El todopoderoso Slobodan Milosevic ha sido mudado a una nueva residencia oficial, donde dispone de habitación privada, recibe comida a la carta, visitas, prensa y libros. Pero nada es perfecto, porque en la prisión de Belgrado también hay rejas. Han transcurrido casi quince años desde que se alzara al liderazgo regional del Partido Comunista Serbio. Su travestismo político en aras del poder, desde comunista a socialista y nacionalista, algo que suena pavorosamente parecido a nacionalsocialista, su tesis de la Gran Serbia –“Serbia alcanza hasta donde esté la última tumba de un serbio”, afirmó en 1992 Radovan Karadzic–, y su ejercicio de las limpiezas étnicas –¿recordará ahora las 10,000 víctimas de su amigo Ratko Mladic durante el asalto a Srebrenica?– consiguió convertir a uno de los países más prósperos del Este, en una nación en ruinas. La explosión de Yugoslavia. Las guerras de Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Kosovo.
El hombre que fue depuesto en las urnas, pero no lo aceptó hasta que el pueblo tomó las calles de Belgrado en un irreversible referendo, no ha sido detenido por los 200.000 muertos y los dos millones de desplazados que causaron sus guerras, ni por decenas de asesinatos políticos, sino acusado de malversación y abuso de poder, para los que el código penal serbio contempla entre 5 y 15 años de prisión. “Acusaciones provisionales de que abusó de su poder para desviar fondos del presupuesto con vistas a su enriquecimiento y a mantener a su partido en el poder”, reza la escueta noticia aparecida en el diario Granma.
Ante el anuncio de la detención, Milosevic se atrincheró en su mansión de Dedinje, con toda su familia y su guardia personal al mando de Sinisa Vucinic, armada hasta los dientes. A las puertas, 500 miembros de las “guardias populares” ofrecían sus vidas antes que permitir la detención. El ejército, según declaración del Ministro del Interior de Serbia, Dusan Mihajlovic, retrasó la detención entregando las llaves de la residencia a la guardia personal del ex dictador, en lugar de entregarlas a la policía. A la casa le fueron cortadas el agua y la luz, y en medio de la tensa espera, Milosevic amenazaba pistola en mano con suicidarse y matar a su familia. Mira Markovic, su esposa, tuvo que ser atendida por problemas cardíacos. Tras “el enfrentamiento entre un comando armado de hombres enmascarados con la guardia personal de Milosevic, en uno de los dos fallidos intentos de detenerlo”, como reza el diario Granma, aludiendo a los “malos” de esta historia, los policías “enmascarados”; y al cabo de tensas negociaciones, Milosevic, tras recibir la garantía de no ser extraditado al Tribunal Penal Internacional de La Haya, se entregó pasadas las 4:30 de la madrugada del domingo.
El presidente de Yugoslavia, Vojislav Kostunica, había ordenado a los “enmascarados” detenerlo sin héroes y sin mártires. Y Milosevic colaboró, desoyendo al coro de jóvenes que a 200 metros de su residencia le gritaban: “¡Slobo, salva a Serbia y suicídate!”. De la aguerrida guardia pretoriana sólo se detuvo a tres. El resto corrió con las botas puestas. Los “guardias populares” se esfumaron sin dejar rastro. El domingo amaneció apacible, y en Belgrado no se registró ni una sola manifestación de apoyo al diseñador de la Gran Serbia, al constructor de la Miseria Serbia.
El Partido Socialista de Serbia declaró de inmediato que Milosevic se entregó para evitar un derramamiento de sangre. Es decir, de “su” sangre, porque si algo no ahorró durante 10 años fue sangre ajena. Y también declaran que ha sido vendido “por un puñado de dólares”. Un puñado de 50 millones, más el aval de Estado Unidos ante el FMI y el Banco Mundial. Una hora y veinte minutos antes que concluyera el ultimátum de Washington, fue detenido Milosevic, desbloqueándose así la posibilidad de conseguir un préstamo vital para una nación en ruinas. Colin Powell, secretario de Estado norteamericano, certifica que Belgrado ha cooperado. No obstante, los fondos no serán automáticamente liberados. El senador republicano Micht McConnell opina que esto se condicionará a la entrega del prisionero al Tribunal de La Haya. Punto en que concuerdan la Unión Europea y la OTAN, concediendo de plazo hasta fines de año.
¿Será entregado Milosevic a la justicia internacional?
Dado que sus crímenes han sido de lesa humanidad, sería justo que así fuera. Dada la imperfección del tribunal, como toda obra humana, por no decir parcialidad, un argumento de los serbios –20 croatas acusados, todos de Bosnia, y ni uno solo de Croacia acusado por crímenes a la minoría serbia–, se prevén objeciones de Belgrado, además de la no existencia (por el momento) de una legislación yugoslava que permita la entrega. Si, además, tenemos en cuenta el delicado proceso de transición que lidera Vojislav Kostunica, quizás lo más afortunado sería que purgara sus crímenes inmediatos en Serbia, y más adelante fuera extraditado.
Lo cierto es que este domingo arroja varias lecciones:
El hombre pródigo con la sangre ajena, fue ahorrativo con la propia.
Los incondicionales, dispuestos a morir por el líder “con las botas puestas”, suelen tener un plan B para casos de emergencia.
El mundo es más pequeño, y la inviolabilidad de la “soberanía nacional”, que los tiranos gustan invocar para eludir el término impunidad, es una coartada cada vez más débil.
Y el pueblo, arrastrado en su día a mítines y guerras, es el mismo pueblo que primero lo depuso y más tarde contempló entre el silencio y la alegría su última caída.
Las barbas del vecino
3 04 2001Comentarios : Leave a Comment »
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Los derechos y los izquierdos
30 03 2001Que a cualquier ser humano le corresponden, por su mera existencia, ciertos derechos, es una concepción históricamente reciente. Las democracias arquetípicas del mundo antiguo concedían voto sólo a los ciudadanos libres, y esa condición de no-persona que es la esclavitud continúa vigente, explícita o implícitamente, en muchos países. En su día, los teólogos discutieron si las mujeres, los negros y los indígenas americanos tenían alma, lo cual los haría merecedores de otros derechos, no sólo el de pertenecer a la fauna local. Y no es necesaria una larga memoria para percatarnos de que el voto femenino es una novedad histórica. Hoy contemplamos con toda naturalidad la existencia de ciudadanos y naciones de primera, segunda y hasta cuarta categoría, dotados con los derechos correspondientes. O ciudadanos a los que sólo se les concede un valor muscular: injertos del Tercer Mundo en el Primero que permite ser competitivos a las naranjas de California y al brócoli de Murcia.
Aún así, el mero hecho de que en la resolución 217 A (III), la Asamblea General de las Naciones Unidas, acordara el 10 de diciembre de 1948 la Declaración Universal de Derechos Humanos fue un paso más gigantesco para la humanidad que el de Armstrong en la Luna. Por primera vez, un foro de seres humanos concedía a todos sus congéneres, aunque fuera sobre el papel, papel mojado si se quiere, ciertos derechos.
En los documentos que aparecen en el sitio web del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, y que puede leer cualquier humano con derecho a la Internet, se apela a la argumentación estadística para poner en dudas la legitimidad de la política de derechos humanos, aduciendo que al “ser establecida en 1946, la Comisión de Derechos Humanos estaba integrada por 18 países, cuando existían 53 Estados Miembros de las Naciones Unidas, es decir, el 34% de los Estados Miembros”. Y añade el MINREX que “en la actualidad, solo 53 países de los 189 integrantes de las Naciones Unidas componen la Comisión, o sea el 28%”. De inmediato nos preguntamos por qué La Habana, tan proclive a la estadística, se decantó por el sistema patentado en su día por Vladimir Ilich, y no por el que impera en la inmensa mayoría de las naciones. De cualquier modo, en los mismos documentos, el gobierno cubano declara su “compromiso firme y permanente con la promoción y protección de los derechos humanos” —estadísticas al margen—. ¿En qué consisten entonces sus objeciones? La esencial es que dada la proporción abusiva de los países del Norte en la Comisión de DDHH (el 20% de los escaños cuando son apenas el 15% de los miembros de la ONU, dice el MINREX), se han ponderado los derechos civiles por encima de los restantes como criterio para evaluar el estado de los DDHH en las naciones. Y Cuba tiene razón.
Recordemos que en la Declaración se consigna que TODOS los seres humanos tienen derecho a la seguridad social, a la satisfacción de sus derechos económicos (Artículo 22); derecho al trabajo libremente elegido, a una remuneración equitativa que asegure a él y a su familia una existencia digna, protección contra el desempleo y derecho a pertenecer y fundar sindicatos que le defiendan (Artículo 23); derecho a tiempo libre, descanso y vacaciones pagadas (Artículo 24);derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar y, en especial, la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales; derecho a seguros por enfermedad, invalidez, viudez, vejez, etc.; así como la protección de la maternidad y los niños (Artículo 25); derecho a la educación y derecho de los padres a elegir la educación de su hijos (Artículo 26); a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten (Artículo 27). Hay más, pero bastan estos para demostrar que en ningún país, que yo conozca, TODOS sus habitantes disfrutan del menú íntegro que nos ofrece la DUDH.Y distamos mucho de que esta situación se subvierta, distamos mucho de que todos los gobiernos y, en especial, los de las naciones desarrolladas, asuman un compromiso real por que ese derecho a la vida sea algo más que un documento. Y seguramente no será Don Mercado quien automáticamente lo resuelva.
Dije antes que Cuba tiene razón, y me explico: se ponderan, efectivamente, los derechos civiles. Los derechos fundamentales, que condicionarían el acceso de todos los seres humanos a un nivel digno de vida, dependen de factores económicos que sólo evolucionarán con lentitud. Los derechos civiles, en cambio, expresan la relación entre el poder y el individuo: actor con plenos derechos, incluso al respeto de su individualidad; o mero tornillo cuyo derecho es responder con obediencia a la rueda dentada del poder. Dependen, por tanto, de algo tan volitivo como la actitud de los hombres que detentan el poder ante los demás hombres. ¿La inquietud del gobierno cubano es pura vocación de equitatividad? No. ¿A qué se debe entonces su interés en subrayar esos derechos fundamentales? ¿A qué se debe que el MINREX exprese como posición de Cuba “el reconocimiento del carácter universal, indivisible, interdependiente e interrelacionado de todos los derechos humanos (...) dándole a todos el mismo peso, tanto a los derechos civiles y políticos como a los económicos, sociales y culturales, incluido el derecho al desarrollo”?
Dado que nadie cumple con todo esto, ¿con qué moral se me acusa?, apostilla La Habana. Además, el gobierno cubano considera que garantiza a los ciudadanos de la Isla un nivel de vida digno. También depende de lo que se entienda por dignidad: sistema gratuito de salud sin medicamentos ni medios; educación elegida por el gobierno (pater nostrum), dictada por maestros mal pagados y en éxodo de escuelas en ruinas, abrumados por la falta de recursos mínimos; una libreta de racionamiento que garantiza la alimentación subsahariana que su inventor no ha disfrutado en estos 40 años; derecho a adquirir en dólares que no se ganan la ropa y otros bienes imprescindibles; derecho a hacinarse tres generaciones en casa de los abuelos, o a que la mitad de las viviendas de la Isla se encuentren en situación ruinosa (según afirmación reciente de Carlos Lage); derecho a que el ingeniero y el médico ganen 15 dólares mensuales, otorgando al Estado una plusvalía de miedo (con lo que la gratuidad de las gratuidades queda en mero teorema); por no hablar del “libre” acceso a la cultura, o la libertad sindical. O del proclamado “derecho al desarrollo”, que Fidel Castro ha aplicado por el revés: colocando en la cola a un país que estaba a la cabeza de América Latina. En fin, el derecho, en este caso del Estado, a convertir el país que recibió en la primera mitad del siglo un millón de inmigrantes, en el país de donde huyeron dos millones en la segunda mitad. Sin discriminar a los zurdos, creo que se confunden los derechos con los izquierdos.
La desesperación reciente de La Habana por demostrar que en la Isla existe una genuina democracia —difícil tarea cuando menos de la mitad de los parlamentarios son elegidos por votación popular, y se reúnen una semana al año, lo que da cuenta de su peso en la maquinaria gubernamental—; los pataleos y acusaciones a Argentina o la República Checa y Polonia; la campaña más adjetiva que objetiva desatada en la prensa ante la inminente sanción condenatoria que le espera a mediados de marzo, todo forma parte de una habitual manipulación: suplir con himnos universalistas (a los que no falta su dosis de razón) la falta de respuesta a las preguntas más elementales sobre la realidad cubana.
¿Mueren de enfermedades curables los niños africanos? Sí. ¿Y eso qué relación tiene con que los cubanos sean discriminados hasta el ostracismo por sus ideas políticas (Artículo 2)? ¿Carecen de pan los campesinos etíopes? Sí. ¿Y eso qué relación tiene con que ningún cubano disfrute de la libertar de disentir, so pena de palizas, arrestos, mítines de repudio y otros izquierdos humanos que otorga FC (Artículos 3 y 5)? ¿Carecen de derecho a la salud las mujeres afganas? Efectivamente. ¿Y eso qué relación tiene con que en Cuba no sólo carezcan de las más elementales garantían las personas juzgadas por los tribunales, sino que incluso se les condene a prisión por “peligrosidad”, es decir, prisión profiláctica que precede al delito (Artículos 8,9 y 10)? ¿Carecen de toda seguridad los trabajadores haitianos? También. ¿Y eso qué relación tiene con que el Estado cubano interfiera arbitrariamente en la vida privada de sus ciudadanos, viole la correspondencia, mancille desde el monopolio de los medios de comunicación la honra de quienes disientan, o imponga la división de las familias según el grado de devoción política (Artículos 12, 15 y 16)? ¿Cruzan el Río Bravo los hambreados espaldas mojadas y son cazados por la policía migratoria norteamericana? Efectivamente. ¿Y eso qué relación tiene con que en Cuba el derecho a la libre circulación sea potestad del Estado, mediante el arbitrario permiso de salida, y se le niegue por definición a una parte importante de los ciudadanos; que el derecho a la nacionalidad o a cambiarla sean armas políticas o medios de recaudación, y que el intento de huida fuera penado con largas condenas (Artículos 13 y 15)? El propio MINREX reconoce en sus documentos que de esto lo que más le interesa es “el movimiento sin restricciones de las remesas financieras que los ciudadanos de otros países envíen a sus familias en el país de origen”. ¿Por qué será?
Y aunque el niño que padece esclavitud sexual en Tailandia o los meninos da rúa en Río de Janeiro carecen de todos los derechos, no creo que eso justifique el derecho de FC sobre la propiedad de sus súbditos (Artículo 17), la libertad de opinar (siempre que sea de acuerdo con el gobierno), y la de asociarse (a las organizaciones establecidas y controladas por el Estado) (Artículos 17 al 20). Por no hablar de su peculiar ejercicio de la libertad de recibir información, según la cual estas líneas no podrán ser leídas por los ciudadanos cubanos, cuya castidad ideológica Fidel Castro pretende preservar, tamizando este mundo revuelto antes de colocarlo ante sus ojos. Este mundo donde los hombres luchan por sus derechos, sin que un sumo pontífice se abrogue la potestad de instituir una libreta de racionamiento para administrar sus izquierdos: 80 gramos de pan y la más plena libertad de hacer silencio.
“Los derechos y los izquierdos”; en: Cubaencuentro, Madrid, 30 de marzo, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/03/30/1751.html.
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Metáforas
29 03 2001Si cayeron Roma y el imperio español donde nunca se ponía el sol, no es raro que también caiga el objeto más grande colocado por el hombre en el espacio.
Después de 15 años, 1 mes, 3 días, 8 horas, 28 minutos y 13 segundos, la estación espacial Mir, construida por un país que ya no existe, cayó en el Océano Pacífico y descansa ahora a 5,000 metros de profundidad (de lo más alto a lo más hondo). Por ella guardaron los ingenieros rusos un minuto de silencio.
Su muerte anunciada desencadenó las más diferentes reacciones: alarma en Micronesia, indignación en Chile porque les conviertan el Pacífico en vertedero cósmico, advertencias de Nueva Zelanda a sus pescadores, que insistieron en faenar ya que los rusos no les iban a pagar sus facturas, y la promesa promocional de cierta compañía: un taco gratis por habitante norteamericano si algún fragmento impactaba en el blanco flotante que desplegó en el océano.
La Mir cargó al máximo sus baterías solares antes de morir, como en su día la nación que la creó, cargó al máximo sus arsenales antes de caer por su propio peso, de muerte natural.
Tres impulsos proporcionados por el progreso, perdón, por la nave Progress adosada a la Mir, bastaron para enfilar la estación en su último viaje. El progreso tiene la costumbre de dar esos empujones en un sentido que a veces es triunfal y otras, fatal.
Las 137 toneladas de la Mir penetraron en la atmósfera. La ingrávida placidez de su limbo cósmico, donde su tarea consistía en dar vueltas y más vueltas alrededor del mismo sitio (86.331 veces circunvoló la Tierra) un quinquenio tras otro —cualquier similitud con los planes quinquenales es pura coincidencia—, fue sobresaltada por el contacto con la densa atmósfera del planeta. La fricción convirtió a la antigua joya de la corona soviética en una esfera incandescente, ardiendo a 3,000 grados centígrados, fácil de distinguir a simple vista desde la Tierra. A una altura de 90 kilómetros, de las 137 toneladas, unas 112 se desintegraron. Apenas 25 toneladas, convertidas en una gigantesca granada de fragmentación, alcanzaron la superficie del océano, 3,000 kilómetros al este de Nueva Zelanda. 1,500 fragmentos metálicos incandescentes, algunos de hasta 70 kilogramos, impactaron en la zona prevista y a la hora señalada. Un triunfo para los ingenieros rusos.
“El enorme trabajo realizado los últimos días para hundir a la Mir será estudiado como modelo, y esta experiencia será utilizada, ya que el futuro de la astronáutica pasa por el aumento de las dimensiones de las estaciones espaciales. La astronáutica rusa ha demostrado una vez más que puede resolver tareas únicas y complejísimas”, declaró Yuri Kóptev, director general de la Agencia Espacial Rusa. Un crimen para el líder comunista Guennadi Ziugánov, quien declaró que, después del naufragio del submarino nuclear Kursk, el hundimiento de la Mir “es la más grande tragedia ocurrida durante la gestión del nuevo presidente ruso”. “Un crimen contra el futuro de Rusia, contra la ciencia y la cosmonáutica nacionales”. Los diputados y astronautas Svetlana Savítkaya y Vitali Sevastiánov también consideran que ha sido un error hundir la Mir, cuya operatividad podía haberse extendido hasta el 2002, y solicitan la destitución de Kóptev. No obstante, tanto el Gobierno como la Agencia Espacial Rusa, optaron por liquidar el tantas veces remendado artefacto, y concentrarse en la flamante Estación Espacial Internacional, donde Rusia aspira desempeñar un papel importante. Un debate que nos parece haber escuchado antes.
Ni uno solo de los fragmentos dañó a dos decenas de buques pesqueros que, acostumbrados a las inclemencias meteorológicas, persistieron en continuar sus labores cayera lo que cayera del cielo. Los turistas que se apiñaron en Fivi para presenciar el acontecimiento, contemplaron una lluvia de chatarra espacial incandescente que tiñó de oro y plata el cielo del Pacífico. Un ciudadano de Taichung, en Taiwán, aquejado de depresión e incapaz de soportar la angustia ante la remotísima probabilidad de que la estación cayera sobre la isla, se prendió fuego ante la tumba de su abuelo. Fue la única víctima mortal directa de este suceso.
La nave Mir, cuyo nombre significa paz, en ruso, descansa en paz en un remoto rincón del Océano Pacífico, que según los navegantes es el menos pacífico de los océanos. Confiemos que ésto no sea otra metáfora.
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Derecho a los derechos
16 03 2001La expresión “Proyecto Varela” ha entrado de nuevo en circulación gracias a los líderes religiosos del exilio cubano, quienes respaldaron recientemente la convocatoria a un referendo, dentro del marco constitucional cubano, en busca de cambios políticos.
Oswaldo Payá Sardinas, presidente del Movimiento Cristiano Liberación y autor del Proyecto Varela, aboga por un cambio pacífico y desde dentro. “Porque si el cambio es violento, el gobierno que venga será un gobierno de fuerza y si esperamos que el cambio llegue desde afuera, entonces el pueblo no será protagonista del cambio”.
Pero el Proyecto Varela no es nuevo. En vísperas de la visita papal a Cuba, Payá lo presentó en la Nunciatura Apostólica cubana. ¿En qué consiste? El Artículo86 de la Constitución de la República de Cuba, en su inciso G, asegura que la iniciativa de las leyes compete a los ciudadanos. En este caso será requisito indispensable que ejerciten la iniciativa 10.000 ciudadanos, por lo menos, que tengan condición de electores. Es este el fundamento legal, dentro del marco constitucional cubano actual, que han tomado como base. Se trataría entonces de conseguir 10.000 firmas de ciudadanos con derecho al voto, apoyando un referéndum para llevar a consulta popular cinco puntos esenciales:
•Derecho a asociarse libremente
•Derecho a la libertad de expresión y de prensa
•Amnistía
•Derechos de los cubanos a formar empresas
•Una nueva ley electoral.
La petición se entregará en mano a los ciudadanos, después de tener su consentimiento, y cada uno la devolverá, firmada o no. El texto de la petición y las firmas se entregarán después a la Asamblea Nacional del Poder, encargada de llevar a la práctica el referendo.
En cualquier país del mundo esto sería un trámite normal. En Cuba, a pesar de encontrarse recogido en la Constitución, puede encontrar serios obstáculos. El primero es que una buena parte de los opositores que firmarían gustosamente la petición han sido desprovistos de sus derechos políticos. La segunda es ese doble discurso que el cubano común se ve obligado a mantener por pura supervivencia: la verdad privada y el silencio público. De modo que muchos, aunque no comulguen con el sistema actual, enfrentados a la decisión de hacer público mediante su firma el discurso privado, se abstendrán. Son enormes las presiones que harán más difícil su ya precaria situación en caso contrario. Tercero: el gobierno se encargará de boicotear por todos los medios la recogida de firmas. Y cuarto: una vez que se obtengan, podrá hacer caso omiso a su propia Constitución y no necesitará siquiera explicar al pueblo cubano su postura, dado que la prensa hará disciplinado silencio al respecto. Millones de cubanos ni siquiera sabrán que se ha violado la Constitución, un documento que en su día votó la casi totalidad de los electores.
¿Puede ocurrir? Me atrevería a vaticinar que en caso de recogerse las 10.000 firmas sorteando los enormes escollos que ello supone eso será precisamente lo que ocurra. El gobierno cubano, que blasona de contar con la adhesión masiva de los cubanos, jamás se atreverá a poner en manos de sus adeptos decisiones neurálgicas para su monopolio del poder, como el derecho a asociarse libremente, que sacaría de las catacumbas a los grupos opositores, los engrosaría mediante la amnistía y fomentaría sindicatos libres, el derecho a la libertad de expresión y de prensa, cuando bien saben que la información es poder; por no hablar de los derechos económicos y de una nueva ley electoral, que someterían sus monopolios tradicionales a la competencia.
Peor sería para el gobierno llevar estas consultas a referendo y ponerse más en evidencia ignorando un resultado adverso. ¿Por qué recoger entonces esas 10.000 firmas que posiblemente nunca se traduzcan en una consulta popular? Porque ello puede ser la evidencia más escandalosa de que el gobierno cubano es inconstitucional, incluso si el referente es su propia constitución y, por inferencia, no acepta la voluntad de la inmensa mayoría de los cubanos que un día aprobaron el documento. Y porque “los cubanos también tenemos derecho a los derechos», como subrayó Payá en una ocasión. No sólo el derecho a la resignación y al silencio.
“Derecho a los derechos”; en: Cubaencuentro, Madrid, 16 de marzo, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/03/19/1583.html.
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Dialéctica del gao
9 03 2001Konstantínov en mano, mis profesores de materialismo dialéctico se afanaron en su día por explicarme la dialéctica de la realidad objetiva: los favelados de Río de Janeiro, Caracas o Lima levantaban sus ranchitos a la desbandada y sin permiso en lugar de comprarse un apartamento en Copacabana, no por espíritu transgresor, sino por pura desesperación habitacional. ¿Culpable? El capitalismo mundial, por supuesto. Y enmendar esta situación pasaría por el cambio de las condiciones objetivas; no por eventuales medidas represivas. Pero, al parecer, en el caso de Cuba rige otra dialéctica. Carlos Lage afirma ahora que se resolverá “el orden y la legalidad en la vivienda” mediante “la elevación de la conciencia del pueblo, el fortalecimiento del combate político y de las ideas”. Ni ladrillos ni cemento. Combate, conciencia y política.
Desde mediados de 2000, cuando se modificaron el Decreto de la Ley de la Vivienda y el Decreto Ley 211, se dictó la Resolución 500 y el nuevo decreto de contravenciones, se han impuesto 2.057 multas, de ellas 1.530 en divisas, por un importe de 1.617.500 dólares (el salario mensual promedio de 177.925 trabajadores cubanos); se desahuciaron 548 ocupantes ilegales, y se confiscaron más de 1.400 viviendas por violaciones en el alquiler, compraventas ilegales y otras causas. En la TV cubana se transmitió la confiscación de 21 residencias en el barrio Santa Fe. Una de ellas, vendida por un cubano a un extranjero. Otra, declarada inhabitable, y aún así otorgada «por razones humanitarias» a una pareja, fue remozada con materiales comprados ilegalmente, cuando lo correcto habría sido esperar a que el techo les cayera encima. Una tercera, fue construida ilegalmente en terrenos estatales con financiamiento de un extranjero. No hay necesidad, sino pura perversión.
Para remediarlo, Carlos Lage apela a la solución policial, aunque acota que no se trata sólo de combatir las ilegalidades, sino de crear un clima de trabajo y de acción que las evite —ya que no otorgan viviendas, optan por el cambio climático—. “Con ello salvamos a revolucionarios y buenas personas, que muchas veces por desconocimiento, debilidad o blandenguería caen en esta indisciplina social”. Es decir, en las favelas capitalistas, pura necesidad; en las favelas socialistas, blandenguería, debilidad y desconocimiento.
Juan Contino, coordinador nacional de los CDR, es más paternalista: “Somos nosotros, los buenos vecinos, los que tenemos que ir y advertir `estás levantando una casa gigante’, `estás alquilando ilegal y dejando que entren esas muchachitas [qué púdico] en tu casa…”. Hay gente que se está equivocando y los revolucionarios tenemos el deber patriótico de advertirlos, de reclamarles». Aunque deja entrever que con frecuencia las denuncias de los vecinos chocan contra los oídos sordos de la administración, y la impunidad campea. Todos sabemos que el status político condiciona el derecho de pernada en la república. Y lo contrario. ¿Será por eso que el propio Contino admite la existencia de “decisiones injustas en detrimento de los derechos de algunos ciudadanos, la no detección a tiempo de construcciones ilegales, y las demoras en ofrecer respuesta a las quejas, denuncias y trámites de la población”? Para concluir con una lección magistral sobre las clases sociales y la vivienda: «El día que el dinero distribuya las viviendas del país, estaremos divididos en clases sociales. Y eso no lo permitiremos. Si hay una buena casa, que la tenga un buen patriota, sea un obrero o un intelectual. ¿Cómo vamos a dejar que alguien se construya una casa gigante con materiales robados al pueblo, mientras hay 25.000 albergados que perdieron la suya?», Contino dixit. Y la experiencia se remonta a los 60, cuando los “buenos patriotas” se repartieron las mansiones expropiadas. Porque la definición de “buen patriota” no es ni quien más produce ni quien más crea. El “buen patriota” no conoce los albergues donde 25.000 cubanos rezan al santo patrono de la Reforma Urbana; no roba materiales, dispone de ellos según el antiguo derecho de conquista; ni admite la anárquica división en clases, cuando basta con la sencilla escisión entre la plebe multitudinaria y la aristocracia verde olivo, nimbada por su nobleza subsidiaria sin pedigrí, pero extremadamente útil. ¿Ignora Contino que durante aquellos años felices en que todavía se podía atrapar una guagua al vuelo, había quieres obsequiaban Ladas a sus hijos el día del cumpleaños? ¿Qué las amantes y los hijos dilectos jamás pisaron la microbrigada donde un pianista prometedor se machacaba las manos y el futuro durante siete años? Pero aún si ha perdido la memoria histórica: ¿no observa desde la ventanilla del auto la ciudad dividida entre bicicletas chinas y Toyotas? ¿Desconoce que a los siete años la mayoría de los niños cubanos dejan de recibir leche, mientras otros reciben su nueva Play Station? ¿A qué limbo sin clases se refiere el presidente de los CDR?
Claro que en esto de la vivienda también asoma el enemigo: “Alrededor de las ilegalidades de la vivienda se mueven la delincuencia, la prostitución, la droga, la contrarrevolución, penetran las enfermedades y se crea el espacio hasta para la actividad terrorista (!!!). Es el escenario natural para que caminen estos males que son característicos de los enemigos de la Revolución, de la justicia y del socialismo” (Carlos Lage). De lo cual se deduce que nadie se ha afanado más en crear ese “escenario natural” que las autoridades de la Isla, donde según sus propios datos, el 47% del fondo habitacional se encuentra en mal estado, cifra que cobija una proporción escandalosa de viviendas en ruinas, como se encarga de demostrar cada racha de aguaceros. Un país donde se ha incurrido durante cuatro décadas en el criminal abandono del patrimonio heredado, se paralizó la ya escasa construcción de viviendas, y donde el año pasado se terminaron apenas 42.923. Un país donde Norberto González, director provincial de la Vivienda ha pagado el arreglo de edificios completos carentes de calidad.
A pesar de Konstantínov, y aunque el marxismo haya caído en desuso, de todo esto se deduce que un buen techo de placa protege mejor de la lluvia que un discurso; que la dignidad de cuatro paredes es un sitio ambiguo entre la ilegalidad y la paciencia; que “vivir es peligroso”, como decía Guimarães Rosas, y en Cuba, temerario, y que en esto de la vivienda asoma, desde luego, la mano del enemigo. Salvo Lage y Contino, el resto de los cubanos saben de quién se trata.
“Dialéctica del gao”; en: Cubaencuentro, Madrid, 9 de marzo, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/03/09/1472.html.
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Civilización competitiva
5 03 2001A fines de 1985 me mostraron en Kazán, capital de la Tartaria soviética, la estatua de un Lenin tan adolescente que aún tenía pelo. Situada frente a la universidad local, reproducía la imagen que tendría cuando cursó estudios allí. El guía se dedicó a explicarme con fervor que de las miles de estatuas repartidas por todo el país, aquella era la que lo representaba más joven, si se exceptúa una de Lenin niño erigida en Odesa. Sin poder reprimirme, le pregunté si no había ninguna de la madre de Lenin embarazada. No me respondió, pero deduje que si de él dependiera, ya me hubiera teletransportado con la mirada a algún campo (no campus) siberiano. Dos siglos atrás, idéntico castigo me habría infringido un pope de ironizar a propósito del icono local. Pero las religiones cambian.
Es norma universal, que cuanto más los necesitan, más invocan los pueblos a sus dioses. Y la necesidad del pueblo ruso es dolorosamente antigua. Una tradición que enlaza sin respiro al Padrecito Dios, al Padrecito Zar, al Padrecito Stalin… y a todos los padrecitos provinciales, municipales y locales. El resultado: un respeto-temor casi cromosomático a las jerarquías, una medrosa devoción al poder, como de perro apaleado, que noté incluso entre las personas más cultas. Eso explica muchas cosas.
Rusia, a medio camino entre Asia y Europa, ha padecido durante siglos un desgarramiento entre la tradición oligárquica del Oriente y la vocación occidentalizante de sus clases altas. Entre el feudalismo y la ilustración. Entre gobiernos despóticos para los cuales el mujik no se distinguía muy claramente de cualquier otro animal doméstico, y el refinamiento de sus cortes francófilas y germanófilas, que no distinguían muy claramente al mujik de cualquier otro… Mira qué casualidad.
Ramiro Villapadierna escribía hace un tiempo en ABC que: «La libre competencia capitalista es un esquema duro de convivencia, rebajado sin embargo en Occidente por siglos de civilización cristiana y desarrollo de principios cívicos. En la Europa Oriental, en cambio, esta ley de la selva económica se ha instalado sobre una sociedad castrada éticamente y desnortada (¿deshonrada?) moralmente y los resultados parecen salvajes».
No hay dudas: la ley del sálvense quién pueda capitalista ha instaurado en los países del este una especie de Far East donde sólo sobrevive el John Wayne que más rápido desenfunde su Colt 44. El crimen organizado es, de lejos, el sector de la economía rusa que mejor funciona. El 70% del comercio ruso paga protección a la mafia. En Eslovaquia y la República Checa la inseguridad ciudadana es tal que por cada policía hay 7 guardias privados. El esquema de inversión piramidal que antes esquilmó a 4 millones de rumanos, hurta 1.500 millones a los ahorradores albaneses, y ya sabemos en qué acabó la operación. ¿Causas? El desmoronamiento de unas normas de convivencia instauradas por decreto durante decenios; la no aparición de nuevas normas, dado que quienes ayer asaltaron el poder en nombre de la dictadura del proletariado se repartieron más tarde el botín en nombre de la democracia y la dictadura del libre mercado. Y un vacío de poder intermedio que llenaron de inmediato las únicas fuerzas políticas organizadas: las mafias. Todo eso es cierto.
Como resultado, los comunistas (ya más socialdemocratizados) asaltan la Duma a puro voto, se desempolvan los bustos de Lenin, Stalin resurrecto mira admonitorio desde las pancartas, se afilan las hoces y se lustran los martillos. Un alto oficial de la KGB (con cara de oficial de la KGB) gana por amplia mayoría, y una parte nada despreciable de los rusos añora mano dura. En Occidente algunos se sobresaltan, o cuando menos se extrañan de esta inconsecuencia política de los rusos. Quizás los mismos que descubrieron asombrados, años atrás, que el coloso tuviera los pies de barro y se desmoronara sin intervención de los mísiles.
Para un observador medianamente atento, tanto aquello como ésto son consecuencia lógica de dos milenios de autocracia.
Si usted captura una gallina silvestre y la inmoviliza contra el suelo colocándole la bota sobre el cuello durante media hora, al soltarla el ave buscará refugio lo más lejos posible de la bota. Si, en cambio, la mantiene durante días o semanas, suministrándole una ración suficiente de grano, cuando retire la bota, el animal revoloteará atontado, divagará sin saber muy bien qué hacer con su repentina libertad.
Porque la libertad requiere aprendizaje. No basta disponerla por decreto. El inexorable atraso económico, producto de atar con ligaduras políticas las leyes económicas, y recrudecido por la carrera armamentista, la gran guerra patria que los soviéticos no lograron ganar, demostrándose que los misiles pueden ser más letales cuando no se disparan; una geopolítica de talla extra que le quedaba holgada a ese megapaís subdesarrollado; los males endémicos de una sociedad que intentó domesticar el talento; la doble moral y la corrupción; así como la desestimulación al entronizarse la primera ley del socialismo: «Yo simulo que trabajo y el Estado simula que me paga»; todo ello hizo que una pequeña apertura se convirtiera en grieta y derrumbara el edificio completo.
¿Pero hacia dónde se derrumbó?
Hacia un remedo de democracia donde los demócratas de hoy son los autócratas de ayer. Hacia un capitalismo salvaje sin las más mínimas garantías sociales, y con un 30% de los sufridos mujiks bajo el límite de pobreza. Hacia un reparto del botín donde medran las mafias y los cuadros más astutos del Partido, reconvertidos de la nomenklatura a la revista Fortune. Hacia un país multinacional que sólo logró el consenso de la mordaza, y ahora, retiradas las mordazas, pretende acallar a tiros la gritería. Hacia una sociedad mimética que perdió sus viejas coordenadas y no encuentra las nuevas (seguramente no son esos Mickey Mouse que sustituyen en los lienzos de Arbat los paisajes nevados y las troikas).
El hombre necesita libertad, qué duda cabe, pero antes necesita pan. Y eso Occidente, que accedió primero al pan y luego a la libertad, debía saberlo. Si Estados Unidos, sólo Estados Unidos, invirtiera en Rusia la décima parte de lo que gastó en la carrera armamentista que terminó desangrando a la URSS —mecanismos de control mediante, o Marbella se repleta de jeques eslavos—, quizás otro gallo cantaría “Noches de Moscú”. Pero ya es costumbre: en Nicaragua, que les hubiera costado mucho menos, hicieron lo mismo.
Y si, por su parte, los rusos le hubieran llenado bien la panza de grano a la gallina antes de retirar la bota, la gallina ahíta se habría dedicado con calma a hacer la digestión democrática. Pero una gallina hambrienta que estrena libertad suele ser impredecible. Y eso a Occidente debía preocuparle: esta gallina tiene mísiles nucleares. Un vecino amigo pero caótico e impredecible, puede ser más peligroso que un enemigo coherente. Y sólo hay dos formas de paz estable y duradera: la paz de los sepulcros, y la paz de la riqueza. A la primera no regresarán. A la segunda sólo llegarán, sin ayuda, a muy largo plazo. Y como se sabe, los fabricantes de democracias nuevas suelen otorgar garantías cortas.
Pero yo me pregunto si «en Occidente siglos de civilización cristiana y desarrollo de principios cívicos» atenúan la ley de la selva. Si miramos a nuestro pasado, veremos en los albores del capitalismo la misma crueldad sin disfraces que hoy «disfrutan» los países recién avenidos al sistema. No fue con civilización cristiana que Occidente esquilmó a sus colonias, ni con principios cívicos se edificaron las factorías de Manchester. La llamada sociedad del bienestar no es un obsequio de la civilización, sino una conquista de los trabajadores a la que se avino el capital, a regañadientes, para evitar males mayores, sobre todo ese Este comunista que tan útil le fue durante decenios al movimiento obrero de Occidente. Eludir el fantasma de la subversión bien valía una disminución de la plusvalía, si a cambio se instauraba una sociedad estable donde el capital se moviera sin temores y el progreso no estuviera a merced del sobresalto. Aún cuando lamente las iniquidades que el llamado socialismo real perpetró contra sus propios pueblos, el pensionista de hoy deberá agradecer a aquellos bolcheviques desconocidos, causantes, en buena medida, de su pensión estable y su cartilla de la seguridad social.
Incluso hoy los principios cristianos no parecen imperar entre los niños explotados por Adidas, que nunca podrán comprar las zapatillas que fabrican; o entre quienes mantienen en Angola la guerra de diamante y petróleo a cambio de armas obsoletas; o los que exportan alimentos prohibidos y medicinas caducadas.
Pero el fantasma ya no existe. En los libros de historia y las enciclopedias, el comunismo se conjuga en pasado. Y el capital vuelve a la carga. El neoliberalismo se expande. Los gobiernos tienden alfombras al dinero que sobrevuela el planeta cada vez con menos limitaciones, en busca de oportunidades. Ser competitivo es más importante que ser cristianamente civilizado. Y el primer principio cívico es la ganancia. Se pone en entredicho aún la más tímida justicia distributiva y el propio Estado del bienestar resulta «insostenible» si queremos ser competitivos.
Lejos ya el peligro de la subversión, caen las máscaras. La precariedad del empleo empieza a llamarse «movilidad del mercado laboral». La vocación de servicio público se convierte en ineficacia. La privatización nos salvará de la decadencia y la moderación salarial nos abrirá las puertas del futuro. Suscríbase a un plan privado de pensiones si quiere garantizar una vejez tranquila. Recuerde que todos somos iguales ante Dios, pero algunos teólogos modernos sospechan que sólo accederán al Reino de los Cielos los más competitivos.
“Civilización competitiva”; en: Cubaencuentro, Madrid, 27 de febrero, 2001. http://www.cubaencuentro.com/meridiano/2001/03/05/1316.html.
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La ley del peón
16 02 2001Aquel día de octubre de 1967, mientras miraba a la cámara con la fijeza empecinada de la muerte en los ojos, lejos estaba el alma de Ernesto Che Guevara, de barruntar su rostro reproducido en millones de camisetas y posters, encabezando manifestaciones y consignas de todas las tendencias, incluso las que él habría odiado. Lejos estaba de convertirse en reclamo turístico desbordando los timbiriches de La Habana Vieja. Y más lejos aún de sospechar que 34 años más tarde, la muerte de su guerrilla suscitaría una polémica con sede en Suecia y sucursal en París. Le ronca el mango, habría dicho quizás en su cubano adoptivo.
La controversia comienza el 13 de enero pasado, cuando el diario sueco Dagens Nyheter publica en su suplemento DN. Lördag Söndag un reportaje firmado por Tarik Daleh y Eric Gandini, cuya versión fílmica se difundió por el Canal 1 de la TV sueca cuatro días más tarde. En ambos se defiende la inocencia de Ciro Bustos, a quien se ha tenido durante años por el hombre que, tras su arresto por el ejército boliviano, ofreció abundante información, incluyendo retratos de los guerrilleros, entre ellos el Che. Y se acusa directamente a Regis Debray de haber delatado la presencia de Guevara, desencadenando los acontecimientos que conducirían a su muerte.
Ciro Bustos aduce en el reportaje que los retratos no prueban su culpabilidad, porque en ellos se insertaron dos caras falsas (de Andrés y de Ruthman). También se entrevista a Gary Pardo, jefe de la tropa que exterminó la guerrilla, quien también afirma que Debray fue el primero en hablar del Che.
Por su parte, el agente cubano de la CIA Félix Rodríguez define a Orlando Jiménez Bazán (Cambas), el tercer guerrillero capturado, como “muy reservado”, cosa que lo exime de culpas.
También la hija del Che ha culpado en declaraciones públicas al francés de la muerte de su padre.
Apoyando la tesis del reportaje, René Vázquez Díaz publica el mismo 17 de enero que en el mausoleo al Che en Santa Clara no hay ninguna acusación oficial contra Bustos. Y, curiosamente, el hermano del guerrillero Jorge Vázquez Viaña (Loro), Humberto Vázquez, quien también acusa a Debray en el reportaje, trabajó el año pasado en la campaña por la alcaldía, como político de izquierda, del hombre que dirigía la tropa que mató a su hermano: Gary Pardo.
Pero la cosa no parece estar tan clara: Jorge Castañeda, en su biografía del Che, se refiere a la temprana penetración del aparato urbano de la guerrilla por la CIA ya la ruptura del Che con Mario Monge, lo que le condujo a aliarse con el maoísta Moisés Guevara, incorporando a la tropa a hombres como Pastor Barrera (dícese que soplón, ex policía y narco, un dechado de virtudes), quien desertó junto a Vicente Rocabado al día siguiente de llegar Tamara Bunke con Ciro Bustos y Debray, delatando la presencia de cubanos. Salustio Choque, otro hombre de Moisés Guevara, fue atrapado por el ejército y, al parecer, confesó hasta lo que no sabía. Los tres maoístas sirvieron de testigos de cargo en el juicio contra Bustos y Debray.
Diez días después de la detención de Debray, el 29 de abril, el ejército apresa y tortura a Jorge Vázquez Viaña (Loro), a pesar de lo cual sólo logran que hable timándolo: un agente de la CIA, de origen cubano, se hace pasar por enviado de Fidel Castro, y le sonsaca información confirmatoria de lo ya dicho por los desertores.
En una entrevista ofrecida a la revista Tricontinental en 1998, el Comandante Piñeiro (Barbarroja), quien se ocupó de preparar todas las operaciones cubanas en el exterior durante años, declaró que (a pesar de “las negativas posturas políticas” asumidas por Debray en los últimos años), quien más información ofreció a los militares bolivianos fue Bustos, y que Debray (en contra de lo que se deduce del Diario donde el Che afirmara que el francés “habló demasiado”), sólo reveló una primicia: el carácter continental del proyecto guerrillero guevariano. Algo que cualquier lector de los discursos del Che, sabía sin que nadie se lo confirmara.
En carta a Liberatión, Elizabeth Burgos se refiere a la entrevista que el general Ovando, jefe del ejército boliviano, ofreció a El Diario de La Paz (21-09-1967), donde confiesa que la presencia del Che en Bolivia consta en un telegrama interno del ejército del 24-11-1966, casi cinco meses antes de la detención de Debray y Bustos. Según la misma carta, Debray sólo reconoce la presencia del Che tres semanas después de su arresto, en el mes de mayo, ante las evidencias presentadas por sus captores; mientras Bustos dibuja planos de los escondites donde se encontraba documentación de la guerrilla.
Al parecer, los autores del reportaje ponen el mismo entusiasmo en defender a Bustos que en atacar a Debray. Lo que no queda claro es por qué. Si se trata de esclarecer una verdad histórica, existen muchos argumentos que se han obviado, algunos de tanto peso como las declaraciones de Piñeiro, quien más sabía de todo el entramado guerrillero montado por Cuba. O la información con que ya contaba el ejército boliviano en el momento de la detención de Bustos y Debray. Si se trata de una operación política, todo queda más claro: la retractación de Debray de sus antiguas convicciones duele aún en La Habana. Y más aún su libro Loués soientles seigneurs (Alabados sean nuestros señores), donde tanto Fidel Castro como el Che distan mucho de la imagen que nos ofrecen el poster y el mausoleo. Tampoco se le perdona que fuera Debray quien ayudara a Daniel Alarcón (Benigno), superviviente de la guerrilla y ex-alto oficial de la Seguridad del Estado, a exiliarse en Francia y publicar su Vida y muerte de la evolución cubana.
Es precisamente la lectura de este libro, y la relectura atenta del Diario del Che, lo que nos permite acercarnos a la verdad. Digo: si de eso se trata. En ambos quedan claros algunos hechos:
Por el contrario de lo ocurrido en la Sierra Maestra cubana, donde el Movimiento 26 de Julio se insertó con fortuna en la realidad social, captando adeptos y concitando simpatías; la guerrilla del Che en Bolivia siempre fue un artefacto exótico que jamás ganó el apoyo del campesinado con el que resultaba difícil incluso comunicarse. Desde su instauración hasta su hecatombe, aquella guerrilla fue vista por los nativos a través de un prisma ajeno a cualquier postulado marxista de la lucha de clases: medio milenio de desconfianza indígena hacia todos los blancos. Algo que no ha cambiado tras su muerte: los quechuas no peregrinan a La Higuera para homenajear al ideólogo o al líder de sus reivindicaciones sociales. Acuden a San Ernesto de la Higuera con el hijo enfermo en procura de un milagro. Un Papa tan pródigo en canonizaciones debería pensárselo mejor.
Por otra parte, las continuas referencias del Che al abandono de Manila (La Habana), y la explícita acusación de Benigno, permiten reconstruir paso a paso el destino sellado de una guerrilla naufragando en la selva, en medio de la indiferencia cuando no la hostilidad local, y que envía continuos SOS sin respuesta. Algún día se sabrá con toda exactitud si ese abandono fue negligencia o asesinato. Si se debió a falta de iniciativa —que ni antes ni después faltó a La Habana para manipular sus operaciones encubiertas—, como afirman sus defensores. O de un peón conscientemente sacrificado en el tablero de la política internacional. Lo cual tiene su explicación: La Unión Soviética de Brezniev y de la política de distensión nunca vio con buenos ojos la vocación “trotskista” de la Cuba exportadora de revoluciones. Y el menos grato a Moscú era el Che, tras sus acusaciones explícitas de Argel y su admiración por la China de Mao. De modo que la política de promoción subversiva practicada por La Habana en los primeros 60, era (aunque no exclusivamente, por supuesto) una suerte de venganza por el ninguneo de Krushev a Fidel Castro durante la Crisis de los Mísiles o de Octubre. Tras el fracaso de la ¿política económica? cubana —que concluiría una de sus épocas más “creativas” con la Ofensiva Revolucionaria del 68 y la Zafra del 70—, se produce un gradual acercamiento a la Unión Soviética —en junio de 1967 el Primer Ministro Alexia Rosiguen visita la Isla—, redondeado con el espaldarazo público de FC a la invasión rusa que aplastó la Primavera de Praga en agosto de 1968. Así las cosas, no sería extraño que la negligencia de La Habana haya sido diligente. Como resultado: se perdía un héroe bastante desobediente, se ganaba un mártir —suelen ser mucho más obedientes—, y se complacía a la Gran Madre Rusia Subvencionadora y Petrolífera.
Años más tarde, cuando la 82 División Aerotransportada invadió Granada, FC ordenó inmolarse a los albañiles y peones cubanos que construían un aeropuerto. De nuevo, la Ley del Peón: si Ronald Reagan ve morir heroicamente a 200 constructores casi desarmados, abrazados a la bandera mientras entonan el himno (como proclamó la imaginativa radio cubana), se lo pensará dos veces antes de invadir a los otros diez millones de la Isla. Para su mal, los constructores cubanos no estaban dispuestos a corroborar la contabilidad de FC con su pellejo, y siguieron el ejemplo del oficial enviado por éste para conducirlos al sacrificio: el coronel Pedro Tortoló, quien daría nombre en el imaginario popular cubano a un modelo de zapatillas deportivas, dadas sus habilidades en los tres mil metros con obstáculos.
¿Fue Regis Debray el primero que denunció la presencia del Che en Bolivia? Al parecer, no. ¿Fue Bustos? Posiblemente, tampoco. Pero, ¿importa eso, como no sea para el estrecho círculo de los protagonistas y de los realizadores suecos que han desatado esta pequeña tormenta? No. En su carta de despedida a Fidel Castro, el Che se recrimina por no haber confiado más en él. Ahora sabemos que su desconfianza no era motivo de autocrítica. Al naufragar voluntariamente en la selva boliviana, el Che arrimó a su sien la pistola, un destino que, por otra parte, buscó conscientemente durante toda su vida. Desde Manila apretaron el gatillo.
“La ley del peón”; en: Cubaencuentro, Madrid, 16 de febrero, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/02/20/1182.html.
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Palabras deslizantes
9 02 2001En muchas escaleras, aceras y zonas de acceso público, existen bandas de arenisca u otro material con alto índice de fricción: las bandas antideslizantes, cuyo propósito es evitar los resbalones y caídas. Aunque ya se sabe: cualquiera resbala y cae, en palabras de Mr. Vox Populi. Lamentablemente, el cuidado que se prodiga a nuestro esqueleto no tiene su equivalente en bandas antideslizantes intelectuales, cuando se trata de cuidar nuestra inteligencia. En el enorme flujo de información que recibimos cada día, escasean las «palabras antideslizantes», es decir, las que fijan una noción inequívoca de la realidad. Abundan en el idioma, pero con frecuencia son palabras «incómodas»: impiden el dulce devaneo de la ambigüedad.
Salvo los autores de diccionarios, son pocos los grupos humanos interesados en un idioma 100% antideslizante. Aunque todos operan según el mismo procedimiento: las palabras buenas (crecimiento, mejora, calidad) se subrayan terminantemente; mientras las malas (descenso, desigualdad, empeoramiento, crisis) se envuelven en una nube de eufemismos. Y el procedimiento inverso, si nos referimos al adversario (léase enemigo).
De modo que el «ajuste de los precios» sustituye al puro y duro «aumento», mediante una operación de cirugía estética. La liposucción de contenido aparente convierte en «limpieza étnica» el genocidio (Goebels debe revolverse de envidia en su tumba), y se llama «operación de castigo» —con su connotación pedagógica, colegial, paterna— al bombardeo de zonas civiles por la aviación israelí en la frontera siria. Así, mientras sus partidarios le llaman «interrupción del embarazo», sus detractores emplean el lapidario y tradicional «aborto», de sonoridad casi delictiva. Se «aborta» una conspiración de los malos, y se «interrumpe» una operación militar de los buenos.
Con frecuencia reproducimos las manipulaciones del lenguaje, sin percatarnos de que, subrepticiamente y por reiteración, estamos alterando las apariencias de la realidad, su imagen. Por muy buena (o mala) voluntad que ponga el periodista, todavía resulta arduo hallar la palabra filosofal que transmute al nombrar la realidad misma.
Lógicamente, en una sociedad de derecho, los creadores del eufemismo, de la palabra deslizante, deben inducir reiterada y subrepticiamente su uso a los transmisores de la palabra: los periodista, que con alta (harta) frecuencia seguimos el juego por pura desidia. Pero también las esferas de poder imponen sus propias verdades por la vía de la palabra, que llegan a alcanzar apariencias de inamovilidad. Así, se habla de la «moderación salarial», pero no de la «moderación de la ganancia», porque por un raro enroque de las palabras, ahora los empresarios no tienen «ganancia» (líbrenos el Dios de la Caperucita Roja de la palabra “plusvalía”), sino «excedentes empresariales», colocándose la expresión estratégicamente cerca de «reinversión» y «creación de empleo», para que nadie sospeche que con ese «excedente» se comprarán un Porshe o un yate. De modo que los desempleados deberían saltar de alegría cada vez que una mulinacional remonta «excedentes» de 3.000 millones.
Pero el clímax de la resbalosidad lingüística se alcanza en las naciones donde el Estado es dueño de todo, y en especial de la palabra, que el ciudadano deberá consumir dócilmente. En Cuba, por ejemplo, las empresas debían reportar el «faltante» en sus inventarios: la palabra denominaba el por ciento de los bienes e insumos que los propios funcionarios habían robado (la palabra “robante” es demasiado brutal) durante el período en cuestión. Se llama «trabajo voluntario» a las labores agrícolas a las que acudían los estudiantes, so pena de ser expulsados del colegio. Para esto, alguien creó el exactísimo término “oblivuntario”. Al Servicio Militar Obligatorio se le rebautizó como Servicio Militar General (los hijos de los generales solían evadirlo), y a la crisis de los 90, que demolió el 60% de la economía cubana, «Período Especial en Tiempos de Paz», una frase que resulta casi placentera.
Pero ni los dueños de la palabra se libran de que las muy malditas resbalen en sentido opuesto. Las guaguas de La Habana solían colocar en el cristal trasero la exhortación “Sígueme”, una publicidad de la Unión de Jóvenes Comunistas que exhortaba a seguir a la Revolución a donde quiera que fuera, y una manada de transeúntes obedecía cuando la guagua se volaba limpiamente la parada. En la entrada del Combinado del Este, la mayor prisión de la Isla, colocaron una frase de Fidel Castro que resultó proverbial: “Todo lo que somos hoy, se lo debemos a la Revolución y al Socialismo”. Pero la mayor muestra de talento propagandístico fue la de un comité de base de la Unión de Jóvenes Comunistas, que decoró el muro del cementerio de Victoria de las Tunas con un rotundo: «Aquí no se rinde nadie». Y tenían razón.
“Palabras deslizantes”; en: Cubaencuentro, Madrid, 9 de febrero, 2001. http://www.cubaencuentro.com/lamirada/2001/02/09/1055/2.html.
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ETAs amistades
9 01 2001Cada uno celebra las Navidades a su modo: el patriarca vitalicio de Cuba corta las comunicaciones y la banda terrorista ETA corta en España todo lo que puede. Más allá de la diferencia meramente táctica entre el lechón asado en púa y el bacalao a la vizcaína, lo importante es esa comunión espiritual, esa interpretación común de estas fiestas familiares, y el modo de celebrarlas: reventando un par de familias a bombazos o tiros en la nuca; o, si ya la edad no te recomienda andar en esos trotes, suprimir la reunión virtual de dos millones de familias. Cuestión de escala más o menos.
En la pasada Cumbre de Panamá, y arriesgando sus buenas relaciones con España, uno de sus socios comerciales, Fidel Castro se negó a condenar el terrorismo de ETA, alegando que la declaración incluyera también «el terrorismo de estado aplicado contra Cuba por el Imperialismo Yanqui». La comunidad internacional quedó escandalizada, y cierta izquierda nostálgica española se recluyó en sus habitaciones privadas para no hablar del tema. Pero habría sido muy fácil explicarlo.
Tanto Fidel Castro como ETA sufren alergia a las urnas. Quizás sospechen como Borges, que la democracia es un abuso estadístico; y prefieren el abuso a secas. Ambos confían más en la elección del enemigo, el tiro en la nuca y la guerrilla, que en las insulsas elecciones. Ambos tienen un pasado presuntamente marxista, «izquierdoso» al menos. Y ambos han resbalado hacia un nacionalismo excluyente, de atalaya sitiada, al mejor estilo Milosevich —otro de sus amiguetes internacionales—. ETA, con una representatividad mínima en las urnas, consigue su resonancia a bombazos, el presidente cubano, con un peso mínimo a escala internacional, acapara titulares a golpes de escándalo, arbitrariedades y escaramuzas. Los chicos de ETA, que dicen amar al País Vasco hasta el martirologio, están dejando a su paso un país dividido por el terror y el odio, una economía de donde huyen los capitales, y un éxodo de profesionales que se mudan a las antípodas para respirar en paz y hablar sin miedo. Cualquier semejanza no es pura coincidencia. Ambos no saben qué hacer con la paz. Gobernar un país hacia la prosperidad y la felicidad de sus habitantes, es una tarea tediosa y dura. Echar discursos inflamados de patriotismo y declarar el estado de sitio, convocar la obediencia cuartelaria para salvar la patria, es más fácil. La beligerancia perpetua es el mejor método de gobierno, razón por la que Fidel Castro cultiva con esmero el mantenimiento del embargo, ese regalo para justificarlo todo, que las administraciones norteamericanas le renuevan cada cuatro años. ¿Alguien imagina a los chicos de ETA cambiando su emocionante vida de pistoleros, por un horario de ocho a cinco en una fábrica? ¿Y a Fidel Castro sin una guerrita de vez en cuando?
Entonces, ¿a alguien le resulta incomprensible que Fidel Castro se niegue a condenar a ETA?
Decididamente, cada uno celebra las Navidades a su modo.
El pasado 15 de diciembre, Francisco Cano Consuegra recorrió durante dos horas y media en su Citroen C15 la ciudad de Terrassa, cerca de Barcelona. Trasladó a dos de sus operarios, un amigo lo acompañó parte del trayecto, se detuvo en semáforos, cruzó ante colegios en plena jornada escolar. A las diez y media enfiló por una calle inclinada, momento en que se activó el mecanismo de oscilación de la bomba lapa que había permanecido bajo su coche durante toda la mañana. La explosión se escuchó a un kilómetro, la parte inferior del cuerpo fue literalmente arrancada y ETA cumplió la sentencia que había dictado desde la sombra contra este fontanero de 45 años, casado y con dos hijas, para hacerle pagar su crimen: ser el único concejal del Partido Popular en Viladecavalls.
Cinco días más tarde, el guardia urbano Juan Miguel Gervilla de 38 años, observó a las 7.45 am, en la concurrida avenida Diagonal de Barcelona, un Fiat rojo que interrumpía el tráfico en un carril de la calzada lateral. Se dirigió hacia los dos hombres que empujaban el coche averiado, para ayudarlos a despejar en breve la vía. Ese fue su delito. Sin mediar palabra, le descerrajaron dos tiros en la cabeza que ocasionaron su muerte instantánea. Juan Miguel Gervilla salvó con su vida a quién sabe cuántos; algo que no consuela a su viuda y a sus dos huérfanos. En el coche se encontró una bomba con más de 13 kilos de explosivos, lista para activarse.
Entre esos dos sucesos distan apenas cinco días, el lunes 18, como un macabro sandwich, la policía vasca desactivó una bomba con 3,5 kilos de dinamita colocada en un ascensor de la Facultad de Periodismo de la Universidad del País Vasco. Durante media hora subió y bajó la bomba en el ascensor repleto sin que nadie se percatara. Incluso activaron por control remoto su mecanismo. De no haber fallado el detonador, todos los ocupantes del ascensor habrían muerto en el acto, una parte del edificio se habría derrumbado, las puertas metálicas habrían actuado como metralla, y las enormes cristaleras habrían estallado en una nube de cuchillos. En el edificio se encontraban a esa hora unas 400 personas. Su delito: ser periodistas indóciles a la verdad revelada por ETA. Gracias a un detonador defectuoso, ETA no logró superar su récord de Hipercor en 1987, cuando mató a 22 personas cuyo delito fue acudir de compras al hipermercado ese día.
En el hipotético caso de que ETA gobernara el País Vasco, podrían solicitar al presidente cubano la receta de esa bomba de silencio colocada en todos los órganos de prensa cubanos, y cuyo detonador no ha fallado en cuarenta años.
Si hurgamos en los orígenes de toda barbarie histórica, encontraremos nobles motivaciones. Cobertura frecuente de razones inconfesables. La evangelización sirvió de excusa para la colonización de América. La pureza de la fe, para la Inquisición. En nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad se inventó la guillotina. El nacional-socialismo convocó, en nombre de los intereses del pueblo llano, la mayor carnicería de la historia. La felicidad de la clase obrera sirvió de coartada al stalinismo. Y cuatro millones de vietnamitas fueron salvados del comunismo mediante el sistema más irrevocable: asesinándolos.
Por eso no es nada asombroso que el etarra Francisco Mujika Garmendia, Pakito, afirmase en cierta ocasión al diario Egin, que el propósito de ETA es la paz. (Fidel Castro acaba de firmar un acuerdo con Putin por el desarme universal). Claro que mientras la mayoría del pueblo vasco no acepte las reivindicaciones que propone ETA, «todas las formas de lucha son legítimas». De modo que su estrategia electoral queda clara: No se trata de ganar votantes, convenciéndolos con un proyecto. Proceder por exclusión es más irrevocable: Una vez asesinado el 85% de la población vasca, ETA alcanzará la mayoría. Siempre en nombre del pueblo vasco. Y ahora también de Dios, dado que según Alvarez Santacristina, Txelis, su condición etarra se basa en sus «convicciones cristiana-evangélicas». Razones que también fueron útiles a Hernán Cortés y a Torquemada.
Fidel Castro, por su parte, mantiene a la oposición en libertad condicional, entre presidio y presidio; intentando convencerlos de que sigan el caminito de Guarena de sus dos millones de compatriotas y se vayan a ejercer la democracia donde la haya. Abogando siempre, eso sí, por la felicidad de nuestro pueblo, la paz mundial y quizás pronto hablará en nombre de Dios. Se demuestra que los etarras son meros aprendices: aún no han logrado quitarse del medio a dos millones de adversarios. Claro que cuando lo hacen, optan por el más irreversible de los exilios.
Tanto en la botánica como en la historia, las raíces suelen quedar lejos de las ramas. Y el envilecimiento de las ramas, tarde o temprano seca las raíces. Ni la raíz medicinal sirve de coartada a la hoja urticante, ni el fin justifica los miedos.
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Chatchareo
4 01 2001Reconozco que hasta el día en que tuve la suerte de que me encomendaran moderar nuestro Encuentro en la Red a viva voz, es decir el chat que nos reúne aquí cada noche/tarde entre 11:30 y 12:30 de la noche (hora española) ó 5:30-6:30 (hora de Miami y La Habana), no había entrado a ningún chat. Antes que se abriera el nuestro, probé a ingresar en algunos para ver cómo funcionaban, y la experiencia me desanimó: bajo la capucha del anonimato, los contertulios aprovechaban su tiempo en dilapidarlo alegremente hablando sandeces en el mejor de los casos, o pasando a la ofensa, el insulto y la grosería en el peor (aunque siempre se puede ser peor). La incomunicación y el stress de la vida contemporánea, quizás explicaría esa necesidad de vomitar introversiones y rencores en la red, salpicando al personal.
De modo que el primer día abrí el chat con (fundados) temores de que aquello deviniera en un gallinero de mil gallinas carareando en idiomas distintos. Los cubanos somos (para bien y para mal) emocionales y de lengua rápida (no siempre certera). Con frecuencia hacemos caso omiso a la recomendación de asegurarse que el cerebro está conectado antes de empezar a hablar. Y, ciertamente, el primer chat fue algo caótico, aunque ni de lejos se acercó a mis peores predicciones. Más de una hora de criterios divergentes sin un solo insulto o descalificación, es algo más que notable en esta red de redes.
Intentando establecer ciertos principios que modularan nuestro intercambio durante esa hora de diálogo, la primera semana encabecé el chat con este texto:
«Queridos amigos: ante todo, deseo compartir con ustedes este Encuentro que, como explica Jesús Díaz en nuestro editorial, intentará facilitar la comunicación y el diálogo entre los cubanos de todas las latitudes, con el mayor respeto, pero también con la mayor libertad para que cada uno exprese sus propias ideas.»
«Ninguna idea, ningún criterio será censurado. Sólo abominamos de los llamamientos a la violencia, la ofensa personal, u opiniones discriminatorias de cualquier orden.»
«Aspiramos a que éste se convierta en el espacio de todos, piensen lo que piensen y vivan donde vivan; aunque sabemos las extraordinarias limitaciones que pesan sobre los que residen en Cuba para tener acceso a la red. Lamentablemente, no está en nuestras manos remediarlo. Pero mantenemos nuestra disposición de que, quienes puedan y lo deseen, nos acompañen.»
«Este lugar no es, obviamente, un foro de intelectuales. Es un foro de cubanos o de personas que se interesan por el tema cubano, desde cualquier óptica o perspectiva. Por eso no obviaremos ningún tema —política, cultura, deporte, realidad social o cualquier otro que se les ocurra—, y serán ustedes mismos quienes vayan aportando el fluir de nuestro diálogo.»
«Pero aspiramos, eso sí, a que ejercitemos el viejo arte de la buena conversación, que suele ser amena y sustanciosa, sin excluir el buen humor o la franca discrepancia (por muy duro que tecleemos, ninguna voz aquí se alzará más que la otra).»
«Todos los cubanos necesitamos comunicarnos, en ocasiones por esa soledad en compañía a la que nos confina el exilio en los puntos más inverosímiles del planeta; en otras, porque se nos ha confinado en el exilio del silencio, el peor de todos. Por eso, ustedes tienen la palabra».
Ese texto,que ya hoy no aparece, se ha convertido, por suerte, en algo innecesario.
Debo reconocer que yo soy el primero y feliz asombrado, de que en menos de una semana nuestro chat haya tomado un rumbo que es un excelente presagio para la futura convivencia de todos los cubanos. Desde Estados Unidos, Chile, México, Colombia, España, Portugal y (sospechamos, porque a nadie se le insta a decir de dónde viene) Cuba, han acudido compatriotas, portando cada uno su experiencia, su cubanía (no confundir con el cubaneo, aclaró un internauta la semana pasada) tamizada por el entorno donde viven. Ha habido intercambio de opiniones basadas en una sólida y meditada percepción de nuestra realidad, puntos de vista alternativos, en ocasiones diametralmente opuestos, pero ninguna voz ha puesto en circulación la ofensa o la descalificación barata como argumento. Si «el compañero que nos atiende» ha entrado de vigía al chat, confiando informar del parloteo agresivo y torpe de la «gusanera» y la «mafia anticubana», se las habrá visto negras para redactar su informe sin dar cuenta de la inteligencia, la mesura y el buen ambiente del debate entre esta «escoria» repartida por medio mundo.
En uno de los primeros chats, un internauta, en respuesta a una intervención mía donde intentaba conducir el diálogo por un camino reflexivo, me soltó: «Ya se nos puso almidonado el moderador». Y tenía razón. El temor a que el diálogo resbalara hacia la banalidad y el «chatchareo» vacuo, hizo que en ocasiones me «almidonara». La derogación de esos temores por el curso que ha ido tomando el chat y que se debe, justo es reconocerlo, a la capacidad de diálogo de quienes participan, más que a mi propio papel como moderador, ha obsoletizado el almidón. De modo que el chat se ha ido decantando hacia la textura de la buena conversación: esa donde la reflexión y el chiste conviven sin obstruirse, y el análisis colectivo de un tema que a todos nos preocupa, deja margen para el diálogo «a lo cortico» entre dos cubanos que intercambian emails y acuerdan transmutar el encuentro virtual en un acto físico.
Todos echamos de menos más presencia de compatriotas residentes en la Isla, pero poco podemos hacer al respecto. Sólo invitarlos y extrañarlos.
Un índice positivo es que cada noche el chat se extiende más de lo establecido, y cunden las protestas porque a muchos la hora de «chatchareo» les sabe a poco. Yo sospecho, en cambio, que su duración es también parte de su éxito: nos quedamos cada noche con ganas de continuar mañana, y disponemos de un día para rumiar opiniones inesperadas, o réplicas que nos inducen a la duda, la mejor de las gimnasias mentales. Hasta hoy, no hemos llegado nunca a ese punto muerto donde no queda nada que decir. Y es un estímulo que así sea.
Una desventaja del chat respecto a la conversación real es que tenemos las manos ocupadas tecleando y no podemos hablar con ellas —ni nos verían—. Otra, que no podemos mirar a los ojos del que habla, y debemos conformarnos con mirar sus palabras —eso ya no estoy muy seguro de que sea siempre un handicap.
Pero hay ventajas: El diálogo imposible con un cubano que vive en las antípodas, se hace realidad. Nadie interrumpe a nadie porque los textos aparecen en orden estrictamente sucesivo. No influyen ni el cargo, ni la categoría ni el status de quien habla: en la red todos somos democráticamente iguales. Tampoco convence quien más grita, porque a lo sumo puedes escribir en mayúsculas. También permite la interdigitación de varios diálogos simultáneos, sin que la conversación se convierta en algo ininteligible.
La vanidad de quienes ejercemos alguna tarea intelectual, nos inocula con lamentable asiduidad una suerte de hipoacusia selectiva de las opiniones ajenas. Estamos muy ocupados escuchándonos a nosotros mismos, o (con)venciendo al prójimo mediante un abusivo KO cultural. En el chat escucho más de lo que digo, y lo mejor es que escucho muchísimas opiniones interesantes, cosa que agradezco desde aquí a quienes ya han participado, y de antemano a quienes lo harán en un futuro.
Los cubanos no recibimos durante la primera mitad de siglo una sólida educación para la democracia —esa capacidad de respetar, como principio, a toda persona; y de respetar aunque no se acate el pensamiento ajeno—; y peor aún en la segunda mitad, donde se nos impuso un pensamiento único en cada orilla. En una, sin otra apelación que el exilio.
De modo que estamos obligados a adquirir un curso ultrarrápido de educación democrática, si pretendemos que la Cuba del mañana sea ese sitio plural y entrañable al que aspiramos. No será un chat, por supuesto, el que nos enseñe; sino la convicción de que nuestra libertad no es un mero ornamento, de que nuestra voz merece un lugar —ninguno y todos no son alternativas viables— en el concierto de lo cubano, y que delegar en otros el ejercicio del pensamiento, es la mejor manera de vender a precio de saldo nuestra libertad.
“Chatchareo”; en: Cubaencuentro, Madrid, 4 de enero, 2001. http://www.cubaencuentro.com/lamirada/2001/01/04/564.html.
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Etiquetas: Cuba, democracia, internet
Categorías : Habanerías
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