Angola en la desmemoria

3 08 2001

Más de un cuarto de siglo ha transcurrido desde aquel octubre de 1975, cuando en una operación relámpago tropas especiales cubanas atravesaron el Atlántico y cambiaron el destino inmediato de Angola, un país que hasta ese día pocos cubanos conocían. La operación sorprendió a la inteligencia norteamericana, y más aún a las tropas sudafricanas que habían iniciado un paseo triunfal hacia Luanda.

El 10 de noviembre de 1975 la bandera portuguesa sería arriada por última vez, y una frenética carrera hacia Luanda tenía lugar entre el MPLA de Agostinho Neto, la UNITA de Jonas Sabimvi, el fantasmal FNLA de Holden Roberto, y las tropas sudafricanas.

Detenidos en seco por los cubanos, con la cooperación de las FAPLA, brazo armado del MPLA, los sudafricanos contemplaron estupefactos el principio del fin del apartheid, aunque aún no lo supieran.

Hasta enero del siguiente año, los cubanos no leeríamos en la prensa una mención ambigua a la participación de Cuba en esa guerra, aunque ya habían comenzado las movilizaciones que constituirían, a lo largo de 16 años, e involucrando a cientos de miles de soldados y reservistas, la mayor campaña militar cubana fuera de sus fronteras.

Durante 16 años, Cuba mantuvo en Angola un contingente militar de entre 30.000 y 50.000 hombres; al que se sumaron técnicos, médicos, maestros, etc. Salvo una minoría de mandos militares y dirigentes, que hicieron en Angola carrera y fortuna, los “internacionalistas” acudían a África movidos por el altruismo y la generosidad (en el mejor de los casos), o para evitar una mancha en su expediente que truncaría en Cuba toda posibilidad de ascenso.

Tras el acuerdo tripartita de 1988 entre Angola, Sudáfrica y Cuba, que sancionaría la independencia de Namibia según la resolución 435 de las Naciones Unidas; se determinó la evacuación de los soldados cubanos antes del primero de julio de 1991.

Vimos el regreso de los últimos soldados y la repatriación de los cadáveres, algo más de 2.000 en cifras oficiales; muchos más, según fuentes alternativas. Las secuelas de aquella guerra aún son palpables en los veteranos mutilados física o síquicamente, las viudas y los huérfanos. Para ellos no se trató de un ejercicio de “internacionalismo”. Tampoco fue el capítulo africano en la operación a gran escala por el liderazgo en el Tercer Mundo, emprendida por el Comandante en Jefe tras la extenuación de la insurgencia latinoamericana. Para ellos sigue siendo, hoy, la experiencia que marcó para siempre sus vidas, en ocasiones de modo irreversible.

A diez años de la retirada cubana, ¿cuál ha sido el destino de Angola? ¿Qué peso específico tiene en él la Isla?

La primera pregunta tiene una respuesta trágica. En el décimo aniversario de los acuerdos de paz de Bicesse, firmados en Lisboa, y donde Cuba no fue invitada ni como observadora, Angola cumple más de un cuarto de siglo de guerra civil, con un saldo de cuatro millones de desplazados, un millón de muertos, más de un millón de casos de malaria, más de medio millón de seropositivos y 100.000 afectados por la enfermedad del sueño; un 80% de la población infantil desnutrida y escasos 46 años como promedio de vida. Si es vida que, en uno de los países más ricos de África, con enormes recursos petrolíferos, diamantes y pesca, la mitad de la población duerma a la intemperie, el 82% se encuentre por debajo del umbral de pobreza, sólo el 37% disponga de agua potable, y apenas el 16% cuente con servicios mínimos de saneamiento.

Tanto el presidente José Eduardo dos Santos, democráticamente electo, y que desestimó un futuro socialista para Angola, como Jonas Sabimvi, quien no aceptó su derrota electoral y retomó las armas, reiteran ahora su disposición de reanudar conversaciones de paz. Una disposición más bien retórica, que no descarta el mantenimiento de sus ofensivas militares.

La UNITA, apoyada por Zambia, Burkina Faso, Togo, Ruanda, Uganda, ciertos círculos nostálgicos de África del Sur y los rebeldes del antiguo Zaire —aliados que “no quieren que Angola se convierta en un régimen imperialista en esta parte de África”, según Rui Oliveira, portavoz de UNITA—, ha pasado de controlar las provincias de Cuando-Cubango, Moxico, Bié y las Lundas, donde se encuentras las minas de diamantes, su gran fuente de financiación, a repartirse por todas las áreas rurales, donde desarrolla una estrategia de guerrillas y domina las comunicaciones, incluso las aéreas, hasta el punto de interrumpir el Programa Alimentario Mundial, tras el derribo de dos aviones de la ONU. Acusan al gobierno de practicar ofensivas a gran escala y masacrar a las poblaciones civiles de las áreas controladas por ellos.

Eduardo dos Santos, a su vez, plantea como condiciones básicas para el diálogo, el alto al fuego, el desarme de la guerrilla, el reconocimiento de los acuerdos de paz y el respeto a las leyes e instituciones del Estado, descartando la suspensión de las ofensivas gubernamentales, mientras ocurran sucesos como la matanza reciente de 200 civiles en Caxito y el secuestro de 60 niños, caso denunciado también por Ibrahim Gambari, secretario general adjunto de la ONU para los asuntos africanos, quien ha advertido a UNITA que “no se justifica hacer rehenes como medio de alcanzar objetivos políticos”.

La segunda pregunta, ¿qué peso específico tiene Cuba en el presente y el futuro de Angola?, es muy fácil de responder: ninguno. Portugal, antigua metrópoli; Rusia, suministrador de armas a Luanda; Estados Unidos y Francia, cuyas trasnacionales explotan las reservas petrolíferas de Angola; así como los aliados regionales de ambos bandos, son los elementos que podrían inducir a un acuerdo y el cese de una guerra tan trágica como olvidada por la comunidad internacional. La ONU afirma ahora que adoptará nuevas medidas para buscar la paz en Angola. Y el presidente George W. Bush ha afirmado que no apoyará incondicionalmente al gobierno angolano a pesar de sus concesiones de petróleo, y en carta a dos Santos ha exigido “la búsqueda de una solución pacífica para el conflicto que paraliza el pleno desarrollo de las inmensas riquezas y el potencial de su país y de su pueblo”, lo que explica el retorno a la retórica del diálogo. ¿Será posible la paz a corto plazo en ese opulento y miserable país que un día fue noticia para los cubanos? No hay indicios serios que permitan afirmarlo.

Cuando estuve en Angola en 1985, un humilde estibador de los muelles de Luanda, me confesó para mi perplejidad: “Cuando los portugueses estábamos mejor”. Yo atribuí la frase a su ignorancia. Dieciséis años después, cuando de Cuba sólo quedan en Angola recuerdos difusos y los huesos de muchos compatriotas abonando una tierra martirizada, empiezo a creer que el ignorante era yo.

 

Angola en la desmemoria”; en: Cubaencuentro, Madrid,3 de agosto, 2001. http://www.cubaencuentro.com/internacional/2001/08/03/3409.html.

 





Primera plana

27 04 2001

Algún picúo intuitivamente lombrosiano, exclamó en su día que el rostro es el espejo del alma. Doy fe que esa ley se cumple sólo como consecuencia del azar (no se trata de una defensa propia, que conste). Más visos de ley tiene la extendida idea de que la primera plana es el rostro que denuncia el alma de los periódicos. Y por carácter transitivo, el alma de los ideólogos que arman los periódicos.

Ya puesto a la tarea, revisé los titulares de primera plana que aparecieron los días 24 y 25 de abril en los diarios cubanos Granma y Juventud Rebelde. Entre ambos, contabilicé 37 titulares, que pueden dividirse en cuatro grupos, en el siguiente orden descendente de importancia:

1-Miserias ajenas (54,1% de los titulares)

2-Qué buenos somos (27%)

3-Cómo nos quieren allá afuera (13,5%)

4-Amigo y sus amiguitos (2,7%)

5-Misceláneas (2,7%)

«Miserias ajenas», con 20 titulares, nos da cuenta de lo mal que anda la cosa allá afuera, para que los nativos no vayan a creerse que Cuba es el peor de los mundos posibles. Entre otros temas, y en primer lugar, se repasa a conciencia las miserias de los países que votaron contra el gobierno cubano en Ginebra («el fariseísmo, la impudicia y la inmoralidad» fueron los enemigos); la crisis de Argentina, la corrupción en Nicaragua y la de Mr. Torricelli; la presunta existencia de armas nucleares tácticas de Estados Unidos en Europa (esa neocolonia yanqui, si se lee con fervor el Granma); las enfermedades mortales y el asesinato de Kabila en África; el pésimo estado de la salud pública en el planeta; el despojo de América Latina mediante el Acuerdo de Libre Comercio; la «globalización de la hipocresía» y el crecimiento de las desigualdades por la disminución de la ayuda de los países ricos a los pobres. Mediante el caso ejemplar de unos balseros que casi zozobran, se ilustra la acefalia de los cubanos que no emigran por la falta de expectativas, sino por la mera existencia de la Ley de Ajuste. Y ni protestar contra estas iniquidades: un niño de 11 años es asesinado por soldados israelíes, y se reprimen las manifestaciones en Bolivia. En suma: el mundo es un caos a punto de estallar. El capitalismo está en crisis —desde tiempos de Marx y Engels, de modo que es la agonía más larga de la historia—, y de consumirse acríticamente ambos diarios, uno acaba por no comprender cómo 5.000 millones de humanos siguen vivos.

«Qué buenos somos», con 10 titulares, refuerza la idea anterior: vean lo bien que nos va a nosotros. En esta zona nos cuentan que Camagüey es el más destacado, que los pioneros marchan con alegría hacia el futuro gracias a «30 años de una concepción revolucionaria de la educación», que es en la Isla donde existe una verdadera democracia, y que no sólo hay garantías de salud en el Escambray, sino que Cuba es un faro para la Organización Panamericana de la Salud. No falta la parte lúdica, porque 18 millones de cubanos han disfrutado del campismo, dándoles así prioridad sobre los turistas extranjeros. Que a nadie se le ocurra derogar por la fuerza esta felicidad, porque «la Isla no puede ser tomada». Pero el autobombo no se reduce a educación y salud, rubros tradicionales, sino que se extiende a la economía, con los premios a la calidad total (concedidos a 3 empresas). Sin faltar el dato autocrítico en una asamblea de balance de la UJC («Prevaleció lo mucho que falta para avanzar»), aunque la lectura del artículo no explica qué avances faltan, sino lo bien que vamos, y que si los jóvenes no ingresan a la UJC no es porque no quieran, sino por deficiencias organizativas.

«Cómo nos quieren allá afuera», integrado por 5 titulares, agradece al pueblo mexicano y a los jóvenes argentinos su apoyo, menciona a Hugo Chávez como representante oficioso en Quebec; el acuerdo de colaboración con Laos y las 150 organizaciones de 60 países que acudirán al congreso de la CTC. Moraleja: los gobiernos, manipulados por el Imperio en crisis, son los que no nos quieren. Todos los pueblos del mundo nos aplauden, y hasta se vendrían a vivir aquí, pero no caben.

«Amigo y sus amiguitos» sólo consta de un titular, sobre la renovación en el IX Congreso del Partido de Vietnam. Su escasez corresponde a que, inexplicablemente, Amigo se ha ido quedando sin amiguitos.

«Misceláneas», por último, en un único titular, «Primavera teatral en La Habana», se refiere a eso mismo.

Comparando estas primeras planas con las de otros periódicos internacionales, brillan por su ausencia la desmantelación de la única TV crítica en Rusia mediante la Operación Gusinski; el paseíto al espacio que el millonario Tito compró a los rusos ante la reticencia de la NASA; la detención del corrupto ex-presidente filipino Joseph Estrada; o el juicio en Miami a los presuntos espías cubanos de la Red Avispa. Por no hablar de noticias locales, como la huelga de hambre del prisionero político cubano Jorge Luis García Pérez, en protesta por la negación de atención médica especializada. O la súbita irrupción de emisiones televisivas de la Florida en los receptores cubanos, por algún capricho de la climatología imperialista, que el gobierno ha sido incapaz de interferir, a pesar de que molesta a los televidentes de la Isla, adictos desde Elián a las mesas redondas.

De todas, la noticia más curiosa es la que se refiere a Vietnam, donde se renueva la dirección, pero sin renovarla al estilo occidental, sino dando más de lo mismo pero con otro look. Y menciona de paso los 15 últimos años de prosperidad bastante generalizada, aunque no explica cómo ni por qué. El diario afirma textualmente que «la renovación forma parte de la propia dialéctica de la modernidad contemporánea» (sic.), de lo que ciertos lectores suspicaces y malévolos pudieran deducir que el estatismo forma parte de la «modernidad extemporánea».

 

“Primera plana”; en: Cubaencuentro, Madrid,27 de abril, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/04/27/2114.html.