Cuba: el crepúsculo de un sueño

30 08 1995

Cierto taxista de Ciudad México me preguntó “cuándo expulsarían a ese Castro de la Isla”. Enterado de que yo vivía en La Habana, dio un giro de 180 grados a su curiosidad: “¿Y los yanquis no pensarán levantar nunca el embargo?”. El cliente siempre lleva la razón.

Como en un western, los fans de indios y cowboys suelen abundar cuando se toca el tema de Cuba: ¿El embargo o Castro? ¿El lobo feroz o la Caperucita Roja? Pero hay preguntas más arduas: ¿Por qué se mantiene en pie el único gobierno comunista del hemisferio Occidental tras la caída del Este? ¿Por qué, a pesar de la profunda crisis, no ha habido un levantamiento popular?

En 1990, ante la inminente desintegración de la Unión Soviética, se habló por primera vez del “Período Especial en Tiempos de Paz”, eufemismo para nombrar la crisis más profunda en la historia de Cuba, que se haría realidad meses más tarde: drástica disminución del transporte público, reducción o eliminación de todo combustible, cierre de empresas y masificación del paro, cortes de electricidad que alcanzan ritmos de 8 por 8 horas, paralización de las construcciones sociales y de infraestructura, reducción del suministro alimentario a 0,4 kg por día por habitante (sólo 27 g ricos en proteína); enfermedades propiciadas por avitaminosis y aproteinosis, como neuritis y beriberi, agravadas por la falta de medicamentos. El peso, la moneda nacional, disminuye entre 50 y 100 veces su poder adquisitivo en apenas unos meses, y el salario de un ingeniero, que rondaba los 300 dólares mensuales hace cinco años, se desploma a menos de tres. La crisis, entronizada ya como modus vivendi, va mutando hasta crisis de valores: se multiplica geométricamente la prostitución (una muchacha gana por turista-noche lo que sus padres, dos profesionales, no ganarían en un año), crece la delincuencia, la malversación y la economía subterránea. El mercado negro ocupa el lugar del mercado y se hace realidad lo que algún cubano bautizó como “La Era de las Tres R” (Resistir, Robar o Remar). Dado que el trabajo (salvo excepciones) deja de ser una vía digna y segura de subsistencia, se instaura una nueva picaresca de la supervivencia: dólares a toda costa para acceder a la red comercial en divisas. Los padres aspiraron a un título universitario; los hijos, a ser camareros para agenciarse unos dólares de propina. Cuando no, se echan al mar en una balsa, añorando alcanzar el Miami Paradise (si los tiburones del Canal no se interponen). Porque al cabo de cuatro años, sin otra solución para rebasar la crisis que las continuas apelaciones al “espíritu de resistencia”, el artículo más deficitario es la esperanza.

¿Cuáles fueron los polvos que trajeron estos lodos? En desigual medida, tres factores: la ineficiencia crónica del modelo, el embargo norteamericano y la desaparición de las excepcionales relaciones comerciales con la antigua Unión Soviética.

Según estimados del gobierno cubano, el embargo ha costado 40.000 millones de dólares, al eliminar a la Isla como posible destino del turismo norteamericano, impedir el intercambio comercial y la adquisición de tecnología, derivando su comercio hacia regiones más alejadas u onerosas transacciones a través de terceros, así como las presiones a empresas internacionales. El principal exportador mundial de azúcar no tiene acceso a la Bolsa de Azúcar de Nueva York y un barco que toque puerto cubano, no podrá ni acercarse a puertos norteamericanos durante seis meses. Ese es el embargo, paliado desde inicios de los 60 por el intercambio con la antigua URSS: relación de precios estables y a largo plazo muy favorables a la Isla; suministro prácticamente gratuito de todo el armamento; asesoría técnica, préstamos e inversiones. Incluso durante los 70, con la autorización de Moscú, la segunda fuente de ingresos de la Isla fue revender parte del petróleo que recibía a precios de convenio.

De modo que el costo del embargo se eleva al 7,6% del PNB cubano durante estos 35 años y, políticamente, contribuye a cohesionar al pueblo cubano alrededor del líder, según la tesis “Ahí viene el lobo”; pero Norteamérica es demasiado prepotente con Latinoamérica para retractarse. Mientras, la desaparición de la URSS despeña la Isla en un típico modelo tercermundista de relaciones, agravadas por el atraso tecnológico heredado de la URSS y un cuarto de siglo descansando sobre relaciones paternalistas y escasa eficiencia. Ahora bien, nada de eso explicaría un colapso sin ápice de recuperación durante cuatro años. Lo explica la ineficiencia crónica del modelo cubano: ultra centralización, supresión de la iniciativa y manejo de la economía según criterios políticos: la Idea, el Sistema, el Stablishment, son más importantes que el bienestar público, esa desviación pequeñoburguesa y consumista.

Desde 1968, cuando se eliminó toda forma de propiedad privada de los medios de producción (excepto el 30% de las tierras cultivables) es el Estado quien controla desde la gran industria hasta los estanquillos de periódicos. Tenencia absoluta de bienes y recursos. Importación y exportación centralizadas. Aún así, los pequeños campesinos, que cuentan apenas con medios, son hoy el sector agrícola más eficaz, de modo que el problema es básicamente conceptual. En un país que ha tenido un verdadero boom educacional (500.000 profesionales sobre 11 millones de habitantes), la inmensa mayoría de los cuadros de dirección han sido elegidos por razones políticas ajenas a su capacidad profesional. Dado que el modelo exige incondicionalidad al sistema y al líder antes que eficiencia, la estructura piramidal de dirección recaba obediencia antes que iniciativa, premia la adulación y sanciona la indisciplina creadora: en suma: una parálisis generalizada.

Como, por otra parte, se ha sustituido la retribución por diplomas, banderitas y exhortaciones al sacrificio en aras del ideal, cunde una huelga de brazos caídos: descansar durante el horario laboral, para dedicarse fuera, con desesperación, a la picaresca de la supervivencia.

¿Soluciones? Las del Estado: descapitalizar la nación vendiendo los medios de producción al capital extranjero. ¿Y por qué no a los nacionales? Según opiniones, porque el cubano carece de capital. Como si el dinero, ente sin patria, no pudiera arribar desde Miami vía Zúrich. Incluso ante la solicitud de autorización, por parte de exiliados cubanos residentes en países que no sea Estados Unidos, de invertir en la Isla, pero delegando en sus familiares cubanos de adentro el manejo de las empresas, la respuesta fue un rotundo NO. ¿Por qué? Una vez más, razones políticas. El inversionista extranjero aporta capital, permite el funcionamiento de una parte de la economía, pero no tiene ningún derecho político. Los nacionales, en cambio, podrían constituir en breve plazo una capa productiva, eficiente, y ya se sabe que el poder económico se convierte, sin pérdida de tiempo, en poder político que podría discutir espacio al omnipotente y único Partido Comunista de Cuba, empleando incluso los escasos mecanismos democráticos. Y el stablishment no está dispuesto bajo ningún concepto a compartir ese poder.

Entonces, ¿qué mantiene en pie al gobierno?, ¿por qué no ha habido un estallido popular? Los factores son varios y se interdigitan en un complejo entramado: relictos de la vieja popularidad de la Revolución nacionalista, popular, moralizante (el panorama de la república pre revolucionaria hedía por los cuatro costados) y de sus ya precarias conquistas sociales; el carisma de Fidel Castro, operando aún lo que los sociólogos llaman “el síndrome del líder”; la propia idiosincrasia del pueblo cubano, que sólo llega a la sangre in extremis; la inexistencia de una oposición organizada y viable (que el gobierno prohíbe por ley), como no sea la extrema de signo opuesto, en Miami, que el cubano de Cuba tampoco apetece, no sólo porque ya ha prometido tres días de libertad para la revancha después de Castro, sino por el previsible cambiazo: los siervos de LA IDEA convertidos en siervos DEL CAPITAL, sin paliativos. Y el ejemplo de la antigua URSS, despeñada en un capitalismo salvaje donde los menos aptos están peor que antes. De modo que para los cubanos mayores de 50 años el horizonte pos fidelista se barrunta negro, mientras los más jóvenes prefieren huir al paraíso que le ofrecen los enlatados de la TV, antes que intentar uno propio. El resto, espera. Sin desdeñar que una porción del pueblo cubano aún cree en el líder, dado que la equivalencia Fidel=Socialismo=Patria, reiterada durante 35 años, ha calado muy hondo. No es fácil desglosarla.

De ese modo, Cuba es hoy una lección amarga de la historia: el crepúsculo de un sueño compartido de justicia social, moralidad, nacionalismo sin integrismo ni xenofobia, que se empezó a desplomar cuando el poder mudó de medio a fin; cuando la opinión popular se hizo prescindible y su participación en el poder, innecesaria; configurando una clase gubernamental inapelable e inamovible que convirtió en ley los principios de su propia supervivencia: la obediencia al líder, y declaró enemiga toda diferencia, instaurando una intolerancia practicante que será a la larga su propio sepulturero: sin diferencias no hay crítica; sin crítica, no hay mejoramiento posible. La inmovilidad parece perfecta, eterna. Cuando lo único eterno es el tiempo que cambia. De modo que a la larga el juicio de la historia quizás troque aquella frase de Fidel Castro en 1954, “La historia me absolverá”, por “La historia me absorberá”.

 

1995





La era de las tres erres (Cuba en verde y negro sobre fondo rojo)

1 04 1995

Aquella luminosa mañana del primero de enero de 1959, La Habana no durmió la resaca como otros años. Despertó temprano entre sirenas, gritos y banderas. El dictador Fulgencio Batista había huido. La Revolución acababa de triunfar en aquel país monoproductor (80% de sus exportaciones en azúcar), monocultivador (52% de la tierra cultivable dedicada a la caña), con una cabeza vacuna por habitante y escasamente industrializado, profundas diferencias de clase, sociales, y estructurales entre la ciudad y el campo; 23% de analfabetismo, deficientes redes de asistencia médica y educacional; un país que exportaba azúcar, tabaco y concentrados de níquel, e importaba chicles y automóviles; amaestrado en el servilismo a lo extranjero y, en especial, a lo yanqui (tercer socio comercial de Estados Unidos en el continente), con un incipiente pero acelerado desarrollo del turismo (US$ 50 millones por año); balanza de pagos favorable, cero deuda externa y una reserva de divisas equivalente al volumen de su comercio exterior; un país con una estructura democrática plegable, galopante malversación, nepotismo, corrupción y abuso del poder. Cuba, que algún turista había definió como el tropical paradise de putas y maraqueros, se preparaba a ser noticia durante los próximos 40 años; a tocar el cielo/el infierno (según versiones) desde su soledad continental, a sostener el mito de David frente a Goliat, referente para América Latina y buena parte del Tercer Mundo, a desatar pasiones extremas y la enemistad de nueve inquilinos de la Casa Blanca. Verdadera tradición norteamericana.

En aquella Isla que había padecido medio siglo de democracia precaria, y un crecimiento económico sostenido que asimiló más de un millón de inmigrantes; los barbudos de Fidel Castro representaron la honradez, la valentía de derrocar por las armas al tirano, contra todo pronóstico, y un sentido nuevo de la justicia social que transmitía su hipnótica oratoria. Él se apresuró a dictar medidas que fomentaran la adhesión de las grandes mayorías: Reforma Urbana, Reforma Agraria, Alfabetización. Grandes palabras de los 60, la Era del Entusiasmo, que se redondeó el 13 de marzo de 1968 con la Ofensiva Revolucionaria: incautación de los últimos 58.012 pequeños negocios que quedaban, con lo que se erradicaba la propiedad privada sobre los medios de producción (si exceptuamos el 30% de las tierras cultivables). Desde entonces, el Estado se encargaría de administrar toda la economía cubana.

Vencida la contrarrevolución armada en Playa Girón y el Escambray, desactivada la oposición y amaestrada la prensa —monopolio estatal— hasta la obediencia incondicional, ninguna voz se alzaría impunemente contra los sucesivos experimentos económicos y políticos. Máxime después que fueron refundidas las organizaciones que participaron en la lucha, bajo las órdenes de Fidel Castro, quien ha terminado abrumándose a sí mismo de trabajo: Primer Ministro, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Primer Secretario del Partido Comunista, y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. La Constitución de la República (1976) menciona explícitamente su liderazgo vitalicio, de modo que es inconstitucional cuestionarlo. De todos modos, en previsión de disonancias, se instituyeron los mecanismos de una vasta inquisición ideológica cuyo exponente más nefasto fue la UMAP, campos de “reeducación” donde se confinaron por igual a católicos militantes, homosexuales, disidentes y heterodoxos.

Tres pilares edificarían la rápida prosperidad de la nación: la frugalidad estoica —reducción drástica del consumo para dedicar el máximo de recursos a la industrialización—; la conciencia laboral y política de los trabajadores, que se esforzarían sin apenas retribución —igualitaria, trabajaras o no, de acuerdo a la libreta de racionamiento—, y la unanimidad en torno a sus dirigentes, lo que hacía innecesario cualquier mecanismo participativo. Hasta 1976 no se crea el primer y único órgano vagamente democrático: la Asamblea Nacional del Poder Popular, que en 23 años jamás ha aprobado una ley contra la opinión del líder, e incluso ha reescrito otras ya publicadas. Ni siquiera le fueron consultadas las guerras de Angola y Etiopía, que involucraron a cientos de miles de cubanos. La “democracia directa” suple al parlamento: Fidel habla (unos 3.200 discursos registrados) y el pueblo aplaude.

Lamentablemente, la tríada “frugalidad-conciencia-unanimidad” no funcionó. La escasa estimulación provocó una huelga generalizada de brazos caídos. La caída de la producción, escasez. La escasez, inflación, desestimulando más a los trabajadores para cerrar el círculo: El Estado simulaba un salario y los obreros simulaban un trabajo. La subvención soviética, a través de relaciones económicas preferenciales, créditos blandos y armamento gratuito —a mediados de los 70, Cuba recibía la mitad de toda la ayuda que la URSS enviaba al Tercer Mundo—, evitó el colapso económico de la Isla; paliando con creces los efectos del embargo norteamericano (US$40.000 millones en 40 años, el 7,6% del PIB, según datos del propio gobierno), aprovechando en cambio su valor añadido: chivo expiatorio de cuanto desastre económico ocurra, y recurso fácil para convocar al rebaño al grito de “Ahí viene el lobo”. Si mañana la Casa Blanca levantara el embargo, no pocos funcionarios cubanos, despojados de su excusa predilecta, saldrían en manifestación denunciando “esa nueva maniobra del imperialismo”.

Al mismo tiempo, se establecía la gratuidad de la asistencia médica, la educación (a todos los niveles) y el entierro. Crecía la red asistencial hasta cotas cercanas a las del mundo desarrollado. Se universalizaba la enseñanza, y las cuatro universidades de 1959 se convertían en 45, generando al cabo 400.000 profesionales universitarios en una población de 11 millones. Fuerza laboral altamente calificada que contrajo expectativas de vida frustradas por el bajo desarrollo de las relaciones de producción, máxime cuando el gobierno ha mantenido inalterable un sistema promocional que pondera la incondicionalidad política al talento, y no tolera la desobediencia creadora. Vox Populi afirma que en Cuba “El que sabe, sabe. Y el que no sabe, es jefe”. Razón de los múltiples altercados entre el gobierno y el sector cultural, cuya tarea ha sido, por otra parte, dignificada, beneficiándose de la difusión y accesibilidad del libro y los espectáculos culturales, la creación de una enseñanza y una industria cinematográfica y artística sin precedentes. Aunque tan temprano como en 1961, se les advirtió que: “Dentro de la Revolución, todo; fuera de la Revolución, nada”.

Los cubanos suelen recordar los 80 como la Edad Dorada: tímida estimulación salarial; creación del mercado paralelo (no racionado) tras el éxodo masivo de 1980 por el Mariel; permisos de visita a los cubanos del exilio; apertura internacional al turismo, y un poderoso mercado negro alimentado por las tiendas en dólares y la propiedad estatal—propiedad de todos que terminó siendo propiedad de nadie o del listillo que le echara el guante—. A lo que se sumaba una notable homogeneidad social, herencia del igualitarismo. Una edad que concluiría con la década: en 1990, se decretaba el Período Especial en Tiempos de Paz, eufemismo para designar la crisis más profunda del siglo XX cubano.

Con la caída del Este (y del 80% del comercio insular), Cuba queda a solas entre su propia ineficiencia económica y el embargo norteamericano. En menos de seis meses, la devaluación alcanza el 2.500%. Un ingeniero pasa a cobrar 450 pesetas mensuales al cambio (hoy ronda las 2.000), lo suficiente para comprar quince cajetillas de cigarros o un pollo. Cientos de fábricas cierran por falta de repuestos, materias primas y energía, quedando los desempleados con un subsidio del 60%, es decir, el 2% de su poder adquisitivo un año atrás. Fidel Castro anuncia el olvidable slogan “Socialismo o Muerte”. Pero los pueblos no se suicidan y el Comandante en Jefe se encuentra ante la disyuntiva: ¿Cómo evitar que el hambre y la desesperación pongan en peligro el statu quo, sin ceder el monopolio del poder? ¿Cómo incrementar la eficiencia económica sin acudir a fórmulas del FMI, sin cancelar las conquistas sociales y sin dinamitar los fundamentos del sistema: ultra centralización, propiedad estatal y manejo de la economía según criterios políticos? La ensaladilla rusa, hambre con democracia, no es buena receta para conservar el poder. Eligieron el pato al estilo de Pekín: dictadura política con crecimiento económico. Traduciendo: un capitalismo sólo para extranjeros que subvencionara el socialismo sólo para cubanos: descapitalizar la nación vendiendo medios de producción al capital foráneo, para cobrar el diezmo. La elección no es casual: El inversionista extranjero hace funcionar la empresa y paga impuestos, pero carece de derechos políticos, y si obtiene ganancias, apoyará al gobierno. Los nacionales podrían constituir a mediano plazo una capa productiva, eficiente, y el poder económico siente un hambre precoz de poder político. “Antes se hundiría la Isla en el mar” (FC dixit). Incluso las tímidas modalidades de trabajo por cuenta propia se han permitido a regañadientes para paliar la escasez, contener el descontento y ofrecer una salida de emergencia al enorme desempleo. Pero abrumándolos de impuestos; sin hacer constar por ley la libertad de empresa y comercio de los nacionales, de modo que sea reversible, y prohibiendo a los profesionales ejercer por libre sus oficios, evitando así el surgimiento de una empresa altamente cualificada y competitiva, pero privada, que subraye la incompetencia estatal.

No obstante, la subasta del país se hace con cautela. El mercado es especialista en desatar lo atado y bien atado. La zona más ortodoxa de la vieja guardia teme al capital por razones ideológicas y nada ayudaría más a erosionar ese statu quo que la supresión del embargo, derogando así un fuerte factor de cohesión alrededor del líder, según la tesis “Ahí viene el lobo”. Pero EE. UU. prefiere el método John Wayne. Otros miembros de la burocracia política se están colocando ya como gerentes neocapitalistas, en posición de esperar el cambio bien arropados en sus crisálidas, que abandonarán convertidos en las mariposas de la nueva burguesía. Mientras puedan, no van a tolerar la libre competencia.

No hay por ahora indicios de que la tímida apertura económica se desplace hacia el terreno político. Dada la profunda crisis que pesa sobre la cotidianía del cubano, permitir la aparición de alternativas políticas sería un suicidio. Y las burocracias tampoco se suicidan. No habrá Gorbachov Segunda Parte. Se insiste en un vago proyecto de sucesión dinástica que ya nadie cree viable. Y para forzar desde abajo una transición radical, haría falta el 70”1% de la desesperación. Situación poco predecible: Primero: Opera aún el “síndrome del líder” (una porción aún cree; la equivalencia Fidel=Socialismo=Patria, reiterada durante 40 años, ha calado hondo). Segundo: La idiosincrasia del cubano, que sólo llega a la sangre in extremis. Tercero: El temor de muchos a la alternativa Miami en caso de desplome. Y Cuarto: El ejemplo ruso, donde los menos aptos están peor que antes. Para los cubanos mayores de 50 años el horizonte pos fidelista se barrunta negro, un capitalismo más cerca de Haití que de Suecia, desguarnecido de las (ya precarias) conquistas sociales. Los más jóvenes prefieren huir al “paraíso”, antes que intentar uno propio. El resto, espera. Ojalá no sea por mucho tiempo. Podríamos heredar un país que no nos pertenezca.

Cuarenta años después de aquel primero de enero de 1959, Cuba es un país monocultivador y monoproductor (más de la mitad de las tierras dedicadas a la caña, aunque el azúcar ha sido superado por las remesas de los exiliados), con 0,3 reses por habitante, escasamente industrializado -a pesar de cierta infraestructura industrial-, sin analfabetismo, con una población sana y altamente calificada, con redes educativa y de asistencia médica suficientes en cantidad y aceptables en calidad, aunque huérfanas hoy de medios; un país que exporta azúcar y concentrados de níquel e importa hasta los más elementales bienes de consumo; un país que ganó en tres decenios otro sentido de la dignidad y el orgullo nacionales, y lo pierde un poco cada día en la picaresca de la miseria; un país que el turismo (300 millones de dólares por año) y la subasta de su economía, van amaestrando en el servilismo a lo extranjero (en especial a lo yanqui, corroborado por el espejo de Miami y la oferta televisiva de enlatados norteamericanos); un país con una balanza de pagos negativa, una deuda externa de $US10.000 millones (más 24.000 con la antigua URSS) y una reserva de divisas estimada en el 1% del volumen de su comercio exterior; un país donde once millones tienen derecho a votar por un candidato o por el mismo. Otros dos millones ya han votado con los pies, o con los remos. Un millón de inmigrantes en medio siglo, se han convertido en dos millones de emigrantes durante la segunda mitad. Y una macabra procesión de cadáveres que vagan por el Estrecho de la Florida.

¿Será el socialismo el camino más largo entre el capitalismo y el capitalismo? Quizás. El país que se nacionalizó de punta a cabo, se anuncia hoy en liquidación hasta fin de existencias. El país estatalizado, se privatiza. El garito del Caribe que reeducó a sus prostitutas, es hoy destino del turismo sexual. Los gusanos que huyeron ayer, salvan del hambre hoy a los que se quedaron. La ciudad que construyó La Habana del Este para desactivar el tristemente célebre Barrio de las Yaguas, esperará el milenio con la mitad de sus viviendas en mal estado (251.000), 175.000 inhabitables, de las que 100.000 se perderán sin remedio. Y en el país más antiimperialista y anti yanqui del planeta, un billete de Washington vale por veintidós de José Martí.

La Cuba que construyó hace cuarenta años una Revolución “verde como sus palmas” (o verde como la sandía), es hoy una Isla tricolor: sobre el fondo rojo de la desvaída economía estatal, cuyos asalariados a 1,500 pesetas por mes pedalean sus bicicletas y Resisten como pueden la crisis, apelando con suerte a las remesas de sus parientes que un día optaron por Remar; aparecen los islotes del capitalismo para extranjeros, verde dólar, y todo ello sobre el fondo negro de la economía sumergida, la omnipresente bolsa negra, donde la picaresca es ley, y Robar, mero ejercicio de supervivencia. Es decir, tras la Era del Entusiasmo y la Era Dorada, aparece lo que un cubano llamó La Era de las Tres Erres: Resistir, Robar o Remar.

“Cuba: La era de las tres R”; en: AlSur, n.º19, Jaén, España, marzo-abril, 1995, pp. 44-46





¿Intolerancia o Humanismo? (La homosexualidad en Cuba)

30 12 1994

¿Tienes idea de cuántos homosexuales puede

haber en Cuba? Tomando la tasa mundial de entre

3 y 4% de la población, con que están de acuerdo

casi todos los especialistas, en Cuba habría

entre 300.000 y 400.000 homosexuales (sin contar los

bisexuales). Una sociedad esencialmente humanista

no se puede desentender del destino de esos ciudadanos

Dr. Celestino Álvarez Lajonchere

ex director del Grupo Nacional de Educación Sexual, Cuba

 

 

Breve historia de Daniel Ramírez

Daniel Ramírez estudia el onceno grado en una facultad nocturna de La Habana, al tiempo que trabaja como mozo de limpieza en una peluquería. Abandonó sus estudios en el curso diurno para buscar trabajo, y fue entonces cuando discurrió por un penoso peregrinar de oficina en oficina. Los pretextos para no darle trabajo fueron diversos, y dependieron de la imaginación y el nivel de prejuicios de los empleadores: que no había plaza, que dejara sus datos y en breve se comunicarían con él —aún estaría esperando—, etc. Un constructor le dijo con toda franqueza que si lo empleaba tendría que expulsar en los próximos meses, por agredirlo, a otros trabajadores, cuyo machismo les impediría trabajar resignadamente a su lado. En otro lugar, donde adujeron que no había vacantes, Daniel aceptó la excusa y envió varios minutos más tarde a un amigo heterosexual, que obtuvo el trabajo sin mayores dilaciones. Una siquiatra llegó a decirle que tenía dos opciones: ver la vida como si fuera una película o irse del país. Pero, a pesar del consejo, Daniel, educado en una familia que lo juzga y lo ama por quién es, sea cual sea su conducta sexual, piensa que su lugar está en Cuba.

 

¿Confiables o no?

Casos como el de Daniel me indujeron a conversar con el Dr. Celestino Álvarez Lajonchere, y tratar de indagar sobre algunos juicios y prejuicios que sobre la homosexualidad subsisten en Cuba:

—Doctor, existe una opinión bastante generalizada de que los homosexuales no son confiables en tanto que homosexuales.

—Eso se basa en la concepción de que la homosexualidades una “debilidad de carácter”, y que por esa razón no son confiables. Creo que los homosexuales pueden ser objeto de chantaje en una sociedad no permisiva y donde ocultan, por razones obvias, su homosexualidad. Desde ese punto de vista, creo que no sería prudente poner en sus manos secretos militares o de Estado, y preferiría que los homosexuales entendieran eso. Pero no por razones intrínsecas. He conocido homosexuales que son grandes figuras del arte y de la ciencia, con una gran fortaleza de carácter, e incluso homosexuales que resistieron las torturas sin delatar a sus compañeros. ¿Puede llamárseles no confiables?

—Es curioso: si una sociedad no es permisiva, el homosexual se encubre y es posible blanco de chantaje. Pero si es un homosexual encubierto, la sociedad pondrá en sus manos los secretos de que usted hablaba, creyéndolo heterosexual. Y si se trata de un homosexual declarado, que es cuando la sociedad pondrá sus secretos lejos de él, no será jamás blanco de chantaje por esa causa. Si se modificara la concepción actual y ser homosexual no fuera una actitud repudiada, ¿no desaparecería la precondición necesaria para el chantaje por esa causa?

—Eso es racional, pero fíjate que la doble moral y la subestimación a la mujer va a tardar decenios, siglos quizás, en desaparecer. En Holanda noté que incluso los homosexuales masculinos discriminan a las femeninas. Extrapolación del machismo. Así, la discriminación al homosexual va a tardar más en desaparecer.

 

¿Causas?

—Eso está todavía en estudio —responde el Dr. Lajonchere—, pero al parecer las causas biológicas son más importantes. El Instituto de Endocrinología Experimental de la Universidad de Humboldt, en Berlín, ha obtenido sistemáticamente camadas de animales de experimentación homosexuales, cambiando el equilibrio endocrino de la madre en el momento crítico en que se está produciendo el dimorfismo cerebral en el animal. Si las causas son básicamente biológicas, entonces resulta que la persona no es responsable de su homosexualidad. No está en él cambiarlo. No lo escogió. Por eso es doblemente inhumano hacerle la vida imposible al homosexual. Aunque, sea cual sea la causa, es inhumano darle un tratamiento diferenciado y está en contra de los principios humanistas de nuestra sociedad.

 

Homosexuales, bisexuales y transexuales

—Una experiencia homosexual en la adolescencia —responde el Dr. Lajonchere— debe ser vista con cuidado. Es frecuente y no implica que la persona sea homosexual (cuando sólo siente estimulación sexual por personas de su mismo sexo). También hay los que funcionan indistintamente con ambos sexos, los bisexuales, que no son homosexuales estrictos. El homosexual raras veces intenta un cambio de sexo, y cuando lo hace es por presión social. En cambio, el transexual es fisiológicamente un varón pero su percepción como ser humano es la de una mujer. Generalmente su situación es muy dramática, y puede confundirse con la del travesti (que puede ser transexual u homosexual). En esos casos, ya en Cuba se está practicando el cambio de sexo.

 

¿Amaestrar?

—Sabemos, Dr. Lajonchere, que durante aquella experiencia nefasta y por suerte efímera de los años 60, las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, donde eran recluidos muchos homosexuales, se intentaba modificar su conducta mediante técnicas aversivas. ¿Es posible hacerlo?

—El homosexual conserva su nivel hormonal idéntico al del heterosexual, sólo que cambia el centro de su interés. Dado esto, se le podría amaestrar para que tengan relaciones con personas de sexo contrario. Lo difícil es lograr que esto les resulte agradable. Y en ese caso se le entregaría a la mujer un varón incompleto, cuya orientación está en la estructura de su propio cerebro. Pero, además, amaestrarlo sería anti ético.

 

Amaneramiento

—Se cree que todos los homosexuales son amanerados, ¿es así?

—No. Si la homosexualidad es básicamente biológica, el amaneramiento es aprendido. Donde no hay una represión grande y donde el homosexual existe más o menos abiertamente, el amaneramiento es rechazado por los homosexuales y es minoritario. En ocasiones, puede ser una manifestación de protesta contra la sociedad que los discrimina.

 

¿Existe discriminación al homosexual en Cuba?

es la pregunta que hago entonces al Dr. Lajonchere, pero antes recuerdo la carta de un homosexual a la redacción de la revista Somos:

“¿Por qué se discrimina tanto al homosexual? ¿Por qué se nos trata como antisociales? ¿Por qué se nos rechaza en todas partes, cuando descubren en uno aunque sólo sea un mínimo destello de homosexualidad?”

—Eso está ocurriendo y ocurrirá por muchos años —responde Lajonchere—. No es exclusivo de nosotros. Es mundial. Los investigadores Master y Johnson plantean que el rechazo tiene un origen religioso. La iglesia sólo acepta el coito reproductivo, por tanto, la homosexualidad es pecado capital. En el Medioevo los homosexuales eran condenados a muerte.

—Incluso en Cuba, donde la Inquisición fue leve, la única quema masiva fue la de unos 90 homosexuales en un sitio llamado Cayo Puto, en la Bahía de La Habana.

 

Hasta los padres

La magnitud del repudio a los homosexuales nos la da un hecho sintomático: los primeros en repudiarlo son los padres. Los mismos padres que sobreprotegerían a un niño enfermo o minusválido, y que no retirarían su apoyo a un hijo delincuente. La solución de algunos padres es “ignorar “la homosexualidad de sus hijos. La incomprensión puede provocar desajustes sociales que no tienen nada que ver con la homosexualidad, pero que sí se empleen como justificación para ejercer la discriminación.

 

¿Represión?

—Existen funcionarios que cometen arbitrariedades y, en ocasiones, manejan la legislación de acuerdo a sus prejuicios, lesionan la dignidad humana del homosexual, por convicción propia, o porque una actitud simplemente más humana hacia el homosexual puede hacer sospechoso al funcionario, al menos en ciertos contextos, ante los ojos de compañeros más intolerantes. ¿Puede hablarse de represión en Cuba a los homosexuales?

—Yo no creo que en Cuba haya una conciencia represiva al respecto —afirma el Dr. Lajonchere—, pero sí tienen problemas laborales, y hay tareas que les están vedadas, como la educación.

—En nuestras leyes no se recoge la prohibición de la homosexualidad—explica el Mayor Eduardo Berriz, Jefe de Divulgación de la Policía Nacional cubana—; lo que no se toleran son sus manifestaciones. Se entiende por eso que un homosexual no puede hacer manifestación de su condición en la vía pública: pintarse los labios, provocar al resto de la ciudadanía con su manifestación. Eso lo recoge la sección cuarta del artículo 359 del Código Penal: “Se sanciona con privación de libertad de 3 a 9 meses o multa de hasta 270 cuotas o ambas al que haga pública ostentación de su condición de homosexual, o importune o solicite con sus requerimientos a otro, realice actos homosexuales en sitios públicos o en sitios privados pero expuesto a ser visto involuntariamente por otras personas, ofenda el pudor o las buenas costumbres con exhibiciones impúdicas o cualquier otro acto de escándalo público”.

Si tenemos en cuenta —pienso yo— que entre amaneramiento y homosexualidad puede no haber coincidencia, hay riesgo de que “hacer pública ostentación” signifique algo diferente para cada persona, que el pudor y, más aun, las “buenas costumbres”, sean demasiado ambiguas, y que al final resulte la ley algo tan interpretable que cada cual la aplique a su manera. Es el camino más rápido hacia la arbitrariedad.

 

El cebo

—En algunos centros de enseñanza suele ponerse un cebo, provocar al sospechoso de homosexual para, una vez sorprendido in fraganti, expulsarlo por razones supuestamente “morales”, ¿que usted cree, doctor, sobre esta práctica “moral”?

—Me parece una práctica denigrante, sobre todo para quienes la ejercen. Se rompe la trayectoria laboral o estudiantil de una persona muchas veces capaz. Y, en ocasiones, los móviles son más sórdidos que un prejuicio. Recuerdo el caso de una muchacha muy bella que estudiaba en Checoslovaquia. Varios de sus compañeros cubanos de estudio la pretendieron, pero ella no aceptó. Sospecharon que era homosexual y le pusieron un cebo. La muchacha cayó. Fue expulsada y enviada de regreso a Cuba, donde ahora trabaja como secretaria, de modo que la sociedad está perdiendo sus capacidades. Si no hubiera sido atractiva, posiblemente nadie se hubiera ocupado de su homosexualidad.

 

¿Homosexualidad vs. Ideología?

“Yo tuve la suerte de formalizarme y mi pareja siempre me supo guiar, pero la juventud actual se siente desatendida. Forman un submundo que por la existencia de prejuicios se desarraigan de todo. Cuando se nos atiende y se nos da un lugar en la sociedad, sabemos actuar. Queremos respeto y sabremos respetar de acuerdo a cómo se nos trate. Soy, afortunadamente, militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, y sé que es un pecado serlo dada mi condición de homosexual, pero me pregunto ¿por qué?, si yo tengo una actitud digna.” (Carta a la revista Somos)

Denuncia la duplicidad a que se ve obligado el homosexual que participa políticamente, dado que hoy es una verdad no escrita que los homosexuales no pueden integrar organizaciones políticas como el Partido Comunista o la Unión de Jóvenes Comunistas, y algunos consideran que la homosexualidad es una deformación moral que inhabilita políticamente, aun cuando la vida demuestra continuamente lo absurdo de esa mentalidad.

 

Supuestas estadísticas

sitúan a Cuba entre los más altos índices de homosexualidad del planeta. ¿Podría haber algo de cierto en eso?

—No hay fundamentación alguna en eso. Ni hay razones para pensar que en Cuba sean más o menos que en otros países los homosexuales —afirma categóricamente el Dr. Lajonchere—. Pero si se les reprime algunos se muestran más extrovertidos. No creo que en ningún país se pueda hacer una estadística confiable sobre esto. Hay un trabajo fuerte para introducir una cuña entre los grupos homosexuales y la Revolución Cubana. Hacen uso de los errores cometidos en los 60. Cuando dices una mentira grande y la avalas con una verdad pequeña, el resultado es más o menos creíble para una población ya prejuiciada por una avalancha de desinformación.

—¿Y cuál sería la mejor actitud, la más humana pero, a un tiempo, realista frente a este fenómeno?

—Yo valoro a las personas por su conducta social, no por sus inclinaciones sexuales. Juzgo por su actitud social, porque todo lo que ocurra dentro de una habitación entre dos personas compete sólo a ellos. Nada que no perjudique a terceros es condenable. Hacer que la población conozca más el fenómeno la ayudará a ser más permisiva, a comprender que esas personas no pueden ser destruidas por el hecho de ser distintas. Y la comprensión tiene que empezar por los padres. Si no fuéramos más tolerantes, dejaríamos de ser humanistas.

 

“Intoleranz order Humanismus? (Homosexualität in Kuba)”; en: Cuba Libre, n.º 4, Köln, Alemania, diciembre, 1993, pp. 26-29.

“¿Intolerancia o humanismo? La homosexualidad en Cuba”; en: Somos, n.º 155, La Habana, 1994, pp. 2-5.

 





Devaluaciones

30 06 1993

La Habana, año 1970: La boda de un amigo. Cuando aparecí, las madres y vecinas que entonces no eran para mí más que “personas mayores” cuchichearon en los rincones a causa de mi pantalón de mezclilla que me habían dado para cierta jornada de trabajo en el campo, un pulóver algo desbembado y mis únicas zapatillas (sin medias) —ni siquiera sospecharon que de otra pieza íntima también carecía—. También carecía de intención snob. Carecía de ropa. De todos modos, la socialización de la miseria (que entonces era abrumadora) lo hacía más llevadero: todos andábamos más o menos igual de desastrados. Ningún Levi’s o Florshane nos echaba en cara nuestro ripierismo. Pero ya entonces, como es natural en toda economía de guerra, con racionamiento y escaseces, había asomado el mercado su cara negra: Una cajetilla de cigarros a veinte pesos o un pantalón (usado) en 100 .
Y pasó el tiempo y pasó… que el racionamiento se entronizó en Cuba, no como una circunstancia coyuntural, sino como un modus vivendi que ya cumplió tres décadas —tiene carné de identidad, responsabilidad penal, derecho al voto— y nos fuimos habituando a convivir con él. Del sacrificio necesario para conseguir metas que se fijaron para el 70, con sucesivas posposiciones, pasó a engrosar esa materia gris de lo cotidiano. Y como la tensión heroica, sostenida por una ética férrea, es, por fuerza de la humana extenuación, un estado transitorio, convivir con el racionamiento consistió a medias en sobrellevarlo y a medias en burlarlo, más cuando ya el racionamiento hacía agua (asignaciones y auto asignaciones de bienes estatales, viajes a convenciones y shopping centers).
Para el hombre común, que no disponía de medios más o menos lícitos de hurtarle el cuerpo a la escasez, sólo quedaba una vía: el mercado negro, que en Cuba se conoce familiarmente como “la bolsa negra”. Desde pantalones hasta automóviles, café y apartamentos, todo empezó a ser objeto de esa empresa comercial sin fronteras. Los viajes de la comunidad cubana en Estados Unidos descorrieron el telón del consumo para una gran masa de la población enajenada hasta entonces de la quincallería contemporánea, y el proceso creció a galope.
Incluso la apertura del mercado paralelo  (1980) —casualidad o respuesta, sucedió inmediatamente después del éxodo de 125.000 cubanos por el Mariel— asumió los precios de la bolsa negra (pura ley de la oferta y la demanda), confirmando su pragmática. Y si para cualquiera es posible eludirla en la región discutible de lo superfluo, puede que una cifra cercana al 100% de los cubanos adultos haya tenido que carenar alguna vez en las interioridades oscuras de la bolsa. Unos sacos de cemento para que el techo no les caiga a mis hijos en la cabeza; una arroba de malanga, porque el niño no tiene qué comer, un par de zapatos, porque ya el hueco ocupa toda la extensión territorial de la suela, o… Ejemplos sobran. Y se va entronizando una espiral, porque la grabadora de $500 no se puede arrumbar al closet por falta de una liga que la economía estatal no fabrica y el tallercito privado expende a 10, 15, 20 pesos. (¡Un robo! —exclamas, pero la compras. Qué remedio. Y así florecen fabricantes clandestinos de casi todo, comerciantes, intermediarios y fauna subsecuente, gracias a que el racionamiento les ofrece la clientela en bandeja de plata, la red comercial no opone ni un amago de competencia y la suma de dos factores —la apertura visual del cubano actual hacia otras latitudes del confort, y el incremento abrumador del nivel de instrucción, con la aparición de expectativas superiores de vida— crean la necesidad de un incremento en el nivel y la calidad de la vida que el racionamiento, con su esquema más o menos igualitarista, excluye.
Se aspira (en términos de paradigma ético) a un hombre ajeno a estas apetencias, pero los parámetros conductuales de la sociedad sólo cambian muy lentamente y al compás de las circunstancias. Y no es precisamente el hambre el mejor camino para fomentar la falta de apetito.
Si es punible toda incursión en el mercado no oficial, todo servicio recibido por un particular sin licencia o con ella pero con materiales que sólo por caminos aviesos llegaron a sus manos, todos o casi todos los cubanos somos condenables por receptación o delitos peores. Pero las cosas se complican.
El desmantelamiento del mercado paralelo y el recrudecimiento del racionamiento (Período Especial mediante y por causas que todos conocemos: inoperancia histórica del esquema económico implantado por el gobierno, desplome de las favorables relaciones con el ex campo socialista y embargo norteamericano, en ese orden de importancia) han abierto aún más el campo a este sector clandestino (a veces no tan clandestino) de la vida que podríamos llamar “la vida negra”. Al desaparecer de las vidrieras los huevos o los flotantes de baño, el pan y los caramelos, se suman, con cientos de otros rubros, a sus predios. Y se sigue cumpliendo que donde hay demanda, aparece la oferta. Los precios crecen en estampida, el dólar alcanza los 80 pesos , la prostitución ni se recata y se empieza a dar un contrasentido: en el país socialista y antiimperialista por excelencia, resulta imprescindible poseer la moneda de su más encarnizado enemigo no sólo para adquirir textiles y plásticos asiáticos, sino para alimentarse, para sobrevivir. Como si el brasileño cobrara en cruzados su salario y tuviera que adquirir sus artículos de primera necesidad en yenes o libras esterlinas. Dado que el peso cubano es moneda libremente inconvertible, las vías de obtención de los dólares son abrumadoramente tortuosas, por no decir ilegales. Pero entre el delito y la indigencia proteica, la mayoría apuesta por las necesidades primarias.
La inflación galopante —el salario de un ingeniero alcanza para 15 cajetillas de cigarros, o 2 pollos, o un par de zapatillas de tela, o poco más de medio jean, o 6 libras de carne de puerco— crea una imperiosa necesidad de dinero, no ya para incrementar el nivel de vida, sino para subsistir. Se podría prescindir de un Levi’s pero no de un plato de comida. De ahí que cada cual lo obtenga empleando los medios a su alcance: reventa de productos asignados por el racionamiento, o el ingeniero que discute a brazo partido una plaza de mesero para agenciarse unos dólares de propina, o los torneos de zancadillas para obtener un viaje a las redes comerciales de cualquier país más allá de las costas.
Pero aún más: cunde la desviación de recursos que el Estado no cuida con demasiado rigor; quien puede prestar un servicio lo encarece hasta los límites pagables (siempre quedan más lejos de lo imaginable), la compra venta, el mercadeo y los intermediarios cunden, y la necesidad, a fuerza de imperiosa, va defenestrando a los ciudadanos hacia el vórtice de esa tromba de ilegalidad compartida. Si las incursiones son al inicio tímidas, se van haciendo más decididas en la medida que de ellas depende el yantar cotidiano, la necesidad impostergable, la supervivencia. Bueno, esa es la vida —dirá alguno (con razón)—, ¿y qué?
¿Y qué? Eso mismo me he preguntado desde hace mucho tiempo. Resulta que toda sociedad tienen sus códigos, sus valores, su moral, su legalidad y su ética. Si los valores, la ética social y la moral continúan rezando que el sacrificio y la conciencia, el trabajo abnegado por un ideal, la más estricta honradez en el ejercicio cotidiano, son el paradigma; pero, al propio tiempo, las necesidades más rasantes te obligan a transgredir todas las normas, a receptar lo que otro robó, a cenar con lo que alguien sustrajo (y ni preguntes, que eso es mala educación), el resultado es que las fronteras entre lo moral y lo inmoral, entre lo legal y lo ilegal, se van difuminando, hasta que las coordenadas éticas y conductuales de la sociedad se van convirtiendo en algo borroso, intangible (o inalcanzable) en los cursos de moral y cívica. A eso se añade la discriminación turística hacia los cubanos que la iniciativa empresarial de muchos funcionarios ha puesto en marcha con entusiasmo, desvalorizando nuestra moneda y nuestra nacionalidad, con su consiguiente secuela de sobrevaloración de lo extranjero, la actitud mendicante de los más indignos y la humillación de los otros, incapaces de explicar por qué los billetes que retribuyen su sudor y su talento se van convirtiendo en moneda de utilería, pura celulosa pintada.
Si sumamos todos esos ingredientes, no sólo obtenemos la devaluación del peso y del nivel de vida, sino también la devaluación de nuestra dignidad, de nuestra ética, de la moral ciudadana que han conformado siglos de sangre y sueños por instaurar las coordenadas de la cubanía, decenios de sacrificio por defender nuestro derecho a la historia, durante los cuales comenzamos deletreando el abecedario y concluimos por abrir las puertas anchas de la instrucción y la cultura. La lección de la cotidianía —más poderosa que todos los manuales— no puede ser que el trabajo honrado se constituya apenas en una definición social de la conducta y no en el único medio aceptable (en teoría y práctica) de subsistencia, con el orgullo de quien cena lo que sudó. Ni que el decoro sólo se adquiere mediante un pasaporte. Si la devaluación de la moneda puede estar sujeta a los sobresaltos de la bolsa de valores y recuperarse en meses o semanas o años; la devaluación de la dignidad —que se fragua con la abnegación de un parto— es la más difícil de recuperar; porque se paga con esa moneda tan delicada que son los hombres.

1993





El arte de ponerse el cuerpo

30 10 1991

“En estos tiempos de ansiedad

de espíritu, urge fortalecer

el cuerpo que ha de mantenerlo”.

José Martí, marzo de 1883

 

Cierta tarde de enero —bien calurosa, por cierto— me invitaron al Instituto Superior de Cultura Física. Querían que disertara —horrible palabra, ¿verdad?— sobre la cultura y el deporte. Yo no diserté sobre nada, por supuesto, pero como para algo me habían invitado, empecé hablando de Monterroso y su fábula de Aquiles y la tortuga, donde se conjugan una teoría científica —por entonces, lo era—, el deporte y el arte de narrar, con lo que la cultura asume su verdadera función totalizadora. Más tarde leí fragmentos de las edificantes descripciones de Allan Sillitoe sobre el mejor modo de correr delante de la policía, e hice referencia a dos artículos de Martí, publicados en 1882 y 1888 respectivamente, sobre la carrera de las 600 millas en el Madison Square Garden de Nueva York: pasajes de una grandeza macabra, hombres hipnotizados, embrutecidos por el esfuerzo, los espectadores pagando para estar allí cuando alguno reventara como un caballo de carreras, la desolación de los camerinos después que hubo pasado por ellos el vaho sucio de la derrota. Dos artículos antológicos, escritos por quien sabía ver más allá de la corteza.

Y de ahí partí para una reflexión —que era al mismo tiempo una provocación: ¿En qué medida ha alcanzado al deporte el proceso de deshumanización que está teniendo lugar, a nivel mundial, en el arte, en la vida social, en la cultura humana? ¿Es acaso la cultura física cada vez menos cultura y más física?

Y como todos los reunidos eran especialistas en cultura física, investigadores, metodólogos, profesionales dedicados al deporte, la respuesta a mi provocación no se hizo esperar. Así yo, el invitado a disertar, hice que ellos disertaran. Tenían por decir cosas mucho más interesantes que las mías. Por eso no he querido que ustedes se lo pierdan:

 

El deporte es un arte

Omar Paula (Profesor de Metodología del Entrenamiento): Yendo a la parte conceptual: la cultura física no es solamente el deporte: forma parte de la cultura general e incluye la Educación Física  (proceso pedagógico especializado) y el deporte. Incluso la cultura física se ve más allá de la enseñanza: incide en los sentimientos del hombre. En la práctica cubana del deporte y de la cultura física no está la deshumanización del deporte. El deporte es un arte. No hay que verlo sólo por su rendimiento, sino por el desarrollo de las habilidades que van adquiriendo los deportistas, por los movimientos que hacen. Juan Torena era llamado, por ejemplo, “el elegante de las pistas”. Y la gente va a ver un espectáculo, pero también a asimilar conocimientos, a disfrutar los movimientos: fluidos, bellos. Y eso incide en la cultura del hombre. Y eso ocurre en el deporte elite, que es cuando se llega a la maestría en los movimientos; pero el deporte hay que verlo también en su masividad.

Alejandro Víctor (Salvavidas): La cultura física se ha alejado ciertamente de la parte cultural para quedar en lo físico.

Aldo Pérez Sánchez (Profesor de Recreación y Turismo): Sí, hay un alejamiento del carácter cultural al lado físico de la cultura física; en Cuba y en el resto del mundo. La cultura física se está convirtiendo en una cultura de espectador. Incluso la cultura artística y literaria: la cultura de masas conduce al hombre hacia la posición de espectador. Muchos espectadores pasivos. Y escasos, pero muy especializados participantes activos. El que se dedica al deporte tiene que especializarse, y ello nos lleva al espectáculo: sumas de dinero enormes para costear los entrenamientos (partiendo de una alta calidad del atleta). Pero no hay conciencia de que el deporte, incluso como espectador, es parte de la cultura del hombre, de sus opciones recreativo‑culturales.

Ernesto González (Profesor de metodología de la Investigación): Sí existe una separación entre cultura física y deporte, tácitamente admitida, incluso internacionalmente. Por otra parte, la sociedad concibe la cultura como el conocimiento, no considera parte de la cultura la destreza, que es lo que desarrolla la cultura física. Y esta propia institución ha hecho muy poco para consolidar el papel cultural de la cultura física, no así el campeonismo y el deporte elite, hacia donde va dirigida. Para que la cultura física entre verdaderamente en la cultura, hará falta la ayuda de todos: las instituciones, el Estado, los medios de difusión. Todos.

 

Más alto, más rápido, más fuerte

Aldo Pérez Sánchez: La reafirmación en Cuba de la política del alto rendimiento responde a una prueba de nuestro desarrollo socio‑económico y a nuestra rivalidad con el capitalismo en el campo de las ideas. Por ello hay que permanecer en esta línea del desarrollo del deporte supe especializado, aunque responda a una base que es la educación y la cultura física. Pero la cultura física es un campo minado por el que transitamos unos cuantos zapadores; en el cual la política estatal ha sido efectiva hasta los 80, década en que no ha sido así. La primacía en nuestro país está en el deporte de alto rendimiento, a pesar de las muy buenas intenciones de llevar una cultura de masas verdadera en el campo del deporte.

Estrella Fernández (Especialista en Investigación Social):Producto de la política, acertada a mi juicio, que hemos tenido que llevar en el deporte de alto rendimiento para demostrar de qué es capaz el socialismo, hemos ido descuidando el empleo del deporte y la Educación Física como un elemento de la cultura física.

Pavel Prendes (Especialista en recreación): La cultura física se separa del campeonismo en el sentido de que la primera busca mejorar la salud del hombre, y el campeonismo, corroborar una tesis política, la confrontación entre sistemas o países. De ahí que el sistema de puntos en una olimpiada sea netamente comercial. ¿Por qué si no se invierten cuantiosos recursos en el desarrollo del deporte?

Irán Valdés (Metodólogo): Toda actividad humana se especializa cada vez más. Detrás de esa especialización está la expresión de nuestras potencialidades. Quien tiene esa potencialidad, ¿por qué no la va a desarrollar? ¿Por qué no va a ser un campeón de nivel internacional si puede serlo? ¿Es malo? No. Tenemos una sociedad que permite al hombre, al menos en el campo del deporte, desarrollar al máximo sus potencialidades, competir a los niveles máximos. Lo que mueve a la gente hacia el deporte es que tenemos figuras. Si no, nuestros espectáculos deportivos no tendrían brillo, no serían un buen medio de recreación —y en ese caso, ¿dónde vamos a meter a los cientos de miles de espectadores que van a la pelota, que es una opción legítima?—. ¿Qué puede mover más al muchacho hacia el deporte que la figura del campeón? Otra cosa diferente es habernos dedicado demasiado poco a lo otro: la cultura, la Educación Física. Y lo uno complementa lo otro. Pero tampoco los muchachos leen, o pintan, o van a exposiciones de pintura. Se refleja en esto el mismo problema que se refleja en el resto de la educación en este país. No hay otra cosa. Somos tan pecadores en ese sentido los que nos dedicamos al deporte como los que se dedican a la cultura.

 

¿Profesionales?

Alejandro Víctor: Actualmente el profesionalismo está en todo el mundo. No existe el atleta amateur, y no va a existir mientras el estímulo siga siendo el mismo. Se pierde el concepto de cultura física.

Pavel Prendes: Se ha hablado mucho en contra del profesionalismo, de los estímulos materiales. Pero, por ejemplo, cuando el equipo Industriales estuvo a un juego de ganar la serie nacional, todos sus integrantes recibieron casa. ¿Cuánto vale una casa en este país, con los problemas de vivienda que hay? ¿Es eso un estímulo material o no? Y eso es campeonismo, que no tiene nada que ver con la cultura física en función de la salud y el desarrollo armónico.

Ynilo Figueroa (Sociólogo. Investigador): El amateurismo en el deporte de alto rendimiento en el mundo está en crisis. Absolutamente. Y ya Samaranch, con todos sus defectos, dijo: Vamos a acabar con la hipocresía deportiva. Lo que se acerca es un supercampeonismo: Cada vez menos deportistas, pero con posibilidades extremas. ¿Y los demás qué?

 

Mente sana en cuerpo sano

Ynilo Figueroa: No estoy en contra de la competencia, pero el campeonismo es necesario revisarlo: ¿Hasta dónde el ser humano puede trasponer una barrera sin dañarse? Y esto es puro humanismo. ¿Han visto ustedes el tamaño de las gimnastas de cualquier equipo de alto rendimiento en el mundo? ¿Todas iban a ser chiquitas o el entrenamiento les retarda el crecimiento? ¿Qué pasa con los pesistas de alto rendimiento? ¿Y con los boxeadores? Es un deporte inhumanizable, porque en la medida que lo humanizas, pierde su sentido.

Pavel Prendes: Todo el mundo sabe que casi todos los atletas de alto rendimiento tienen problemas fisiológicos: por los anabólicos, la enorme carga física, las lesiones y sucesivas operaciones, etc. ¿Qué tiene eso que ver con la salud, con el bienestar y la armonía del cuerpo y de la mente?

 

Espectadoritis: ¿sí o no?

Ynilo Figueroa: La espectadoritis y el campeonismo se están viendo mundialmente como un mal. No sólo en el deporte.

Francisco Safora (Especialista en Recreación): Los espectáculos y competiciones deportivas habría que analizarlos como los festivales de teatro, donde se dan premiaciones y hay competencia. Lo físico, ¿acaso deja de ser cultura porque sea físico? El espectáculo donde hay un gran despliegue de actividad motora está de acuerdo con los intereses y gustos de las edades adolescentes, ¿no es para ellos una alternativa? ¿O es mejor que se enganchen de la guagua para demostrar esta destreza, para responder a esta necesidad de expresión corporal? Esto es parte de la cultura. Un evento deportivo es también un marco apropiado para la comunicación padres‑hijos.

 

 Uno, dos y tres ¿o qué?

Yolanda Martínez (Profesora de Historia de la Cultura Física): Yo veo el deporte como un proceso de aprendizaje que culmina en el alto rendimiento, el deporte elite.

Estrella Fernández: Lo que decía Omar es cierto, pero sólo en teoría. Se ha esquematizado la clase de Educación Física: arriba, abajo, y ya. El profesor de Educación Física, el entrenador, era un eslabón importantísimo: organizaba equipos deportivos, concertaba competencias interescuelas. Iba mucho más allá de dar su clase. Y eso se ha perdido, tanto por razones económicas como de otro tipo. Y el niño no siente amor por el deporte salvo que sea escogido para entrar a una EIDE y resulte un buen atleta. El resto no ama el deporte porque recibe sólo una clase de uno, dos y tres. Salvando las excepciones, por supuesto. Los círculos de abuelos, por ejemplo, son un modelo de cómo hacer que las personas amen la cultura física, lo vean como parte de su cultura y su recreación. La gimnasia musical aerobia ha ganado en los últimos años, por ejemplo, un gran auge entre los jóvenes. Pero, ¿qué ha pasado? Iba muy bien mientras no se competía. Ahora muchos jóvenes la rechazan, porque no quieren ir a competencias, porque dicen que en las competencias los jurados no son justos, en fin, que ya ha pasado a adolecer de los problemas del campeonismo. Y se va desvirtuando su esencia, su carácter participativo. ¿Por qué hay que competir? ¿Por qué hay que ganar? En el caso de los adultos, el deporte a nivel territorial no se ha resuelto: ¿Cuántas ideas no son posibles para que la gente vea el deporte como parte de su cultura? El deporte se ve como deporte, la Educación Física, como Educación Física  y, en el medio, hay un terreno de nadie que es el que propicia ese paulatino alejamiento de la cultura física de su función como parte de la cultura humana.

Margarita Arroyo (Metodóloga): Educamos al niño en el deporte como una obligación o como una meta: o se destaca y es una estrella y no nos interesamos por su cultura (no física), o lo desechamos simplemente como deportista. Nadie considera al deporte como una parte de la cultura.

Ynilo Figueroa (Sociólogo. Investigador): En general, la atención al fenómeno educativo en todas las esferas transita por una crisis, de lo que no escapa la Educación Física —más bien se agrava. ¿Qué imagen tenemos de nuestro profesor de Educación Física? Frecuentemente, la más negra. Yo tuve un profesor de Educación Física  que no respetaba ningún plan de estudios y aparecía en el terreno con cascabeles, sonajeros, animación. Y un día me di cuenta de lo mucho que me divertía en aquella clase. Demasiado tarde para agradecérselo. En cambio, yo he visto profesores regañar a los muchachos por hacer ruido en la clase de Educación Física , sin darse cuenta que eso significa que la están pasando bien, que es divertido estar allí, dar salida a esa energía. Pero la hemos convertido en algo totalmente plastilínico y ortopédico. Los fenómenos lúdicos son inherentes al ser humano, y eso no lo aprovechamos para aficionar al niño al deporte a través de los juegos. Y hay cosas que, de no aprenderse, hábitos que, de no instalarse antes de cierta edad (de seis a catorce años), no se aprenderán ni se instalarán nunca. Pero los peores salarios se pagan en la primaria y es ahí donde están las peores instalaciones —donde más falta haría.

 

Pies de barro

Ynilo Figueroa: Cierta vez yo estaba traduciendo a un especialista extranjero la explicación que le dábamos de la curva de selección del 2% de niños con altas posibilidades para la natación. Y el especialista sólo me pedía que preguntara por los de abajo, por el 98% restante. Hubo que responderle: No se está haciendo nada con ellos.

Pavel Prendes: Mira, en Cuba, con los recursos que se dedican al deporte de alto rendimiento hay para hacer buenos gimnasios a nivel de municipio. En cualquier país desarrollado (y, al menos, en el deporte elite somos un país desarrollado) existen esas instalaciones y asistir al gimnasio después de la jornada laboral es parte de los hábitos, de la cultura cotidiana del hombre: media hora de actividad física que da salud, no campeonismo.

Ynilo Figueroa: En Europa, que no gana en voleibol, vas a una secundaria y ves a los muchachos jugando en un encuentro interescuelas y te dan ganas de preguntar si es el equipo juvenil nacional. Por el nivel de juego. Aunque su equipo nacional no esté a la altura del nuestro.

 

¿De dónde son los cantantes?

Ynilo Figueroa: Y no me hablen de sistema espontáneo de cultura física que genera campeones. Aquí todo el mundo sabe de dónde salen los campeones: Van a la escuela y miden antropológicamente al niño, y si da la talla, va para una EIDE, y de ahí, si sirve, para una ESPA, y de ahí, si sirve, para el equipo nacional. Por eso después del crimen de Barbados no ganamos una medalla de esgrima en quince años. ¿Por qué? Porque el resultado de todo un trabajo hecho en laboratorio estaba montado en un avión. Fíjate en la siguiente desproporción: el 92% de los trabajadores del INDER atiende al 0,02% de la población del país: los atletas de alto rendimiento.

 

“El arte de ponerse el cuerpo”; en: Somos Jóvenes, n.º 137, La Habana, octubre, 1991.

 

 





La consagración, no solo de la primavera

30 10 1991

Antes de salir por ahí, con mi grabadora y ciertas preguntas ──mediante ellas hice de abogado del diablo y de los dioses al mismo tiempo──, todas encaminadas a responder una (¿qué es la consagración de la que tanto se habla en la Cuba de hoy mismo?), y cuya respuesta es aparentemente obvia, me vi obligado a buscar la definición en mi maltrecho diccionario. Resultó que consagrar es «dedicar a Dios, a los dioses», pero también «sancionar, hacer duradero», y «ofrecerse, dedicarse».

Y reflexioné que de todo eso debería tener la verdadera consagración, porque aquel que dedique su vida a perseguir un objetivo, tiene que creer en él con la fe de aquellos primeros cristianos en el circo, frente a los leones. Del mismo modo, nada duradero se obtiene sin una profunda consagración, nada que la historia definitivamente sancione. Y la palabra «ofrecerse», implica ofrecerse todo, depositar la vida a cambio de algo que la valga.

Y así, con esas mínimas nociones de diccionario, empecé a indagar en diferentes centros de investigaciones científicas

 

¿Qué es la consagración?

 

Pero la respuesta no resultó tan sencilla:

Marimé Vázquez (Biotecnología): Nos sentimos realmente consagrados, porque nos dedicamos al trabajo y al estudio desde la mañana a la noche. Sergio Valdés (Instituto de Investigaciones de la Industria Alimenticia): Pienso que la única forma de hacer investigación y que sirva, que salga rápido en un mundo tan dinámico como el actual y con un atraso tecnológico como el de Cuba, es consagrándose al trabajo. Ocho horas no alcanzan para investigar e informarse, estar al tanto de lo que pasa en el mundo. Pero la consagración como slogan, como meta, es negativo. Si yo hoy requiero trabajar diez, doce, veinticuatro horas, tengo que estar dispuesto a hacerlo. Y eso no es teoría. Aquí se ha dado: en fermentaciones y biotecnología, por ejemplo, donde se trabajan procesos continuos que duran 24, 30 horas. Pero si yo hoy terminé mi trabajo a las cinco, que por meta me tenga que quedar hasta las ocho o las nueve, eso es perder el tiempo. Consagración es dedicar todo el tiempo necesario al trabajo.

Tania González (Biotecnología): Para la consagración es imprescindible que uno sienta que es necesario para el país. Esto se aprende. Ser de los primeros en el mundo en la biotecnología sería imposible trabajando al mismo paso que en laboratorios similares de otros países. La única solución sería trabajar a paso redoblado. Acortar la distancia. Por eso el concepto de consagración implica un concepto político.

Roger Rubiera (Biotecnología): La consagración no se puede medir por el tiempo que uno está en el centro de trabajo, sino por un principio: el trabajo como elemento fundamental en la vida.

Manuel Rodríguez (Biotecnología): No es lo mismo trabajar 12, 15 horas obligado, que hacer algo que a uno le guste, y hacerlo con amor. Y aquí la gente joven se siente que son algo, que son útiles. Te estimulan tu inteligencia, y eso te da fuerzas para sacrificar muchas cosas.

Dr. Pedro Paglo Arias (INFUNCE): Consagración no es estar en un lugar cierta cantidad de tiempo por encima de la jornada laboral. Se puede permanecer diez horas y no ser productivo. Tampoco es dejar de dormir por dejar de dormir. Consagración es simplemente amor por lo que uno está haciendo. En ese caso uno hace en cada momento lo que tiene que hacer. Sólo por amor. Es la única manera de ser productivo. Puedes estar en tu casa y de pronto empezar a pensar en una idea y ponerte a trabajar. Sin que nadie te obligue. La consagración no se puede imponer o decretar. Tomemos el caso de una mujer que tiene que trabajar en una óptica, por ejemplo, no porque le guste, sino porque debe ganarse la vida y ese fue el trabajo que consiguió. Ella no ama ese trabajo, y aunque esté catorce horas en la óptica, no va a consagrarse jamás a su trabajo, porque no lo ama. Ahora bien, en ese caso el trabajador tiene que tener conciencia de que está obligado a hacer bien su trabajo. Conciencia. Pero no se puede asegurar que todo el mundo tenga esa conciencia. También se da el caso de gente que entra a un trabajo, a una profesión, porque fue lo que encontró, y con el tiempo llegan a amar su trabajo, a consagrarse a él.

 

Ni algo nuevo ni algo raro

 

Dra. Eloína Díaz Miniet (INFUNCE): La consagración tampoco es algo nuevo. Todos los grandes científicos han vivido consagrados a su trabajo.

Roger Rubiera (Biotecnología): Un científico, no sólo en Cuba, sino en cualquier lugar, no se concibe sin consagración. Y eso se aprende, se adquiere.

Manuel Rodríguez (Biotecnología): La gente ve que la consagración es algo raro. Pero en el mundo existe mucha gente que se consagra así. En Cuba nuestro centro es el que ha inaugurado ese modo de trabajo.

No hay dudas: millones de hombres se han consagrado a lo largo de la historia a perseguir sus sueños, y en ello han invertido la propia vida. Hay sueños grandes y pequeños, sueños mezquinos, egoístas, miserables; y sueños altruistas, incubados en la mejor porción del hombre. Se consagraron Einstein, Madame Curie, Finlay, del mismo modo que se consagró Edison ──tanto a sus inventos como a sacarles partido──; se consagraron Modigliani y Van Goth en medio de la pobreza, como Balzac se consagró a la gran literatura y a la alta posición social que ambicionaba obtener por esa vía. También se consagraron al poder Hitler, Isabel de Inglaterra y Felipe II. Y cuantos ricos han edificado su propia fortuna, lo han hecho consagrándose a la tarea de hacer dinero. El inmigrante que llegaba a Cuba con la idea de levantar una fortuna, malcomía y malvivía durante años, trabajando jornadas que hoy ni sospechamos, sostenido por esa esperanza. De modo que la consagración es tan diversa como la pluralidad de objetivos del hombre. Y no quiero decir que un superobjetivo nada altruista invalide el fonógrafo o Papá Goriot, o que los decenios de sudor y hambre durante los cuales el gallego de la esquina construyó su bodega sean deleznables. Buscando la fortuna o la gloria, satisfaciendo la ambición o la vanidad, muchos hombres prestaron un servicio a la sociedad, por lo que no pueden ser tan fácilmente descalificados. De ahí que más allá de los aspectos puramente disciplinarios o anecdóticos que entraña el tan al uso concepto de la consagración, me haya interesado por los móviles, los riesgos e inevitables desgarramientos que implica todo acto de entrega.

 

Quince horas al día

 

Marimé Vázquez (Biotecnología): Nosotros, casi todos, empezamos a trabajar aquí. Este ha sido nuestro primer trabajo, y estamos habituados a este sistema y a este horario (de 7:30 u 8:00 hasta las 11:00 pm).

¿Qué tiempo emplean diariamente en estudiar?

Vladimir Martínez (Biotecnología): Depende. A veces dos horas, a veces quince minutos, a veces no puedes. Hay que planificarse, y a largo plazo, de modo que la intercalación del estudio no afecte el trabajo.

¿No asumen el horario como una imposición?

Niurka Meneses (Biotecnología): Nuestra estancia en el centro es voluntaria. Cuando entramos se nos explican las características del centro y las aceptamos. Lo voluntario es estar en el centro o no. Cuando estás, cumplir el horario es un problema de disciplina.

Roger Rubiera (Biotecnología): Pienso que en este momento la mejor medida de la consagración es el tiempo que uno permanece en el centro. Hay que crear una tradición, obligándose a trabajar una cierta cantidad de horas para medir la consagración. No digo que sea el mejor parámetro, pero…

Sergio Valdés (Instituto de Investigaciones de la Industria Alimenticia): Pero todo lo que se pone como meta indiscriminada, no da buen resultado. La gente empieza a simular, a perder el tiempo. Incluso hay muchos investigadores que aún no aprovechan las ocho horas. ¿No les ha ocurrido que a las ocho de la noche se encuentren de pronto sin nada que hacer?

Roger Rubiera (Biotecnología): Eso pasa, pero raras veces. No se puede educar a la gente en la consagración dando tiempo libre, sobre todo en una sociedad donde no ha habido tradición científica, ni mucha tradición de trabajo tampoco. El horario obligado es necesario, para que la gente no se acomode y se pierda la consagración. En su primera fase, esta nueva política tiene que ser obligatoria.

¿En realidad para ustedes la consagración es el respeto a una disciplina o un acto voluntario de entrega?

A coro: Voluntario.

¿Si se eliminaran los controles, el horario, la tarjeta, seguirían quedándose día a día hasta las once de la noche, sólo gracias al interés por su trabajo, voluntariamente?

Niurka Meneses (Biotecnología): Hay casos en que yo considero que sí, pero es que… Primero hay que educar, crear una disciplina, sobre todo a los nuevos egresados. Considero que consagración es también un concepto aplicable a todos los trabajadores: aprovechando bien las ocho horas, trabajando con dedicación, hacerlo con amor.

 

Además de que…

 

Dra. Eloína Díaz Miniet (INFUNCE): ¿Qué condiciones hay para esa consagración? En otros centros, por lo que conozco, sí hay condiciones para ese tipo de consagración. Incluso se ha procurado que tengan vivienda cerca del trabajo.

Manuel Rodríguez (Biotecnología): Además de que las condiciones son muy buenas, y eso le permite a uno consagrarse.

Este aspecto es sumamente interesante, dado que implica el aspecto material de la consagración, tan delicado como el moral. El cubano común vive sumido en una enorme cantidad de vicisitudes que impone la cotidianidad, de ahí que una buena parte del talento (en una sociedad altamente instruida) se pierda diariamente en suplir con astucia y laboriosidad las carencias, garantizar un nivel de vida medianamente aceptable para la familia y cumplir los deberes y obligaciones ciudadanas. Sustraer en ciertos centros especiales a los investigadores de esas carencias, garantizándoles condiciones óptimas de trabajo, libera una parte sustancial de sus capacidades, que pueden dedicar íntegramente al trabajo; pero al mismo tiempo entraña un peligro potencial: el divorcio paulatino entre la realidad real y la realidad in vitro concebida para facilitar su trabajo. ¿Fomentaría una conciencia de elegidos, una mentalidad de casta? ¿Util o nociva? Son ya muchas las preguntas tangenciales, de modo que mejor dejo a ellos la palabra.

 

¿In vitro?

 

¿Corren el peligro de ir desligándose del ambiente normal de la Cuba de hoy, vivir in vitro en una atmósfera diferente (sustancialmente diferente) donde almuerzan, comen, trabajan y hacen prácticamente la vida entera?

Tania Gonzáles (Biotecnología): No. De eso se encargan las organizaciones políticas. La preparación política e ideológica está garantizada: se dan conferencias, seminarios.

Yo me refiero a la praxis cotidiana. Además, ¿en qué medida puede afectarlos en su formación general, cultural (lecturas, teatro, cine, actualidad) el trabajar diariamente desde las ocho de la mañana a las once de la noche.

Tania Gonzáles (Biotecnología): Eso depende. No es crítico. Aquí los jóvenes leen, van al teatro, al cine, y comentan después. Pero es más restringido. Si algo es un jueves a las ocho de la noche, no podemos ir. Yo, por ejemplo, guardo siempre vacaciones para el festival de cine latinoamericano. Mira, por ejemplo, a casi todas las actividades organizadas por la juventud, hemos ido. Traemos algunos grupos musicales, ponemos películas los sábados no laborales.

Manuel Rodríguez (Biotecnología): Y cuando llegamos a la casa el fin de semana, chocamos con los problemas.

Roger Uguera (Biotecnología): Y también es cierto que yo en mi casa el período especial no lo vivo como lo vive la gente de la calle. Claro, tampoco es una cárcel. Uno tiene la posibilidad de interactuar con la sociedad, pero no como los demás trabajadores.

Por supuesto, la consagración (único modo, repito y no me canso, de alcanzar algo verdaderamente grande) exige su precio. Vaya, no obstante, una nota al margen: En un mundo interdisciplinario y complejo como el actual, es tan importante que un bioquímico sepa de bioquímica, como que viva al tanto de las coordenadas sociales, políticas y culturales de su época. Ya alguien dijo: «El médico que sólo de medicina sabe, ni de medicina sabe». Tras un período de galopante especialización ──el especialista es quien sabe mucho de poco, y corre el peligro de llegarlo a saber todo de nada──, la ciencia se ha visto obligada a volcarse hacia los estudios interdisciplinarios y la generalización ──saber poco de mucho, evitando saber nada de todo──, porque la verdad elude siempre las clasificaciones, y es imposible adquirir una sólida cultura física o química, hay que adquirir una cultura. Ejemplos sobran de estas interconexiones entre los campos más disímiles del saber humano. No se trata, por tanto, de un preciosismo, sino de un asunto eminentemente práctico. Pero hay algo más sensible en el orden social:

 

Padres e hijos

 

¿Piensan su vida ligada a este centro o lo ven como una zona de tránsito y aprendizaje antes de pasar a otro lugar?

Marimé Vázquez (Biotecnología): Ligada a este centro o a otro similar. Es el ambiente donde nos gustaría trabajar siempre.

¿Qué creen de esta estructura laboral en relación con la atención y la educación de los hijos?

Niurka Meneses (Biotecnología): A todos nos han educado mal, en el facilismo y sin trabajar mucho para merecerlo. Y pienso que eso es importante: educar a los hijos en que para obtener algo hay que trabajar mucho, y que antes de lo fácil hay un período difícil de siembra. En ese poquito de tiempo que me quede, atenderé a mis hijos. Además, aquí las madres tienen otras consideraciones: salen más temprano, recogen a los niños en el círculo (que trabaja hasta las nueve de la noche), o en la escuela a las cinco de la tarde. Por tanto, pienso que es una interacción más o menos normal con los hijos. Y en muchos casos el padre y la madre se turnan para recoger a los niños. Para educar a los niños se dispone de tiempo. De todos modos, el esfuerzo es mayor que si trabajara en otro centro.

Sergio Valdés (Instituto de Investigaciones de la Industria Alimenticia): Mira, yo tengo dos hijos y estudio con ellos, los atiendo, pero cuando se acuestan vuelvo a sacar la revista o el informe.

Manuel Rodríguez (Biotecnología): Hay quienes están las 24 horas en su casa y no le dan al hijo el calor necesario. Y tienen el tiempo. Lo importante es que cada cosa que tú hagas la hagas con mucho deseo, con amor. Quizás como uno tiene poco tiempo, ese tiempo se lo dedica a los hijos con mucho amor.

Roger Uguera (Biotecnología): La consagración exige sacrificios y limitaciones, incluso para la educación de los hijos. No es lo mismo verlo a partir de las cinco, que salir todos los días a las once de la noche. Pero si uno se decide a consagrarse al trabajo, tiene que limitarse en todo lo demás y asumir las consecuencias.

Tengo amigos que por razones de orden profesional han decidido no tener hijos. Su consagración al trabajo es tan absorbente, que no les permitiría el ejercicio de la paternidad (maternidad) en detrimento de una parte del tiempo que hoy invierten en la esfera profesional. Criterio que no comparto, pero que tampoco censuro. Lo cierto es que al tener un hijo, estamos creando algo más importante y perfecto que un biopreparado o una sinfonía: un ser humano. De la consagración con que asumamos ese acto depende la sociedad de mañana. Y eso no es exclusivamente un asunto de tiempo, pero es también un asunto de tiempo. Sobre ésto nada se puede decretar, sólo invitar a la reflexión: La práctica demuestra que entre los hijos de personas profundamente dedicadas a su trabajo, abundan los seres incompletos, hambrientos de afecto, dotados de la peor infelicidad: la desatención que las buenas condiciones de vida o los regalos jamás podrán suplir. Conseguir el equilibrio exacto entre las esferas profesional y familiar es algo que cada uno deberá conseguir por si mismo: la economía, la cultura y la sociedad no pueden negarse mutumente.

 

Flexibilidad

 

Lic. Lidia González (INFUNCE): El amor a un trabajo se puede tener, pero también se puede aprender. Ahora bien, si hay factores que lejos de educarme en ese amor al trabajo, me bloquean el surgimiento de ese amor, no puede haber consagración. Eso puede ser la imposición: quizás yo soy más productiva de madrugada, pero por razones organizativas, tengo que trabajar en horario diurno. Eso se resolvería con un poco de flexibilidad, conjugando lo general con lo individual, sin leyes rígidas. A veces se crean leyes para controlar la disciplina laboral, que lejos de controlarla, la afectan.

 

El tiempo de los resultados

 

Dr. Pedro Paglo Arias (INFUNCE): Y pienso que el horario no es una buena medida. Al trabajador se le debe pagar más por sus resultados, que por el tiempo invertido. Aunque hay que tener en cuenta que tampoco es positiva la insistencia en la obtención de resultados en muy corto tiempo, las presiones en ese sentido pueden afectar la calidad del trabajo. La ciencia es cosa de tiempo y reflexión y búsquedas.

¿Hoy no se puede medir por los resultados?

Roger Rubiera (Biotecnología): Sí, pero también por el tiempo.

Vladimir Martínez (Biotecnología): La biología molecular es una ciencia nueva que se está abriendo paso ahora en Cuba. Todo el mundo acaba de salir a caminar en esa ciencia y todavía no se ha avanzado lo suficiente como para que las ideas tenga que ser más finas. Basta con caminar. Y mientras más rápido lo hagas, más lejos llegarás. Eso está relacionado con el tiempo que dediques. Y no se puede hacer biología molecular en la casa.

Sergio Valdés (Instituto de Investigaciones de la Industria Alimenticia): Hemos tenido investigadores dedicados, laboriosos, pero sin madera de investigadores y, por tanto, sin resultados. Los hemos tenido que pasar a la producción, y allá son magníficos técnicos. Porque también eso depende de las capacidades y cualidades de cada uno. Y a partir de eso evaluamos al investigador. Ningún verdadero investigador puede desconectar aunque esté en su casa, en la playa, de vacaciones.

 

Dos notas marginales y varias conclusiones no conclusivas

 

Dra. Eloína Díaz Miniet (INFUNCE): Sería mentiroso decir que el hombre puede trabajar como una máquina, porque en realidad no rendiría. Como todo ser vivo, el hombre necesita respetar sus ciclos de actividad y descanso.

Y esa reflexión me lleva a recordar una política que se está aplicando con los investigadores en muchos centros del mundo: conceder cada vez un mayor margen de tiempo libre. ¿Por qué? La ciencia, como todo acto de creación, no puede ser normada. Se puede asegurar que un ensamblador de circuitos integrados produce más circuitos en ocho horas que en cuatro, y más aún en doce (aunque la curva de cansancio haga declinar la productividad e incremente el margen de error); sería una falacia, en cambio, que un científico de quince horas‑laboratorio sea necesariamente más creativo que uno de ocho. Fomentar la creatividad implica, en primer lugar, crear las condiciones para que esa creatividad no se pierda por falta de medios, cosa que en algunos centros, entre ellos los del frente biológico (no así en otros) se está haciendo. En segundo lugar, fomentar el clima imprescindible de creatividad, dado por el nivel de los intercambios, la información, la emulación, la estatura de los objetivos planteados y la exigencia en la preparación profesional de los investigadores. Y algo crucial que es la necesidad de diferenciar con largueza la creatividad de la repetición. Tanto en términos de prestigio como de retribución. Hoy las diferencias son escandalosamente mínimas. Ya entonces viene la parte subjetiva: ¿Cómo lograr que cada investigador de el máximo de si? Ante todo, subrayando el carácter volitivo del acto de creación, es decir, ampliando en la medida de lo posible (y en la medida que la productividad del investigador lo merezca) su libertad para autoadministrarse. El jefe más exigente de quien ama su trabajo es él mismo. Y es fácil ──en esos centros donde no funciona una legislación laboral paternalista── «prescindir de los servicios» de quien aproveche el tratamiento abierto para ejercer la vagancia, o de quien simule que sí, pero los resultados demuestren que no.

Dr. Pedro Paglo Arias (INFUNCE): Habría que trabajar en el sentido de acercar a la gente a su trabajo, una búsqueda en el orden vocacional.

Si bien es cierto que garantizar a cada uno un empleo acorde con su vocación sería lo óptimo para asegurar su amor y consagración al trabajo, eso es por ahora una utopía: la propia vocación es aún para buena parte de la humanidad un misterio no resuelto, y no hay sociedad que sea capaz de garantizar a cada cual el empleo con que sueña. Pero lo que sí se impone, para que cada cual se consagre y rinda el máximo, es poner en función de eso los múltiples tipos de retribución a que aspiran las diversas ambiciones del hombre: desde el reconocimiento social hasta el salario, desde la gloria o la simple vanidad hasta unas vacaciones en la playa, o las motivaciones de orden ideológico. No habrá riqueza material ──con su contribución a sostener el enriquecimiento espiritual de la sociedad── sin consagración al trabajo, ni consagración sin motivaciones diversas y profundas, motivaciones personales que comprometan a cada uno. La propia existencia de nuestro país depende, no de crear diez, veinte o cien brigadas de alta productividad (contingentes), sino de que seamos capaces de convertir a cada hombre en un contingente.

 

(La consagración, no sólo de la primavera; en: Somos Jóvenes, nº 137, La Habana, octubre, 1991. /Consagracion nicht nur im frühling; en: Cuba Libre, nº 3, Köln, Alemania, octubre, 1993, pp. 11-13).

 





El alma del Alma Mater V (La Universidad hoy: Ubicación: Ese salto hacia la vida o Un trampolín hacia la realidad)

30 08 1990

Preubicación

Reinaldo Rosado (Jefe de Ubicación, MES): Cuba es el único país del mundo que garantiza un empleo adecuado a sus egresados de acuerdo a las necesidades y posibilidades de la economía del país. En el curso 88‑89 se logró ubicar al 99.99% de los egresados de los centros adscritos al MES. Difícilmente logremos el 100%. Antes de la preubicación (funciona hace sólo cinco años) los graduados debían esperar un telegrama que a veces no llegaba o quién sabe cuándo llegaba. Para ubicar de forma planificada, con las dificultades que hay (empresas que no se concluyen en el plazo previsto, etc), no es fácil. Nosotros entregamos a la Junta Central de Planificación y a los organismos del estado la cifra posible de graduados por carrera, por centro y por provincia con dos años de anticipación. A veces el plan se recibe con retraso, pero todos los estudiantes tienen la información antes de terminar la carrera. Entonces se forma la comisión de preubicación compuesta por el decano, profesor guía, la FEU y la UJC de la facultad y el grupo, y el funcionario de la preubicación que representa al MES. Se preparan las evaluaciones integrales de cada estudiante, se hace el escalafón integral y se discute con todos los compañeros de forma democrática. los factores no docentes se toman en cuenta cualitativamente. La asamblea tiene derecho a discutir y cambiar la decisión inicial. Después las plazas se divulgan y se ponen en el mural. Tienen la posibilidad de ir a los centros y averigüar por cada plaza. Si al ir a una asamblea de preubicación no se ha cumplido alguno de esos pasos, no se da la asamblea. Nosotros ponemos la fecha  de las asambleas (no un día exacto, sino un plazo) para garantizar que participen los organismos del estado y los muchachos puedan averiguar, indagar. Nosotros este año fuimos al 80% de las asambleas del país. Los problemas  hay que resolverlos y tratarlos allí mismo, con la masa. La asamblea, democráticamente, es la que toma las decisiones. De esa manera se evita el amiguismo, el compadreo. El diseño actual casi lo hace imposible, porque todo se discute en la asamblea. La comisión sugiere  al estudiante y le orienta una plaza de acuerdo a su escalafón, a su trabajo anterior y al lugar de residencia. Se los llama uno por uno para  hacerles la proposición.

 ¿No toma en cuenta la elección del estudiante? ¿Cómo?

Reinaldo Rosado (MES): Se recibe del estudiante su interés particular, pero hay que tener en cuenta el interés del estado. Labor de convencimiento, no de obligación.

Omar Sigeiros (5to Forestales CUPR): La preubicación fue buena. Se buscó incluso la posibilidad de discutir casos concretos: una muchacha con niños, un compañero de Matanzas que se casó en Baracoa. Se buscó para ellos plazas adecuadas.

 

La estabilidad, un asunto cercano

Reinaldo Rosado (MES): La ley del Servicio Social dice que usted tiene que estar por tres años donde la Revolución lo ubique, pero la ubicación tiene derechos y deberes, y el proceso es democrático.

Antes era práctica común que fueras de La Habana y te ubicaran en Guantánamo, o viceversa.

Reinaldo Rosado (MES): Ya eso no se puede dar, porque centralizadamente se plantean las plazas por cercanía.

René Sánchez (funcionario Preubicación, MES): El plan de ubicación es provincial, pero habrá que ir a un análisis municipal. Tenemos, por ejemplo, graduados de Mariel ubicados en Santa Cruz del Norte.

 ¿Y si al estudiante no le interesa ir a la fábrica que tiene al lado, en Guantánamo, sino a otra que queda en Tunas?

Reinaldo Rosado (MES): Eso no se puede dar porque  el escalafón es provincial y el principio básico es que sean ubicados lo más cerca posible de su residencia.

 A uno de Santa Clara con el uno en el escalafón le interesa una plaza en un centro de investigación en  Cienfuegos, ¿puede?

Reinaldo Rosado (MES): No sé decirte. Depende de varios factores: si el centro tiene capacidad de albergue, si hay condiciones de vida, etc. Hasta ahora en cinco años no ha prosperado ninguna reclamación por la ubicación  (y todas se atienden, se investigan).

 

El eslabón perdido

Eduardo Ramos (4to Matemática, UH): No hay una consecutividad lógica entre las prácticas de producción, la tesis y la ubicación. Es lo generalizado. Sería más lógica una preubicación en tercer año que ya orientara a los estudiantes en el sentido de sus intereses profesionales.

Walquiria Fernández (Ing. Química, UCLV): Mi tesis fue en la fábrica La Campana y mi ubicación será en Cienfuegos. La tesis no se da por el escalafón. Es asignada.

René Sánchez (MES): En el contingente 13 de Marzo, de Moa, los estudiantes hacen la tesis donde serán ubicados.

Isis Leyva (5to. Sicología, UCLV): La tesis no la escoge el estudiante, a menos que estés desde años atrás trabajando en ciertos  temas de investigación. En sicología tú traes el tema y el tutor lo acepta o no. En química son asignados.

Leianis Fariñas (5to. Ing. Geológica, CUPR): Yo voy a hacer la tesis en búsqueda de cobre y voy a trabajar como civil de las FAR en ingeniería.

 ¿No pueden gestionarse personalmente un tema de tesis y proponerlo al departamento?

(Respuesta confusa)

 

En la concreta

Alejandro Montero (5to Derecho UH): A veces la labor en el centro de  trabajo no corresponde con lo que se ha recibido en teoría.

Yamilén García (5to. Lic. Economía, CUPR): Nos dicen que la carrera nos dota de una visión general y que después, en la producción, aprenderemos las singularidades, pero lo cierto es que muchas veces la carrera no nos prepara para tropezar con ciertas cosas. Por ejemplo, en la producción yo pedí que me enseñaran un plan financiero, un balance general de contabilidad. No los había visto nunca.

Reinaldo Rosado (MES): A veces se sensibiliza más un director de empresa cuando le mandan un carro que cuando le mandan un ingeniero y cuida más el carro que al ingeniero. El carro va y lo toca y lo comprueba y al ingeniero no. En otros lugares es el ministro el que recibe a los graduados.

 

¿Formar ciudadanos?

Miguel Torres (Viceministro 1ro. MES): Hay que buscar un cambio en el carácter de la enseñanza, buscar una mayor responsabilidad de los estudiantes, no sólo relacionado con lo académico, sino también con su formación ética, moral, laboral, con su madurez.

 ¿Se sienten ustedes siempre en libertad de emitir sus opiniones, de discutir, de criticar?

(Pausa de silencio)

Yamilén García (5to. Lic. Economía, CUPR):  Cuando tú preguntaste sobre la calidad de la docencia se hizo el mismo silencio. Son preguntas relacionadas. Claro que hay miedo a veces  a represalias y no todo el mundo ha vencido el temor a expresar lo que cree, aunque hasta ahora aquí no se ha dado un caso de profesor que tome represalias, pero sabemos que en la producción ocurre, que al atravesado tratan de quitarlo del camino.

Adriana (5to. Lic. Economía, CUPR): Yo creo que se puede hacer siempre la crítica, pero no siempre de un modo abierto. A veces hay que ser solapado.

Miguel Torres (Viceministro 1ro. MES): La universidad no está ni por encima ni por debajo de la sociedad. Lo que nos ocurre es lo que puede ocurrir en el resto de la sociedad. La universidad no es una urna de cristal. No siempre hay el hábito al diálogo y a la polémica. Pero es un problema no de la universidad, sino de nuestro medio, de nuestro desarrollo. Hemos procurado siempre el contacto directo con los estudiantes. Incluso estuvo indicado en los documentos nuestros. Pero tenemos que llegar al momento en que éste sea el papel  del profesorado. Los momentos más altos de la educación superior  han sido precisamente producto de la democracia estudiantil. Cada congreso de la FEU ha sido un punto de partida para  la transformación de la educación superior . Cada vez que ha habido un consejo de la FEU, mecanismos y procedimientos han existido, pero no siempre han sido empleados en el grado que debieran. He escuchado planteamientos de los estudiantes sorprendentes, de cosas incluso reguladas y aprobadas, responsabilidad de quien debió darles la información. Por eso hay que llegar a un nivel superior de interrelación. Pero si el que va al consejo de dirección habla por sí mismo y no como representante de los estudiantes, entonces no…

Marlén Guzmán (5to. Lic. Economía, CUPR): Creo que la universidad sí lo modifica a uno. Además, los conocimientos me han ayudado a combatir cosas con las que no estoy de acuerdo. Sí, me ha hecho mejor.

 

“El alma del alma mater (V)”; en: Somos Jóvenes, nº 129, La Habana, agosto, 1990.





El alma del Alma Mater IV (La universidad hoy: La FEU y otros asuntos no tan otros)

30 07 1990

¿Qué hay con la FEU?

es una pregunta que habría que responderse, dado el papel que ha jugado durante más de medio siglo y la incidencia que ha tenido en la evolución de las universidades cubanas. Al parecer la pregunta no se puede responder en bloque.

Neysi Bolaños (2do Derecho UH): Para ser dirigente de la FEU no se puede perder el contacto con los estudiantes, no se puede acumular problemas  como ha pasado en este país, para después darle soluciones de sopetón, creando un gran estruendo, positivo, pero un gran estruendo.

Omar Sigeiros (Ing. Forestal UPR): La FEU y la UJC aquí sí son bien cercanas a los estudiantes.

Yusimí Barreras (2do. Derecho, UC): De la FEU que guapeaba y defendía al estudiante en lo que es justo, a la FEU que tenemos hoy,  hay bastante.

Amada Sequeira (4to Derecho, UC): El criterio que prima siempre es el de la institución. La FEU acepta. No defiende nuestras actividades.

Damaris Sanabria (4to Derecho, UC): La FEU  es la organización de las justificaciones. Hemos podido resolver algunos problemas más a través de la UJC que de la FEU. Los problemas se plantean, se elevan, pero nunca bajan las soluciones. Y cuando bajan no nos convencen: Vamos a traer al compañero para que explique, y el compañero no viene, y todo se queda en las palabras. La UJC ha sido más activa.  Enrique (Dirigente FEU, 3ro Química UC): Estamos enfrascados en recuperar el prestigio de la FEU. A veces nos ocupamos de la fiesta del estudiante y no de lo que realmente le duele: la docencia. Estamos tratando de encontrar el verdadero papel. A veces tenemos que conjugar los criterios de la institución y de la FEU, pero hoy la organización no tiene la suficiente capacidad de movilización. Si seguimos con el mismo deseo de recuperarnos…

Isis Leyva (5to. Sicología, UC): Los estudiantes en este momento no se sienten comprometidos con la FEU.  Cuando el estudiante siente que su dirigente pone pie en tierra por él, entonces se entrega y no trabaja por cumplir, sino por deseo. Ese es el prestigio de la FEU. Pero cuando arriba hay problemas, esos problemas se difunden hacia abajo.

¿Tienen casa de la FEU?

Isis Leyva (5to. Sicología, UC): Sabemos que existe.

Juan Carlos Castro (ex‑secretario UJC UH): La FEU‑UH es la organización que los estudiantes apoyan y respaldan: Los trabajos voluntarios masivos, los actos cuando lo de Panamá, el hecho de que simplemente hablando, la presidenta de la FEU reúna 240 estudiantes. Es cierto que la FEU se apartó de la línea de masas y se dedicó  al trabajo burocrático, administrativo.

Neisy Bolaños (2do Derecho UH): Los dirigentes estudiantiles no los pone nadie. No viene escrito. Como mismo se eligen, se quitan. Como FEU, como estudiantes, no explotamos los recursos que tenemos. Pero a veces nos apasionamos mucho con una cosa y al día siguiente se nos olvida, porque priorizamos otras cosas.

Alejandro Suárez (4to Cibernética UH): Los estudiantes a veces no pueden criticar a sus dirigentes de la FEU y de la UJC porque no los conocen.

Juan Carlos Castro (ex‑secretario UJC‑UH): Quisiera saber en qué partido, en qué organización del mundo se conocen a todos los candidatos que se presentan. Los líderes fundamentales se conocen, pero si la organización se renueva todos los años, cada dirección debe  plantearse qué objetivos debe alcanzar en ese período de tiempo. Y creo que hay decenas de candidatos en las aulas, candidatos que tienen la obligación, el deber moral de aspirar a la presidencia de la Universidad. Esto ha ido perfeccionándose desde cuando era FEU‑UJC y el presidente de la FEU era el de la UJC, o cuando la dirección de la FEU se decidía en una oficina. Binomio se llamaba y había que votar por uno de los dos candidatos que se decidía aquí.

Neisy Bolaños (2do Derecho UH): ¿Cómo a mí me van a dar una boleta con nueve nombres que no conozco? Lo plantean los estudiantes y hay que eliminar eso. Se lo hemos dicho a Felipe, a los dirigentes de la FEU. Yo cuando no conozco a la gente, no voto, o voto por los que conozca y piense que son buenos. Pero somos demasiado lentos a la hora de cambiar algo. Todo el mundo tiene que conocer a los candidatos, su trayectoria. Pero cuando se presentaron en el mitin, no estaba ni el 15% de los estudiantes. Tenemos que lograr que el proceso eleccionario sea una fiesta, que las facultades se fajen por sus candidatos, pero por buenos dirigentes, porque a veces llevamos al que nos da más fiestas y no al que nos va a resolver más problemas, pero también a exigirnos que resolvamos los nuestros. Y esto  lo vengo viendo desde que yo era pionera.

 

Un asunto criollo

Yusimí Barreras (2do. Derecho, UC): El Criollo es el periódico. Una vez al mes sale. Antes lo hacía Extensión Universitaria. Se supone que sea el órgano de la FEU hasta para criticar a la institución. Pero ese periódico es censurado por la misma institución. ¿La FEU no tiene madurez para decidir qué publicar?

Enrique (Dirigente FEU, 3ro Química, UC): A nosotros lo que  nos interesa que salga en El Criollo es lo que verdaderamente interesa a los estudiantes. Salió lo del mantenimiento, pero no con el rigor que nosotros quisiéramos.

Otto Rivero (Dirigente FEU UC): El Criollo es un órgano de la Universidad. El colectivo está compuesto por miembros de la FEU y de la institución. La FEU sí revisa lo que va a salir y ha suprimido artículos con los que no ha estado de acuerdo. El rector tiene derecho a revisar cualquier artículo.

Yusimí Barreras (2do. Derecho, UC): Casi todos los artículos son hechos por estudiantes y la política es pasarlo totalmente a manos de los estudiantes. En cambio, se sigue suprimiendo y se sigue censurando. Se le ha cogido miedo a las críticas y a las aperturas. La FEU lleva cincuenta años demostrando lo que es.

BET y otros trabajos voluntarios

Alejando Suárez (4to Cibernética UH): Mira, en honor a la verdad, en las BET la gente no trabaja. Pero cuando nos paramos a plantearlo, saltó un dirigente nacional de la FEU y nos dio una arenga, como si estuviéramos equivocados. Y ya se están haciendo, desde marzo, los compromisos formales para las BET. Yo pienso que la asistencia debe ser voluntaria. Si quieres, ve, y si quieres gastarte el dinero que te ganaste, gástatelo. Y si no, lo donas. Lo que tú quieras: cincuenta centavos, un peso, lo que quieras. Lo que importa es que ese dinero se gane de verdad, que la gente no se pase quince días echándose fresco debajo de una mata y ganándose cincuenta pesos en los campamentos militares sin trabajar, por ir nada más.

Mercedes Sánchez (4to Derecho, UC): Tenemos un autoconsumo, pero para ir a trabajar al autoconsumo hay que hacer una coordinación que es un lío. Entonces a veces preferimos recoger papelitos por los alrededores, que ir allá donde, con un poco de esfuerzo, mejoraríamos la dieta del comedor.

Asuntos residenciales

El hombre piensa de acuerdo a cómo vive. Por eso Miguel Torres, Viceministro Primero del MES afirma que los estudiantes becados que habitan en buenas condiciones *ya no viven obstinados, pueden ir a una conferencia, estudiar más, etc+. Por eso nos preguntamos: ¿Cómo viven los estudiantes universitarios cubanos? ¿Qué perspectivas les abre el plan de becas que ya cumple 30 años?

Nilo Alvarez (profesor, Fac. Electrónica UPR): Los muchachos tienen muy malas condiciones de albergue. Los cuartos sin luz (sin bombillos ni encendedores) y eso repercute negativamente en su rendimiento.

Yusimí Barreras (2do. Derecho, UC): Somos privilegiados en cuanto a las condiciones para estudiar: Los cuartos son claros, espaciosos, de cuatro a seis estudiantes, con mesa, estantes, salas de estudio; y la biblioteca es una de las mejores del país.

Ma. Mercedes Díaz (5to. Lic. Economía, UPR): En la beca no hay problemas: Vivimos en el edificio nuevo que se construyó y los cuartos son cuartos modelo.

Omar Sigeiro (5to Forestal UPR): Mira, el edificio  se está construyendo hace no sé ni cuándo. Durante la construcción del edificio 1, eran los  estudiantes los que trabajaban mientras los obreros se paraban. Y los estudiantes seguimos dispuestos a trabajar. Si hay algo que no entiendo es que Ciencias Médicas y el Pedagógico se empezaran después de la universidad y ya se terminaron. Lo mismo pasa con la comida. Yo no sé quién inventó la norma  mínima que nos dan aquí.

Enrique (Dirigente FEU, 3ro Química UC): Creo que la gente  de mantenimiento son los culpables de la mayor parte de los problemas. No les interesan las cosas que están pasando a los estudiantes. Se pasa la turbina rota 3 y 4 días. Ya se le ha planteado al jefe de becas, al rector, al vice rector económico, que es el responsable directo del mantenimiento. Tienen ahora  un despacho quincenal donde pueden participar los estudiantes, y eso ha mejorado algo la cosa. Pero tú ves a los obreros ahí, conversando con las tías mientras hay baños tupidos y la debacle en las areas de becas.

 ¿El MES dispone de fuerza de trabajo propia para labores de mantenimiento?

Miguel Torres (MES): Estamos en condiciones de irla creando. El Poder Popular era el que se encargaba de ese servicio. Algunos de los contingentes que se están creando, son con ese propósito. Uno de los problemas esenciales en Cuba es el mantenimiento, y en el caso de  la mayor parte de los  centros de becas, la sobreexplotación. Doce y Malecón era de 600 becados y ahora hay 1800. Y eso influye en las condiciones de vida y en los hábitos del estudiante. En el centro nuevo de Holguín el estudiante tiene las mejores condiciones y está en el mismo cuarto desde 1ro a 5to. Lo que ocurra allí, ocurre en su casa.

Gil Ramón (Director Extraescolar MES): Hay sobreexplotación en la UC, en el ISCA Habana, en la UH.

No sólo los estudiantes

Yusimí Barreras (2do. Derecho, UC): Se han dado profesores quince años viviendo en becas. Profesores que se casan y tienen hijos, y tienen que irse, porque en los albergues no se admiten niños. Y no hay en la universidad posibilidades  de obtener casa.  Un profesor de experiencia, lo que repercute en la docencia.

¿Diferencias?

Gil Ramón (MES): En cuanto a las condiciones, instalaciones, etc, no hay diferencias entre los estudiantes cubanos y los extranjeros, pero sí un plan de atenciones específicas que el cubano puede tener  gracias a sus familiares y el extranjero no: algunos medios de aseo, electrodomésticos, en proporciones mínimas. Pero lo priorizado es la atención política e ideológica, que se vaya consciente de las características del país, de lo que debe su formación a la Revolución, contribuyendo  de ese modo, sobre todo en los países del Tercer Mundo, al desarrollo de sus cuadros, lo que incidirá posteriormente en el propio desarrollo del país.

Autogobierno y perspectivas

Gil Ramón (Extraescolar, MES): En el caso de las residencias estudiantiles, estamos practicando el autogobierno. Los estudiantes administran la residencia. No se les impone dónde poner el TV, los reglamentos, la disciplina. Y ha habido resultados, porque los estudiantes participan más. Hemos pasado a tener en la dirección de la residencia estudiantil un docente de experiencia, con un pequeño equipo: sicólogos, sociólogos, pedagogos. Lo administrativo pasa ahora en la dirección a segundo plano. Si se resolvía la pintura, a veces pasaban dos años en resolver quiénes lo pintaran. Ahora lo pintan los estudiantes porque es su casa. Antes ubicábamos por grupos, ahora, en la medida de las posibilidades, ellos se ubican por afinidad.

Miguel Torres (Viceministro 1ro. MES): Se va a hacer el edificio de 27 y K, concluir el del ISCA Habana, concluir el ISPJAE, así como el edificio de 12 plantas de Santiago.

Gil Ramón (MES): Se aprobó por Fidel un contingente especial de trabajo y estudio para construir la beca de 27 y K, que va a tener 900‑1000 capacidades y resolver el problema de la UH. Hemos tenido hasta casos de 52 en un cuarto. En el quinquenio 91‑95 pensamos que se resuelvan los problemas constructivos.

No sólo la habitación

Omar Sigeiros (5to Forestal, UPR): No hay recreación aquí. No hay nada para hacer los festivales culturales. Ni micrófono. Ni audio para localizar a un estudiante en caso de urgencia en la residencia.

Isis Leyva (5to. Sicología, UC): El dancing estuvo cerrado dos meses, pero los estudiantes de Electrónica pidieron la grabadora para arreglarla (en una tarde), a pesar de lo cual la tuvieron dos meses en mantenimiento. Y es casi la única opción recreativa. Un sábado por la noche aquí es peor que un asilo de ancianos. Y uno se tiene que sentir bien en el lugar donde vive, para quererlo. Pero hay cosas más graves: No hay una ambulancia, no nos atienden en los policlínicos ni en los hospitales y los especialistas vienen sólo una vez cada quince días. Tremendas colas. El carro de guardia se va de recorrido. No hay policías. Se meten los tipos. Haría falta un sector de la PNR con lo grande que es esto. Nosotros llamamos una vez a la perseguidora  a las 2:30 am y se apareció a las siete.

Mente sana en cuerpo sano

Gil Ramón (MES): Hay un módulo previsto de instalaciones deportivas y culturales que está en  un 40% de ejecución. Se ve el interés de los estudiantes en el deporte. Se han flexibilizado los programas…

¿No hay posibilidades de cambiar eso por la práctica libre del deporte?

Gil Ramón (MES): Es que eso contempla un nivel de preparación básica de toda la población, incluso para la defensa. Pero no hay hábitos de práctica del deporte. También es un problema de recursos: No siempre hay medios para que cada uno practique el deporte que prefiere. Ahora se van a dar algunos recursos para hacer gimnasios aeróbicos.

Isis Leyva (5to. Sicología, UC): Aquí las instalaciones deportivas están bien, pero  los Juegos Criollos desfallecieron.

Puentes (Profesor Educación Física, UPR): La crisis con los terrenos es casi total. Aquí se practican muchos deportes pero tenemos  que auxiliarnos con las instalaciones de otros centros. Tenemos un colchoncito de yudo que hicimos nosotros mismos, un area de pesas y dos  terrenos de baloncesto y voleibol que son de antes de la Revolución. Pero aún así, el trabajo ha sido bueno.

Omar Sigeiro (5to Forestales, UPR): Mira, Fidel Ramos, el secretario del Partido de la provincia, ha prometido en esta universidad 1800 veces que la quincena esta se empieza la construcción de las areas deportivas. Y nada. Esa pista la han empezado a hacer ocho veces. ¿Quién sabe cuánto se han gastado en empezar tantas veces el trabajo? A lo mejor juntándolo ya se hubiera hecho. Estamos cansados de que nos prometan y no nos cumplan. ¿Hasta dónde vamos a llegar planteando los problemas sin que se resuelvan? No es exigir recursos que no hay, porque para concluir, con instalaciones deportivas y todo, el Pedagógico y Ciencias Médicas, que se empezaron mucho después que nosotros, sí hubo recursos.

Deja la guitarrita…

y ponte a estudiar, dicen algunos profesores ‑‑quizás recordando la fábula de la hormiga y la cigarra‑‑, como si el hombre que educamos no pudiera ser algún día, en toda su plenitud, hormiga y cigarra al mismo tiempo. Claro, eso no depende sólo de la buena voluntad.

Gil Ramón (MES): No podemos encuadrar las clases de educación artística, las actividades culturales, en lo obligatorio. Más vale que vayan diez  a un concierto de la orquesta sinfónica, que llenar el teatro de obligados. Si salen contentos ‑‑siempre que la actividad tenga calidad, lo que es básico‑‑, son diez entusiasmos lo que salen. A veces nos demuestran que es un error dar una u otra actividad en cierto lugar o momento. Y hacer la promoción adecuada. No obligar a un comité de base a ir en pleno a un concierto. Y crear un mayor nivel de opciones. Por otra parte, para los que más se destacan, el decano está facultado para ofrecer licencias deportivas y culturales.

 Aunque en ocasiones los problemas materiales se refieren al material cerebral.

Oneida Niebla (4to Deceho, UC): La institución siempre tiene algo en contra cuando hay iniciativa. Si nosotros somos los que vamos a hacer los festivales, ¿por qué no podemos hacerlos como nosotros querramos? ¿Por qué hacen fertivales a su modo donde no va nadie? ¿Por qué no se puede abrir la piscina por la noche? Hasta la gente de la FEU se brindó de salvavidas. Los lunes, miércoles y viernes a llorar por los portales, porque aquí no hay dónde ir. A los extranjeros se les da preferencia para alquilar el dancing donde hacer sus fiestas, y la música de ahora (que la pone la institución) es de lo peorcito peorcito. Y la sala de video está de terapia intensiva.

Otto Rivero (Dirigente FEU UC): La programación de la sala de video es martes y jueves.

 ¿Lunes, miércoles, viernes, sábado y domingo son días religiosos?

Isis Leyva (5to. Sicología, UC): La cultura ha decaído por una mala concepción. A la institución lo único que se le pide es flexibilidad con los aficionados que están ensayando.

Michel Vega (4to Derecho, UC): La cultura aquí está en quiebra.

¿Integrales o derivados?

En una fábrica, en un centro de trabajo, el graduado universitario suele ser escuchado por la masa de trabajadores, no sólo en tanto que profesional, sino en tanto que persona con opiniones. ¿El estudiante alejado de los grandes centros culturales no estará en desventaja en cuanto a su formación global? ¿Qué puede hacer el MES para paliar esa circunstancia?

Miguel Torres (MES): Eso escapa a veces al propio ministerio. No es lo mismo la UH con 250 años de experiencia, que las más recientes facultades en el Segundo Frente. Pero trabajamos en el programa de la formación integral, conducente al desarrollo del individuo. Tenemos 24 programas. El de la formación integral cultural es uno de ellos, que se va aplicando paulatinamente. Casi un tercio de la matrícula universitaria asiste a cursos facultativos, aún cuando no brindamos una gama de ofertas y debemos mejorar la calidad. Las cátedras martianas y otras, el dominio de un idioma, de la lengua materna. Y esto no puede salir por un plan, tiene que tener otra dinámica.

 

“El alma del alma mater (IV)”; en: Somos Jóvenes, nº 128, La Habana, julio, 1990.





El alma del Alma Mater III (La universidad hoy: De Dostoievsky a la futurología)

30 06 1990

El fraude: ¿castigar o preveer?

Yusimí Barreras (2do. Derecho, UCLV): En sentido general el fraude se ha erradicado bastante.

Otto Rivero (Dirigente FEU, UCLV): A nivel universitario  creo que en sentido general este fraude burdo no existe. Sí copiar tareas, una clase práctica, un seminario.

Annia I. Ruiz  (5to. Ing. Geológica, CUPR): Entre nosotros hay fraude. Nos hicimos una autocrítica fuerte, nos comprometimos y nada hicimos. Seguimos haciendo fraude. Lo conocemos y lo practicamos.

Isis Leyva (5to. Sicología, UCLV): Eso es un rezago de la manera en que nos formaron, del sistema en que nos formaron: Esas enormes masas de promoción. Y a aquello no se le llamaba fraude.

María Teresa García (5to. Ing. Geológica, CUPR): Los profesores son a veces los que obligan a los alumnos a cometer fraude. Mandan a hacer un ejercicio y yo, por la carga que tenemos, no puedo hacerlo, pero tampoco lo copio, porque eso es fraude. Al día siguiente llego al aula y todo el mundo lo fusiló. Y yo, aunque  le explique al profe el problema, tengo dos y estoy reportada de mal. A veces  se dan clases y se planifica la carga docente para una pequeña minoría. El resto coge dos o comete fraude.

Leianis Fariñas (5to. Ing. Geológica, CUPR): Yo he visto profesores leyendo el periódico, adelantando trabajo o dormidos mientras revisan una clase. Y eso también  es fraude, porque después van a calificar una clase que no vieron.

Annia I. Ruiz (5to. Ing. Geológica, CUPR): Toda persona que engañe a otro, eso es fraude. Si nos ponen a una persona que dice que es profesor y no lo es, eso es fraude también. Y si lo consideramos maestro, que es el estadío superior, más que profesor, es más fraude aún.

Crimen y castigo

La ley siempre establece una condena máxima y una mínima para el mismo delito de acuerdo a las condiciones concretas. Sin embargo, en el caso del fraude hay una sola sanción.

Mercedes Sánchez (4to Derecho, UCLV): Hay divergencia de criterios sobre la medida de expulsión definitiva. Yo creo que un juez que cometa fraude es inconcebible, pero creo que debe tener otro tratamiento, no destruirle la vida a una persona. Lo principal es la labor educativa. No condenarlo para siempre, no cerrarle todas las puertas. Y una de las cualidades del socialismo es el humanismo. La expulsión definitiva es drástica. Es a veces perder un talento que podríamos reeducar. Fíjate: Si una persona comete delito y le cerramos todas las puertas: Tú no puedes trabajar aquí ni allá… ¿Qué hace? Vuelve a delinquir. Al que se le cierran todas las puertas se siente acorralado, frustrado. Tengo talento, pero por un error que cometí en mi vida, entonces más nunca.

 ¿La medida drástica no influirá en que los propios compañeros protejan al que hizo el fraude?

Mercedes Sánchez (4to Deceho, UCLV): Puede ser. Algunos dirán que es un falso compañerismo, un falso concepto de la amistad, pero tú sabes lo que es, en un cuarto año, y ver perderse a la que ha estudiado y dormido al lado mío cuatro años, perderse por un error. A una le duele, porque ya somos hermanos. En otros grupos se ha dado y han protegido a la gente. El grupo trata de que no lo boten. Acude a la FEU. Busca atenuantes. En un grupo donde tuvo lugar hace poco un caso de fraude ocurrió lo contrario.

Yusimí Barreras (2do. Derecho, UCLV): El fraude sucedió en nuestro grupo y yo creo que se le debe cerrar la entrada a la educación superior, pero puede entrar a otras enseñanzas.  Lo más puro que tiene que tener la revolución es el estudiante, y el fraude no es un error, es algo premeditado, con alevosía. Y lleva otra carga. En la universidad deben estar los más puros, los más revolucionarios. No puede estar un fraudulento. Otros grupos no concebían que nosotros nos movilizáramos ante una actitud un tanto paternalista que asumió la FEU, alargando el problema. Nosotros desde que ocurrió el hecho decidimos que no podía entrar más al aula ni asistir a clases. La institución también empezó a alargarlo. Nosotros tomamos la decisión y nos reunimos con la guía del grupo, independientemente de que eso tiene un consejo disciplinario. Fuimos muy criticados. Pero fue un fraude con chivo, premeditado. No es que se le cierren todas las puertas, pero sí es válida la expulsión definitiva de la universidad.

Mercedes Sánchez (4to Deceho, UCLV): Yo pienso que no debe hacerse un análisis frío. Si eres un descarado, te botamos y nunca más entras a la universidad, pero si mantuviste una actitud tal que te hiciera salvable… Ella no fue reeducada por esa medida, ni la comprendió. Su reacción fue llorar y llorar. ¿Quién se interesa por lo que pasó con ese que expulsamos? ¿Devino en vago, empezó a trabajar, lo aplastamos, lo destruimos, cuáles son las condiciones en su casa?  No es estar a favor del fraude sino ser más humano. El verdadero comunista es el que tiene lágrimas en los ojos y ternura en las manos, y si no eres comunista, no puedes ser revolucionario. No hay un comunista que sea un robot. El comunista es el que me ve en el piso y no me aplasta, me ayuda, me da una mano. Si te veo en el cuarto haciendo el chivo, te digo: ¿Dónde tú vas con ese chivo? Dámelo acá. Y te lo quito. Te presiono. No te dejo entrar a la prueba con el chivo. Así sí soy comunista. Y si te veo en la prueba, no llamo al profesor. Te digo que lo guardes, y cuando lleguemos al cuarto, te armo la grande. Cuando él se vea presionado por toda la gente, presionado de verdad, con honestidad y energía, reacciona. Hay que darle un tratamiento distinto al problema del fraude: Que la gente tenga verdadera conciencia, no por miedo a que lo vayan a botar, sino por razones de principio. A veces se toma la medida y no analizamos ni las causas ni las condiciones, y ese que cometió el fraude se viene pudriendo desde atrás. ¿Lo han ido llamando para irle señalando los problemas? Si no se hace un buen trabajo antes, y lo llamamos porque cometió fraude, tanta culpa tiene el que lo cometió, como los que no supieron evitarlo.

Hética

Y hablando de fraude, no viene mal reflexionar sobre algunos problemas éticos señalados por los estudiantes:

Imilce Donatis (5to. Ing. Geológica, CUPR): ¿Es ético que un profesor, aunque el estudiante venga a la discusión del examen oral con las preguntas bien respondidas, continúe preguntando hasta que halle una manera de suspenderlo? Porque eso ocurre aquí con algunos tribunales.

Mirta Rosa (5to. Ing. Geológica, CUPR): Incluso algunos profesores planifican el número de estudiantes que van a suspender, y aciertan. ¿Cómo se puede planificar eso? Hay profesores que también revisan los exámenes por el nombre. Estudiantes cuya firma vale cinco y otros cuya firma vale dos.

Laisi Martínez (3ro. Industrial, ISDI): A veces por parte de algunos profesores no hay el necesario espíritu de superación y el saber las propias deficiencias. En lugar de eso, uno ve gente aferrándose a un puestecito.

¿Práctica? ¿De producción?

En principio la PP debería constituir el vínculo esencial entre la instrucción teórica y la aplicación a la práctica concreta, pero…

Amada Sequeira (4to Deceho, UCLV): No nos alcanza el período de práctica de producción para concluir la evolución de un proceso.

María Teresa García (5to. Ing. Geológica, CUPR): En tercer año tuvimos un levantamiento en Las Terrazas, Candelarias. Las condiciones allí no eran las mejores. Las ratas nos comían. Una brújula y una libreta por equipo. Y ya nos cogió el fin de quinto año sin bajar a una mina en toda la carrera. Si no es porque no hay ropa es porque no hay condiciones.

Alejandro Montero (5to Derecho, UH): Los profesores no atienden la práctica de producción correctamente. No alcanzan ni para hacer visitas de médico  a todos los estudiantes insertados. Muchas veces en los convenios con los centros de trabajo no se hace ni un plan y a los estudiantes los ponen a hacer lo que primero aparezca. Esto se supera, pero muy lentamente. Y es vital que las prácticas den un resultado.

Neisy Bolaños (2do. Derecho, UH): El trabajo de la práctica de producción debe adecuarse a las asignaturas que uno va dando, planificadamente. Pienso que eso en el plan C se contemple. Y registrar la asistencia y las actividades que se realicen en esa práctica. A veces vamos media hora, una hora, y nos dicen: Vete. Son como unas vacaciones. ¿Qué fruto se puede sacar de ahí? Lo ideal sería estar con nuestro profesor. Nos ponen uno, pero tiene que atender a 8 ó 10 y no puede.

William Navarrete (Fac. Artes y Letras, UH): En el caso de  mi facultad, uno puede informar con dos meses de anticipación dónde quiere trabajar, pero después le informan que la PP es una asignatura más y hay que hacerla donde la Revolución lo necesite. Y aquí estoy: De facultad en facultad averiguando el nombre, la dirección, el salario, el nombre de la madre y el padre de cada uno de los profesionales de la universidad, de los bailarines y actores que pertenecen a grupos, etc. ¿Qué tiene que ver eso con la carrera? ¿No será algo que a alguien le resulta desagradable hacer y aprovecha la práctica pidiendo decenas de estudiantes? Pero la facultad lo aprueba y no se da por enterada de que no estamos haciendo una verdadera práctica de producción.

Los cazadores de futuro

Fernando Vázquez (Director de Ciencia Y Técnica del MES): Los grupos interdisciplinarios requieren de la participación de los estudiantes. También hay el plan de la enseñanza diferenciada para estudiantes  de alto aprovechamiento. Hemos potestado a los rectores para que les den un plan de trabajo adicional, un plan de investigaciones, e incluso modificar para esos estudiantes el plan de estudios, quitarles asignaturas, añadirles contenidos adicionales, reducir la carrera a cuatro años, ponerles investigaciones como asignaturas. Los planes son individuales y se les hacen dos evaluaciones al año. En ellas puede acceder o abandonar esta categoría especial. El año pasado había 550 estudiantes en ese plan y este año, 700, todos entre 3ro y 5to año. Hasta hoy hacen un trabajo formidable, pero esa no es la investigación masiva cuyo máximo propósito es crear hábitos de investigación.

Roberto Valdés (2do. Ciencias Farmacéuticas, UH): Nos hemos vinculado directamente a la investigación desde los primeros años.

Marlevy García (Biología, UH): Los horarios se deben descargar o conceder  a los estudiantes más tiempo para investigar, para su desarrollo. Nosotros con ese fin tenemos un día a la semana en un centro de trabajo, y eso se controla.  Otras especialidades no, y pasan mucho trabajo para vincularse con la práctica.

Neisy Bolaños (2do. Derecho, UH): No se le ha dado la importancia ni la aplicación debida a los trabajos de los estudiantes. Ni siquiera a los trabajos de tesis, aunque se ofrezcan soluciones acertadas. Se llevan en muy pocos casos a la práctica.

Marlen Guzmán (5to. Lic. Economía, CUPR): En los programas debía haber una asignatura que nos enseñara a investigar: Los aspectos metodológicos, la ejecución de una investigación. Aquí es a cabezazo limpio contra las investigaciones.

Fernando Vázquez (MES):  Aunque siempre la investigación estudiantil da cosas. Los fórums se mantienen por su carácter educativo, obligan a ciertos hábitos. En Moa se hizo una búsqueda de cromitas y platinoides en el Alto de la Corea ‑‑40 ó 50 estudiantes por varios meses, y se le ajustó el plan al año completo‑‑: una solicitud de estado que sin los estudiantes no se hubiera cumplido. En la Universidad de Oriente un grupo de estudiantes trabaja por turnos las 24 horas desde hace más de un año con los profesores en la construcción de un equipo de resonancia nuclear (USD$1000000 en el mercado). Fue una estudiante de tercer año de la Univ. Central la que obtuvo in vitro semillas de papa. Y así.

 

“El alma del alma mater (III)”; en: Somos Jóvenes, nº 127, La Habana, junio, 1990.





El alma del Alma Mater II (La universidad hoy. La libertad de ser mejores)

29 05 1990

La calidad, divino tesoro

Según Miguel Torres (Viceministro 1ro, MES), hay que «desarrollar en los estudiantes la capacidad de educarse por sí mismos, y eso está en proporción directa a la ejemplaridad, la calificación y la exigencia del profesor. Más en Cuba, donde la relación profesores‑alumnos no es ningún valladar, en comparación con otras universidades del mundo. Si al principio de la Revolución eran 15000 estudiantes, la matrícula se multiplicó por veinte, hasta más de 290000 en todos los tipos de curso. De 1038 profesores hasta más de 20500 hoy, con una edad promedio de 37 años».

 No tiene por qué coincidir la mayor calidad como docentes con la mayor edad, porque al principio, por razones de necesidad, casi todos los graduados pasaban a docentes. Después, con una masa mayor de graduados, el nivel de selección se pudo hacer  más riguroso.

Y añade Miguel Torres:

El profesor universitario no es un daador de clases. Tiene que tener un nivel cultural integral, y nuestro graduado será un reflejo de lo que se logre en este sentido. Un reflejo también de la sociedad. Y para eso es necesario también  la consagración del profesor al trabajo, llevando la atención al profesor a su estadío más alto. )En qué puede diferenciarse el trabajo de un profesor del de un investigador de un centro de avanzada? La consagración es necesaria, y eso no quiere decir que el profesor esté sentado catorce horas en un departamento docente. El  en su casa puede preparar clases, consultar información.

La consagración es, ante todo, un problema moral.

¿Qué opinan los estudiantes?

Sara Mireya (5to. Lic. Economía, UPR): La calidad en general es buena, pero ha habido asignaturas mal impartidas y ahí están los resultados. A veces asignaturas importantes.

Rubén Martínez (4to. Sicología, UH): Muchas veces las clases son mera repetición de los textos.

Galina González (4to. Vestuario, ISDI): Especialistas alemanes nos han impartido clases. Hubiera sido bueno que algunos profesores se incorporaran a esas clases y aprendieran con nosotros. Se evitarían las contradicciones que después hemos tenido con esos mismos profesores, porque dar clases con ellos es como regresar.

Yusimí Barreras (2do. Derecho, UC): La calidad es bastante mala. Con excepciones. Del año pasado hacia acá se han marchado de la facultad 21 profesores que tenían experiencia en la docencia. Actualmente la mayoría de los profesores son adjuntos. No tienen mucho tiempo para preparar las clases y muchas veces desconocen la pedagogía. Tal vez el éxodo se deba a la poca atención que les brinda nuestra facultad.

Enrique Pérez (3ro. Img. Química, UC): La calidad de los profesores es regular. Cuando de 102 estudiantes suspenden 60, hay problemas.

 

Aunque a veces

Yusimí Barreras (2do. Derecho, UC): Por ejemplo, a muchos profesores, siendo especialistas en algo, se les cambia constantemente de asignatura, incluso sin contar con su anuencia. El problema de la vivienda tiene más posibilidades de resolverlo trabajando como asesor jurídico de una empresa. Aquí no.

Pedro García Espinosa (graduado, ISDI): Hay profesionales que tienen experiencia, pero no tienen categoría docente y no les conviene entrar a la universidad porque pierden salario. Otros no tienen experiencia pedagógica. En el caso de Informacional, los profesores son jóvenes y están aprendiendo con los alumnos. En el caso de Industrial, hemos contado con asesoría extranjera y a veces no se aprovecha. Profesores que a veces están al lado de un asesor y no lo exprimen, quizás por aquello del yo…

Nirsia Lore (5to. Ing. Geológica UPR): La calidad es de regular para abajo. Nosotros somos el primer año que recibe las asignaturas. Hay muchos profesores que vienen de la producción, pero tienen que asegurarse en la teoría. Hay hasta una asignatura que nos la han impartido entre siete profesores. )Quién entiende eso?

María Teresa García (5to. Ing. Geológica, UPR): La mayoría de los profesores vienen aquí porque son amigos de fulanito y de menganito. Un ingeniero  en la producción lo más que gana son 310 pesos  y aquí con el tiempo puede llegar a titular y ganar 400. Sepa o no sepa. Y no se puede comparar el trabajo en la docencia con el levantamiento.

Annia I. Ruiz (5to. Ing. Geológica, UPR): Hay profesores que son malos, que no son pedagogos, que no deberían dar clases, pero siguen ahí, para resolverles su problema personal. Lo mismo que el índice académico. )Por qué se necesita 4 para dar clases? )Y si es un memorión que se aprendía las libretas, pero no sabe dar clases, no es un pedagogo? La calidad de la docencia no es sólo la calidad de la clase, sino todo lo que motiva al estudiante hacia la especialidad. Entre profesores buenísimos y profesores malos, hemos tenido profesores que no motivan al estudiante, ni siquiera a investigar, siendo una especialidad netamente investigativa. Tampoco lo motivan a adquirir una cultura general, como si su único interés en la vida fuera la asignatura que da.

 

──Y los planes…

‑‑continúa Miguel Torres (Viceministro Primero, MES)‑‑ están caracterizados por cambios en la estructura: un plan más flexible, generalizado, adaptado a los cambios, una disciplina de carácter integrador que vincule las diferentes habilidades.

 

Vitamina C

Los estudiantes que ingresen hoy a la educación superior se insertarán en lo que se ha llamado plan C. )Y eso qué cosa es?

Miguel Torres (Viceministro 1ro, MES): El plan C es  ante todo la plasmación de un concepto que ya hemos logrado identificar con claridad: el perfil amplio. Figúrate que:

TABLA 1

1958     28 carreras

1976     99 carreras

1977    203 carreras

1983    158 carreras (Plan B)

1990     80 carreras (Plan C)

Un proceso galopante  de especialización que reducía considerablemente el espectro en que se movía cada uno de  nuestros graduados. La aplicación del Plan C no es un capricho, ni la del perfil amplio. Este perfil está concebido en una tríada: pregrado, adiestramiento laboral y especialización posterior o postgrado. Una carrera de perfil amplio comprende los problemas generales y básicos, los más frecuentes de un perfil dado. Los médicos, por ejemplo, mediante grupos de expertos detectaron 286 problemas básicos que gravitan sobre la salud de la población cubana. Ese es el objeto de trabajo. Por tanto, el médico debe adquirir algo más de 700 habilidades para dar respuesta, a nivel primario de salud, a esos problemas. Y así se conciben los planes de estudio,  de modo que los objetivos de su preparación coincidan con los objetivos de su utilización. Cuando esto se solucione, disminuirá el tiempo de adaptación del estudiante.  Vamos reuniendo a los especialistas principales de cada rama con sus principales usuarios, para detectar los problemas que el graduado deberá resolver.

Con lo cual los estudiantes parecen estar masivamente de acuerdo, pero es interesante anotar algo que está ocurriendo en el ISDI:

Inti Chu (4to Informacional, ISDI): El instituto es nuevo y los planes se cambian constantemente. Como el diseño se ha practicado empíricamente, los profesores son mayoritariamente empíricos. Gran parte de los profesores vienen de la Fac. de Arquitectura y eso influye. Se busca el perfeccionamiento mediante el constante cambio, pero al mismo tiempo eso atenta contra la estabilidad, lo que se refleja en la calidad.  Pedro García Espinosa (ISDI): Uno sufre con el cambieteo constante, pero lo entiende lógico, porque es la búsqueda de un camino.

De ahí que los planes precedentes, aún en práctica, adolezcan de

 

Sobrantes y faltantes

Yamilén García (5to. Lic. Economía, UPR): El plan de estudios deja muchos huecos. A veces es falta de estudio, pero hay verdaderamente mucha desactualización de los planes, mucha diferencia con lo que se hace en la práctica económnica, y al mismo tiempo, materias, asignaturas muy bien impartidas pero que prácticamente no tienen aplicación.

Marcial Dacall (4to. Informacional, ISDI): Y todavía quedan asignaturas que no serían necesarias.

Sara Mireya (5to. Lic. Economía, UPR):  A veces damos una asignatura por libros en desuso y por un  programa desactualizado. Aunque hayamos aprobado todos con buenas notas, el resultado es desastroso, porque salimos con conocimientos obsoletos.

Marlén Guzmán (Idem): Más relación de la teoría con la práctica concreta de la economía cubana es necesaria, con sus perspectivas normales de desarrollo. A veces parece que nos adiestran para llenar modelitos que vienen de La Habana, y eso lo podría hacer un técnico medio.

Juan Enrique Piñero (5to. Lic. Química, UH): Damos asignaturas teóricas que nunca vamos a utilizar.

Mercedes Sánchez (4to Derecho, UC): Estamos cansados de pedir oratoria. Un jurista que no se sepa expresar, no puede ser  bueno. Se lo hemos pedido hasta al rector. Recibimos ruso y cuando vamos a la calle, todo el mundo pide inglés. Y la mecanografía. Trajeron las máquinas pero no había profesores, y ahora hasta las máquinas han ido desapareciendo. En derecho laboral, en derecho agrario, estamos muy flojos.

Ana  María San Pedro (4to Derecho, UC): Hay problemas con la metodología de impartición  y la planificación de las asignaturas, de modo que cosas esenciales quedan cojas. Incluso muchos se sienten defraudados con la carrera.

 

La FEU inspecciona

Miguel Torres (Vicemninistro 1ro. MES):  Nosotros  hemos creado los procedimientos para detectar a los profesores que no sirven. El sistema de  inspecciones: Cada vez se evalúa con un mayor nivel de rigor. Y el sistema de evaluación de cuadros. Hoy está previsto incluso quitarle la categoría docente y salvo excepciones, ningún recién gradudo entra directamente al aula como profesor. Todo esto se cumple, aunque puede haber mayor rigor. Una inspección general desnuda un centro y culmina cuando se examina a los estudiantes. Imagínate el grado de afinidad necesario para que el alumno en esa prueba, que no vale nada para él, no deje abandonados a sus profesores, que es a quienes se está evaluando a través de ellos.

María Teresa García (5to. Ing. Geológica, UPR): Conocemos aquí un excelente profesor que tiene sanciones por cualquier cosa y hasta le evalúan de regular algunas clases porque no hizo la pregunta inicial o porque dio la clase sin regirse estrictamente por una metolología, aunque la clase haya sido excelente. También porque ningún otro se le puede parar al lado.

Isis Leyva (5to. Sicología, UC):  Lo menos significativo es la inspección avisada de la institución. El mejor evaluador del profesor es el estudiante, que lo ve todos los días: cuando  vino con mal genio o sin preparar la clase. Pero mientras los estudiantes tengan miedo a posibles represalias, sus evaluaciones no serán serias.

Enrique Pérez (3ro Ing. Quim. UC): A  veces las evaluaciones nuestras no son rigurosas, sino paternalistas, sobre todo cuando el profesor es buena gente.

Neisy Bolaños (2do. Derecho, UH): La FEU debe evaluar a los profesores y por lo menos en mi facultad no se es paternalista. En Biología, en Economía, se han separado profesores a partir de una opinión mayoritaria de la FEU. Donde quedan incapaces es donde la FEU no ha hecho el papel que le corresponde.

Marlen Guzmán (5to. Lic. Economía, UPR): Y a veces no cuestionamos al profesor y a determinada fórmula de enseñanza, por miedo a las consecuencias.

Oscar de la Cruz (4to. Informacional, ISDI): Tuvimos problemas con dos profesores, a los que les dimos insatisfactorio. La brigada se reunió y lo elevó. Se fueron.

Anayanci (Idem): Lo malo es que nos quedamos sin ninguno.

 

¿Independencia o paternalismo?

Mario Malagón (profesor, Fac. Electrónica, UPR): La universidad no puede crear el 100% de las habilidades que el estudiante tiene que desarrollar para ser un profesional. A lo sumo un 60, un 70%. El resto depende del estudiante, de su esfuerzo y sacrificio, de su interés por la profesión.

Miguel Torres (Viceministro 1ro. MES): En el Plan C, que comenzó en el curso 90‑91, disminuye notablemente el paternalismo, que todavía vemos en los primeros años, pero que va disminuyendo hacia los superiores.

Rubén Martínez (4to. Sicología, UH): Pienso que desde la misma universidad no se estimula la independencia del estudiante. Las clases son esas clases magistrales de los años 50, a las que estás obligado a ir.  Hay paternalismo en la concepción de la enseñanza universitaria en Cuba. Su eliminación estimularía, desde dentro del estudiante, la profundización de la relación entre teoría y práctica.

 

Viene de atrás

Alejandro Suárez (4to. Cibernética, UH): Arrastramos problemas de la educación media: el paternalismo y la falta de educación integral. Se ha planteado reiteradas veces, pero yo no veo las soluciones, los resultados.

Anayanci (4to. ISDI): También hay el problema de que en otros países el niño recibe artes manuales y una educación estética de que adolecemos aquí. Hay que tener en cuenta de qué base partimos.

 

Asistencia opcional

Miguel Torres (Viceministro 1ro. MES): El empleo del vínculo del trabajo con la producción y dejar en los planes un mayor tiempo para el autodidactismo y la dedicación al estudio, es lo que contemplan los planes C. Esto es, que en los años inferiores haya una carga académica superior a la de los superiores, y una tendencia al aumento de la vinculación con la producción, la investigación y el estudio autodidacta.

Ahora bien, en esa proyección no se contempla algo que muchos estudiantes están planteando con fuerza:

Anayanci (ISDI): Uno viene a marcar la asistencia a veces y con eso ya es buen alumno.

Inti Chu (4to. Informacional, ISDI): )Se puede decir que el estudiante que no atiende, que está en el aula sólo fìsicamente, está? En ese caso el profesor está solo.

Rubén Martínez (4to Sicología, UH): Pienso que la asistencia obligatoria estimula la pereza estudiantil. El estudiante tiene que ir formando sus intereses profesionales, ir buscando personalmente los conocimientos que necesita.

Inti Chu (4to. Informacional, ISDI): La asistencia obligatoria es un mecanismo burocrático. Ni siquiera se cumpliría eso de educarte para un horario de trabajo, porque un diseñador no tiene por qué tener horario.

Alejandro Montero (5to. Derecho, UH): Para la asistencia libre hay que tener en cuenta las características de las especialidades. Hay carreras que requieren una estrecha interacción alumno‑profesor, mutuamente retroalimentándose.

 En caso de asistencia opcional, )creen que los estudiantes dejarían mayoritariamente de asistir a clases?

(Voces de no, por qué)

Alejandro Montero (UH): Yo estimo que sí. Con la asistencia obligatoria lo que se persigue es orientar al estudiante. La asistencia libre no se puede analizar de modo absoluto. Los exámenes de suficiencia, por ejemplo, son para una minoría de estudiantes.

Alejandro Suárez (4to. Cibernética, UH): La desvinculación de los estudiantes estará en dependencia de la medida en que el profesor introduzca y motive a los alumnos a su clase, y de las características propias de cada asignatura. Si el estudiante que está interesado asiste, no va a tener problemas. Y el que no va, porque está dotado para prepararse de modo autodidacta, tampoco. Se podría elevar la exigencia, no poner pruebas que no estén a la altura del nivel impartido.

Anayanci (ISDI): Eso ayudaría a que los profesores se vieran obligados a superarse.  Eduardo Ramos (4to. Matemática, UH): Los profesores piensan, como nosotros, que es correcta la asistencia libre. El concepto sería ir cuando uno desee y obligatoriamente a las evaluaciones, pruebas y trabajos de control.

Marlevi García (Biología, UH): Nuestra carrera, que es práctica, nos exige ir a numerosos laboratorios donde el profesor nos imparte experiencias prácticas insoslayables. Si usted quiere asistencia libre, incorpórese a los cursos por encuentro o para trabajadores. El diurno está concebido para que los estudiantes asistan obligatoriamente a clases con un 20% de inasistencias justificadas. La asistencia obligatoria vincula al estudiante a las diferentes actividades de la universidad: la FEU, la UJC. Si estuvieran en sus casa, por ejemplo, estudiando, sería más difícil.

Rubén Martínez (4to. Sicología, UH): La asistencia opcional liberaría al profesor y al estudiante, porque el profesor también necesita ser liberado de determinados lastres que tiene la enseñanza obligatoria. El profesor debe  brindar esas experiencias que en los libros no aparecen. La asistencia libre no equivale a falta de control. Las evaluaciones siguen siendo obligatorias.

Neisy Bolaños (2do. Derecho, UH): Hay facultades en que se pide más, y en otras, menos. Las facultades en que menos se pide son las que tienen muchos laboratorios y pocas conferencias. Los horarios de seminarios seguirían, y ahí están las pruebas, las evaluaciones. Se trataría de ganar tiempo. A primer año, que ha entrado a familiarizarse con el vocabulario de la carrera, con la profesión, sería ilógico ponerle asistencia libre. Hay que analizar ésto  casuísticamente. Lo que no puede ocurrir es que se use la asistencia libre por parte de los que no quieren estudiar, los que hacen como la ruta 20, que pasa todos los días, pero no se gradúa. Si se hace una adecuación correcta en el plan C, no hay que llamarla asistencia libre. No es que la universidad se vaya a quedar vacía.

Juan E. Piñero (Lic. Química.UH): Está el grupo que pide asistencia libre, y no viene  y después tiene capacidad para estudiar por un libro y aprobar. Y si algún día quiere irse para la playa o para el cine, se va. Yo a ese grupo le preguntaría si los trabajadores pueden irse para la playa. Ellos reciben un salario y nosotros recibiremos  un diploma. El horario educa para nuestra disciplina posterior. Y a nadie le quitan por una ausencia el derecho a prueba. Hay quien cuenta, para  faltar hasta el 20% y después saca cinco en la prueba. Porque es capaz. Pero: )Y la disciplina? No se creó un hábito de trabajo. Hay otro grupo que sí quiere la asistencia libre para mejorar la enseñanza. Sí estaría de acuerdo con eliminar las horas de más. Yo mismo a veces voy a una conferencia porque estoy obligado. Y me pongo a hacer un informe. Supongamos que se haga un estudio y se quitaran todas esas horas sobrantes, y se quitaran a los profesores malos, y todos fueran óptimos, )alquien hablaría de asistencia libre? Nadie.

Alejandro Suárez (4to. Cibernética, UH): Se trata de un movimiento de renovación dentro de la propia universidad, tratando de apoyarnos en nuestras organizaciones y tratando de que esos dirigentes representen nuestras opiniones. En las reuniones no se consulta con los estudiantes y para resolver lo de la asistencia libre, los metodólogos y funcionarios tienen que venir y discutir con nosotros, con los estudiantes, todos esos problemas.

Rubén Martínez (4to Sicología, UH): Nadie puede abrogarse el derecho de obligar al estudiante a estudiar o a asistir a esta o aquella  conferencia. Estudiar en la universidad es un acto voluntario y quien no desee hacerlo, más tarde o más temprano tendrá que irse. Yo tengo que ser capaz  de asumir mis obligaciones por mí mismo.

 

“El alma del Alma Mater (II)”; en: Somos Jóvenes, nº 126, La Habana, mayo, 1990.