El baile de las decisiones

12 03 1986

Para este trabajo se entrevistaron unos 300 estudiantes del nivel medio y superior, en los siguientes centros: Institutos preuniversitarios José Martí (JM), René O’Reiner (ROR), Antonio Guiteras (AG), Pablo de la Torriente Brau (PTB), Rubén Martínez Villena (RMV), Vocacional Lenin (L),  Pedagógico Presidente Allende (PA), primer año de matemática (M), y primero de Microbiología (B), ambos de la Universidad de La Habana, segundo año del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) primer año de actuación del Instituto Superior Pedagógico del MINED, del MES, profesores, etc.
Se consultaron investigaciones realizadas por el Centro de Estudios sobre la Juventud, de la UJC, y por la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, así como algunos documentos del MINED.

Elegir profesión para la vida es una de las más importantes decisiones de cada persona. ¿Pueden los egresados de preuniversitario decidir conscientemente?
Según el informe: «Sobre los problemas de articulación del nivel medio superior de enseñanza con el nivel superior:
1. La mayoría de los estudiantes no ha recibido orientación vocacional.
2. A veces la orientación no va dirigida hacia las actividades priorizadas en el país.
3. La mayoría llenó las diez opciones por ser especialidades tradicionales, por su nombre atractivo, por embullo o estimulación de los padres, etc,

4. Se reportaron bajas solicitudes e índices académicos para las especialidades matemática, física y química.  5. Se ha tratado de resolver la orientación vocacional por medio del trabajo político y no por el trabajo vocacional.

ALGUNAS OPINIONES
Juan Ernesto Ramos (ISPE Pinar del Río. En Asamblea Nacional del Poder Popular): Una de las cuestiones fundamentales que influyen en el sistema de ingreso es la orientación vocacionaal. En el Activo de la FEU todos nos pronunciamos por enriquecer este elemento. Muchos estudiantes ingresan en una carrera sin conocerla y luego se desaniman. Sabemos qeu es una tarea del MINED con apoyo de nuestros organismos. Es un trabajo más costoso empezar la orientación vocacional en la universidad no desde el pre.

Eddy (ISRI): Hay falta de información vocacional. ¿Quién debía orientar a los estudiantes? No sé, pero está planteado por el partido y el estado.
Iris (ISPE): Para cualquier carrera hay que tener escalafón. Se coge la carrera no por vocación, sino por la que te toque. Muchos piensan que se desmerecen si optan por una carrera de pocos puntos teniendo 98. En ese caso, la vocación no interviene en la elección.
María Elena (ISPE): Cuando uno le ve el sentido a su trabajo, le gusta más. En el pre la vocación es a nivel de panfleto.
Marta (ROR): La orientación vocacional es de regular a mala. Por un problema de capacidad pasan pocos por el palacio Che Guevara. En el pre es peor: no hay.
Daysi (ROR): algunas carreras, como ingeniería genética, no tienen orientación.
Annia (JM): No es seria la formación en secundaria. Le dicen al pionero: escoge entre esto y esto. Décimo está casi excluido de la información y en doce no cumple ya los objetivos.
Isaac (M): En los camilitos sí hay orientación, pero sólo militar.

¿QUE CULPA TENEMOS?
Alfredo (ROR): Tengo 94: dicen déjame buscar las carreras que estén por esa puntuación.
Indira (RMV): Y el Pedagógico. Si lo coges con 95, te dicen: » ¿Tú con 95 vas a coger el Pedagógico?»
Alfredo (ROR): Y después se queja la universidad, pero ¿que culpa tenemos?
Lic. Mario Luis Rodríguez (Decano Facultad de Biología): Aquí todos entran por vocación, en primera opción. Aunque hay serios problemas con la orientación vocacional.

UN SOLO SISTEMA
Gretel Sánchez (Metodóloga Inspectora de la Educación extraescolar MINED): El Ministerio concibe la formación y orientación profesional como un solo sistema desde primaria a pre. No obstante, si bien se ha logrado consolidar el trabajo de los C.I. en primaria y secundaria por una amplia red de instalaciones extraescolares, entre ellas los palacios de pioneros, en pre no se ha sistematizado.

EL INSTITUTO SUPERIOR DE ARTE
Jorge Luis (ISA): Sobre esto hay muy poca información. Soy de Santiago y para entrar aquí tuve que correr como loco No sabía ni qué era el ISA.
Marieta (ISA): En todas las provincias orientales pasó eso.
Yasmil (ISA): Incluso en La Habana se desconocía. YO no sabía del ISA en la Lenin.
Ludmila (ISA): A las carreras de letras en general no se les da mayor importancia.
Alberto (ISA): Venimos con los ojos cerrados.
Maribel (ISA): Los instructores de cultura, que podrían ayudar, no van porque no los hay o no hay transporte… Solo aparecen tres días antes de los festivales.
Somos Jóvenes: ¿La orientación vocacional de las carreras del ISA forma parte del trabajo de ustedes?
Gretel Sánchez (MINED): No. Esas las divulga Cultura. Y el INDER las suyas. Quizás eso sea dadas las pocas plazas y las pruebas de aptitudes.
Sómos Jóvenes: Nunca tan pocas plazas como las que se ofertan para estudiar especialidades nucleares y a estas se les hace más propaganda.

)CIRCULO DE INTERES?
Indira (RMV): Tuve una amarga experiencia. Estaba en un círculo de geografía y aunque insistimos no se hizo ninguna actividad nos dijeron: «Total si de geografía bajan dos o tres plazas. ¿Para qué vamos a hacer un círculo? Después tienes que coger matemática.»
Alfredo (ROR): Los pioneros tienen tremendo movimiento, pero nosotros no. Los niños, a esa edad quieren ser choferes, bomberos, etc.
Alfredo (ISRI): Lo que adelantan los palacios de pioneros, después se pierde.
Jorge Luis (ISA): Los círculos que funcionan bien, son los de la SEPMI.
Marta (ROR): Son limitados en cuanto a la cantidad de alumnos que entran y no tienen muchas veces vinculación con la carrera que uno quiere.
María del Carmen (JM): En secundaria a veces no fomentan vocación, sino al revés. En la de mi prima hay dos: taxidermia y lectura, si no te interesan….
Niurka (L): Siempre quise medicina, pero ingresé en un círculo de navegación de décimo. En once cuando cogí Destacamento, supe algo de medicina. Además, después que entras a un círculo, no te dejan cambiar hasta el año. Muchas veces los círculos nos desilusionan: no hay transporte o no hay coordinación.

«Capítulo I, Artículo 3: Los círculos de interés cuentan con un programa elaborado por el organismo o empresa siguiendo los lineamientos del Ministerio de Educación, y aprobado por las direcciones provinciales y municipales de educación, según corresponda. Deben tener asegurada por la empresa, taller o dirección sectorial, la base material para cada actividad del programa (Resolución ministerial No. 18/81).

Tania (B): Los estudiantes están muy cargados y un círculo sería mayor carga.
Yamila (B): No. Los estudiantes no están tan cargados y eso sería una ayuda.
Eddy (ISRI): Existen en primaria, pero de ahí a la secundaria, al pre, hay un hueco.

ALGUNAS DIFICULTADES
Sómos Jóvenes: ¿Por qué no se han sistematizado los C.I. en la enseñanza media superior?
Gretel Sánchez (MINED): No es que no se hayan sistematizado. Se continúa, y con relación a cursos anteriores tenemos logros. No los que aspiramos, ni los que den una respuesta a las necesidades, porque estas son crecientes. En primaria y secundaria tenemos la red de palacios, pero en pre no. Y tenemos dificultades para dotarlas de base material de estudio. Los organismos no están en condiciones de garantizarlo en todas las escuelas. Otros círculos sesionan en las fábricas y los estudiantes se incorporan a ellos.
Somos Jóvenes: ¿Ustedes tomarían como modelo las escuelas vocacionales?
Gretel Sánchez (MINED): Efectivamente. Eso sería el patrón para el fortalecimiento de este trabajo. Independientemente de lo ya consolidado en las escuelas vocacionales, tendríamos que situar a los organismos que van a trabajar en cada centro según el desarrollo territorial.

LAS VOCACIONALES
Amalio (ISRI): En la vocacional Antonio Maceo, de Santiago de Cuba, no era obligatorio estar en C.I: y tampoco había capacidad. Yo soy un ejemplo claro. Cuando me gradué, cogí energética nuclear porque tenía un nombre bonito y la dejé.
Alfredo (ISRI): Mi vocacional tampoco era vocacional.
Luis Enrique (L): Lo que debía tener no lo tiene actualmente.
Niurka (L): ADemás, pides un C:I: y si no hay plaza, te mandan a cualquiera. En secundaria está mejor, con los palacios.
Marieta (ISA): Te exigen estar en el C.I: aunque no te interese.
Manuel (L): Que los C.I. sean por decisión, no por imposición. Quizás fuera mejor círculos dinámicos, semestrales. Lo que hay actualmente son círculos de desinterés.
Yamile (R): En las escuelas vocacionales el trabajo no es bueno, pero es mejor que en la calle. Hay poca oferta. Estuve en oceanografía y en fábricas de vino. No era según los intereses. Una llenaba una planilla con cinco opciones. A veces daban la última.

«Artículo 5: En los círculos de interés se agrupan entre 10 y 20 estudiantes del mismo grado o de grados cercanos teniendo en cuenta su nivel escolar, las inclinaciones hacia la especialidad (el subrayado es nuestro) y las condiciones materiales» (Resolución ministerial No. 18/81).

Alfredo (ROR): En las vocacionales se crean C.I, pero te toca el que te toca. Y tienes que matricular.
Indira (RMV): Y es una lástima, porque muchas veces los hay interesantísimos. Y no nos sirven a la hora de elegir carrera.

¿POR QUE NO ES VOLUNTARIO?
Gretel Sánchez (MINED): En la generalidad de las escuelas, la entrada a los círculos tiene que ser voluntaria. En el caso de las vocacionales, es un requisito de cada estudiante participar. No pensamos que debe ser impuesta. En ese caso no cumple ninguna función, no es un formalismo. Sucede que en ocasiones las ofertas de los organismos no son amplias. Aún así, ese debe ser el rango de opción. Nunca debe ser impuesto.
Somos Jóvenes: ¿No se ha percibido que eso ocurre en las inspecciones a las escuelas vocacionales?
Gretel Sánchez (MINED): Hemos detectado poco margen de opción, pero desconocíamos que se les obligaba a incorporarse. A veces hay un problema: limitante de incorporación, por la capacidad. Claro, hay que jugar con los intereses y no imponer, porque eso no tiene sentido. Eso va contra todo, lo impuesto no es educativo.
Somos Jóvenes: De no crearse todas las capacidades, ¿hay que obligar al estudiante a entrar en algo que no le interesa?¿No crearemos con esto una desvocación, aún cuando sea priorizada? ¿Cómo orientarlo conservando la voluntariedad?
Antonio Masó (Jefe del Departamento de Educación extraescolar y sistema de ingreso del MINED): Hay que sensibilizarlo. Ahí entra el trabajo político. Cada círculo responde a una demanda del país. Hay que decírselo al muchacho.
Somos Jóvenes: Tenemos que buscar otras vías, además de la política, porque una de las preocupaciones de los estudiantes es que muchas veces el C.I: no resulta atractivo.

INCORPORACION MAXIMA
Gretel Sánchez (MINED): Pienso que debemos lograr la incorporación máxima por centro a los C.I, garantizando diferentes especialidades por las que puedan optar, vinculándolos a los palacios hasta noveno grado. La escuela tiene que garantizar la continuidad del proceso docente educativo, como parte de la educación comunista. Claro, se va a dar el caso de incorporar a C.I. que no les gusten. Pero, ¿existen realmente las condiciones para dar respuesta todos los intereses? No podemos hablar aún de vocación. Allí es donde van a saber si la tienen.

UN ELEMENTO DE PESO
Gretel Sánchez (MINED): En el pre, los C.I. seguirán siendo un elemento de peso. No vamos a renunciar a ellos, sino a incrementarlos. Es el medio ideal de orientación vocacional. Haremos hincapié en las conferencias en ese nivel.

EN LA EMULACION
Somos Jóvenes: ¿De qué modo incide la existencia y participación en C.I. en la emulación?
Antonio Masó (MINED): Forma parte de los índices, se valora: Aunque no con la profundidad de otros aspectos. Deberá ser un elemento a chequear rigurosamente, concretamente: ¿cuántos C.I. tienes y qué por ciento de tu matrícula representa?
Somos Jóvenes: Eso es exactamente lo que nos preocupa: que se considere en la emulación. La vocación debe ser voluntaria. Si se considera rigurosamente como un índice emulativo, puede traer como consecuencia lo que ocurre en las vocacionales, pero de modo generalizado: círculos con estudiantes que no tienen interés. Y al final hay 60 integrados por el 99,9% de la matrícula. Así ganarían la emulación, pero los estudiantes no ganarían la vocación.
Antonio Masó (MINED): Hay un elemento importante: la vocación se crea, no es innata. La vocación tampoco puede ser, ¿quiénes quieren pertenecer al C.I. de electrónica, de computación? Si pides voluntarios para agronomía, coges a muy pocos. Partiendo de lo anterior, hay que invitar, propiciar, conminar al muchacho para que vaya a esa especialidad, para que se enamore de ella.
Somos Jóvenes: Estamos de acurdo hasta el segundo verbo; Invitar y propiciar, no conminar.
Antonio Masó (MINED): Estoy de acuerdo. Luego el muchacho llega y explora ese campo y se enamora de la especialidad. Si esa tiene demanda en su territorio y se conoce (el níquel en Moa, por ejemplo), el joven está totalmente sensibilizado.

)QUE VOY A ESTUDIAR?
Sergio (AG): Yo los libritos los veo caducos.
Indira (RMV): Se deben hacer más exhaustivos, realistas, si dice: «después que se gradúe va a trabajar en…», que no sea en otra parte.
Juan Carlos (ISA): Salí del servicio por la orden 18, pasé la escuela República de Panamá, donde sí se hace un buen trabajo. En la biblioteca hay libros de información profesional y se exige su lectura. Además, se dan conferencias de todas las carreras.
Jorge Luis (ISA): El libro de información profesional no tiene por lo menos el 30% de las carreras. Y, por supuesto, faltan las del ISA.
Kenya (M): En mi pre los libros de orientación vocacional estaban en el almacén y sólo los veíamos de casualidad.
Isaac (M): Ese libro lo hizo un poeta con palabras bonitas, pero no dice nada. Que lo haga un estudiante.
Iliana (B): La información es muy atrasada.
Antonio (B): En mi escuela había siete u ocho y se los robaban o los mutilaban.

Artículo 15, ch) Garantizan (los organismos) la elaboración e impresión de materiales informativos sobre el contenido y perfiles de los profesionales, y adoptan las medidas para situar estos materiales en las escuelas y en los lugares a que tenga acceso la población» (Resolución ministerial NO. 18/81, Cap. II).

Rolando (B): A mi pre llegaron folletos de matemática, física y biología, pero ya habíamos pedido las cinco opciones. Tampoco nos preocupamos demasiado por buscar.

ALGO SE TRABA
Gretel Sánchez (MINED): Ese libro es recién editado, tiene dos cursos. Claro, algunas especilidades y especificaciones se divulgaron en Juventud Rebelde y se enviaron a los pre. Ocurre que los materiales existen y no se usan. Llegan a los centros, quizás noen las cantidades que se necesitan, y se hace la distribución. No sólo el MES; por ahí tenemos infinidad de materiales (tabloides, afiches, plegables) editados por los organismos. En ocasiones no son suficientes, y en otras, no se les utiliza adecuadamente.
Somos Jóvenes: Los estudiantes sugieren que los materiales sean más ricos: vinculación laboral, condiciones salariales, etc., así como el plan de estudios. Que se actualicen con más frecuencia, con más información, y que se ofrezcan incluso a la venta por la red de librerías.
Antonio Masó (MINED): Aquí en el tabloide todo eso se aclara (muestra varios tabloides por especialidades). Estos son materiales complementarios.
Somos Jóvenes: ¿Desde cuándo están en manos de los estudiantes?
Antonio Masó (MINED): Salió para las provincias en septiembre u octubre del año pasado. Se supone que los estudiantes lo tienen.
Somos Jóvenes: Sin embargo, la mayoría no los conocen, incluso en la Vocacional Lenin.
Gretel Sánchez (MINED): A veces la responsabilidad es de las escuelas. Se les envían los materiales y los engavetan. A veces es nuestra, que los organismos nos envían los materiales y los engavetamos.

SOBRE LAS CARRERAS EN EL EXTERIOR
Alfredo (ROR): Un amigo mío va a estudiar al extranjero técnica de los silicatos y nadie en la escuela ha sabido explicarle.
Somos Jóvenes: Y a nosotros una muchacha en la Lenin nos preguntó si podíamos orientarle algo sobre ingeniería en construcción del metro. No porque quisiera solicitarla, sino porque ya se la habían dado y no sabía qué era.
Gretel Sánchez (MINED): Hay información sobre las carreras que se estudian en diferentes países socialistas.
Sómos Jóvenes: ¿Cuándo llegó a los estudiantes esa información?
Gretel Sánchez (MINED): A principios de curso.
Somos Jóvenes: Sin embargo, ellos se quejan de que esa información les llega después que han pedido las carreras.
Antonio Masó (MINED): Pues se envían en fecha y en cantidades suficientes.
Somos Jóvenes: Hay algo que se traba. ¿Qué es?

LAS CONFERENCIAS
Somos Jóvenes: ¿Cómo se está controlando la impartición de conferencias?
Gretel Sánchez (MINED): Los organismos anualmente presenta su plan, donde desglosan todas las actividades a desarrollar, entre ellas las conferencias. Se controlan por trimestres, con mayor incidencia en el primero. En el terceroya el muchacho optó y tiene la carrera elegida. Esto es en grado doce.
Somos Jóvenes: ¿En once no?
Gretel Sánchez (MINED): Sí, pero se da mayor peso a doce.
Somos Jóvenes: ¿Ustedes los controlan?
Gretel Sánchez (MINED): Trimestralmente los organismos envían un informe y eso se controla por el ministerio.
Sómos Jóvenes: Pero, ¿Inspeccionan esas conferencias?
Gretel Sánchez (MINED): Sí, se han hecho algunas.
Somos Jóvenes: ¿Con qué resultados?
Gretel Sánchez (MINED): Principalmente se afrontan dificultades con la asistencia. A veces las conferencias son bastante teóricas, no se auxilian de medios que pudieran ilustrar y en ocasiones se dan informaciones de poco interés. Pudieran enriquecerse.

LA HISTORIA DE SU VIDA
Ana (ROR): Algunos conferencistas pintan la carrera color de rosa.
Lic. Mario Luis Rodríguez (Decano Facultad Biología UH): Ofrecemos conferencias en los pre y a veces no citan a los alumnos. En especial hemos dado en los pre de ciencias exactas y la Lenin.
Somos Jóvenes: ¿Esas conferencias ofrecen una información completa?
Lic. Mario Luis Rodríguez (Decano): Tratamos. Elegimos a los mejores profesores.
Annia (JM): A veces el que viene nos hace la historia de su vida y no de las asignaturas. No hablan de ventajas y desventajas, y uno va engañado. La vocación uno la va adquiriendo por embullo, por la influencia de los padres que dicen lo que ellos hubieran querido ser.
María del Carmen (L): Nos dio una conferencia un ingeniero de transporte industrial, que no estaba realizando su trabajo y estaba inconforme.
Sofía (M): En general son malas; pero las hay buenas. Al estudiante no se le prepara, no se le orienta para lo que va a encontrar aquí.
Isabel (M): En el pre solo había conferencias de medicina y de lo militar.
Carmen (B): En mi pre, Revolución de Octubre, en doce dieron una sola conferencia: sobre matemática aplicada y cibernética. Unos compañeros míos cogieron información científica pensando que no tenía matemática, y tiene hasta quinto.
Antonio (B): O se dan como en el pre, uno o dos semanas antes de pedir carrera.
Alna (B): Las conferencias eran obligatorias. Cerraban las puertas y había que quedarse.
Yamile (B): Y que el que da la conferencia esté informado.
Carmen (B): Uno que nos habló dijo en broma que los matemáticos acababan locos o calvos. Así imagínese…
Sergio (AG): Uno se mete en todas las conferencias, pero cuando vienes a ver, lo que tenemos es una confusión y ninguna nos gusta. Hay que luchar porque se empiecen a dar desde décimo. Alfredo (ROR): Son muy generales. No es el caso del ITM, que te lleva a Academias militares, trae libros…

Metodología de las actividades de formación vocacional y orientación profesional (Documentos normativos para el sistema nacional de educación, 1982):
39  Toda conferencia vocacional persigue, en correspondencia con la edad y el interés de los estudiantes, transmitir una información nueva y crear o reforzar actitudes e intereses favorables al estudio de una profesión o una especialidad determinada.
p. 41 (conferencias, paneles o mesas redondas). Deben seleccionarse a compañeros que, por su experiencia y sus méritos prestigien la profesión que se explica y sean capaces de transmitir la información en forma clara y amena.

PIENSO QUE SE CUMPLEN
Antonio Masó (MINED): Yo no dudo que haya problemas con las conferencias, lo que no lo diría en forma absoluta. Hay conferencias malas y es un problema en que estamos insistiendo con los organismos. Desgraciadamente, hay compañeros a los que se da la tarea y la cumplen. ¿Cómo?, eso no se investiga. Si analizáramos el cumplimiento de los objetivos y a cuántos estudiantes llegó la conferencia. Quizás en muchos casos podemos ver, que no fue efectiva. En ese sentido tenemos que trabajar con los organismos para que seleccionen conferencistas que lleguen al muchacho. Aunque no creo que en todos los casos sea así. Hay muchas conferencias que sí cumplen los objetivos.
Somos Jóvenes: La experiencia de ustedes, ¿qué les indica?, ¿que mayoritariamente cumplen o no los objetivos?
Gretel Sánchez (MINED): Pienso que se cumplen.
Isacc (M): La orientación vocacional deben hacerla los propios estudiantes de los últimos años. Muchas veces los que van enseñan nada más que lo bueno. Tampoco se explican los objetivos ni las aplicaciones.
Gretel Sánchez (MINED): Desde el curso pasado, se elaboró un plan de trabajo conjunto MES MINED FEU, precisamente para que los muchachos de los últimos años fueran a los pre porque hablan un lenguaje común. Está vigente, desarrollándose sobre todo durante las prácticas de producción.
Antonio Masó (MINED): También está la sección ¿Qué voy a estudiar? en el programa Joven Joven, donde los propios estudiantes explican las características. Hay un elemento en contra y es que casi el 70% de la matrícula de pre está en el campo. Pero pensamos que ese plan puede llegar más que si ponemos un candidato a doctor.

VISITAS VOCACIONALES
Niurka (L): A veces nos llevan a una fábrica, nos dan la merienda y las motivaciones no existen. Hay casos en que es mejor, por ejemplo, las especialidades nucleares.
Lisette (M): Hicimos visitas a centros de cálculo, pero ya cuando estábamos aquí, en la universidad.

Metodología de las actividades de formación vocacional y orientación profesional (Documentos normativos para el sistema nacional de educación, 1982).
Visitas entrevistas y encuentros:
p. 42 Este tipo de actividades, junto a los encuentros y entrevistas a los trabajadores, gozan de la preferencia del joven por su carácter dinámico, demostrativo y emotivo.

Antonio Masó (MINED): Está relacionada con el plan de las puertas abiertas, que son voluntarias y donde algunas escuelas alejadas ponen el transporte. En ciencias, este ha ido cobrando importancia. Los organismos programan las visitas. Ahí estoy seguro de que tenemos que avanzar. Es débil aún. Hay problemas de transporte, de seguridad e higiene del trabajador y a veces no resulta fácil el acceso, porque no están tomadas todas las medidas.
Sergio (ROR): En el caso de medicina influye el dominio, por parte de toda la población del trabajo médico. Tienen los días de las «puertas abiertas» donde vas y ves todo Girón.
Niurka (JM): ¿Por qué eso no se hace en las otras carreras?

EXPOSICIONES
Alexis (M): Deben hacerse exposiciones vocacionales.
Antonio Masó (MINED): Sideromecánica ha empleado recursos cuantiosos: Ha montado una magnífica exposición en la vocacional y ha llevado allí a los estudiantes de otras provincias. Decenas de viajes en guagua. Ciencias médicas ha hecho también un gran esfuerzo este año, la agricultura y otras.
Kenya (M): En la Lenin a lo mejor, pero ¿quién va a ir a Güira de Melena a hacer exposiciones?

LOS PROFESORES GUIAS
Metodología de las actividades de formación vocacional y orientación profesional (Documentos normativos para el sistema nacional de educación, 1982)
p. 61  El trabajo de la Comisión de Formación Vocacional tiene que apoyarse en la labor de orientación individual del maestro o profesor a cada estudiante de su grupo docente, respecto a la adecuada selección profesional.
(Sin embargo, el 60,67% de los estudiantes, como se ve en el recuadro ignora la opinión de sus profesores)

Gretel Sánchez (MINED): Las experiencias de trabajo recogidas en las inspecciones arrojan que comunmente los profesores guías no profundizan y no hacen una adecuada utilización del espediente acumulativo, con vistas a orientar vocacionalmente. Este trabajo requiere fortalecimiento, dado el carácter politécnico y laboral de nuestra enseñanza, yo veo esto como un problema de todos.
En las clases debe quedar un margen para orientar vocacionalmente.

CENTROS DE ORIENTACION
Somos Jóvenes: ¿Se piensan crear centros de orientación profesional, donde se determinan aptitudes, o consejeros profesionales como existen en la URSS?
Gretel Sánchez (MINED): Hasta ahora en Cuba no disponemos de esos gabinetes, aunque reconocemos el trabajo que en este sentido pueden hacer los profesores guías. El es quien conoce bien al estudiante y quien le puede orientar de acuerdo a sus condiciones y expediente.
Somos Jóvenes: ¿Y tests de orientación de aptitudes?
Antonio Masó (MINED): No de inmediato. A mediano plazo, si. No hemos alcanzado el nivel de desarrollo para aplicarso masivamente.

LOS ORGANISMOS
Antonio (B): La escuela debe hacer la gestión, pero los organismos deben ejecutarla. La FEEM y la universidad deben intervenir también.
Indira (RMV): Nuestro papel es presionar a la institución. El director dice: ya hice la gestión: Y el organismo viene, pero después no viene. El director dice que ahora es asunto del organismo, que a su vez se justifica: no contamos con un especialista. Y empieza el peloteo. Ahí lo esencial es que el director exija y el organismo actúe.
Antonio Masó (MINED): Los organismos están dando respuesta. Los estudiantes se refirieron a esto en el Congreso de la FEEM. Después el Comandante en Jefe también. El ministro convocó a todos los organismos. Algunos viceministros asistieron a la reunión. Y ha habido una respuesta, pero no puede ser de la noche a la mañana.

PROPOSICIONES Y MEDIDAS
Informe: «Sobre los problemas de articulación del nivel medio superior de enseñanza con el nivel superior»: (Recomendaciones): Formación vocacional profunda; Captación para especialidades priorizadas; Incremento de ese trabajo a partir de once, y mayor conocimiento de los intereses de los estudiantes; Uso del libro que estipula las especialidades.
Kenya (M): Los medios masivos tienen que mejorar la información.
Raúl (ROR): ¿Por qué no crear una asignatura de orientación vocacional?
Antonio (B): Mejorar los facultativos y hacer orientación vocacional por ahí.
Sergio (AL): Es importante lo de los órganos de difusión, porque a veces en las escuelas no hay personal capacitado para explicar. La que atiende orientación vocacional en mi escuela, no sabe de ninguna carrera.
Antonio (B): Documentales vocacionales es lo que más necesitamos actualmente.
Gretel Sánchez (MINED): Será que lleguen a los estudiantes porque los documentales existen. Tenemos un espacio los lunes en «HOY 6 PM», que pasamos cerca de veintisiete documentales.
Somos Jóvenes: Pero no ha tenido buena promoción por la prensa. Es necesario un trabajo conjunto.
Gretel Sánchez (MINED): Son documentales de orientación profesional específicamente, hechos por los organismos.

Instrucciones a los institutos preuniversitarios para cumplimentar el sistema de ingreso a la educación superior, vigente para el curso escolar 84 85. Funciones de la Comisión de Ingreso Provincial:
p. 8 Garantizar que la información profesional disponible se ofrezca a los estudiantes en los institutos preuniversitarios.

BALANCE DE DIFICULTADES
En «Análisis y proposiciones sobre el trabajo de formación vocacional e información profesional en los institutos preuniversitarios MINED, 1985, se relacionan las siguientes:
1. No se ha hecho un buen uso de los medios de que disponen las escuelas: radio base, murales, matutinos, biblioteca escolar, etc.
2. No está garantizada la sistematicidad de las actividades concentrándose en un momento del curso, lo que agobia a los estudiantes.
3. No se realizan actividades de orientación vocacional durante la escuela al campo.
4. No se realizan las actividades en las etapas decisivas, principalmente en doce, y a veces se realizan después de hechas las opciones.
5. No se garantiza la distribución  en el pre de los materiales impresos. A veces hay, pero no se les da un uso correcto.
6. No se ha utilizado en todas sus posibilidades el complemento de trabajo directo que se realiza a través de los medios de difusión masiva.
7. Los organismos han presentado buenos planes de divulgación, pero los resultados no han sido apreciables.

LOGROS
Existen 89 palacios y 125 campiñas pioneriles: se han editado 30 000 ejemplares del tabloide ¿Qué vas a estudiar?; se prepara un libro de información profesional, apoyado por la UJC y la FEEM; las secundarias vocacionales se han convertido en pre vocacionales y se han creado cinco nuevas instalaciones; se ha hecho promoción a través de la TV; se ha ampliado la red de institutos de Ciencias Exactas.
Antonio Masó (MINED): En los centros de la educación superior, se están creando los buroes de información profesional y el día de las puertas abiertas. De inicio, para ciencias médicas, pero se va generalizando.
Gretel Sánchez (MINED): El día de las puertas abiertas, el ISCM convoca a los estudiantes que deseen. Ponen videos, evacuan dudas, les muestran el centro.
Antonio Masó (MINED): Se ha dado amplia divulgación: hasta carteles. 1 200 estudiantes como promedio cada día. Debemos generalizarlo en otras facultades. La orientación vocacional se viene a estructurar en el sistema organizado a partir del decreto 63 (1980):

EL FUTURO
Antonio Masó (MINED): Hay un plan concreto para un programa de TV de índole vocacional.
Gretel Sánchez (MINED): Nunca como sustituto de la actividad directa, sino complemento.
Somos Jóvenes: Pero imaginamos que en los pre más alejados puede ser fundamental.
Antonio Masó (MINED): En la misma medida en que seamos capaces de hacer buenos programas. Va a haber un incremento en los próximos años, pero no diríamos que notable sobre todo en la calidad. No pienso que lleguemos allá todavía. Aunque incidirían problemas económicos concretos, sobre todo de transporte, porque muchos pre están alejados.

“El baile de las decisiones”; en: Somos Jóvenes, n.º 77, La Habana, marzo, 1986.
ANEXOS

Anexo 1
RELACION CIRCULOS DE INTERES/ELECCION DE CARRERA ¿Cuántos han estudiado en C.I.?
(Pre Univ. René O’Reiner) 22/40 (55%)
(Pre Univ. José Martí) 7/29 (24,1%)
(Pre Univ. Lenin) 40/40 (100%)
¿En C.I del Preuniversitario?
(Pre Univ. René O’Reiner) 7 (17,5%)
(Pre Univ. José Martí) 2 (6,9%)
(Pre Univ. Lenin) 40 (100%)
¿Cuántos escogerán carreras relacionadas con C.I?
(Pre Univ. René O’Reiner) 2 (5%)
(Pre Univ. José Martí) 3 (10,3 %)
(Pre Univ. Lenin) 2 (5%)
A los estudiantes de la especialidad de Microbiología (UH), se les preguntó: ¿Cuándo decidieron la carrera a estudiar?
En Sec. Básica: 7 (19,4%)
En décimo: 3 (8,4%)
En onceno: 0 (%)
En doce: 26 (72,2%)

Anexo 2
Algunos datos tomados del informe: Resultados parciales de la aplicación de una encuesta sobre problemas vocacionales, de Jorge Román Hernández (Instituto de Ciencias Sociales, Academia de Ciencias): De 1300 estudiantes encuestados en 12 centros el 22,66% plantea facilidades para asignaturas que no interesan a su posterior carrera; el 16,01% presenta inestabilidad de intereses: el 19,21%, mala orientación vocacional en la escuela: el 15,75% no halló a quién consultar su elección y el 60,67% afirma desconocer la opinión de sus profesores sobre la carrera seleccionada.
Datos del período septiembre octubre de 1984; a nivel nacional:
Plan       Real        %
Conferencias impartidas   13 137     1 930       14,6
Visitas vocacionales       4 391       410       16,1
(Funcionan 2 085 para un promedio de 8 círculos por pre, que agrupan al 19,8% de los estudiantes)
Los parámetros para determinar la existencia de intenciones profesionales son: conocimiento de la profesión, vínculo efectivo con ese contenido y elaboración personal de esos contenidos, reflexiones propias y objetivos definidos.

Anexo 3
En la motivación hacia la profesión en los estudiantes de la enseñanza media y superior (1.11.1984) de Laura Domínguez García, se afirma que, sumados, los aspirantes a la educación superior sin motivaciones profesionales y los que tienen conocimientos poco elaborados y repetitivos alcanzan el 64%; mientras los que poseen intenciones profesionales serias son casos aislados entre jóvenes de alto índice.

Anexo 4
Séptimo: El Ministerio de Educación, como organismo rector, dictará las medidas pertinentes con el propósito de orientar, controlar y velar periódicamente por el desarrollo de las actividades de formación vocacional profesional que ejecutan los organismos y organizaciones de masas en los centros docentes e instituciones extraescolares del país (Decreto No. 63 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros sobre formación vocacional y orientación profesional)
Artículo 37: Todos los centros docentes desarrollan actividades de formación vocacional y orientación profesional, como eslabón fundamental en la educación comunista de las nuevas generaciones (Resolución No. 18/81. Cap. VII)





El nombre propio de la nostalgia

29 01 1986

Son las seis y cuarenta de la tarde. La hora precisa en que resuella la ciudad, después de contenerse la hemorragia: hombres y mujeres por las venas decapitadas de las oficinas, rumbo a la ducha, la tarea de los niños y el amor. Son las seis y cuarenta de la tarde para la tripulación del buque Océano Artico. La proa: su compás de distancia, mientras enfilamos el canal del puerto. Atrás quedaron las tareas de los niños y el amor. Quince mil quinientos caballos de fuerza empujan los sesenta y tres metros de eslora, los veintidós de manga, en busca de su viejo hábito: el azul. En el muro del malecón dos o tres parejas tempraneras estrenan alguna caricia y no vuelven la cabeza. Los autos van absortos en el tránsito; los niños, en sus juegos; los hombres del anfiteatro, en la cerveza. Y algunos pescadores de orilla saludan con el sedal donde pica siempre, si no pargos o chernas, al menos la paciencia. Las calles desembocan en nosotros y desaparecen. El Morro muestra sus costados hasta el 1843 sobre la frente. Rebasamos la boca. Puede que nosotros vayamos quedando cada vez más a proa o la ciudad a popa, no sé bien si del barco o los recuerdos. La Habana es ya un muro patinado por el orfebre de la tarde, donde el azul se acaba. Después, una guirnalda de luces que alguien ha colgado al final del paisaje. Y por último, una imagen precisa, cuidadosamente plegada en la valija aún a medio cerrar de los recuerdos.
Porque esta tarde es la Habana el nombre propio de la nostalgia.

 
“El nombre propio de la nostalgia”; en: Somos Jóvenes, nº 75, La Habana, enero, 1986.





En el nombre del pueblo: Irma Elena

22 09 1985

La niñez se desliza por sus ojos con un regusto de prehistoria efímera. Una prehistoria de doce años, porque fue entonces cuando Irma Elena desembocó en la historia.

 

Preludio

Cuando estaba estudiando, yo me iba a meter a las manifestaciones, aunque no tenía ningún conocimiento de lo que era la historia. Salíamos a hacer pintas, a pegar afiches. No estaba del todo integrada. Era una colaboradora nomás. Más bien empecé porque me gustaba andar en esos revoltijos, ver a los guardias corriendo y que nos echaran balazos. Ganas de andar fregando, de andar carrereando por ahí. Con las charlas políticas y eso me fui dando cuenta de que no era salir a manchar. Entonces comienzo a madurar, sobre todo después que un compañero, que cayó ya, me recluta y me explica el por qué de la lucha.

Sí, en esa época tomamos una iglesia. De allí salió la manifestación. Fue masacrada. Tomamos algunas emisoras, el Ministerio de Educación. Ya entonces me dedicaba de lleno al trabajo con las masas. Mi primera manifestación fue en el parque Libertad, en el centro de San Salvador, en repudio a una masacre de campesinos que pedían tierra para trabajar.

¿Mis padres? Bueno, ellos pensaban al principio que me dedicaba a la prostitución: llegaba tarde a dormir o no llegaba. Pasaba semanas sin venir. O llegaba manchada de pintura. Y entonces supieron en lo que andaba. Me dijeron: “Andate, que no queremos tener problemas con los enemigos”. Y me echaron de la casa. Eso fue después que me vieron en actividades políticas.

 

Después que me incorporo de lleno al Frente, recibo educación militar. Primero fue el trabajo de masas, después, durante  la ofensiva general de 1981, participé en ataques y toma de poblaciones. Los tres años antes de mi captura, el Partido me encomendó el trabajo clandestino sin salir de San Salvador.

Fue en la misma ciudad, en plena calle. Sí, me capturó la Guardia Nacional. Yo estaba “quemada”. Habían decidido sacarme por eso. Pero hubo unos atrasos y entonces me cayeron. El Partido no considera que me hayan puesto el dedo.

 

El último círculo

Yo estaba realizando una tarea. Varios hombres vestidos de civil comenzaron a caminar detrás de mí. También una camionetilla Cherokee de vidrios polarizados. Allá las usa mucho el Escuadrón de la Muerte. Cuando vi que era conmigo la cosa, comencé a caminar rápido, y ellos aceleraron su paso. Seguidamente me agarraron, porque cuando intenté correr, ya la Cherokee se me había atravesado delante. Por detrás venían los dos hombres. Al mismo tiempo me estaban apuntando. En ese momento yo lo que pensé fue correr con idea de que me tiraran. Porque siempre pensamos: antes que nos capturen, es preferible que nos maten. Pero ellos me agarraron cuando intenté correr. No me tiraron, porque la idea era agarrarme viva. Me viraron hacia atrás los brazos. Cuando me llevaron a la puerta de la Cherokee, yo me abrí, me agarré de la puerta y ahí me dieron un culatazo en la espalda. No me pudieron meter. Caí al suelo e intenté correr de nuevo, pero me volvieron a pegar otro culatazo, que ese sí me venció.

Me pusieron las esposas, me vendaron, me quitaron el reloj. En ese momento yo pensé que lo único que tenía cerca era la Guardia Nacional. Empecé a hacer el cálculo del tiempo que iba a demorar. Exactamente. Me llevaron a la Guardia Nacional, en el centro de San Salvador. Me llevaron del pelo, a empujones, y empecé a caminar. Adentro me desnudaron, porque saben que si uno queda vestido, lo que hacen muchos compañeros antes de ser torturados, es ahorcarse. Después, desnuda, empezaron a golpearme. Mientras, me insultaban, me decían palabras obscenas y me manoseaban. Seguidamente me dejaron ahí tirada y se fueron. Regresó otro y me levantó del pelo. Me llevó a la sala de interrogación, donde empezaron a preguntarme por mi nombre legal, la organización a que pertenecía, las tareas que me había asignado el Partido, qué tareas había cumplido yo, cuántos guardias había matado, cuántos buses había quemado, y una serie de preguntas más. Yo me negaba. Lo que decía era que yo no había participado en nada, que estaba estudiando. Incluso dije que era evangélica, porque sucede que a esa religión la respetan un poco. No que la respeten, sino que en esa religión hay cuerpos del régimen infiltrados. Me dijeron que eso era mentira y me siguieron insultado. Después, me llevaron de nuevo al cuarto y continuaron golpeándome. Empezaron a manosearme y abusaron de mí. Luego me acostaron en una cama y me pusieron los choques eléctricos. Me echaron agua fría, me conectaron unos cables en las puntas de los pies, atrás de las orejas, bueno, yo me estremecía toda y caía desmayada. Cuando volvía en mí, me preguntaban lo mismo. Y yo me negaba. Pasó ese día y esa  noche.

Al siguiente día, me golpearon, me dieron puntapiés, me halaron el pelo y seguía vendada. Al tercero me pusieron la capucha, que es una bolsa plástica de cemento o cal. Se la meten a uno por la cabeza y se la atan al cuello. En esos momentos uno empieza a perder la respiración y cae desmayado. Al cuarto día, me pusieron los choques eléctricos. Al quinto, me hicieron una tortura que llaman “el avioncito”: le halan los brazos hacia atrás y  la abren a una y se le sube un hombre en la espalda y empieza a retorcerte. Todos los huesos empiezan a estirarse. Yo insistía en que no pertenecía a ninguna organización y me decía: Si tantos compas han caído en manos del régimen y han resistido, ¿por qué yo no voy a resistir si yo tengo fuerzas también y lucho por una causa?  Entonces me levantaba la moral y me decía: Tenés que hacerle huevo, que es como nosotros decimos. Tenés que afrontarlo. Pasé ocho días sin tomar agua, sin comer. Y me resistía a pedirles e implorarles. Los choques eléctricos me dejaban la boca seca y la lengua como partida. A los ocho días pedí que me dieran agua. Lo que hicieron fue llevarme un bote de leche con orines. Cuando sentí que eran orines, pero a saber de cuánto tiempo, porque era un hedor tremendo; yo me les quedo viendo y les digo que no quería. Entonces me los lanzaron encima. Luego me llevaron comida, a los diez días, pero los frijoles estaban hasta con gusanos y el arroz, con esa natilla verde que le sale cuando está podrido.

En el décimo día me llevaron a la sala de interrogación. Me hicieron las mismas preguntas, me ofrecieron cierta cantidad de dinero y el pasaporte en ese momento, para enviarme a Estados Unidos. Yo les dije que no. Entonces me dijeron que me iban a pasar a los tribunales si yo colaboraba con ellos. Y eso es una maniobra, porque uno piensa  que si la van a presentar a los tribunales no la torturarían más; pasará al juzgado y de ahí a la cárcel. Yo esperaba que alguien llegara, ver asomarse a la Cruz Roja Internacional, para que vieran que yo estaba allí. Pero estaba en una celda aislada, y lo único que se oía eran lamentos, gritos de los compañeros torturados. Puede que fueran reales, de alguien que estaba siendo torturado, pero quizás fuera una grabación, porque se escuchaba todo el día. Yo estaba toda  adolorida y morada. Me dolían hasta las uñas y el pelo. Me preguntaba hasta cuándo. A los veinte días me sentía bastante bastante débil, me sentía morir, ya lo único que quería era que me llevara un golpe, que me mataran mejor. Pero como a los veinte días me dije: Bueno, esto es un hecho. Van a matarme. Aunque sea de palabra tengo que defenderme yo. No me puedo morir con la boca cerrada. Así a los veinte días yo empiezo a insultarlos. Les decía que eran unos perros. Ya estaba decidida pues. Y lo peor para ellos es que a una mujer, que es más sensible, no logren doblegarla. Eso los enfurece más y hace que se ensañen. Se sienten débiles.

A los veintiún días me dijeron: esta es la última vez que te damos, pero si no colaboras con nosotros, te vamos a matar. Que conocían dónde vivía mi familia y la iban a matar. Y yo les dije que si mi familia iba a morir, pues yo también iba a morir, pero yo no iba a colaborar. Entonces les dije que sí, que estaba organizada, pero que no les iba a decir nada más.

Yo no sabía cuándo era de día y cuándo era de noche, porque había estado todo el tiempo vendada en un cuarto donde no entraba la claridad y había perdido la noción del tiempo. Era una celda pequeñita. Cuando una vez logré aflojarme un poco la venda, vi que las paredes estaban llenas de sangre y había pintadas muchas consignas: “Compañeros, no se dobleguen ante el enemigo”, “Compañeros, sigamos adelante”, “Patria o muerte”, pintadas por compañeros que habían estado en esa celda. Esa fue mi única comunicación con ellos: las consignas en las paredes.

En los veintidós días comí sólo una vez y tomé agua dos veces. Cuando comí fueron unos frijoles que estaban mejor que los de la primera vez. Y me los pude comer, pero me dieron diarreas. Lo hice en la misma celda y estuvo allí hasta que se secó.

No. No hubo días peores. Los veintidós días fueron una tortura. Hubiera preferido morirme veintidós veces. Pero nunca me dieron ganas de llorar, sino una rabia, un odio.

A los veintidós días, en la madrugada (creo) me dicen que me ponga un blúmer, que me iban a dar una vuelta, que me iban a sacar a pasear. Entonces me dije: Bueno, hoy sí  se me llegó la hora. Ese paseo que dicen, es que me van a dar mecha, o sea, a matarme. Me vestí y me metieron esposada, vendada, en no sé qué tipo de vehículo. Empezaron a dar vueltas y vueltas alrededor del lugar donde me iban a dejar tirada. Por fin me bajaron. Sentí que era grava y había mucho viento. No sé qué lugar sería, pero tenía que ser muy elevado, por la brisa. Me hacen un interrogatorio, y lo que hice fue insultarlos. Sentí en ese momento que me daban un golpe en la cabeza. Caí y sentí otro golpe, y me chorreó algo espeso por la cara. Y comencé a sentir el olor a sangre. Como ya me habían quitado las esposas, pienso que los dedos los perdí en la angustia que yo sentía que metía las manos. En el momento que me golpeaban la cabeza yo tenía como la alucinación de que era una pesadilla. No sé si era el paso de la muerte o qué sé yo. ¿Será que estoy dormida y es una pesadilla y quiero despertar? Me seguían dando y me seguían dando, pero ya a mí no me dolía. El cuerpo lo tenía remallungado con tanto golpe que me habían dado. Sentía que se me movía la cabeza. Los brazos los sentía calientes y un leve ardor, hasta que perdí el conocimiento por completo.

Después (me imagino yo), como muchos casos que han sucedido, de que hay mucha gente de la población civil que ve, y mucha gente no se va. Lo que hacen es quedarse allí escondidas. Esa gente no se fue. Y lo que hizo fue que después me entregó a la Cruz Roja internacional. Mi captura ya había sido denunciada a ellos y a la Comisión de Derechos Humanos.

Después me suturaron. Tengo 38 heridas, casi todas de machete. Siete en la cabeza. Dos hundimientos craneales. Perdí la visión de un ojo por un culatazo. Perdí tres dedos y la movilidad de la mano derecha. Estuve tres días en estado de coma, por los golpes en la cabeza. Por eso el Partido elaboró dejarme por un tiempo adentro. Por supuesto, con grandes medidas de seguridad. Y así, cuando ya estaba un poco restablecida, salí del país.

Desconozco si mi familia sabe algo de mí y de mi hermano. ¿Mi hermano? Fue capturado después de mí y torturado. Ahora debe tener dieciséis años. Desconozco si está vivo.

—¿Qué nombre te damos en esta entrevista?

—Irma Elena. Fue una comandante nuestra que cayó y fue masacrada.

—¿Qué edad tienes?

—¿Yo? Veintitrés. Cuando me capturaron tenía 22 años.

 

“En el nombre del pueblo (I) Irma Elena”; en: Somos Jóvenes, n.º 71, La Habana, septiembre, 1985.

 





Álvarez Cambras: la medalla invisible

20 08 1985

Se graduó de ortopédico en La Habana y posteriormente en
La Sorbona. Trabajó en un hospital cantonal de Suiza.
Ha tratado a algunos jefes de Estado y a numerosas
personalidades en decenas de países. Es el creador del fijador externo.
Ha dictado cursos sobre el fijador en Francia, Bélgica, España,
Kuwait y Nicaragua.

Ocho y cinco minutos de la mañana. Entramos a la oficina forrada en madera. “Un minuto, por favor”, mientras nos indica dos sillas frente al buró tapizado de documentos. “Tenemos que terminar este informe”.
Al fondo, en la pared, trofeos, copas, libros, revistas médicas. Sobre una mesa auxiliar: cinco teléfonos e intercomunicadores. A la izquierda, una foto, tomada desde un ángulo insólito, donde aparecen Fidel Castro y este hombre de mediana estatura con una respuesta siempre a mano.
Alrededor de la mesa, médicos e ingenieros van saltando de un asunto a otro entre llamadas telefónicas. Se discute sobre acero, rigidez y contenido de carbono, se dispone el alta de un dirigente de las organizaciones juveniles checoslovacas, se discuten ciertos casos: un boxeador cubano, un diplomático iraquí, un general del ejército chino. Alguna llamada pendiente en el teléfono cuyo auricular, colocado sobre una cajita de música, alivia la espera haciendo oír “Noches de Moscú”. Por fin:
—Vamos al lado, por favor, si no…
(Ya son las nueve y diez)

—Doctor, ¿qué es más difícil, una operación o una reunión?
—La reunión. Y más tensa.

—¿Cuándo decidió qué iba a ser?
—Por la medicina me decidí a los quince años. Hasta entonces me inclinaba hacia la arquitectura o la ingeniería. La profesión de mi padre me sedujo.

—¿Y por la ortopedia?
—En 1954. A causa de una manifestación. Ya estudiaba medicina desde el 52. La policía reprimió la manifestación y terminamos en la sala Gálvez del hospital Calixto García. Me enyesaron y después colaboré con los médicos mientras curaban a los compañeros. Desde entonces trabajé en esa sala hasta que fui alumno oficial.

—¿Qué hacía entre los catorce y los veinte años? ¿En qué invirtió su adolescencia?
—A los catorce cursaba el bachillerato y no me preocupaba mucho por los problemas sociales.

—¿Qué le peocupaba?
—Mi juventud. Tampoco en esa época había preocupación posible por la política. Sólo una sensación de asco. A los diecisiete, en el 52, nuestra reacción fue inmediata frente al golpe de Estado. Inmediata y explosiva: lo primero que hicimos fue ir a la Plaza Roja de la Víbora y organizar una manifestación. Eran las once de la mañana. La policía nos disolvió. Se rumoreó que estaban dando armas en la universidad y allí estuvimos hasta las seis de la tarde, pero no pasó nada. Regresamos al instituto de la Víbora y allí hicimos otra manifestación, reprimida más duramente. En septiembre del 52 ingresé en la Universidad. Entre el 52 y el 54 estudiaba, participaba en las luchas estudiantiles, las huelgas por el diferencial azucarero, mítines de apoyo, paros del transporte… El día 31 de diciembre tomamos la Casa de los Colonos, el edificio del diferencial azucarero, frente al teatro Martí. Esperamos el año en la cárcel. Ahí fue cuando cumplí los veinte años.

—Me han informado que usted tiene varios triunfos deportivos, que ha roto récords mundiales y ha ganado medallas olímpicas. ¿Cómo es eso?
—Bueno, no exactamente. He ayudado. Algunos de los casos más interesantes fueron las dos medallas de Juantorena en Montreal. Unos meses antes de la olimpiada, no cuadraba como corredor a causa de un neuroma plantar (quiste benigno muy doloroso en la planta del pie). Lo operamos y le hicimos corrección del pie plano. En el caso de María Caridad Colón… —Hay una interrupción para anunciarle visita: un grupo de cubanos residentes en Estados Unidos, y la espera de una delegación sudafricana en la tarde—. María Caridad sufrió, un día antes de su presentación en Moscú, una distensión con sacrolumbargia y siatargia. Decidimos hacerle un tratamiento especial en el mismo estadium que la libraría del dolor, pero le explicamos que el primer tiro sería el decisivo, que diera el máximo. Tú sabes cuál fue el resultado. En el mundial de La Habana, Stevenson sufrió una lesión muy dolorosa en el dedo gordo del pie. Sobre ese dedo descansa la movilidad. El tratamiento permitió que hiciera todas las peleas y obtuviera el título. Pero el esfuerzo principal fue de él, que terminó con el dedo muy hinchado. También recuerdo a Ruperto Herrera, a Margarita Skeep, a León Richard, que fue el primero en usar el fijador y que aún sigue compitiendo a pesar de la fractura en la tibia. En Laipzig, Juantorena se seccionó el tendón de Aquiles…

—Es el único en el mundo que haya seguido corriendo después de eso. Gracias a su operación.
—La operación influye, pero es sobre todo gracias a su coraje.

—¿Algún recuerdo especial?
—De Margarita Rodríguez en Montreal. Estaba muy mal el día antes, pero ganó medalla de oro. En ese momento saltó y me dio un beso. Dicen que me iba a buscar un problema con mi mujer.

—¿Cuál ha sido su mayor satisfacción desde el punto de vista humano relacionada con su trabajo?
—Este hospital. Cuando llegamos aquí el primero de enero de 1969, era un hospital chiquito y en malas condiciones. Pronto tendrá 700 camas y en tres o cuatro años podrá autofinanciarse. Producimos casi todos los equipos ortopédicos y, en especial, los fijadores. Se exportaron el año pasado por valor de US$400.000, y evitaron US$800.000 de importaciones. Esto se está convirtiendo en un complejo ortopédico. Durante los últimos cinco años, ha sido el mejor hospital de especialidades del país, y eso es una labor de todos: su prestigio internacional (hay lista de espera de extranjeros para ingresar).

—¿Me permite salir un momento?
—Sí, como no —algo perplejo.

—Cuénteme la historia de esta foto —mostrándole la foto donde  aparece con Fidel Castro.
—Fue el primero de mayo de 1983. Yo regresaba del extranjero y el Comandante me llamó para que le contara mis impresiones. Estaba muy contento ese día.

—¿Usted operó a Alain Delon?
—Mira —riendo, nos ofrece un ejemplar de Ici Paris con un gran titular: “Alain Delon operè à Cuba”, donde se explica su operación, realizada por Álvarez Cambras en el hospital Frank País y aparece la foto y se describe el Hermanos Ameijeiras—. Todo es mentira. Quizás la leyenda procede de un ministro o viceministro de comercio exterior que por el físico y por el nombre (Alan) se parecía un poco. Dos días después de su alta, teníamos cola  de muchachas en la puerta preguntando por Delon. A él  lo ví en Montecarlo casualmente.

—¿Cuál es el personaje más interesante que usted ha tratado?
—El primero no te lo puedo decir.

—¿El segundo?
—Tampoco. Ni el tercero. Ni… Pero si quieres, pon a Velasco Alvarado. Era un hombre extraordinario.

—¿Su mejor consejo a los jóvenes que buscan un objetivo para la vida?
—Que piensen desde temprano cuáles son sus esperanzas de futuro, sus intereses esenciales, hasta dónde pueden llegar. Y que sus sueños se entronquen con los sueños de nuestro país. Que entonces se organicen para llegar, que lo hagan todo para llegar. Que luchen.

“Rodrigo Álvarez Cambras: The Invisible Medal Winner”; en: Resumen Semanal de Granma (en inglés), La Habana, 1985.
“Álvarez Cambras: la medalla invisible”; en: Somos Jóvenes, n.º 70, La Habana, agosto, 1985.





En el nombre del pueblo: Milton

12 08 1985

El soldado que se quiso salir,

se murió. Y el que quiso vivir

más, ese se rindió.

 

Milton

 

 

—Yo soy de San José, al norte del Salvador. Mis padres son de clase media. Tenían 500 manzanas de algodoneras. Ponían a trabajar gente y veían cómo era el trabajo, lo que podían gastar y todo eso. Nosotros somos seis hermanos. Dos nos incorporamos: el más pequeño y yo, que soy el tercero.

 

—¿Cómo te incorporaste a la guerrilla?

—Yo viajaba de San Miguel a la capital, San Salvador, a visitar a unos amigos. En el trayecto, había muchos retenes del enemigo. Allí bajaban de los buses a la gente: niños, mujeres y todo. En las paradas hay como unas graditas. Entonces a los niños, como de unos cinco años, los agarraban de la mano y los aventaban para allá. A las mujeres ancianas, de un empujón las aventaban para allá. A toda la gente los bajaban de los buses  y los ponían con las manos sobre el busto. Entonces allí, mirando la actuación de ellos con la gente de la población, mirando lo que hacían, yo comprendí que no era justo.

 

—¿Se lo dijiste a tus padres?

—No. Yo no les podía decir nada, pues mis padres están al contrario de eso. Pues yo visitaba a un amigo. Era teniente efectivo del régimen. Nos habíamos conocido antes, en el estudio. En el 80 salió a los Estados Unidos mandado por el gobierno salvadoreño para recibir entrenamiento de cómo torturar a una persona. Él me contaba que recibió ese entrenamiento en Fort Benny, Carolina del Norte. Yo no le decía nada, pero aquello me ponía mucho en qué pensar, ¿cómo puede ser esto?

 

—¿Discutiste con él?


—No, era bastante criminal y yo tenía miedo. Aunque era mi amigo, él no creía en amistad. “Si mi padre fuera y me mandaban a torturarlo, yo lo torturo”, decía. A él, como le pagaban tanto, pues… Me pasaba el día con él. Regresaba y veía el tratamiento que le daban a la gente. Veía a los que activaban en las calles y las patrullas del régimen destruidas por el FMLN. Yo tenía una tía que visitaba en el campo, y los compañeros del FMLN pasaban por allí. Entonces, casualidad que una vez tuve una conversación con ellos, y eso a mí me gustó mucho. Por eso me fui con ellos a la montaña, y allí me siguieron explicando, y yo seguí entendiendo. Tenía diecisiete años. Entonces pedí un fusil. Así fue como me organicé. Aprendí muchas cosas que no sabía en la ciudad: política y otras cosas.

 

—¿Dónde estuviste?

—En el oriente del país. En la parte más elevada del Salvador y la parte más rica en producción de café, henequén, cacao. Morazán, San Miguel, San Vicente…

 

—¿Viviste en zonas bajo control?

—Sí. Ya hay bastantes zonas bajo control.

 

—¿Cómo es la vida allí?

—La vida es buena, porque a la gente los tratan bien. Tienen un gran apoyo de nosotros y nosotros de ellos. Para mejorar la vida de los campesinos, se les da tierra y todo lo que necesitan para laborarla. Hay escuelas y algunos maestros que dan clases, y los propios miembros del ejército. Allí es donde han aventado las operaciones más fuertes. Morazán es la primera zona bajo control. Allí está Radio Venceremos. Por eso es que quieren a toda costa bajarla. Es la zona más rica y está bajo control. Otra es en el centro de Guazapa. Allí bombardean a la población civil como en Chalatenango. A veces regresábamos después de activar y veíamos las casas destruidas, los muertos. En otras, los guardias se meten y encuentras después las campesinas violadas, cadáveres degollados, mutilados. Y es a los campesinos.

 

—¿Cómo se incorporó tu hermano?

—Yo me enteré de que mi hermano se había incorporado en un pueblo donde lo vi llegar con otros compañeros. Y me impresionó porque era un niño.

 

—¿Qué edad tenía?

—Doce años, pues. Le preguntó a una compañera si yo era yo. Y vino. “Va a que vos sos mi hermano”. Sí, le digo. Y me abrazó. “Yo quiero organizarme”, dice. Pero estás muy pequeño para combatir. “Yo siento deseos”. Y quedó con los compañeros. Como al mes me di cuenta que él estaba en una escuela militar recibiendo un cursillo. Allí platicamos más. Como un día.

 

—¿En qué tipo de combates participaste?

—Tomas de cuarteles, de pueblos, desalojamiento de posiciones del enemigo.

 

—¿Y el día que te hirieron?

—Ese día fuimos a la toma de un pueblo. Allí estaba una compañía  del ejército salvadoreño: 160 soldados. Ellos nos sintieron porque para llegar había que pasar por ciertas poblaciones donde había bastantes perros que hacían bulla cuando lo veían a uno. Eso era como a las dos de la mañana. Y como en los cuarteles les meten una cosa en la cabeza: que no tienen que rendirse, que no tienen que correrse de nosotros, que tienen que hacer frente al ataque, ellos dijeron: Bueno, estos no van a poder entrar aquí. Porque se creían los mejores soldados del ejército salvadoreño. Nosotros éramos cuatro columnas. Entramos al pueblo y empezamos a combatir a las propias cinco de la mañana. En el primer encuentro que les hicimos se veían bastante fuertes. Pero ya a las nueve de la mañana, cuando la aviación vino, los teníamos rodeados. El soldado que se quiso salir, se murió, y el que quiso vivir más, ese se rindió. Allí capturamos a 135 soldados con todo el mando de la compañía y los tres de las secciones.

 

—¿Y los soldados?

—Muchos son cipotijos de quince o dieciséis años. Los arrastran a pelear y cuando los capturas, se arrodillan, imploran. Ellos venían con sed, porque durante el combate no podían tomar agua. Entonces les dimos agua y comida de la que guardábamos para nosotros. Recibieron una atención bien, porque nosotros atendemos igual a todos los soldados. De ahí fuimos a la zona bajo control porque ya habían pedido refuerzos. Después fueron entregados a la Cruz Roja.

 

—¿Cómo te hirieron?

—Fue en el asalto a una trinchera. La bala incendiaria me atravesó a lo largo el brazo derecho. Entró por aquí, ¿ves?, cerca del codo, y salió por acá.

 

—¿Y tú qué hiciste?

—Me quedé parado como un gran rato, pero después me senté hasta que perdí el conocimiento. La pérdida de sangre había sido mucha, porque la bala me había cortado las dos venas y los tendones. Fue en un cafetal. No me entró miedo ni nada, pero como a los diez  minutos caí al suelo. Otros compañeros me atendieron, pero yo no sentí nada. Vine a recordar como a los tres días. Después estuve como diez meses curándome la herida.

 

—¿Qué edad tienes?

—Veintiún años.

 

“En el nombre del pueblo (II) Milton”; en: Somos Jóvenes, n.º 70, La Habana, agosto, 1985.





Cayo Caimán: el día que no cesa

27 05 1985

No lo busquen en atlas escolares, ni siquiera en mapas medianos. Solo en mapas detallados asoma Cayo Caimán Grande su rostro tímido: una almendra de piedra lamida por la Corriente del Golfo, un guijarro de trescientos metros que dejó caer quizás algún gigante mitológico en el mar; cualquiera de estas definiciones sirve para imaginarlo, aunque lo de «grande» sea relativo. Lo es respecto a los caimancitos que lo rodean, entre ellos, al oeste, Cayo Caimán de la Mata de Cocos, donde lo más típico es que no hay ninguna mata de cocos.

 

Seis horas de mar

El agua, de un verdiazul para postal turística, sangra espuma en la herida de la proa. Arriba, el cielo blanqueado por un Sol que dan ganas de enlatarlo para enviarle a los esquimales. Siempre al nordeste, playas en que se pierde la noción común de arena y transparencia. Deslumbrados, avistamos el faro siete millas antes.

En el recorrido nos hemos detenido dos veces, aprovechando para nadar en aguas de seis brazas, con el fondo al alcance de la mano (parece); aunque en el último chapuzón la advertencia de un viejo pescador nos hace salir con cierta premura ‑‑no somos aficionados a nadar entre picúas.

Detalle curioso es un antiguo barco encallado años atrás, sobre el que se ha montado un centro de acopio pesquero y una procesadora de langostas. Sobre la cubierta despojada de grúas y mástiles, se halla la pequeña fábrica, como un injerto de tierra y mar.

 

María

A la salida del puerto, una mujer que ronda los cuarenta, con la sonrisa a punto siempre de dispararse en los labios, se incorpora al grupo. Después sabremos que María Suárez lleva a cuestas, con el heroísmo de todos los días, que es el más difícil, tres hijos y trece años de matrimonio con el teniente Evelio Cabrera Moreina, miembro fundador  de las tropas guardafronteras (veintiún años, que no es poco), ex‑combatiente de la lucha contra bandidos en el Escambray y jefe del puesto de Cayo Caimán. Ha pasado estos trece años en los cayos mientras María hace de padre y madre, porque sabe que él ‑‑nunca voy a encontrar otro mejor‑‑ tiene su lugar de padre en el sitio más duro de la patria. Y nadie sabe quièn es más héroe, si el hombre o la mujer, porque son dos pechos para una sola medalla.

Ahora atraviesa con nosotros las seis horas de mar. María y Evelio hace quince días que no se encuentran.

 

Caimán de piedra

7:15 p.m.: El barco toca el muelle que se prolonga, como una lengua de hierro y madera, desde el islote calcáreo. A la derecha: el faro, un enorme caramelo a listas rojas y blancas. Al frente, en la misma cima, la torre y el edificio azul del puesto. En la escalera de hormigón que sube hasta el, un perro solitario nos husmea curioso. Pero apenas traspuesta la entrada, un puñado de jóvenes en perfecta formación nos ofrece la bienvenida, que es aún más cálida cuando se mezclan saludos y preguntas con sonrisas y asombro (nuestro) sobre la plazoleta de cemento rodeada por un cantero donde crecen, en este islote de piedra y sal, las más bellas plantas ornamentales, traídas desde Cuba, sembradas en tierra, (también traída desde Cuba!, y regada con agua ((nada menos que de Cuba!! La patana que la trae viene cada dos meses y se conserva en cuatro cisternas, ya que el cayo no posee agua dulce y aquí hasta la lluvia es un acontecimiento.

Después de la comida, conversamos con los combatientes: Héctor Cobiella, un viboreño que entró de cocinero y tuvo comiendo arroz crudo a toda la guarnición hasta que más o menos. José Manuel Artiles, de Santa Clara, que espera obtener la orden 18 e ingresar en arquitectura. Ramón Antonio González, que pasó de técnico en agronomía en su Esperanza natal, a guardafronteras.

Pocas palabras bastan para que se haga una brecha en el silencio y por ahí se evadan las anécdotas, los recuerdos, los chistes. Y es que la alegría de los veinte años puede ser el arma mejor engrasada.

Hablan del jefe recto pero justo, y en la voz no hay ni rastros de adulación. Solo respeto por el hombre, más que jefe.

Comentan que los únicos animales (irracionales) en el cayo son el perro curioso, y un guanajo peremnemente en celo ‑‑sin remedio‑‑, porque no hay ni mosquitos ‑‑tampoco los añoran‑‑, salvo cuando el viento del sur trae algo de «plaga» (tábanos, jejenes y hasta bichos sin nombre) desde los cayos vecinos.

Vuelve el jardín «que no se puede secar»‑‑son palabras de Evelio‑‑»por un problema de principios». Y regarlo con el fusil al hombro es casi un símbolo de esta especie de hombres horneados por la soledad, el peligro y la belleza.

Después de la televisión, nos ceden sus camas. Los baños impecables. El gesto codicioso de ofrecer, como antes compartieron con nosotros la ración sabrosa y abundante del guardafronteras.

Al día siguiente vamos juntos al muelle, y a la preciosa playita del este, donde se nada a diario. Pero además, nos enteramos por qué en Cayo Caimán el día comienza a las seis de la tarde.

 

Comienza el día

¿Qué hacer? Sería la primera pregunta para iniciar un día. Y es ésta la que lo inicia aquí. Solo que ocurre a las seis de la tarde y se denomina «cálculo operativo». Designan las misiones y los responsables: unos cocinarán y atenderán los equipos, turnos de guardia, limpieza, nadar, descanso, instrucción militar, clases políticas y deporte en un gimnasio construido por ellos. Cuando se disipa el humo de las fábricas, cuando se vacían las aulas y los arados abandonan la tierra, entonces comienza el día para los combatientes. Su mediodía es nuestra medianoche, y por eso regresamos sin tristeza, mar al sur,  con la confianza de que en el archipiélago cubano, hay siempre alguien que no duerme.

 

“Cayo Caimán: el día que no cesa”; en: Somos Jóvenes, nº 67, La Habana, mayo, 1985.





Raúl Sendic: defender es vivir

11 02 1985

El 16 de marzo, Raúl Sendic Antonaccio cumplirá  sesenta

años. Confinado en la prisión de “Libertad” (un sarcasmo de la

dictadura), muestra hace doce años que el único antídoto

contra la incomunicación y la tortura, es la dignidad.

De él nos hablan sus hijos: Raúl Fernando y Ramiro

Sendic Rodríguez.

—¿Quién es Raúl Sendic?

Raúl Fernando (RF): Sobre eso hay dos anécdotas: En el 79, durante la visita, estábamos a dos metros uno del otro. Lo que te cuento era en el cuartel del Paso de los Toros. Había una reja por el medio y yo tenía las manos en la reja. Eso no estaba permitido. Había que tenerlas debajo de las piernas. Es un gesto inconsciente de acercamiento que uno hace. Uno de los militares me dijo: Baje las manos de la reja. Papá se enojó: Ponéte cómodo nomás. Él no tiene por qué molestarte. El militar, viendo que él se había molestado, dice: Sendic, saque la mano de la reja. Y Papá: No señor, no la saco nada. Bueno, entonces le corto la visita. Está bien. Córtela —respondió papá—. Y dirigiéndose a mí: Perdonáme, Raulito, pero tenemos que dejar que nos pisoteen lo menos posible. Eso fue en el 79. Ahora, cuando se termina la visita, está permitido despedirse por la ventanita. Nos despedimos y cuando me levanté, el se quedó parado mirándome. Sería para saber si había crecido. Desde que llegó, yo estaba sentado. Yo también quería verlo. Nos quedamos parados. Entonces el militar le dice: Recluso, usted vaya nomás. Él no se movió. Como estaba la pared por el medio, el militar no podía hacer nada. Entonces me sacó a mí. Cuando lo dejé de ver, seguía parado ahí, sin hacerle caso. Son dos anécdotas, pero una misma  actitud. Ese el Raúl Sendic.

—¿Cómo ocurrió ese último encuentro con tu padre?

RF: Fue emocionante; sobre todo el cambio. El cambio estaba en mí, que le atribuía una nueva dimensión, no en él, que seguía con la misma entereza de siempre. Tal vez lo nuevo sea que haya resistido todo este tiempo, porque para eso se necesita una entereza moral que hay que ir renovando.

—¿Ninguna otra diferencia?

RF: Claro, físicamente se le notan un poco los años. Y la herida en el rostro, que avanza, porque la deformación del hueso ha ido deformando la cara. Y eso sigue avanzando sin atención médica.

—¿Cómo fue el encuentro?

RF: Primero me hicieron una revisión completa. No se puede entrar con dinero, ningún tipo de papel, anillos, ningún instrumento de metal (salvo el reloj). Me pasaron al locutorio a mí primero. Allí había una mesa con un vidrio en el medio, una ventanita para saludar y teléfonos a ambos lados. Después que estuve sentado, entró el. Bueno, lo primero fue la sonrisa. Nosotros decimos que a papá cuando sonríe se le desarma la cara.

—¿Cómo transcurrió la conversación?

RF: A través del cristal no nos podíamos saludar. Empezamos a hablar de la familia. Antes de entrar se me advirtió que tenía que tocar sólo temas familiares y de estudio. No se podía hablar de política, ni siquiera de política internacional.

—¿Además de los temas familiares, pudieron hablar sutilmente de los temas políticos?

RF: Hablamos de Cuba, de Nicaragua, usamos ciertas claves. Por medio de ellas lo actualizamos de la situación de la lucha. A uno de nuestros comentarios sobre la Revolución Cubana, él  nos decía: Nunca nos han fallado y nunca nos fallarán. Porque él siempre toma como patrón para hacer determinados análisis lo que piensan los cubanos. Eso, entre otros temas familiares, porque la Revolución Cubana  es también parte de la familia. Y fue muy importante para él, que durante doce años ha mantenido la lucha con escasez de información.

—¿Tú te preparaste para la entrevista?

RF: Sí. La situación era bastante difícil. El ministro del Interior había leído un comunicado prohibiendo incluso a la prensa hablar sobre nuestra visita. Había un clima bastante tenso. Habían reconocido días antes haber matado a un compañero. Por eso se preparó muy bien la visita. Sobre todo él. Cuando le pregunté si quería que le empezara a hablar, que le contara, me dijo que no, que él había preparado esa visita y me iba a preguntar. Entonces fue preguntando las cosas que le interesaban. Tomando elementos.

—¿En ningún momento los interrumpieron?

RF: No, nunca contaron la conversación. Había uno parado escuchando. Y como la conversación es por teléfono, se graba. Después entró otro muy armado, para provocar. Se paraba muy cerca a escuchar y miraba con mucha insistencia. Bueno, nosotros lo ignoramos.

—¿Cómo son sus condiciones actualmente?

RF: Difíciles: Torturado periódicamente, aislado, mal alimentado y con problemas de salud: la hernia, el balazo, algunos problemas bronquiales, está corto de vista. Eso es algo que le ha aparecido ahora, pero como no le han recetado lentes… Una vez le llevamos unos que le sirvieron por un tiempo, pero como eran comprados al azar… A pesar de todo, hace ejercicios en la celda. Antes no podía, por la hernia; pero se construyó un aparato curvo de madera, como un plátano, que la sostiene cuando se lo aprieta con la faja. Esto impide que salga y de esa forma no le molesta. Es muy grande y le impediría los movimientos. Antes sólo podía estar acostado boca abajo o en cuclillas. Ahora puede hacer ejercicios y canta en la celda, para entrenar los músculos de la cara. Eso demuestra que es todo lo contrario de lo que quiere hacer creer la dictadura: que los presos políticos son personas destruidas. Y es todo lo contrario.

(En el momento de la entrevista, Sendic estaba en “La Isla”, el lugar de máximo castigo, donde llevan a los presos sancionados: una celda de un metro y medio por dos, sin luz. Sólo luz artificial que se enciende desde afuera, de modo que a veces lo tienen  con luz durante varios días, y otras, durante varios días en la oscuridad. El agua también se abre desde afuera. Es decir, toman agua cuando los militares quieren).

—Pero él estuvo en un pozo, ¿no?

RF: Sí. Mucho tiempo. Bueno, aquí la cama es de cemento. Al preso normal le dan un colchón por la noche y se lo quitan por la mañana para que no pueda dormir de día. Él tiene que dormir en el cemento. Abajo tiene un agujero grande de ventilación. En invierno es una heladera. Lo tenían sin ropa. A él y a los otros. La misma situación es para los nueve.

—¿Todas las celdas son de presos políticos?

RF: En “La Isla” sí. En el penal hay presos comunes. Los usan mucho para provocar a los presos políticos, pero en “La Isla” no hay. Eso demuestra que se mantiene la condición de rehenes. Pero nosotros decimos que aunque esté en el mejor hotel de Montevideo, la condición de rehenes es la misma. Es, ante todo, una situación política.

—¿Hay casos necesitados de atención médica aparte de Sendic?

RF: Todos. Pero los hay más graves.

—¿Más que Sendic?

RF: Sí. Está Adolfo Wassen Alaniz. Hizo una huelga de hambre hace poco. Tiene un cáncer que ya ha hecho metástasis en algunos lugares y no ha sido tratado como es debido. La huelga duró casi un mes. Empeoró mucho, pero demostró que antes de morirse simplemente de cáncer, prefiere morir luchando.

—¿Cuáles son tus primeros recuerdos de él?

Ramiro Sendic (R): Bueno, el primer recuerdo concreto de él es en Punta Carretas, la cárcel más grande de Montevideo. Allí era mucho menos limitada la visita. Es un recuerdo muy definido. Después fue la fuga. El movimiento le puso a la operación “El abuso”, porque se fugó con 108 presos más. Fue un abuso.

—Y a ti, ¿por qué te decían que estaba preso tu padre?

RF: De lo que me decían no me acuerdo, pero nosotros sabíamos que estaba preso por tupamaro.

—Esa palabra sí la conocían. ¿Pero no lo vinculaban con la jefatura del movimiento?

RF: No.

R: No. Incluso a nosotros se nos provocaba bastante en la escuela: las maestras, los compañeros. Si protestábamos por cualquier cosa, nos decían: Cállate, vos sos el hijo de un tupamaro. La primera vez que lo vimos, en el 73, después del balazo, estaba supercambiado. Tenía la cara deformada. Nosotros éramos bastante chicos y se nos preparó, se nos dijo que no iba a ser igual que antes.

—¿Los impresionó?

RF: Impresiona.

R: Lo que pasa es que nos habían exagerado, y lo vimos hasta más lindo de lo que pensábamos. Esa fue la única vez que lo vimos en “Libertad”. Después lo sacaron en septiembre y empezamos a verlo en los distintos cuarteles.

—Entonces, ¿ustedes no tienen recuerdos de él en familia?

RF: No. Pero, a pesar de eso, nuestra relación era, y es, una relación normal de padre‑hijo.

—¿Cómo ocurrió para ustedes el cambio de visión desde padre hasta líder político?

RF: Hay un proceso de descubrimiento. Claro, nosotros partimos de una educación en la casa. Mamá nos explicaba que era bueno y que por eso era tupamaro. Desde chiquitos sabíamos que él tenía razón. Lo que no sabíamos…

—Hasta dónde llegaba esa razón.

RF: No sabíamos bien por qué. Pero, además, en la convivencia de la visita uno aprende a odiar a los fascistas. Uno aprende que ellos son la injusticia en el poder. Entonces se odia y uno no puede evitarlo. Empezamos a valorar a papá a partir  del conocimiento de la Revolución Cubana y de lo que él quería hacer, que es esto. Además, conocer su biografía completa. Así empezamos a valorarlo. Es un proceso que no termina, porque se evalúa mejor en la medida que él representa una concepción cada vez más válida para Uruguay.

—¿Es difícil ser el hijo de un héroe?

—RF: Es difícil, pero tiene sus ventajas.

—¿Por qué es difícil y por qué tiene sus ventajas?

RF: Bueno, la ventaja es que uno tiene un ejemplo cerca, y es difícil, porque hay que estar a la altura de ese ejemplo. La meta es ser continuador: materializar las ideas de papá, que son las que ya aparecían en la Segunda Declaración de La Habana: Lo que hay que hacer es hacer.

Defender es vivir”; en: Somos Jóvenes, n.º 64, La Habana, febrero, 1985.





Crónica con los ojos del miedo

1 07 1984

El mundo recién estrenaba el siglo XX cuando, en Hoyo de los Indios, cerca de las fincas El Merino y Ojo del Agua, fue descubierto «El Peludo de Mayajigua». Herido durante la guerra de 1868 en dos lugares, en el cuerpo y en la valentía, se escondió en la zona durante treinta años, sin llegar a curarse nunca de la segunda herida.
Desde tiempo atrás, los campesinos habían notado hurtos de viandas en las vegas, y de gallinas que se alejaban más allá de lo prudente. Algunos creyeron  verlo alguna vez, pero la visión se les antojó más de aparecido que de humano. Se santiguaron y prosiguieron presurosos, para evitar los arrimos de las apariciones. Y no andaban desencaminados, porque el hombre solo suele ir involucionando en dirección al mundo de los fantasmas.
Cuando lo hallaron ya era un hombre viejo, aunque nunca se sabe lo viejo que puede ser un hombre cuando tiene miedo. Digamos: sesenta años. De haber alcanzado los ochenta, habría oído, escondido tras un ocuje, a los caminantes comentar el reciente ferrocarril, a cuyo paso se abrió Florencia sobre las fincas, marcada en el nombre con las nostalgias de un ingeniero italiano. Ya entonces se habría adentrado en su cueva despavorido por los disparos: las guerritas del seis y del diecisiete contra Estrada Palma y Menocal.
A los noventa, el viento le habría traído el olor de la masacre: Machado era el dueño de la isla. El fascismo emparentaba a Florencia con su tocaya italiana.
Si aún hubiera alcanzado los ciento veinte hurtando viandas a los montunos, corría el peligro de ser descubierto por aquellos hombres de pies rotos, hambre y furia, que cargaban como único lujo la esperanza. Su pánico de desertor lo habría empujado al fondo de la cueva, como si se le viniera encima el juicio del hombre flaco, de sombrero alón y barbas que traían adentro todas las barbas. Pero ya para entonces la columna cruzaría el río más arriba, por una escarpa, en dirección a la victoria.
Pero si aún más, el «Peludo de Mayajigua» hubiera empinado la cuesta de los cientocincuenta años, habría muerto como consecuencia de los gritos y las risas de los muchachos en la base de campismo: en su río, al pie de su cueva. Porque ellos traerían en sus ojos todas las guerras y todas las historias, todos los hombres y mujeres que arrimaron las piedras para que el pueblecito nostálgico que asomaba los ojos tras el andén, vistiera los pantalones largos. Porque vendrían además a pecho limpio, porque no se esconderían, porque son el futuro, un lugar muy peligroso del que se apartan los que tienen miedo.

“Crónica con los ojos del miedo”; en Somos Jóvenes, La Habana, 1984





Bordar la danza

1 06 1984

«(Lets me see the donkey!», se escucha en las callejas torcidas. El burrito sale. El hombre lo sostiene agachado, y a ambos lados del animal de tela cuelgan las piernas del supuesto jinete con las botas puestas. Es la llamada a la que responden hombres y mujeres. Atraídos hacia el juego ancestral, van poblando las calles de Baraguá, en la provincia Ciego de Avila. Cruzan por Jamaica Town, Barbados Town y otros barrrios cuyos pobladores los han nombrado con el origen, con los recuerdos.
Alejado, al fondo del paisaje, el campo de croquet, la iglesia adventista, la iglesia episcopal, blanca, con grandes puertas rojo madera; la iglesia del Salvation Army, hoy desierta por falta de feligreses. Las calles sinuosas entre casitas humildes conducen la alegría hasta la plaza.
Contrabajo, triángulo, maracas, tumbadoras, guitarras, redoblantes, pandereta. El ritmo de los calipsos. Pantalones grises deshilachados, camisas jaspeadas con mangas de vuelos. Descalzos, con pañuelos rojos al cuello y sombreros de guano, ellos. Las mujeres llevan vestidos moteados con vuelos azules en el cuello, las mangas y el ruedo de la saya. En la cabeza: pañuelos naranja o morados. Hombres y mujeres anudan a la cintura  grandes telas amarillas.
El ritmo reiterativo de los redoblantes se ajusta a   una cadencia hipnótica, mientras vuelan las faldas y el aire se estremece con los saltos de los hombres. No hay gestos fruncidos o concentrados, sólo sonrisas. No es un rito, ni siquiera una danza; es un juego.
De pronto se detienen, y a la voz de «Fire, boys, fire», se vuelcan de nuevo sobre el ritmo del «Indian pleat» y del «Brown skin girl». Algunos danzan dentro de sacos con rostros pintados, en zancos o parados sobre maderos que mueven a ritmo dos hombres, como tratando de tumbarlos (pero eso es también un juego, de habilidad y equilibrio esta vez).
Cuando se concluyó el canal de Panamá, muchos habitantes de las Antillas de habla inglesa, contratados como peones, quedaron sin trabajo. Algunos aún conservan las chapillas de identificación. Es entonces que se trasladan en grupos a la construcción del central de Baraguá y a los trabajos de zafra a partir de 1918. En total, por los diferentes barrios («towns») se distribuyeron unos quinientos antillanos, cuyo común día de fiesta es el primero de agosto, aniversario de la abolición de la esclavitud, por la reina Victoria, en las colonias inglesas.
Descendiente de aquellos hombres, Alfred Springer Hooward cuida celosamente las tradiciones que un día sus padres trajeron de Barbados. Con su grupo folklórico jamaicano asistió a los festejos, en 1983, del 150 aniversario de la abolición, en Guyana. Desde 1975 vienen haciendo una intensa labor de rescate de tradiciones que se han perdido en sus países de origen. El Cuba se refugian en la proverbial memoria (nostalgia) de los inmigrantes.
El baile de la cinta va a comenzar. Irene Osborne recuerda haberlo bailado desde los años treinta. Ahora se eleva el poste de unos cuatro metros, y al son del «cocotí», comienzan a tejer y destejer con las cintas la tela de arañas (cobweb). Cada giro, cada salto, añade una espira más al complicado trazo que arman en el aire las cintas. Tela que se bordaba ayer para olvidar, como un refugio, como la única felicidad posible, y que hoy bordan para no olvidar, porque ya no es la felicidad ni un sueño ni un juego.
“Bordar la danza”; en Somos Jóvenes, La Habana, 1984