Desde esa geografía incierta que es la ausencia

3 05 2001

Una tarde de 1961 (creo recordar) abandoné la finca familiar siguiendo el camino custodiado por enormes árboles de donde goteaban los mangos filipinos más dulces del mundo. Atrás quedaban, diciendo adiós con las manos levantadas, mis cinco primos y mis cuatro tíos. No le concedí especial atención a aquella despedida –sospecho que mis primos tampoco–: un breve paréntesis hasta el próximo fin de semana. Lo que jamás habrían adivinado mis siete años de entonces, es que el próximo fin de semana se produciría 39 años más tarde.
Desde el momento en que mi padre, fidelista devoto hasta su último minuto, conoció que sus hermanos habían decidido marcharse de Cuba, se suprimieron las visitas a la finca. Mis preguntas sólo obtuvieron respuestas evasivas como si no otra cosa mereciera la evasión de mis familiares. Sólo me enteré que no estaban en Cuba años más tarde.
Entonces supe que una zona de mi infancia se había extinguido: el día que remolcado por María Eugenia, mi experiencia de esquiador en el portal baldeado a cubos, terminó con cuatro puntos de sutura; los paseos a caballo con Castorcito; las mandarinas de junto al estanque, la champola de guanábana, las guayabas del Perú y las gallinas que perseguíamos con fervor, todo engrosó una suerte de prehistoria. Pero la caligrafía de la memoria suele escribirse con tinta indeleble. Todavía huelo el perfume de la tierra en días de lluvia, el aroma de los fogones, los ramitos de albahaca. Ningún político ha logrado derogar esa manera de recordar con todo el cuerpo que tiene la infancia.
Nunca le escribí una carta a mis primos. Ellos eran el enemigo, rezaba la consigna. Ignoro si ellos me escribieron. Tampoco habría recibido sus cartas.
Treinta y nueve años después de aquella despedida, otro fin de semana, visité Miami, y descubrí la misma cara de mi primo Castor, en un cuerpo de hombre maduro, más cerca de los cincuenta que de los cuarenta; hablé con mis primas y tíos dispersos entre New Jersey y North Carolina. Supe que durante años mi abuela sostuvo correspondencia a hurtadillas de mi padre con sus hijos-enemigos y sus nietos-enemigos. Quizás a hurtadillas relativas. Mi padre no podía admitir correspondencia con el enemigo, pero bien pudo saber de sus hermanos y sobrinos sin indagar la procedencia, como si las noticias hubieran alcanzado a mi abuela por algún cauce misterioso del éter. Cosas más raras se han visto.
En 1978, siendo yo profesor de la universidad, a una de mis alumnas le fue negada la condición de ejemplar, acusada de intercambiar correspondencia con su padre, exiliado en Miami. Los mismos que le imponían el veto, recibían por entonces a sus familiares de Miami, con el beneplácito del Partido Comunista. Nunca la crítica literaria maltrató tanto al género epistolar.
Ignoro si con el correr de los años, la vida habría puesto entre mis primos y yo una distancia superior a las noventa millas. Se sabe que los humanos tenemos la costumbre de adquirir una familia vocacional: los amigos. Y yo ignoro si alguno de mis primos habría formado parte de esa familia elegida por el libre albedrío y no por la genética. Pero sí, estoy convencido de que ninguna profesión de fe, ningún credo político, tenía derecho a mutilar mi infancia. No juzgo a sus padres ni a los míos en sus decisiones de quedarse o irse. Pero sí juzgo una fe que necesitó sumar enemigos para garantizar la incondicionalidad de los amigos.
Durante años la fe oficial convocó en Cuba al sacrificio de nuestros padres en aras del futuro feliz de sus hijos; para convocar más tarde a los hijos en aras de los nietos y así sucesivamente: la felicidad futurible. «Hoy no fío. Mañana sí», decía aquel bodeguero y mantuvo colgado el cartel hasta que le expropiaron la bodega y el método de trabajo.
Sé que mi caso es pavorosamente vulgar. A millones de cubanos nos hurtaron los primos, o peor: los padres, los abuelos, los hermanos, los hijos. Sé que millones de cubanos hemos amado, casi siempre en silencio, a enemigos censados por supuestos amigos que en muchos casos aborrecíamos. Y de haber levantado la voz contra la sustracción de primos, sin dudas nos habrían cogido de primos. Pero lo peor fue que nos convencieran –todo el tiempo, una parte del tiempo, apelando a nuestra credulidad o nuestra adolescencia emocional, haciéndonos creer que creíamos–, según el expedito sistema de Goebels. Aunque más tarde nos declaráramos ateos gracias a Dios.
Treinta y nueve años después de aquella despedida en la finca, la historia se repite: los primos de mi hijo, que vive en Sevilla, se reparten entre Texas y La Habana, sus abuelos, entre Houston y Marianao.
Más temprano que tarde se derogarán las distancias, Cuba transitará hacia una sociedad democrática y abierta, los fabricantes de enemigos, los arquitectos del odio, pagarán con el peor de los castigos: el olvido. Pero ya a mí, a nosotros, nadie nos podrá devolver nuestros primos, ni el agridulce aroma de una infancia probable. Como tampoco podrán devolvérselos a mi hijo.
Confío en que mis nietos se busquen sus propios enemigos y nadie se atribuya la potestad de endosárselos por decreto.





Dos cumbres

1 05 2001

La cumbre

Acaba de concluir en Quebe La III Cumbre de las Américas, con la participación de 34 mandatarios latinoamericanos y la única exclusión de Fidel Castro. El tema central ha sido la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que permita la libre circulación, desde Alaska a la Patagonia, de mercancías y capitales, eliminando trabas burocráticas y barreras arancelarias —a diferencia de la Unión Europea, que va camino de construir el primer conglomerado de naciones integradas, además, institucional, humana y socialmente—. El ALCA sería el mayor mercado del mundo, integrando a 800 millones de personas, 11 billones de dólares de producto interior bruto (el 40% mundial) y el 20% del comercio del planeta, funcionando de acuerdo a “las reglas y disciplinas” de la Organización Mundial de Comercio. Un anticipo ya existe, el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, que ha reportado a este último un mantenido crecimiento económico. Por otra parte, durante los últimos diez años el comercio de Estados Unidos con América Latina aumentó un 219%, en contraste con su comercio con Asia (118%), UE (89%) y Africa (62%).

Claro que del volumen económico que engloba el ALCA una parte sustancial corresponde al hemisferio norte, en especial a Estados Unidos. Para sus capitales significaría una apertura irrestricta del continente, necesitado de inversiones y tecnología, y la perspectiva de relocalizar industrias allí donde la mano de obra es más barata. Para Latinoamérica significaría una apertura del mercado norteamericano, donde sus productos pueden ser muy competitivos, la atracción de capitales, tecnología y la creación de empleo.

La ausencia de Cuba se debe a que la democracia será condición ineludible para la participación en la ALCA, tal como se expresa en La Declaración de la Ciudad de Québec: “el mantenimiento y fortalecimiento del Estado de derecho y el respeto estricto al sistema democrático” será imprescindible para pertenecer y recibir beneficios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Cláusula que firmó incluso el mandatario venezolano Hugo Chávez, quien reiterara en la Cumbre su amistad con Fidel Castro, y aludiera a la “democracia participativa” que pone en práctica Venezuela como un modelo mejor que la democracia representativa convencional. No se trata sólo de un veto al gobierno cubano, sino de una medida preventiva ante posibles tentativas autocráticas, nada escasas en la historia de nuestro continente. Incluso la Organización de Estados Americanos (OEA) preparará una Carta Democrática Interamericana. La declaración de Québec afirma que se efectuarán “consultas en el caso de una ruptura del sistema democrático de un país que participa en el proceso de Cumbres”. Aún se desconoce quién o quiénes y cómo decidirán que un país viola las normas democráticas.

En la negociación se incluyó también el tema de la educación, aunque los detractores no tardaron en tildarlo de un mero adorno de la tarta, cuyo ingrediente fundamental es la apertura al neoliberalismo sin fronteras.

Aunque ya se sabe que la IV Cumbre tendrá lugar en Argentina en 2003, y se prevee el nacimiento de la ALCA para 2005; los mandatarios latinoamericanos acudieron a la cumbre con el escepticismo que dicta la experiencia: desde 1994, Clinton estuvo hablando del tratado, imposible de llevar a la práctica en la medida que el Congreso de EE. UU. no le concedió el fast track (privilegio para negociar acuerdos por la vía rápida), prerrogativa de la que tampoco disfruta Bush, aunque pretende solicitarla esta misma semana, y se siente optimista al respecto.

 

La otra cumbre

Acogiéndose a aquello de que es mejor prevenir que lamentar, las autoridades de Québec levantaron una imponente valla de 3,5 kilómetros de alambre y cemento alrededor del recinto de la Cumbre (“perímetro de seguridad” ó “nuevo muro de la vergüenza”, según quien lo califique), los comercios céntricos tapiaron sus vidrieras, y se aprestaron a resistir el sitio de 30.000 manifestantes antiglobalización, de lo que se ha dado en llamar “la generación Seattle”, llegados de las Américas y Europa. También fue convocada una movilización mediante Internet, para lo cual bastaba inscribirse con nombre y país, a favor de una visión alternativa. 15.000 se manifestaron pacíficamente en la “Marcha de los Pueblos” que recorrió las calles: zapatistas, representantes de los pueblos indígenas, ecologistas de todas partes, anarquistas norteamericanos y veteranos de Seattle y Praga. Estuvieron en Québec José Bové, sindicalista y agricultor francés, máximo enemigo de McDonalds, y Paul Balagny, de SalaMi (amigo sucio, en francés). 2.000 radicales consiguieron abrir una brecha de 4 metros en la valla, y el saldo final es de 34 policías y 100 manifestantes heridos, y otros 150 detenidos.

Con diferencias de matices, la principal reivindicación de los manifestantes es que la globalización se trata sólo de un instrumento económico manipulado por las transnacionales, que atenta contra los derechos laborales y el medio ambiente. Juicios que, en cierta medida, comparten algunos de los mandatarios asistentes. A pesar de que su percepción de Bush es positiva —“Aunque tenemos muchas diferencias políticas, Bush me ha parecido un hombre sincero”—, Hugo Chávez afirmó, por ejemplo, que “la justicia social no sólo no ha progresado en las Américas, sino que ha retrocedido”. Fernando Henrique Cardoso, presidente de Brasil, declaró abiertamente sus simpatías por los manifestantes contra “una globalización económica sin rostro humano”, y censuró a Estados Unidos por proponer el libre comercio y mantener barreras a los productos extranjeros, o por negarse a ratificar el tratado de Kioto. Según él, los beneficios que reporte el libre comercio deberán repartirse equitativamente, de modo que contribuyan a “reducir en vez de agravar las disparidades”. Una actitud que no compartieron sus socios de MERCOSUR, en especial Argentina, aquejada de una grave crisis. Se mencionaron también como contrarios a una integración los subsidios agrícolas en EE. UU., que suman más de la mitad de los ingresos de sus agricultores, o sus políticas antidumping.

Incluso Vicente Fox, cuyo país disfruta ya del Acuerdo, afirmó que “no puede haber genuina democracia en sociedades con tantas desigualdades y tanta pobreza como existen en muchas áreas de América Latina, incluido México”, y a su iniciativa se debe que la Declaración de Québec recoja la necesidad de incrementar el gasto social en detrimento de los gastos militares.

Ciertamente, el beneficiario inmediato del Acuerdo será el capital, que podrá desplazarse sin trabas, comerciar, importar y exportar sin aranceles ni tasas, y relocalizar fábricas en busca de una mayor rentabilidad. Y el capital jamás se ha mostrado muy sensible a los temas ecológicos o el bienestar de los trabajadores. Pero abrir las puertas a la inversión, no es una patente de corso. Cada país podrá velar por que se cumplan sus normativas mediambientales, por que la creación de riqueza tenga una componente social e incentive la creación de infraestructuras para el desarrollo, y por que el inversionista cumpla la legislación laboral vigente. ¿Ganará menos por el mismo trabajo el operario de Lima que su homólogo de Detroit? Seguramente. En caso contrario, la industria se instalaría en Detroit. Aún así, muchos obreros de Lima no tendrán que emigrar para ganarse dignamente el sustento. Pero la generación de riqueza, la rentabilidad y las propias exigencias de los sindicatos deben por lógica actuar en la única dirección viable: la reducción paulatina de las distancias. No obstante, sería un error confiar ciegamente en el automatismo del mercado. Será tarea de los gobiernos velar por que esta apertura redunde en beneficio de toda la sociedad, velar por que la corrupción, mal endémico en nuestras repúblicas, no permita los crímenes de lesa humanidad y de lesa ecología que contemplamos diariamente. Tarea de todos los países miembros que haya equidad en el proceso, y que bajo la apertura no se escondan proteccionismos disimulados y unilaterales.

Posiblemente quien más preocupado deba estar por esta apertura es el obrero de una fábrica de Chicago, o el agricultor del centro-oeste. No dudo de la buena voluntad de la mayoría de los manifestantes, pero coincido con Vicente Fox, quien sentenció en la Cumbre: “Es fácil protestar cuando se tiene un empleo, cuando se tiene comida en la mesa, como lo tienen esos manifestantes».

Dos cumbres”; en: Cubaencuentro, Madrid,  1 de mayo, 2001. http://www.cubaencuentro.com/meridiano/2001/05/01/2144.html.

 





Primera plana

27 04 2001

Algún picúo intuitivamente lombrosiano, exclamó en su día que el rostro es el espejo del alma. Doy fe que esa ley se cumple sólo como consecuencia del azar (no se trata de una defensa propia, que conste). Más visos de ley tiene la extendida idea de que la primera plana es el rostro que denuncia el alma de los periódicos. Y por carácter transitivo, el alma de los ideólogos que arman los periódicos.

Ya puesto a la tarea, revisé los titulares de primera plana que aparecieron los días 24 y 25 de abril en los diarios cubanos Granma y Juventud Rebelde. Entre ambos, contabilicé 37 titulares, que pueden dividirse en cuatro grupos, en el siguiente orden descendente de importancia:

1-Miserias ajenas (54,1% de los titulares)

2-Qué buenos somos (27%)

3-Cómo nos quieren allá afuera (13,5%)

4-Amigo y sus amiguitos (2,7%)

5-Misceláneas (2,7%)

«Miserias ajenas», con 20 titulares, nos da cuenta de lo mal que anda la cosa allá afuera, para que los nativos no vayan a creerse que Cuba es el peor de los mundos posibles. Entre otros temas, y en primer lugar, se repasa a conciencia las miserias de los países que votaron contra el gobierno cubano en Ginebra («el fariseísmo, la impudicia y la inmoralidad» fueron los enemigos); la crisis de Argentina, la corrupción en Nicaragua y la de Mr. Torricelli; la presunta existencia de armas nucleares tácticas de Estados Unidos en Europa (esa neocolonia yanqui, si se lee con fervor el Granma); las enfermedades mortales y el asesinato de Kabila en África; el pésimo estado de la salud pública en el planeta; el despojo de América Latina mediante el Acuerdo de Libre Comercio; la «globalización de la hipocresía» y el crecimiento de las desigualdades por la disminución de la ayuda de los países ricos a los pobres. Mediante el caso ejemplar de unos balseros que casi zozobran, se ilustra la acefalia de los cubanos que no emigran por la falta de expectativas, sino por la mera existencia de la Ley de Ajuste. Y ni protestar contra estas iniquidades: un niño de 11 años es asesinado por soldados israelíes, y se reprimen las manifestaciones en Bolivia. En suma: el mundo es un caos a punto de estallar. El capitalismo está en crisis —desde tiempos de Marx y Engels, de modo que es la agonía más larga de la historia—, y de consumirse acríticamente ambos diarios, uno acaba por no comprender cómo 5.000 millones de humanos siguen vivos.

«Qué buenos somos», con 10 titulares, refuerza la idea anterior: vean lo bien que nos va a nosotros. En esta zona nos cuentan que Camagüey es el más destacado, que los pioneros marchan con alegría hacia el futuro gracias a «30 años de una concepción revolucionaria de la educación», que es en la Isla donde existe una verdadera democracia, y que no sólo hay garantías de salud en el Escambray, sino que Cuba es un faro para la Organización Panamericana de la Salud. No falta la parte lúdica, porque 18 millones de cubanos han disfrutado del campismo, dándoles así prioridad sobre los turistas extranjeros. Que a nadie se le ocurra derogar por la fuerza esta felicidad, porque «la Isla no puede ser tomada». Pero el autobombo no se reduce a educación y salud, rubros tradicionales, sino que se extiende a la economía, con los premios a la calidad total (concedidos a 3 empresas). Sin faltar el dato autocrítico en una asamblea de balance de la UJC («Prevaleció lo mucho que falta para avanzar»), aunque la lectura del artículo no explica qué avances faltan, sino lo bien que vamos, y que si los jóvenes no ingresan a la UJC no es porque no quieran, sino por deficiencias organizativas.

«Cómo nos quieren allá afuera», integrado por 5 titulares, agradece al pueblo mexicano y a los jóvenes argentinos su apoyo, menciona a Hugo Chávez como representante oficioso en Quebec; el acuerdo de colaboración con Laos y las 150 organizaciones de 60 países que acudirán al congreso de la CTC. Moraleja: los gobiernos, manipulados por el Imperio en crisis, son los que no nos quieren. Todos los pueblos del mundo nos aplauden, y hasta se vendrían a vivir aquí, pero no caben.

«Amigo y sus amiguitos» sólo consta de un titular, sobre la renovación en el IX Congreso del Partido de Vietnam. Su escasez corresponde a que, inexplicablemente, Amigo se ha ido quedando sin amiguitos.

«Misceláneas», por último, en un único titular, «Primavera teatral en La Habana», se refiere a eso mismo.

Comparando estas primeras planas con las de otros periódicos internacionales, brillan por su ausencia la desmantelación de la única TV crítica en Rusia mediante la Operación Gusinski; el paseíto al espacio que el millonario Tito compró a los rusos ante la reticencia de la NASA; la detención del corrupto ex-presidente filipino Joseph Estrada; o el juicio en Miami a los presuntos espías cubanos de la Red Avispa. Por no hablar de noticias locales, como la huelga de hambre del prisionero político cubano Jorge Luis García Pérez, en protesta por la negación de atención médica especializada. O la súbita irrupción de emisiones televisivas de la Florida en los receptores cubanos, por algún capricho de la climatología imperialista, que el gobierno ha sido incapaz de interferir, a pesar de que molesta a los televidentes de la Isla, adictos desde Elián a las mesas redondas.

De todas, la noticia más curiosa es la que se refiere a Vietnam, donde se renueva la dirección, pero sin renovarla al estilo occidental, sino dando más de lo mismo pero con otro look. Y menciona de paso los 15 últimos años de prosperidad bastante generalizada, aunque no explica cómo ni por qué. El diario afirma textualmente que «la renovación forma parte de la propia dialéctica de la modernidad contemporánea» (sic.), de lo que ciertos lectores suspicaces y malévolos pudieran deducir que el estatismo forma parte de la «modernidad extemporánea».

 

“Primera plana”; en: Cubaencuentro, Madrid,27 de abril, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/04/27/2114.html.

 





Ginebra 1, Havana Club 0

20 04 2001

Tras meses de intensos viajes, cabildeos, negociaciones, alabanzas e insultos, el 18 de abril a las 14:30, hora de Cuba, la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra, por cerrada votación de 22 a favor (Argentina, Bélgica, Camerún, Canadá, Costa Rica, Rep. Checa, Francia, Alemania, Guatemala, Italia, Japón, Letonia, Madagascar, Noruega, Polonia, Portugal, Corea del Sur, Rumania, España, Reino Unido, Uruguay y Estados Unidos), y 20 en contra (Argelia, Burundi, China, Cuba, India, Indonesia, Liberia, Libia, Malasia, Nigeria, Pakistán, Qatar, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Suazilandia, Siria, Venezuela, Vietnam y Zambia);con 10 abstenciones (Brasil, Colombia, Ecuador, Kenia, Mauricio, México, Níger, Perú, Senegal y Tailandia) y un ausente, la República Democrática del Congo, aprobó la moción de condena al gobierno cubano por su sistemática violación de los derechos humanos.

La condena en Ginebra es puramente simbólica, dado que no implica ningún tipo de sanción, salvo la moral. Y como el gobierno de La Habana califica su derrota de “victoria moral” —ignoro qué calificativo habrían acuñado en caso de no prosperar la moción—, ni eso. Pero me asalta una duda: si perder la votación fue una victoria; si según ellos el padre de la moción (Estados Unidos, por supuesto) sólo obtuvo una “victoria pírrica”; si este tipo de eventos no merecen ninguna credibilidad, al ser “selectivos” y “discriminatorios”; no comprendo por qué se gastó la leche condensada de tantos niños en viajes internacionales y cabildeos del canciller cubano y su equipo, por qué La Habana ha redondeado tantas mesas, hecho correr océanos de tinta sobre el tema, y traspasando las fronteras de la grosería empleando su nutrido arsenal de insultos contra las naciones que presuntamente votarían en su contra.

La Comisión de Derechos Humanos es objeto de manipulación política. Lo sabe hasta Vox Populi. Hay presiones de todas direcciones para fomentar o inhibir condenas, en dependencia de quien se trate, y la magnitud del mercado correspondiente no es ajena a estos tejemanejes. Países como China, por ejemplo, no son sancionados. Pero el hecho de que unos violadores sean absueltos (y no por falta de pruebas), o ni siquiera sean encausados, no significa que en Cuba no se violen los derechos humanos. De modo que la condena es justa, y no se trata, como repite la prensa oficial, de una moción “anticubana”, sino de una moción contra el gobierno cubano. Aunque en la Isla persistan en la engañosa sinonimia Cuba=Patria=Socialismo=Fidel. Aplicando después el carácter transitivo. Por el contrario, se trata de una moción pro cubana, en la medida que ejerce una simbólica presión para que se produzca una ganancia en las libertades de once millones, a costa de limitar la hoy omnímoda libertad de uno solo.

A pesar de no sentirse condenada, en palabras del canciller cubano, la nomenclatura insular, por boca de la prensa, ha echado mano a un catálogo de insultos que Borges habría envidiado en su Historia universal de la infamia. Lacayuna es la República Checa al presentar la moción; ignorados, pisoteados, vilipendiados y recibiendo órdenes directas de Colin Powell, actuaron los europeos, en especial la Gran Bretaña y España, en su papel de segundona. Con “los mismos méritos” votaron Canadá, Suecia (que no votó, aunque lo afirme el Granma, quizás se refieran a Noruega, hielo más hielo menos) y Japón. Aterrados los africanos, a quienes Estados Unidos amenazó sancionarlos a su vez en Ginebra, u ofrecerles dinero para combatir el SIDA en caso de que se portaran bien. Curiosamente, Sudáfrica, la nación de ese continente con más casos de SIDA, la que acaba de ganar la pelea a las multinacionales farmacéuticas norteamericanas y se dispone a fabricar sus propios medicamentos eludiendo patentes, votó contra la moción. “Nada sorprendentes”, según la prensa cubana, fueron las votaciones de los cuatro países latinoamericanos que aprobaron la propuesta checa.

Los que, en cambio, votaron al compás de Cuba, especialmente Argelia, Libia, China, Rusia y Venezuela, dieron “la cara al plenario” y denunciaron la vil maniobra. Esos son los buenos de la película. Y el malo malísimo, por supuesto, Estados Unidos, para el que la condena a Cuba era de tal importancia que un solo mandatario recibió diez llamadas de Bush en una madrugada; amenazaron con retirar el “weaver” que inhibe temporalmente la aplicación de la Helms-Burton; suprimir “blindajes financieros”; sus agregados militares ejercieron la intimidación (¿habrán amenazado con invadir en caso de que no se cumplieran las órdenes?); practicaron, según el embajador cubano ante la comisión, Carlos Amat, “el chantaje, las torceduras de brazos, y así y todo, no han conseguido variar los estándares de votación de otros años”. (Traducido: el gobierno cubano fue nuevamente sancionado, pero no por goleada). Y añade: “Todo el mundo estaba sobrecogido en el plenario por sus presiones. Parecían cuervos”. Vista la pavorosa situación, el milagro es que votaran contra la moción países como Indonesia, Malasia, o Qatar, e incluso Arabia Saudita, el aliado norteamericano en Oriente Medio. Parece que algunas caperucitas no le temen al lobo.

Del total de las naciones que ejercieron su derecho al voto, 52,11 eran latinoamericanas, 13 europeas, 2 de América del Norte, 14 africanas, 3 de Oriente Medio y 9 asiáticas. El comportamiento del voto fue el siguiente:

Continente Países / % del total de votantes A favor de la moción / % Continental Contra la moción / % Continental Se abstienen / % Continental
Latinoamérica 11 / 21% 4 / 36% 2 /18% 5 / 46%
Norteamérica 2 / 4% 2 / 100%    
Europa 13 / 25% 12/ 92% 1 / 8%  
África 14 /27% 2 / 14% 8 / 57% 4 / 29%
Oriente Medio 3 /6%   3 / 100%  
Asia 9 / 17% 2 / 22% 6 / 67% 1 / 11%
TOTAL 52 22 20 10

Como se observa en esta estadística de bodega, Norteamérica es el continente donde las autoridades cubanas son menos populares, seguido de cerca por Europa, donde sólo Rusia desentona. Latinoamérica es el más dudoso, además de que allí los partidarios del régimen son la mitad que sus enemigos. En África, a pesar de las amenazas militares y farmacéuticas, el apoyo se acercó a las tres quintas partes de los países votantes; apoyo superado por el 67% de los asiáticos. De todo esto de desprende que, salvo en Asia, el hemisferio norte no se le da bien a Fidel Castro. En su propio hemisferio, sólo el 15% lo apoya abiertamente. Su pretensión de ser recordado como el Bolívar del Siglo XX no ha prosperado. A juzgar por las estadísticas, mejor se embadurna la cara como el negrito del teatro bufo y cambia de continente. O toma lecciones particulares de chino en la calle Zanja y se presenta en el Celeste Imperio como la reencarnación barbuda de Mao Zedong. Aunque, sin dudas, sus mejores opciones están en el Medio Oriente, donde le cederían un trozo de desierto, dispondría de un harén de mansos ministros, y podría cortar la mano a los ladrones y la lengua a los disidentes, y nadie se le iría en balsa porque el oleaje de dunas no es navegable. Puede que le queden algunos años para convertir el desierto en victoria y acabarle de desgraciar la vida a los periodistas especializados en el eterno conflicto de Oriente Medio. Árabes, palestinos, judíos y un jodío de postre.

Y lo más importante: de aceptar mi sugerencia, cuya demostración matemática es irrefutable, sentaría un magnífico precedente: que por primera vez emigren los gobiernos, no los pueblos.

 

“Ginebra 1, Havana Club 0”; en: El Nuevo Herald, Miami,24 de abril, 2001.

“Ginebra 1, Havana Club 0”; en: Cubaencuentro, Madrid,20de abril,2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/lasemana/2001/04/20/2054.html.

 





Devoraciones

20 04 2001

Como hace 40 años, sólo que 40 años más viejo, Fidel Castro convocó a los cubanos en la emblemática esquina de 23 y 12, para, en sus propias palabras “ratificar el carácter socialista de la Revolución”, no para conmemorar su proclamación. En cifras oficiales, 100.000 personas acudieron al acto, en su inmensa mayoría vestidos de milicianos o soldados, y portando armas largas.

Cuarenta años atrás, sólo unos pocos miles de cubanos habían emigrado, el entusiasmo por la entrada de los barbudos en La Habana y la huida del dictador Fulgencio Batista permanecían intactos. Se acababan de producir varios bombardeos cuyo propósito era desmantelar la fuerza aérea cubana, y una de las víctimas había escrito el nombre de Fidel con sangre en una pared o, al menos, así se cuenta. La inmensa mayoría de los asistentes a aquel acto eran milicianos, uniformados y armados, que se alistaron voluntariamente para suplir la escasez de un ejército profesional. Compensando con heroísmo su escasa pericia militar, ellos serían unas horas más tarde los protagonistas de la fulminante derrota de la brigada invasora en Playa Girón. Pocos de los que participaban aquel día en la concentración tenían una idea clara de lo que proponía su Comandante en Jefe cuando proclamó “el carácter socialista de la Revolución”. Y Fidel Castro evitó la palabra prohibida: comunismo. Todos aplaudieron.

Cuarenta años más tarde, Raúl Castro, con espíritu de remake, advierte de una posible invasión norteamericana que ni él mismo se cree, y su hermano Fidel anuncia que “un nuevo amanecer comienza a iluminar nuestro futuro, un futuro que será más brillante, un socialismo que será más acabado, una obra revolucionaria más prometedora y profunda”. Corroborando lo que ya sabíamos: que la prosperidad socialista siempre se conjuga en futuro, un tiempo verbal inalcanzable.

Cuarenta años después de aquella invasión que provocó una oleada de simpatía universal hacia Cuba, el mismo gobernante se bate a la desesperada en Ginebra para no ser condenado por su recurrente violación de los derechos humanos; mientras todos los mandatarios del continente, excepto él, preparan sus maletas para acordar en Canadá, durante la III Cumbre de las Américas, los principios que regirán el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), Como si no bastaran 40 años de tecnologías obsoletas y caos económico, el pueblo cubano pierde, por el momento, una oportunidad histórica de colocarse en la mayor área de libre comercio del planeta. Pero, según Fidel Castro y gracias al socialismo, eso es una suerte, ya que la Isla “no forma parte de una América Latina balcanizada a punto de ser devorada por Estados Unidos”. Porque en su versión de los hechos, en la cumbre canadiense “la superpotencia hegemónica tratará de buscar las condiciones de rendición a los gobiernos de América Latina”. Ya de paso, según él, bloqueará los accesos de América Latina a Europa y Asia, impedirá el desarrollo del Mercosur y reeditará, corregida y actualizada, la Doctrina Monroe.

De modo que su perspicacia económica, de la cual ha dado abundantes muestras en casi medio siglo, advierte un peligro del que no se han percatado economistas y gobernantes, decenas de países donde habitan 300 millones de latinoamericanos. Todos dependientes y “devorados” por el Imperio. Excepto, claro está, aquellos cuya política sea favorable a las autoridades de Cuba.

Curiosamente, el país que Fidel Castro excluye de ser devorado, el país teóricamente más anti-norteamericano del hemisferio es, al mismo tiempo, el más dependiente. Antes que se pusiera en boga la “dolarización” de las economías latinoamericanas, ya Cuba había dolarizado la suya, hasta el punto de que los billetes de José Martí son hoy una submoneda en el país que los emite. Durante 40 años, el discurso nacionalista y reivindicativo ha descansado sobre la existencia de un enemigo, Estados Unidos, sin el cual perdería todo viso de coherencia. En el discurso oficial, el embargo no sólo ha ocasionado el cataclismo económico de la Isla, sino que es el causante del estado de sitio permanente, lo que justifica la ausencia de libertades, empezando por las democráticas. Claro que, en realidad, el embargo es la excusa perfecta para el monopolio del poder absoluto, y su levantamiento sería una catástrofe para los gobernantes cubanos. No otra explicación tiene que clamen públicamente por su derogación, mientras, de hecho, boicotean toda distensión. Por si no bastara, Cuba es, posiblemente, el país latinoamericano con una mayor proporción per cápita de emigrantes en Estados Unidos, y el único donde el volumen económico de esa emigración es superior al de su nación de origen. Hasta tal punto, que las remesas familiares de sus emigrantes son hoy la segunda fuente de ingresos de la economía cubana.

Dudo que Latinoamérica se deje devorar mansamente por Estados Unidos. La que ya ha sido devorada es Cuba, que nunca, en toda su historia, dependió tanto de ese país, como desde el día en que se proclamó su “independencia definitiva”.

Cuarenta años después de aquella declaración, el 20% de los cubanos, abolido el entusiasmo, caducadas las esperanzas, ha abandonado la Isla. Otros 32.000 han perdido la vida en el intento. Y a juzgar por los flujos puntuales durante los momentos de apertura, la popularidad del bombo de visas en la Oficina Norteamericana de Intereses y la crisis permanente de la Isla, algunos estiman en otros cuatro millones los que se marcharían sin mirar atrás. Cuarenta años después, las milicias son decorativas y Cuba dispone del segundo ejército profesional del continente, con la mayor proporción de soldados por habitante. Con rotuladores indelebles se escribe en las paredes la palabra “Fidel”, precedida por “Abajo”. Se reúnen en La  Habana los protagonistas de Girón a contar sus batallitas, síntoma de que aquello es historia. Fidel Castro no se recata de pronunciar la palabra comunismo. Y los milicianos reunidos en 23 y 12, extras en el remake de aquella fecha, ya saben exactamente a qué se refería su Comandante en Jefe cuando proclamó “el carácter socialista de la Revolución”. Quizás por eso, los cargadores de las armas con que adornaron el acto fueron cautamente vaciados. Ya el ejército no es “el pueblo uniformado”. El ejército es el ejército uniformado. De modo que acabando el acto, se recogieron todas las armas. Cuarenta años después, todos aplaudieron.

 

“Devoraciones”; en: Cubaencuentro, Madrid, 20 de abril, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/04/20/2027.html.

 





Presos en directo

17 04 2001

La información de que ha estallado un motín en una cárcel latinoamericana, ya casi no es noticia. Con superpoblaciones que normalmente multiplican por tres, por cinco o por diez la capacidad instalada, con una dieta balanceada (en las mismas balanzas de los campos nazis), pésimas condiciones de higiene y asistencia médica, lo único que en ellas sobra es la violencia. Con esos ingredientes, y algunos más, no es raro que con una asiduidad que ya parece rutina los presos se amotinen, tomen rehenes, conminen a las autoridades y creen una crisis eventual que por lo visto sólo funciona como paliativo para una enfermedad ya crónica en nuestras sociedades.

Por eso no es raro que los delincuentes europeos juzgados y encarcelados al sur del Río Grande, no luchen por la conmutación de sus condenas, sino porque los trasladen a una cárcel en su país de origen, y convertirse en presos cinco estrellas del primer mundo.

En esta ocasión ocurrió en la prisión de Curumbé, situada en Cuiaba, ciudad del Mato Grosso brasileño. 368 prisioneros (la capacidad teórica es de 260) aprovecharon el jueves 12 a las tres de la tarde, cuando estaba a punto de concluir la hora de visita, y tomaron a 163 reheres, entre ellos unos 50 menores y varios agentes de prisiones. El cabecilla de la operación, José Carlos Nascimento, era miembro del grupo Primer Comando de la Capital, banda que controla el tráfico de droga en las cárceles, y que conmovió Brasil el pasado febrero con la revuelta simultánea en 29 prisiones de Sao Paulo.

Los prisioneros de Curumbé exigían la dimisión de Elpidio Onofre Claro, director del penal desde hace 20 días.

Quince de los rehenes fueron liberados entre viernes y sábano, día en que al parecer los prisioneros alcanzaron un principio de acuerdo y se disponían a deponer su actitud, liberar a los rehenes y permitir el acceso de las autoridades. Pero los cabecillas se negaron a suspender el motín hasta el domingo, y explicaron sus razones a las autoridades.

Ya comunicada la prórroga del motín, el mismo sábado se escucharon disparos en la prisión, y poco después cesaba la revuelta.

Cuando las autoridades ingresaron al penal, descubrieron los cadáveres de Nascimento y otros cinco cabecillas, aniquilados por los demás presos. La razón de este ajuste de cuentas fue que Nascimento pretendía postergar la solución del conflicto, no para obtener mayores ventajas, sino para ser entrevistado en vivo, el domingo por la tarde, en uno de los programas de más audiencia de la televisión brasileña. Consideraciones secundarias eran el daño que se causaba a los familiares, o el acuerdo alcanzado.

Se cumple aquel postulado filosófico: “Sales en la televisión, luego existes”. Y su contrario: si no sales en la tele, tu existencia es, cuando menos, dudosa. Una razón que ya no es sólo usufructo de políticos y celebridades. Cualquier hijo de vecino soporta horas de espera para ocupar asiento en un plató, confiando en que un pase descuidado de la cámara revele al mundo su presencia televisiva. Miles de aspirantes claman por encerrarse en una casa y mostrar a la audiencia sus intimidades y miserias. Porque la existencia del homo televisivo nos demuestra que ser médico es una profesión, pero ser famoso (e incluso famosillo) es una carrera. Una verdad que descubrió y puso en práctica precozmente Fidel Castro, gracias a que la sufrida Cuba que él liberó, contaba con la más extensa red televisiva de Hispanoamérica. Una verdad que usufructuaron Franco, Sadan, Kadafi, Chávez en Venezuela y el primer político online, el Subcomandante Marcos.

Claro que en el caso de la cárcel brasileña, los presos pusieron las reivindicaciones concretas y el bienestar de sus familiares, por delante del famoseo de sus líderes; dando un ejemplo notable de sentido común. Decididamente, la sabiduría no tiene cátedra fija ni se cobija en exclusiva bajo el techo de las llamadas (y a veces mal llamadas) instituciones culturales y docentes. Y aunque esto no se traduzca en una incitación a copiar sus métodos, algunos catedráticos deberían estudiar sin prejuicios la filosofía de los reos.

“Presos en directo”; en: Cubaencuentro, Madrid, 17 de abril, 2001. http://www.cubaencuentro.com/meridiano/2001/04/20/1967.html.

 





Guapería

10 04 2001

Este planeta empieza a parecerse a mi aula de cuarto grado. La mayoría de los niños no rebasábamos las 70 libras y éramos, por razones de peso, propensos al diálogo, la conciliación y los pactos. Nuestras confrontaciones no solían pasar del boconeo (tu madre, la tuya, la bolita del mundo de la tuya, la rebombiá de…, y así hasta las más alambicadas construcciones del insulto, que sólo he vuelto a encontrar en la literatura). Dos o tres pesos pesados, en cambio, no se rebajaban a contemporizar, y zanjaban las discusiones con el argumento terminal de un sopapo. Aunque se cuidaban de ejercer la guapería con sus iguales, e incluso concertaban pactos de no agresión, delimitando sus respectivas esferas de influencia. Algún minimosca ejercía también la guapería, pero aplicando la técnica del muerde y huye, o cobijándose bajo la sombra protectora de un guapo mayor con vocación de líder que había congregado su propia corte de alguaciles, tracatanes y recaderos.

En este planeta que emerge tras la caída de la URSS, sólo se dintingue un guapo en todo el barrio, y la administración Bush, en cuya nómina constan el vice-presidente Richard Cheney y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, expertos en la Guerra Fría y ex jefes ambos del Pentágono, parece empeñada en confirmarlo. Anuncia el desarrollo del sistema antimisiles, obviando los acuerdos de desarme. Con el propósito de advertir al personal, y sin que medie una explicación clara y plausible (quizás había que librarse de misiles caducados) bombardea a Irak, sabiendo que el malvado Hussein no puede ejercer otra respuesta que la gritería. Por último, en contra de sus promesas electorales y de la firma estampada en la reunión del G-8, abandona el Protocolo de Kioto sobre regulación en las emisiones de gases tóxicos —de los que Estados Unidos es líder mundial, con la cuarta parte de los venenos que amenazan convertir la atmósfera en algo irrespirable—. En todos los casos, el argumento es el mismo: Por mis timbales. Y no se refieren al instrumento musical.

Quizás lo más peligroso de esta política timbalera sea que Bush no siente obligación alguna en caso de pactos o acuerdos internacionales contraídos por la administración anterior, lo cual establece un nefasto precedente, incluso para los propios Estados Unidos. Por otra parte, los argumentos de que una limitación de las emisiones afectaría a la economía norteamericana —como afecta a la economía de cualquier otra nación—, dejan en precario el principio de que la justicia y los intereses globales de la humanidad están muy por encima de los intereses particulares de individuos, países y compañías. Principio sin el cual los organismos internacionales, empezando por la ONU, podrían ser disueltos mañana mismo.

Ahora al guapo del barrio le ha salido un competidor, inferior en su musculatura de misiles y bombas, pero docto en kung fu y con una paciencia de chino para imponerse poco a poco en el patio de la escuela. No en balde ya Bush lo definía como un “competidor estratégico”.

Desde que el avión espía norteamericano EP-3 colisionó con un caza chino matando al piloto, y se vio obligado a aterrizar en la isla de Hainan, las autoridades norteamericanas han exigido la devolución de avión y tripulantes intactos y sin que medie debate. Advierten que el avión no deberá ser inspeccionado (cosa que ya los chinos hicieron por aquello de que “el patio de mi casa es particular”) y Condoleezza Rice, asesora de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, afirma que una disculpa a China no sería adecuada. El presidente Bush expresa en una carta, que responde a “razones humanitarias”, sus condolencias a la esposa del piloto fallecido, pero, restándole importancia, atribuye a la situación anímica de la viuda la referencia de la mujer a la “cobardía” de la negativa norteamericana a pedir disculpas. Richard Cheney lamenta la prolongación de este asunto, que pone en peligro las relaciones a largo plazo con China —el mayor mercado del mundo—, y se mantienen “intensas negociaciones” para pedir disculpas a China sin pedirlas. Porque esa es la exigencia de los asiáticos: obligar al guapísimo del barrio a pedir disculpas ante la comunidad internacional. Disponen para ello de un avión, 24 tripulantes, y una paciencia de chinos.

Washington se refiere a los 24 tripulantes como “retenidos” y no como “rehenes”, asimilando la lección de Joyce sobre la flexibilidad del idioma. Varios congresistas alientan presiones económicas a China, cuya relación favorable con EE. UU. puede permitir su ingreso en la Organización Mundial de Comercio. Otros preferirían una disculpa sotto voce para seguir negociando en paz con los asiáticos. Y a pesar de la monolítica postura de China, seguramente habrá allí quienes apuesten por el comercio de la dignidad, en aras de la dignidad del comercio. Una batallita entre arrogancia y conveniencia que seguramente concluirá en gritería, boconeo y guapería de salón, porque ambos saben que los pequeños de la clase están mirando, y en el fondo de sus corazoncitos infantiles, se ríen como locos.

“Guapería”; en: Cubaencuentro, Madrid, 10 de abril, 2001 http://www.cubaencuentro.com/meridiano/2001/04/10/1877.html.

 





¿Ginebra o ron?

6 04 2001

Los debates en Ginebra sobre el estado de los Derechos Humanos, ya parecen formar parte de una cierta recurrencia noticiosa. Los periodistas desempolvan y retocan sus crónicas de la sesión anterior, porque en este planeta de limitados recursos, incluso la inteligencia es reciclable.

Que a cualquier ser humano le corresponden, por su mera existencia, ciertos derechos, es una concepción históricamente reciente. Y aún hoy contemplamos la existencia de ciudadanos y naciones con derechos de primera, segunda y hasta cuarta categoría. Ciudadanos con derechos musculares: injertos del tercer mundo en el primero que permite a las naranjas de California y al brócoli de Murcia, ser competitivos. Aún así, el mero hecho de que en 1948 se aprobara la Declaración Universal de Derechos Humanos fue un paso más gigantesco para la humanidad que el de Armstrong en la Luna: conceder a todos los humanos, aunque fuera sobre el papel, incluso sobre el papel mojado, ciertos derechos. Claro que aún distamos mucho de una política radical y “de principios” sobre el tema: existen naciones cuyo atractivo mercado “dulcifica” la falta de libertades.

Hay gobiernos que acuden a Ginebra sin temor a sanciones, quizás por aquello de que quien no la debe no la teme. Otros asisten (o ni se toman el trabajo) con las expectativas cumplidas de antemano: saberse condenados sistemáticamente por la violación de los derechos de sus ciudadanos, y con la tranquilidad de espíritu que concede el “no me importa”. El gobierno de Cuba, como de costumbre, arma la pataleta por anticipado.

Fidel Castro divide a los cubanos en dos grupos: quienes le apoyan (o, al menos, lo simulan) y los “anexionistas” (presuntos culpables de lesa yanquilidad) y, con su clara vocación universal, hace extensible esta parcelación al planeta entero: “justos”, que apoyarán al gobierno de la Isla, y “lacayos” del Imperialismo Yanqui. Del mismo modo que ningún cubano, en la sistemática del castrismo, tiene derecho a una tercera opinión, ningún país está autorizado por las autoridades de La Habana, a opinar según su propio criterio (a menos que ese criterio coincida con los de FC, en cuyo caso se trata de una clara independencia de pensamiento). Ya lo dijo Jaime Crombet, vicepresidente de la Asamblea Nacional cubana: “No se puede rechazar el bloqueo a Cuba y ser cómplice del Imperio que intenta justificarlo”. Como en una vieja película de John Wayne, hay que estar con los indios o con los cowboys. Y añadió, durante la 105a Conferencia de la Unión Interparlamentaria que se celebra en La Habana: “Para nosotros, quien apoye a Estados Unidos en sus maniobras y campañas difamatorias contra Cuba carecerá de autoridad para hablar sobre los derechos humanos y la democracia en nuestro país”. Y como no se puede denostar el embargo y, al mismo tiempo, sostener que en la Isla se violan sistemáticamente los derechos humanos, en la lógica de La Habana, sólo queda una actitud posible.

Un ejemplo claro es la respuesta, en la Conferencia Interparlamentaria, al delegado estonio, quien había leído una “diatriba contrarrevolucionaria que le instruyeron en defensa de los dos mercenarios checos que hace varias semanas fueron detenidos en nuestro país por venir a Cuba cumpliendo misiones de una potencia extranjera: instruir, abastecer y financiar a elementos aislados que aspiran con gran impotencia y el desprecio de nuestro pueblo a que Cuba sea anexada a Estados Unidos y regrese a la condición de colonia yanqui”. Como se observa, el estonio era una suerte de recadero, los parlamentarios checos eran agentes pagados por el Imperio, y los opositores en la Isla, “impotentes”, “despreciables” y “anexionistas”. Y eso que Borges nos alertaba contra el exceso de adjetivación.

Claro que el gobierno de FC es flexible, y acepta incluso con benevolencia las abstenciones en Ginebra, caso tradicional de algunos gobiernos latinoamericanos. Pero las cosas cambian: Argentina ya no es la de los “compañeros” militares que Cuba apoyó en la guerra de Las Malvinas, y se ha pasado al “enemigo”. El México de Fox es una incógnita: pretende relanzar las relaciones con La Isla, tiene en La Habana un embajador socialista; en Ginebra, una diplomática que censura la violación de los derechos humanos en Cuba, y un canciller de izquierdas, Jorge Castañeda, que se atreve a firmar: «El ejercicio de la soberanía no puede, de ninguna manera, perseguir fines inhumanos; no puede, por tanto, ser ejercida por un Estado en contra de los derechos fundamentales de sus ciudadanos y de cada individuo que se encuentre en el ámbito de su soberanía». Sabiendo que será confinado al Gulag ideológico de La Habana.

Las autoridades cubanas, además, se ofrecen para impartir un seminario universal sobre prácticas democráticas, como se desprende de lo sucedido en la Conferencia Interparlamentaria cuando el alemán Dieter Schloten calificó de insuficiente en Cuba el respeto a los derechos civiles y políticos y a la libertad de prensa, entre otros, y brindó la experiencia de su país para ayudarlos. Ramón Pez-Ferro, presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales de la Asamblea Nacional, respondió: “no necesitamos ni sus lecciones ni sus consejos”. Disfrutamos “de una democracia representativa y participativa que puede ser ejemplo de una verdadera democracia”. De modo que Cuba transitó hacia la democracia y ni nos enteramos.

A pesar de adjetivos, diatribas y gritería, Fidel Castro sospecha que la Ginebra no le sienta bien. Él prefiere el Chivas Regal. Y en su nombre, el canciller cubano Felipe Pérez Roque predice que de cualquier modo la votación será celebrada: «No podemos todavía hacer un pronóstico, pero ya podemos estar seguros de que si la votación no nos es favorable, obtendremos una victoria moral”. Es decir, que la celebración está cantada: si no es con Ginebra, será con Havana Club.

“¿Ginebra o ron?”; en: Cubaencuentro, Madrid, 6 de abril, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/04/06/1855.html.

“¿Ginebra o ron?”; en: Periodista Digital, 2001. http://www.periodistadigital.com/textos/colaboraciones/82.html.





Las barbas del vecino

3 04 2001

El todopoderoso Slobodan Milosevic ha sido mudado a una nueva residencia oficial, donde dispone de habitación privada, recibe comida a la carta, visitas, prensa y libros. Pero nada es perfecto, porque en la prisión de Belgrado también hay rejas. Han transcurrido casi quince años desde que se alzara al liderazgo regional del Partido Comunista Serbio. Su travestismo político en aras del poder, desde comunista a socialista y nacionalista, algo que suena pavorosamente parecido a nacionalsocialista, su tesis de la Gran Serbia –“Serbia alcanza hasta donde esté la última tumba de un serbio”, afirmó en 1992 Radovan Karadzic–, y su ejercicio de las limpiezas étnicas –¿recordará ahora las 10,000 víctimas de su amigo Ratko Mladic durante el asalto a Srebrenica?– consiguió convertir a uno de los países más prósperos del Este, en una nación en ruinas. La explosión de Yugoslavia. Las guerras de Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Kosovo.
El hombre que fue depuesto en las urnas, pero no lo aceptó hasta que el pueblo tomó las calles de Belgrado en un irreversible referendo, no ha sido detenido por los 200.000 muertos y los dos millones de desplazados que causaron sus guerras, ni por decenas de asesinatos políticos, sino acusado de malversación y abuso de poder, para los que el código penal serbio contempla entre 5 y 15 años de prisión. “Acusaciones provisionales de que abusó de su poder para desviar fondos del presupuesto con vistas a su enriquecimiento y a mantener a su partido en el poder”, reza la escueta noticia aparecida en el diario Granma.
Ante el anuncio de la detención, Milosevic se atrincheró en su mansión de Dedinje, con toda su familia y su guardia personal al mando de Sinisa Vucinic, armada hasta los dientes. A las puertas, 500 miembros de las “guardias populares” ofrecían sus vidas antes que permitir la detención. El ejército, según declaración del Ministro del Interior de Serbia, Dusan Mihajlovic, retrasó la detención entregando las llaves de la residencia a la guardia personal del ex dictador, en lugar de entregarlas a la policía. A la casa le fueron cortadas el agua y la luz, y en medio de la tensa espera, Milosevic amenazaba pistola en mano con suicidarse y matar a su familia. Mira Markovic, su esposa, tuvo que ser atendida por problemas cardíacos. Tras “el enfrentamiento entre un comando armado de hombres enmascarados con la guardia personal de Milosevic, en uno de los dos fallidos intentos de detenerlo”, como reza el diario Granma, aludiendo a los “malos” de esta historia, los policías “enmascarados”; y al cabo de tensas negociaciones, Milosevic, tras recibir la garantía de no ser extraditado al Tribunal Penal Internacional de La Haya, se entregó pasadas las 4:30 de la madrugada del domingo.
El presidente de Yugoslavia, Vojislav Kostunica, había ordenado a los “enmascarados” detenerlo sin héroes y sin mártires. Y Milosevic colaboró, desoyendo al coro de jóvenes que a 200 metros de su residencia le gritaban: “¡Slobo, salva a Serbia y suicídate!”. De la aguerrida guardia pretoriana sólo se detuvo a tres. El resto corrió con las botas puestas. Los “guardias populares” se esfumaron sin dejar rastro. El domingo amaneció apacible, y en Belgrado no se registró ni una sola manifestación de apoyo al diseñador de la Gran Serbia, al constructor de la Miseria Serbia.
El Partido Socialista de Serbia declaró de inmediato que Milosevic se entregó para evitar un derramamiento de sangre. Es decir, de “su” sangre, porque si algo no ahorró durante 10 años fue sangre ajena. Y también declaran que ha sido vendido “por un puñado de dólares”. Un puñado de 50 millones, más el aval de Estado Unidos ante el FMI y el Banco Mundial. Una hora y veinte minutos antes que concluyera el ultimátum de Washington, fue detenido  Milosevic, desbloqueándose así la posibilidad de conseguir un préstamo vital para una nación en ruinas. Colin Powell, secretario de Estado norteamericano, certifica que Belgrado ha cooperado. No obstante, los fondos no serán automáticamente liberados. El senador republicano Micht McConnell opina que esto se condicionará a la entrega del prisionero al Tribunal de La Haya. Punto en que concuerdan la Unión Europea y la OTAN, concediendo de plazo hasta fines de año.
¿Será entregado Milosevic a la justicia internacional?
Dado que sus crímenes han sido de lesa humanidad, sería justo que así fuera. Dada la imperfección del tribunal, como toda obra humana, por no decir parcialidad, un argumento de los serbios –20 croatas acusados, todos de Bosnia, y ni uno solo de Croacia acusado por crímenes a la minoría serbia–, se prevén objeciones de Belgrado, además de la no existencia (por el momento) de una legislación yugoslava que permita la entrega. Si, además, tenemos en cuenta el delicado proceso de transición que lidera Vojislav Kostunica, quizás lo más afortunado sería que purgara sus crímenes inmediatos en Serbia, y más adelante fuera extraditado.
Lo cierto es que este domingo arroja varias lecciones:
El hombre pródigo con la sangre ajena, fue ahorrativo con la propia.
Los incondicionales, dispuestos a morir por el líder “con las botas  puestas”, suelen tener un plan B para casos de emergencia.
El mundo es más pequeño, y la inviolabilidad de la “soberanía nacional”, que los tiranos gustan invocar para eludir el término impunidad, es una coartada cada vez más débil.
Y el pueblo, arrastrado en su día a mítines y guerras, es el mismo pueblo que primero lo depuso y más tarde contempló entre el silencio y la alegría su última caída.





Los derechos y los izquierdos

30 03 2001

Que a cualquier ser humano le corresponden, por su mera existencia, ciertos derechos, es una concepción históricamente reciente. Las democracias arquetípicas del mundo antiguo concedían voto sólo a los ciudadanos libres, y esa condición de no-persona que es la esclavitud continúa vigente, explícita o implícitamente, en muchos países. En su día, los teólogos discutieron si las mujeres, los negros y los indígenas americanos tenían alma, lo cual los haría merecedores de otros derechos, no sólo el de pertenecer a la fauna local. Y no es necesaria una larga memoria para percatarnos de que el voto femenino es una novedad histórica. Hoy contemplamos con toda naturalidad la existencia de ciudadanos y naciones de primera, segunda y hasta cuarta categoría, dotados con los derechos correspondientes. O ciudadanos a los que sólo se les concede un valor muscular: injertos del Tercer Mundo en el Primero que permite ser competitivos a las naranjas de California y al brócoli de Murcia.

Aún así, el mero hecho de que en la resolución 217 A (III), la Asamblea General de las Naciones Unidas, acordara el 10 de diciembre de 1948 la Declaración Universal de Derechos Humanos fue un paso más gigantesco para la humanidad que el de Armstrong en la Luna. Por primera vez, un foro de seres humanos concedía a todos sus congéneres, aunque fuera sobre el papel, papel mojado si se quiere, ciertos derechos.

En los documentos que aparecen en el sitio web del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, y que puede leer cualquier humano con derecho a la Internet, se apela a la argumentación estadística para poner en dudas la legitimidad de la política de derechos humanos, aduciendo que al “ser establecida en 1946, la Comisión de Derechos Humanos estaba integrada por 18 países, cuando existían 53 Estados Miembros de las Naciones Unidas, es decir, el 34% de los Estados Miembros”. Y añade el MINREX que “en la actualidad, solo 53 países de los 189 integrantes de las Naciones Unidas componen la Comisión, o sea el 28%”. De inmediato nos preguntamos por qué La Habana, tan proclive a la estadística, se decantó por el sistema patentado en su día por Vladimir Ilich, y no por el que impera en la inmensa mayoría de las naciones. De cualquier modo, en los mismos documentos, el gobierno cubano declara su “compromiso firme y permanente con la promoción y protección de los derechos humanos” —estadísticas al margen—. ¿En qué consisten entonces sus objeciones? La esencial es que dada la proporción abusiva de los países del Norte en la Comisión de DDHH (el 20% de los escaños cuando son apenas el 15% de los miembros de la ONU, dice el MINREX), se han ponderado los derechos civiles por encima de los restantes como criterio para evaluar el estado de los DDHH en las naciones. Y Cuba tiene razón.

Recordemos que en la Declaración se consigna que TODOS los seres humanos tienen derecho a la seguridad social, a la satisfacción de sus derechos económicos (Artículo 22); derecho al trabajo libremente elegido, a una remuneración equitativa que asegure a él y a su familia una existencia digna, protección contra el desempleo y derecho a pertenecer y fundar sindicatos que le defiendan (Artículo 23); derecho a tiempo libre, descanso y vacaciones pagadas (Artículo 24);derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar y, en especial, la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales; derecho a seguros por enfermedad, invalidez, viudez, vejez, etc.; así como la protección de la maternidad y los niños (Artículo 25); derecho a la educación y derecho de los padres a elegir la educación de su hijos (Artículo 26); a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten (Artículo 27). Hay más, pero bastan estos para demostrar que en ningún país, que yo conozca, TODOS sus habitantes disfrutan del menú íntegro que nos ofrece la DUDH.Y distamos mucho de que esta situación se subvierta, distamos mucho de que todos los gobiernos y, en especial, los de las naciones desarrolladas, asuman un compromiso real por que ese derecho a la vida sea algo más que un documento. Y seguramente no será Don Mercado quien automáticamente lo resuelva.

Dije antes que Cuba tiene razón, y me explico: se ponderan, efectivamente, los derechos civiles. Los derechos fundamentales, que condicionarían el acceso de todos los seres humanos a un nivel digno de vida, dependen de factores económicos que sólo evolucionarán con lentitud. Los derechos civiles, en cambio, expresan la relación entre el poder y el individuo: actor con plenos derechos, incluso al respeto de su individualidad; o mero tornillo cuyo derecho es responder con obediencia a la rueda dentada del poder. Dependen, por tanto, de algo tan volitivo como la actitud de los hombres que detentan el poder ante los demás hombres. ¿La inquietud del gobierno cubano es pura vocación de equitatividad? No. ¿A qué se debe entonces su interés en subrayar esos derechos fundamentales? ¿A qué se debe que el MINREX exprese como posición de Cuba “el reconocimiento del carácter universal, indivisible, interdependiente e interrelacionado de todos los derechos humanos (...) dándole a todos el mismo peso, tanto a los derechos civiles y políticos como a los económicos, sociales y culturales, incluido el derecho al desarrollo”?

Dado que nadie cumple con todo esto, ¿con qué moral se me acusa?, apostilla La Habana. Además, el gobierno cubano considera que garantiza a los ciudadanos de la Isla un nivel de vida digno. También depende de lo que se entienda por dignidad: sistema gratuito de salud sin medicamentos ni medios; educación elegida por el gobierno (pater nostrum), dictada por maestros mal pagados y en éxodo de escuelas en ruinas, abrumados por la falta de recursos mínimos; una libreta de racionamiento que garantiza la alimentación subsahariana que su inventor no ha disfrutado en estos 40 años; derecho a adquirir en dólares que no se ganan la ropa y otros bienes imprescindibles; derecho a hacinarse tres generaciones en casa de los abuelos, o a que la mitad de las viviendas de la Isla se encuentren en situación ruinosa (según afirmación reciente de Carlos Lage); derecho a que el ingeniero y el médico ganen 15 dólares mensuales, otorgando al Estado una plusvalía de miedo (con lo que la gratuidad de las gratuidades queda en mero teorema); por no hablar del “libre” acceso a la cultura, o la libertad sindical. O del proclamado “derecho al desarrollo”, que Fidel Castro ha aplicado por el revés: colocando en la cola a un país que estaba a la cabeza de América Latina. En fin, el derecho, en este caso del Estado, a convertir el país que recibió en la primera mitad del siglo un millón de inmigrantes, en el país de donde huyeron dos millones en la segunda mitad. Sin discriminar a los zurdos, creo que se confunden los derechos con los izquierdos.

La desesperación reciente de La Habana por demostrar que en la Isla existe una genuina democracia —difícil tarea cuando menos de la mitad de los parlamentarios son elegidos por votación popular, y se reúnen una semana al año, lo que da cuenta de su peso en la maquinaria gubernamental—; los pataleos y acusaciones a Argentina o la República Checa y Polonia; la campaña más adjetiva que objetiva desatada en la prensa ante la inminente sanción condenatoria que le espera a mediados de marzo, todo forma parte de una habitual manipulación: suplir con himnos universalistas (a los que no falta su dosis de razón) la falta de respuesta a las preguntas más elementales sobre la realidad cubana.

¿Mueren de enfermedades curables los niños africanos? Sí. ¿Y eso qué relación tiene con que los cubanos sean discriminados hasta el ostracismo por sus ideas políticas (Artículo 2)? ¿Carecen de pan los campesinos etíopes? Sí. ¿Y eso qué relación tiene con que ningún cubano disfrute de la libertar de disentir, so pena de palizas, arrestos, mítines de repudio y otros izquierdos humanos que otorga FC (Artículos 3 y 5)? ¿Carecen de derecho a la salud las mujeres afganas? Efectivamente. ¿Y eso qué relación tiene con que en Cuba no sólo carezcan de las más elementales garantían las personas juzgadas por los tribunales, sino que incluso se les condene a prisión por “peligrosidad”, es decir, prisión profiláctica que precede al delito (Artículos 8,9 y 10)? ¿Carecen de toda seguridad los trabajadores haitianos? También. ¿Y eso qué relación tiene con que el Estado cubano interfiera arbitrariamente en la vida privada de sus ciudadanos, viole la correspondencia, mancille desde el monopolio de los medios de comunicación la honra de quienes disientan, o imponga la división de las familias según el grado de devoción política (Artículos 12, 15 y 16)? ¿Cruzan el Río Bravo los hambreados espaldas mojadas y son cazados por la policía migratoria norteamericana? Efectivamente. ¿Y eso qué relación tiene con que en Cuba el derecho a la libre circulación sea potestad del Estado, mediante el arbitrario permiso de salida, y se le niegue por definición a una parte importante de los ciudadanos; que el derecho a la nacionalidad o a cambiarla sean armas políticas o medios de recaudación, y que el intento de huida fuera penado con largas condenas (Artículos 13 y 15)? El propio MINREX reconoce en sus documentos que de esto lo que más le interesa es “el movimiento sin restricciones de las remesas financieras que los ciudadanos de otros países envíen a sus familias en el país de origen”. ¿Por qué será?

Y aunque el niño que padece esclavitud sexual en Tailandia o los meninos da rúa en Río de Janeiro carecen de todos los derechos, no creo que eso justifique el derecho de FC sobre la propiedad de sus súbditos (Artículo 17), la libertad de opinar (siempre que sea de acuerdo con el gobierno), y la de asociarse (a las organizaciones establecidas y controladas por el Estado) (Artículos 17 al 20). Por no hablar de su peculiar ejercicio de la libertad de recibir información, según la cual estas líneas no podrán ser leídas por los ciudadanos cubanos, cuya castidad ideológica Fidel Castro pretende preservar, tamizando este mundo revuelto antes de colocarlo ante sus ojos. Este mundo donde los hombres luchan por sus derechos, sin que un sumo pontífice se abrogue la potestad de instituir una libreta de racionamiento para administrar sus izquierdos: 80 gramos de pan y la más plena libertad de hacer silencio.

 

“Los derechos y los izquierdos”; en: Cubaencuentro, Madrid, 30 de marzo, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/03/30/1751.html.