generoso a pesar de su miseria, estoico (¿acaso le queda otro remedio, como no sea irse?, apuntó su subconsciente, pero de inmediato desechó la idea que maleaba su hipótesis de trabajo). Y, por encontrar, incluso encontró un modelo de democracia “horizontal” (todo el mundo bocabajo), y ajeno al Partido Comunista que controla en Cuba incluso el ritmo de la respiración.

No vale la pena refutar pormenorizadamente su idílica visión de esa Cuba “aún no maleada por el dólar”, de ese “buen salvaje” con estudios. Antes de emprender sus expediciones, los buscadores de paraísos adquieren en los supermercados ideológicos filtros para tamizar los sucesos a la medida de sus sueños. Dotados con una antología de la realidad, se instalan en una confortable fe inmune a la lógica, a las aplastantes cifras de esa vida sin filtrar que ocurre cada día.

Para su mal (o para su bien), tales filtros suelen expedirse con garantía limitada y fecha de caducidad marcada al dorso. Transcurrido cierto tiempo, no es inusual ver a los primos de Adán pontificando sobre el nefasto poder de las serpientes. Cuando no se colocan convenientemente en el mercado mundial de las manzanas.

 

Paradisos”; en: Cubaencuentro, Madrid,9 de noviembre, 2001. http://www.cubaencuentro.com/internacional/2001/11/09/4756.html.

 





De bronce e hidalguía

5 11 2001

El escultor José Villa Soberón parece empeñado en la hermosa tarea de repoblar La Habana con personajes célebres del más allá y del más atrás. Ya circulan bromas sobre las ventajas de estos ciudadanos de bronce: no exigen su cuota, no atestan el transporte urbano, no integrarán la disidencia y se presupone que no enfilarán jamás hacia el Norte a lomo de balsa. Bromas aparte, la crisis perpetua que atraviesa la Isla no ha logrado embotar la sensibilidad de los cubanos, su hambre de belleza.
Respondiendo al encargo de las autoridades, fue primero la estatua de John Lennon, que desde entonces ocupa su banco en el parque de 15 y 6, en el Vedado. Y, aunque resulta difícil validar su relación ideológica con el discurso oficial, no ocurre lo mismo con los sueños y las esperanzas del cubano de a pie, quien imagine desde siempre un mundo mejor. Restauradas las gafas que alguien le robó a los pocos días de sentarse en el parque, la costumbre le ha incorporado ya al mobiliario urbano.
Ahora es el Caballero de París quien camina de nuevo por la ciudad, frente al Convento de San Francisco de Asís, en una versión menos vulnerable que el original. El encargo fue en este caso del Historiador de la Ciudad Eusebio Leal, quien ya había exhumado los restos del Caballero, para enterrarlos con honores en el mismo Convento, devenido hoy museo y sala de conciertos.
Sin dudas Juan Manuel López Lledín, más conocido como el Caballero de París, es ya parte de la mitología habanera. Nacido en Fonsagrada, aldea gallega de Lugo, en 1890, emigró como cientos de miles de sus compatriotas a la promisoria Habana de la época. Después de trabajar como dependiente en los hoteles Telégrafo, Sevilla y Manhattan, cumplió prisión tras ser acusado por el robo de unas joyas en la casa donde se empleaba, aunque más tarde fue demostrada su inocencia. En la cárcel se quebró el hilo que lo conectaba a eso que las convenciones han acordado llamar «realidad». Desde entonces se le vio zapateando las calles con su hirsuta melena y su barba, que encanecieron al paso de los años, su capa negra llena de misteriosos bolsillos interiores, de donde extraía estampitas, recortes de periódicos y hasta caramelos para obsequiar a los niños.
En un país obsesionado por los olores corporales, su acre aroma a sudores, soles y serenos acumulados en la piel, fue incapaz de ahuyentar a los caminantes, y en especial a los niños, que se acercaban a él con un mohín de burla que la mirada del Caballero transformaba en curiosidad y simpatía. Su altivez menesterosa, su caballerosidad, el tono siempre señorial de su discurso inconexo, lejos de espantar, atraía. No era raro ver a su alrededor un coro de todas las edades, escuchando perorar al Caballero. No se sacaba mucho en claro de sus lecciones magistrales de poesía automática. Es cierto. Pero la gente intuía que aquel hombre, aceptando mendrugos y limosnas sin rebajarse a pedir, mezclando en la lengua, sin filtrar, cuanto pasara por su imaginación, había alcanzado cierta redención que para la mayoría era un sueño imposible. El cubano obligado a bajar la cerviz ante el patrón y censurar la lengua más tarde ante los caciques de la política, descubría en el Caballero la libertad en estado puro.
Si otros mendigos de la ciudad estaban obligados a exponer sin pudor sus desastres corporales o conmover con la crónica de sus desgracias, al Caballero de París le bastaba estar. Su modo de irradiar al mismo tiempo altivez y lástima, simpatía y ternura, conseguía que el caminante se sintiera más cuerdo, y presuntamente superior, pero a su vez solidario y necesitado de ser «bueno», en un mundo donde la bondad no es muy rentable. Quizás cada persona que se acercaba al Caballero, salía de la experiencia con la perturbadora noción de que aquel hombre bien podría ser una variante extrema de sí mismo.
El Caballero fue, posiblemente, el único peludo de La Habana que en los años sesenta y setenta no fue arreado a insultos ni rapado en una estación de policía (el escultor José Villa Soberón deberá esculpir algún calvo ilustre sin demora, no vayan a sospechar de su probidad ideológica). Atento a su historia interior y no a los devaneos de la política, ni cantó la chambelona al político de turno ni coreó las consignas que iban tatuando el rostro de su ciudad. No obstante, nadie lo acusó de falta de entusiasmo revolucionario o connivencia con el enemigo, aunque fuera de París. Incluso las mayores locuras de la política, respetaron su locura atemporal y eterna.
Ante el deterioro de su salud física, fue ingresado en 1977 en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, donde permaneció hasta su muerte el 12 de julio de 1985. Desde entonces abandonó la notoriedad e ingresó en la mitología. Hoy que el marketing y la prensa rosa facturan decenas de famosos por semana para alimentar las insulsas vidas de sus lectores, cabría subrayar que el Caballero de París fue y es famoso por méritos propios.
Su imagen y su recuerdo han quedado en las artes cubanas. Su ternura subrepticia, en la memoria de todos los que lo conocieron. Ahora que, sin perder su altivez, la ciudad se ha vuelto tan menesterosa como él, vuelve a caminar, esta vez en silencio y quizás para siempre, las calles de La Habana. Sea bienvenido.





El Edén pospuesto

2 11 2001

En intervención del pasado miércoles en Santiago de Cuba, el señor Fidel Castro ha reconocido que el drástico descenso del turismo, como consecuencia de los acontecimientos del 11 de septiembre, ha sido «un golpe tremendo» para la Isla. A ello se une la bajada de los precios del níquel y el azúcar, rubros tradicionales de exportación.
El mundo entero está afectado por las cancelaciones de viajes y estancias. Por razones de seguridad, muchas personas temen viajar. A lo que se suma el miedo a la guerra bacteriológica y el parón económico que sufre Estados Unidos, con su reflejo en muchos otros países, impulsando la contracción del gasto. Más de la mitad de los ingresos de Cuba en divisas proceden del turismo y de las remesas familiares del exilio. Ambos afectados a muy corto plazo por la coyuntura actual. Al igual que el ritmo de operación de la compañía aérea nacional.
Advierte el señor FC a los ciudadanos de la Isla que «hay que prepararse, algunos sacrificios vendrán lógicamente». «Nuestros ingresos en [divisas] convertibles se afectan», aunque, según él, la afectación es menor, «puesto que no dependíamos del turismo norteamericano». Efectivamente, Canadá y Europa son las dos fuentes principales del turismo insular. En otros receptores como España, también afectados por la crisis, el descenso de turistas extranjeros viene acompañado por el aumento de nacionales, que modifican sus destinos, temerosos de abandonar el país. Cosa que no ocurre en Cuba, donde el turismo nacional es prácticamente nulo. Tampoco ha estructurado la Isla una economía diversificada o un mercado interno importante que permitan moderar las pérdidas.
Veinte de los 225 hoteles cubanos han sido cerrados y 12 000 de las 36 000 habitaciones disponibles, están vacías. Algo que sobrepasa la cifra de 5% de descenso reconocida por las autoridades en septiembre y su estimado del 10% para octubre.
Aunque en su discurso el señor Fidel Castro no especifica cuáles serán las afectaciones y los sacrificios a los que la población deberá hacer frente, ya se registra un notable incremento en el ritmo de los apagones, el dólar ha pasado en un brevísimo lapso de 22 a 27 pesos y las casas de cambio han optado por comprar dólares pero no venderlos. Ello hace prever nuevos descensos de la moneda nacional.
Los llamamientos al sacrificio de la población, a partir de crisis para las cuales siempre hay un culpable externo, no son nada nuevo. A inicios de los sesenta fue la ruptura de relaciones con los Estados Unidos y el embargo económico —gran culpable hasta hoy de todos los males que afectan a la Isla—. Como consecuencia, se estableció el sistema de racionamiento que ya dura cuatro décadas. Los efectos del ciclón Flora, a mediados de los sesenta, hicieron que se racionara el café, un producto tradicional. El ciclón ha durado hasta hoy. La nefasta Ofensiva Revolucionaria de 1968, que extirpó todo negocio privado, seguida por la Zafra de los Diez Millones, que remató la economía de la Isla, redoblaron la escasez y el racionamiento.
Salvo en el caso de la zafra, cuando el Gobierno admitió su culpabilidad, siempre aparecieron sequías o inundaciones, ciclones de la meteorología o de las finanzas internacionales, que explicaran cada desastre. El penúltimo fue la desaparición del campo socialista y de la URSS con el que se mantenían excepcionales condiciones de intercambio y un nivel de subvenciones que, bien administradas, habrían paliado con creces los efectos nocivos del embargo norteamericano: 40 000 millones de dólares en cifras de La Habana.
Y no es una opinión sino un dato. Recientemente, al referirse a los 200 millones de dólares anuales que recibía el régimen como pago por la estación radioelectrónica de Lourdes, la declaración oficial admitió que ello representaba sólo el 3% de los beneficios perdidos por la desaparición de la URSS. En buena matemática, dicha subvención ascendería entonces a más de 6 600 millones anuales, sin contar la deuda de 20 000 millones que al parecer Cuba no pagará —aducen que la deuda era con la URSS, no con Rusia—. De modo que entre ciclones, sequías y crisis mundiales, la administración cubana olvidó aportar el dato de que, durante treinta años, la compensación económica soviética a cambio de su alineación política hizo del embargo y la beligerancia perpetua hacia Norteamérica, un suculento negocio. Dilapidado, lamentablemente, en ineficacia, mala administración, guerritas extracontinentales y planes hegemónicos de cara al Tercer Mundo.
Cada una de esas crisis y recortes siempre fue acompañada por espléndidos panoramas del futuro. Durante los sesenta se mencionaba a 1970 como el año en que el país se convertiría en la Jauja del Caribe. En los setenta, se pospuso la fecha para la década entrante, que 125 000 cubanos no tuvieron la paciencia de aguardar, huyendo en masa por el Mariel. Los ochenta, quizás la época dorada de la economía socialista, nos abrumaron con noticias de saltos espectaculares en la producción que debían conducirnos al desarrollo. Los noventa fueron el viaje a la semilla de nuestras desgracias, al demostrarse que la relativa bonanza de la década anterior, más que a un crecimiento serio y sostenible de la economía, se debía a un déficit impagable en la balanza de pagos, una de las deudas per cápita más altas del planeta, y subvenciones externas cuyo cese hizo descender en picado la escenografía económica de la Isla.
Durante el llamado Período Especial, no sólo se encontró un culpable directo, sino dos —el efecto USA + Rusia—. Pero bastó un lustro y la multiplicación del capital extranjero invertido en Cuba, para que el Noticiero Nacional ofreciera de nuevo noticias esperanzadoras: cosechas espectaculares, desaforado interés de los inversionistas extranjeros, presuntos saltos de la biotecnología que colocarían al país a la cabeza de las naciones. Con el asalto a las Torres Gemelas, el ciclo de miseria cotidiana vs felicidad futurible, recomienza.
Cuba, como cualquier otro país —máxime ahora, cuando está sometida a las inclemencias de la economía mundial sin el paraguas de las subvenciones—, sufre períodos de bonanza y depresión cuyas causas pueden ser en cierta medida contextuales. Pero no sólo. Lo que no explica el discurso oficial, atento ante todo a su supervivencia, ni sus medios de prensa, nada proclives a los deportes de riesgo, es por qué el país pasó de encabezar la lista de las economías americanas a situarse en la cola, habiendo gozado de más ayudas en medio siglo que todos sus vecinos. Para ello no bastaría la perversidad política (del otro) o la meteorológica.
Hoy Cuba entra en el ciclo dramático. Como tantas otras veces, el señor Fidel Castro exige sacrificios a los ciudadanos. Mañana quizás, como en las buenas religiones, le veremos prometer el cielo siempre que se porten bien y sean obedientes durante su tránsito por este valle de lágrimas. Trabajar hoy con denuedo por la felicidad de nuestros hijos. Para que mañana nuestros hijos trabajen con denuedo por la felicidad de los nietos. Y así sucesivamente. La felicidad futurible, misterio de toda fe que debe ser, como buen dogma, verdad revelada y no cálculo económico, ese arte capitalista y laico, de tenderos y mercachifles.
Hoy el señor Fidel Castro exige sacrificios a los cubanos, un capital de miserias cotidianas y sueños rotos que se amortizará en lo que otras religiones denominan Edén o Paraíso, y en la terminología oficialista, comunismo.
¿Estaría dispuesto el señor Castro a un sacrificio, uno solo, que paliara el que hoy exige a sus compatriotas? Seguramente no. La felicidad de once millones es siempre futurible. El poder de uno solo, no. Según los teólogos, en el Más Allá no existe democracia pero, que se sepa, el dictador es otro.





Nuestra señora de los espías

24 10 2001

El 11 de febrero de 1858, en las afueras de la ciudad francesa de Lourdes, región de los Altos Pirineos, cerca de la gruta de Massabielle, ocurrió la primera de las dieciséis apariciones marianas. Aunque las visitas celestiales eran en exclusiva para una joven campesina llamada Bernadette Soubiron, pronto se convirtió en un fenómeno mediático, y posteriormente sanitario, económico. De modo que hasta fines de 1998 los archivos de la Oficina Médica de Lourdes registraban 6.772 curaciones, de las que 66 han sido declaradas «milagrosas» por la Iglesia.

Sesenta kilómetros al sur de La Habana, en otra localidad también llamada Lourdes, ha funcionado durante 37 años un Centro Radioelectrónico de espionaje ruso. Lo milagroso de este suceso es que, surgido en plena era glacial de las relaciones cubano-soviéticas, tras el berrinche de Fidel Castro contra Kruschev por llevarse los misiles en 1962 sin pedirle siguiera su opinión; haya sobrevivido al desplome del campo socialista. Milagroso que perdurara tras la casi extinción de las relaciones cubano-rusas, y el fin de la guerra fría. Que se mantuviera en activo durante la Era Yeltsin. Y, más milagroso aún, que sea el antiguo KGB Vladimir Putin quien le dé el tiro de gracia.

El cierre de la estación anunciado por los rusos fue intempestivo y tomó por sorpresa a La Habana, dado que se encontraban en esos momentos en conversaciones sobre el destino de la base y la exigencia de los eslavos de disminuir drásticamente los US$200 millones anuales de arrendamiento. Claro que la prisa de Putin se debía al deseo de anunciar en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) de Shanghai dos obsequios para sus nuevos aliados norteamericanos: el desmantelamiento de la base vietnamita de Cam Ranh, y del Centro de espionaje Radioelectrónico en Cuba. Y lo anunciaron.

Putin se refirió al «mundo rápidamente cambiante» y a las nuevas «prioridades»: la lucha contra el terrorismo internacional —donde incluye a sus secesionistas chechenos—. Claro que el señor Fidel Castro no parece dispuesto a asumir los cambios de este mundo, y sus prioridades son las mismas de siempre. Habló también el presidente ruso de la base cubana como “tarea secundaria”, cosa que desde Kruschev siempre duele al mandatario cubano quien, según Putin, «ha sido informado de ello». Informado no significa consultado. Cómo le dolería que el presidente norteamericano afirmara al respecto que esta “es otra indicación de que la Guerra fría terminó. El presidente Putin entiende que Rusia y Estados Unidos ya no son adversarios».

La reacción del gobierno cubano ha sido inmediata y virulenta, subrayando en su declaración oficial del 17 de octubre que:

1-A diferencia de Cuba, Vietnam es un país que no corre riesgos de agresión por Estados Unidos, país con el que mantiene relaciones normales.

2-“A pesar de incumplimientos flagrantes de acuerdos, daños económicos y riesgos para Cuba”, el gobierno accedió a la permanencia del centro de Lourdes. Los 200 millones de arrendamiento —fueron 90 en 1992, 160 entre el 93 y el 95, y 200 desde 1996—no son ni el 3% del daño ocasionado a Cuba por la desintegración del campo socialista y “la anulación unilateral de todos los convenios”.

3-“Cuba se beneficiaba con parte de la información adquirida, relativa a la seguridad de nuestra Patria”.

4-Las presiones rusas para rebajar el precio de arrendamiento eran “algo habitual cada año en los análisis de los incumplimientos reiterados de las obligaciones por la parte rusa”. Aunque de un tiempo a esta parte se habían producido “exigencias injustificables y exageradas de reducir el pago de los servicios, dada la triplicación del precio del combustible, principal producto de exportación de Rusia, y la evidente mejora de su economía, que se expresaba, entre otros hechos, en que las reservas crecieron de aproximadamente 12 mil millones a más de 30 mil millones”.

5-Este “sería el momento más inoportuno” para desmantelar el centro de espionaje, dada “la política agresiva y belicista del gobierno de Estados Unidos”, de modo que “muchos países están amenazados”. Siendo esto “un mensaje y una concesión al gobierno de Estados Unidos que constituía un grave peligro para la seguridad de Cuba”.

6-Asegura que “el acuerdo sobre el Centro Radioelectrónico de Lourdes no está cancelado, ya que Cuba no ha dado su aprobación, y resultará necesario que Rusia continúe negociando con el Gobierno cubano”.

Una prueba de que al gobierno cubano no le es ajeno el sentido del humor, es la tesis de que quizás Putin “debido al cambio-horario, no tuvo oportunidad de recibir a tiempo nuestros (…) argumentos”, o que Cuba mantiene un gran respeto por Rusia y se abstiene de hacer cualquier crítica.

Algo que la declaración cubana no explica es por qué Vietnam, el país que ha sostenido con Estados Unidos la guerra más larga y sangrienta, mantiene hoy relaciones normales con ese país. O por qué el Vietnam devastado hace veinte años, presta hoy ayuda económica a Cuba. Tampoco se menciona, cuando se habla de “incumplimientos flagrantes de acuerdos” por parte de los rusos, o cuantiosos daños como consecuencia de la desintegración del campo socialista, que Cuba debe a Rusia 20.000 millones de dólares, deuda que al parecer ha apuntado en el hielo. Aunque se afirma que Cuba se beneficiaba de información obtenida por los rusos (lo que nos permite matizar la casi-afirmación cubana de que mantener la base era un evento solidario), no se dice con quién la compartía, a cambio de qué o a quién se la vendía.

Recordar precisamente ahora la mejoría de la economía rusa, es cuando menos sorpresivo para el lector cubano. Los crédulos lectores de Granma, en los últimos 10 años, sólo han recibido noticias de que Rusia y sus antiguos socios del Este se han hundido en la miseria y la desesperación.

Cuando la declaración cubana afirma que éste “sería el momento más inoportuno” para desmantelar el centro, al estar Cuba casi a punto de ser invadida, ni se le ocurre que puede ser el momento más oportuno para Rusia, cuya cancillería acaba de afirmar: «Es evidente que nosotros esperamos medidas recíprocas. Los centros de inteligencia electrónicos estadounidenses creados en el período de la Guerra Fría continúan sus actividades en países vecinos de Rusia». Tal como afirmó el 18 de octubre en la televisión rusa el Teniente General (retirado) Nicolai Leonov, ex jefe de la dirección de análisis de la Inteligencia soviética, “los ucranianos lanzaron un cohete contra nuestro TU-154 y los norteamericanos fueron los primeros en detectar que fue tumbado por un cohete”. Demostrando que para Rusia es más importante el cese del espionaje norteamericano que su base cubana.

La declaración gubernamental cubana tampoco esclarece por qué el país se encuentra entre los que dan cobijo al terrorismo. Podría deberse a la presencia en la Isla de especialistas en demolición del IRA, narcoguerrilleros colombianos, y tiradores a la nuca pertenecientes a ETA. Aún así, difícilmente Cuba sea atacada. Claro que no sorprende a nadie la viaja táctica de “ahí viene el lobo” de cara al mercado interno. Es una técnica que ya practicaban los pastores del Viejo Testamento para evitar la desbandada de sus ovejas.

Lo que sí necesita desesperadamente La Habana, en un momento en que peligran las remesas de los exiliados, son esos 200 millones.

Por último, es risible que La Habana declare nula la decisión rusa hasta tanto no negocien con ellos, cuando los rusos pueden, simplemente, recoger sus maletas y dejarles de recuerdo un mausoleo al espionaje del siglo XX.

El exilio cubano ha reaccionado de dos modos diametralmente opuestos, pero igualmente erróneos a la noticia: Una parte subraya que el cierre de la estación «no aminora el peligro de Fidel Castro». La otra, augura que este hecho contribuirá a normalizar las relaciones de La Habana con Washington. Ni la una ni la otra. A pesar de su política de beligerancia retórica (dirigida básicamente al lector doméstico), Cuba no constituye un peligro para Estados Unidos. Tampoco se producirá ningún cambio como consecuencia. La razón es sencilla: el señor Fidel Castro necesita la beligerancia para justificar la desastrosa realidad cubana, y para concitar la cada vez más escasa y nostálgica solidaridad internacional. El destino de sus súbditos es secundario. Su papel de agitador local es cada vez más exiguo. Y sin poderosos aliados, su capacidad económico-militar de fomentar la subversión o mantener guerras externas es, simplemente, nula.

Pero bien podría el mandatario cubano aprovechar las ruinas de Lourdes, e instaurar un centro de peregrinaje y descanso para los espías del planeta, con jacuzzi y conferencias de terroristas vascos, colombianos o irlandeses. En definitiva, la Lourdes gala, con menos de 20.000 habitantes, algunos milagros y mucho marketing, se ha convertido en la segunda ciudad hotelera de Francia, con un total de 278 instalaciones. Ahora que decae el turismo de sol y playa, puede que San Dzerzinsky lo salve de la ruina.

 

La virgen de los espías”; en: Cubaencuentro, Madrid,24 de octubre, 2001. http://www.cubaencuentro.com/internacional/2001/10/24/4467.html.

 





Período especial en tiempos de guerra

22 10 2001

En 1990, ante la inminente desintegración de la Unión Soviética, se habló por primera vez del «Período Especial en Tiempos de Paz», eufemismo para nombrar la crisis más profunda en la historia de Cuba, que se haría realidad meses más tarde. La denominación es de una ambigüedad digna de la mejor literatura: período de duración indeterminada, especial quién sabe por qué, y los “tiempos de paz” muy relativos, dado que la supervivencia del poder en Cuba está íntimamente ligada a la beligerancia perpetua. La culpa de todos nuestros males, que hasta entonces detentara en exclusiva el Imperialismo Yanqui, fue repartida equitativamente, abonando sus cuotas a Rusia y al antiguo campo socialista.

Es ya una tradición en la Cuba socialista y tropical que desde el anuncio de una exitosa cosecha en el noticiero hasta su aparición en el mercado transcurre un período entre largo e infinito. Las consecuencias del anunciado período especial, en cambio, fueron inmediatas: drástica disminución del transporte público, reducción o eliminación de todo combustible, cierre de empresas y masificación del paro, cortes de electricidad que alcanzaron ritmos de 8 por 8 horas, paralización de las construcciones sociales y de infraestructura, reducción del suministro alimentario a 0,4 kg por día por habitante (sólo 27 g ricos en proteína); enfermedades propiciadas por avitaminosis y aproteinosis, como neuritis y beriberi, agravadas por la falta de medicamentos. Se esfumaron las malangas de Moldavia y las yucas de Cracovia. El peso disminuyó entre 50 y 100 veces su poder adquisitivo en apenas unos meses.

En breve, la crisis, entronizada ya como modus vivendi, fue mutando hasta crisis de valores: se multiplicó geométricamente la prostitución, creció la delincuencia, la malversación y la economía subterránea. El mercado negro ocupó el lugar del mercado y se hizo realidad lo que algún cubano bautizó como “La Era de las Tres R» (Resistir, Robar o Remar). Dado que el trabajo (salvo excepciones) dejó de ser una vía digna y segura de subsistencia, se instauró una nueva picaresca de la supervivencia (to have dollars or not to be). Los padres aspiraron a un título universitario; los hijos, a ser camareros para agenciarse unos verdes de propina. O echarse al mar en una balsa, hacia el Miami Paradise (si los tiburones del Canal no se interponen). Sin otra solución para rebasar la crisis que las continuas apelaciones al «espíritu de resistencia», más que el jabón o los frijoles, el artículo más deficitario en la Isla de ese “Período Especial en tiempos de paz”, es la esperanza.

Una década más tarde el país se ha integrado por fuerza a los mecanismos de la economía mundial, tendiendo una alfombra roja al inversionista foráneo. Florecen empresas y chiringuitos mixtos, se ha estabilizado la inflación (22 patriotas criollos para comprar un Washington) y una nueva clase se codea en los selectos predios de la noche habanera con el cuerpo diplomático y la aristocracia del poder: los empresarios extranjeros. Los renglones tradicionales permanecen estáticos o, en el caso del azúcar, tienden a alcanzar niveles del siglo XIX. La economía ha comenzado a mostrar pequeños índices de crecimiento que permitirían, en algo más de una década, recuperar los niveles de 1989. El favorable convenio energético con Venezuela conjura por ahora los apagones. Y la Isla olvida sus sueños de industrialización para convertirse en un país de servicios, aunque ello a su vez sirva de estímulo a las producciones locales, sobre todo en la industria ligera y la alimentaria.

El turismo, con 1.800.000 visitantes el año pasado, se ha convertido en el principal ingreso de Cuba (2.000 millones de dólares brutos, de los 5.000 millones que obtiene el país de sus exportaciones, en cifras ofrecidas por el diario El País), seguido por las remesas monetarias del exilio (1.000 millones de dólares al año), la fuerza de trabajo cubana más rentable para las autoridades, que recaudan el impuesto del amor familiar, sin necesidad de ofrecer ninguna prestación a cambio. En lo esencial, las garantías sociales emblemáticas se mantienen, aunque mutiladas por la escasez de recursos. Crece a buen ritmo la emigración, y el país sufre una sangría de mano de obra altamente calificada.

La urgente reforma de la economía cubana, otorgando a los nacionales espacios, un marco legal y estímulos para la creación de riqueza, ha sido suplantada por tímidos (y reversibles) retoques cosméticos, destinados a instaurar un capitalismo para extranjeros que subvencione el socialismo para cubanos, cuya libertad económica podría ser el preludio de otras libertades.

Si un cubano no forma parte de la reducida cúpula, o del selecto clan de profesionales, funcionarios y artistas que cobrar en dólares; si aspira al privilegio de comer dos veces al día, vestirse, calzarse y evitar que el techo de la casa le caiga en la cabeza, deberá optar por uno o más de los siguientes caminos:

1- (Sobre)vivir de la solidaridad familiar.

2- Agenciarse un puesto de trabajo que lo aproxime al dólar (turismo, empresas mixtas).

3- Dedicarse a actividades paralegales (trapicheo, bolsa negra, grabación de CD piratas, alquiler de ejemplares de la revista Hola) o francamente ilegales (prostitución y proxenetismo, robo, extorsión, tráfico de drogas).

4- Remar (bien sea por vía marítima o aérea).

El país se ha abierto al mundo, pero no a sus ciudadanos. Y como consecuencia, más de la mitad de la economía —turismo, remesas— dependen de factores externos e incontrolables para el Estado cubano —afluencia de turistas, altruismo y solvencia económica del exilio—. En estas circunstancias, tiene lugar la Primera Guerra Mundial contra el Terrorismo, y su batalla inicial en Afganistán. Los resultados inmediatos en Estados Unidos han sido masivos despidos en las compañías aéreas y otras relacionadas con el turismo, inestabilidad o francos baches financieros, y la previsión de futuros recortes de plantilla en diferentes sectores.

Esto inaugura en Cuba el Período Especial en Tiempos de Guerra, cuyos efectos ya han empezado a sentirse en el sector turístico. Durante la primera quincena de octubre la afluencia ha descendido un 10%, y se teme que la cifra pueda llegar al 25%, haciendo casi imposible alcanzar este año los 2.000.000 de visitantes previstos. El Hotel Capri ha aprovechado la inesperada temporada baja para cerrar por reformas. El Hotel Cohíba ha cerrado 11 plantas y enviado a casa a 200 trabajadores. Las paladares de la ciudad confiesan descensos del 30% de las ventas, según algunas fuentes, y se nota el bajón entre taxistas, arrendadores de viviendas, jineteras y vendedores de suvenires. Aún así, La Habana ha sufrido menos el reciente miedo a viajar que los polos de Varadero y los Cayos.

Cien mil cubanos trabajan en el turismo, obteniendo entre 5 y 10 dólares diarios por concepto de propinas. Otros 50.000 dependen (legal o ilegalmente) del turista. Si consideramos a sus familiares cercanos, serían entre 500.000 y 700.000 los cubanos cuya supervivencia depende directamente del sector. De ser enviados a casa una parte de esos trabajadores, devengando el 60% de su salario en pesos, ello significaría (para un trabajador que gane 300 pesos y reciba US$7,50 de propina al día) una reducción efectiva del 95% de sus ingresos.

Un segundo factor a considerar en este Período Especial en Tiempos de Guerra son las remesas familiares, procedentes, en primer lugar, de Estados Unidos. Al parón en su crecimiento que ya venía sufriendo la economía norteamericana, se suman ahora las consecuencias directas de las acciones terroristas y la guerra. Ello puede afectar, y de hecho ya está afectando, la economía de los cubanoamericanos, reduciendo su capacidad objetiva de mantener al mismo nivel las remesas familiares. A lo que se suma la afectación subjetiva: ante anuncios de crisis o barruntos de depresión, aumenta la tendencia ahorradora y disminuye el gasto. Uno de los renglones que pueden sufrir recortes son las remesas, presuntamente vitalicias, sobre las que descansa la supervivencia de muchas familias cubanas, condenadas a no invertir (legalmente) ese dinero en actividades empresariales que les emancipen económicamente.

Si son correctos los estimados, más de 1.000.000 de familias se benefician directamente de esas remesas, bien sea en dinero o en especias. A lo que se añade un efecto multiplicador: tanto ellos como los que dependen del turismo, constituyen, a su vez, la más importante fuente de ingresos para la economía sumergida. Un drástico descenso de estos dos modus vivendi, bien podría afectar a casi toda la población cubana. Máxime en zonas fuera de la capital, donde algunos hoteles y el exilio son las dos únicas aportaciones de divisas a la circulación local.

Un país drásticamente endeudado, ajeno a los organismos crediticios internacionales y sin fuentes de ayuda o financiación externa, debería aprovechar esta amenaza de quiebra para replantearse los términos de su política económica. Puede que la reacción de las autoridades cubanas sean nuevas exhortaciones al sacrificio, mesas redondas, acusaciones a la Mafia tacaña de Miami o a los turimperialistas que no vienen. En cualquier caso, bien les valdría formular, aunque sólo fuera como hipótesis, si el monopolio del poder resistiría sin resquebrajarse, al mejor estilo de sus amigos asiáticos, la concesión de una dosis de libertad económica a sus ciudadanos. Abrirse al mundo sin antes abrirse a sus propios ciudadanos no es (ni siquiera) una apertura de inspiración china. Es sólo un cuento chino.

 

Período especial en tiempos de guerra”; en: Cubaencuentro, Madrid,22 de octubre, 2001. http://www.cubaencuentro.com/economia/2001/10/22/4415.html.

 





Multiusos de la palabra

11 10 2001

Con la participación de un centenar de periodistas cubanos y 300 invitados de 29 países latinoamericanos, se celebra en el Palacio de la Convenciones de La Habana el Congreso de Periodistas Latinoamericanos y Caribeños. Presidido por el señor Fidel Castro, éste definió su agenda como “batalla de ideas, de la verdad contra la mentira”. Sus debates se han centrado en la necesidad de difundir una verdad alternativa ante la hegemónica y monocorde concertada por las transnacionales de la información.

Entre los temas tratados, el mexicano Luis Suárez, presidente de la FELAP, llama a precaverse contra el pensamiento único, y buscar propuestas novedosas para afrontar la tergiversación de las trasnacionales. Algo que según el periodista venezolano Guillermo García Ponce, ocurre con la satanización de su presidente Hugo Chávez. O el silencio que hace la prensa sobre los terroristas de origen cubano detenidos en Panamá, en contraste con la avalancha de información sobre el atentado del 11 de septiembre. Dos sucesos que, a juicio de algunos participantes en el evento, tienen similar valor noticioso.

Edmundo Lébano, decano de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de San Marcos, en Perú, aportó la nota conceptual al llamar a la unidad entre contenido y forma, algo novedoso aunque siempre de la impresión de haberlo escuchado antes. De la encuesta realizada a pie de calle durante sus horas de estancia en La Habana, el Señor Liébana concluye que a juicio de la población cubana, los gobernantes del país no se roban el dinero. Y exclama enternecido: «Qué hermoso que el socialismo signifique honradez». Si el decano tiene la oportunidad de disfrutar en estos días la prensa local, arribará a otra conclusión complementaria: que en caso de robárselo, tampoco nos enteraríamos. Sin ir más lejos, posiblemente sea Cuba el único país del planeta donde la televisión no ha difundido el escenográfico comunicado de Osama bin Laden, grabado mucho antes pero emitido después del primer ataque, en que llama a la yihad contra Occidente, amenaza a Estados Unidos con nuevos atentados, y deja implícita su autoría en los sucesos de NY. Eso a pesar de que Granma aseguraba que «nuestro pueblo será informado con la máxima objetividad de cada hecho que vaya sucediendo”. Y el Granma al parecer está mejor informado que el Pentágono, porque afirma que “No hay batallones ni ejércitos de terroristas». De modo que cuando en las mismas páginas se refieren a un campamento de Osama bin Laden destruido por los bombardeos, seguramente se tratará de algún camping en su modalidad afgana.

En el Congreso se habló del clima de seguridad (del Estado) en que viven los profesionales cubanos, en contraste con los periodistas muertos en Latinoamérica en el ejercicio de su labor. El fundamentalismo mediático, la manipulación de imágenes y la censura de prensa que rodeará la guerra recién empezada, o la hipócrita “libertad de prensa” de que blasona Occidente, dado que esa libertad, según el profesor de Brasilia Helio Doyle, nunca es absoluta. El argentino Ricardo Horvath se refirió a la guerra cultural que ha declarado Norteamérica al mundo “mediante fórmulas de seducción”. Y Ariel Terrero, de Bohemia, mencionó la preferencia de los grandes medios por el espectáculo antes que por la información veraz.

Por su parte, Tubal Páez, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, recordó que el congreso se efectuaba a iniciativa del Periodista en Jefe, y se refirió a los efectos del neoliberalismo en el sector: desempleo, salarios basura, ruptura de la solidaridad, fragmentación o liquidación de organizaciones gremiales, imposición de contenidos a los medios. Algún periodista cubano, despistado, confundió por unos instantes a Tubal Pérez con un integrista de la verdad, que llamaba a la yihad periodística en Cuba haciendo estallar una autocrítica kamikaze. Pero de inmediato se percató de que no. Se refería, claro está, a la prensa de las multinacionales, convertida “en formidables máquinas de hacer dinero”.

También se requirió mucha atención a los periodistas del patio cuando se habló de “la búsqueda de alternativas para enfrentar el pensamiento hegemónico”, porque se trataba en este caso del “pensamiento hegemónico” y “el poder económico mundial”. No del otro. Ya se les advirtió a la entrada que éste era un Congreso Internacional.

FC se refirió, por su parte, a la experiencia cubana en la transmisión de mensajes mediante la prensa, “sobre todo durante los últimos 23 meses”. Al respecto, aseguró que es esencial la combinación de diferentes medios para hacer llegar el mensaje —y si se pueden usar todos los medios todos los días y a toda hora del día, mejor—. Con toda modestia afirmó que “hemos ganado alguna experiencia en técnicas de divulgación, lo mismo a través de la prensa escrita, la radio, la televisión o el empleo de Internet”. Y llamó a la unidad de las personas de buena voluntad que se encuentran en desventaja “frente a una diabólica y poderosísima maquinaria de transmitir mentiras y engañar al mundo”. Esta vez, la sonrisa del periodista despistado de la última fila quedó sobreseída por los aplausos.

 

Multiusos de la palabra”; en: Cubaencuentro, Madrid,11 de octubre, 2001. http://www.cubaencuentro.com/sociedad/2001/10/11/4244.html.