Jesús Díaz: las palabras halladas

3 05 2002

La escueta nota de algún diario consignará hoy la noticia: Jesús Díaz, escritor y cineasta cubano, nacido en La Habana en octubre de 1941 y presidente de la Asociación Encuentro de la Cultura Cubana, acaba de morir en Madrid a los 61 años.

Pero bajo esas escasas líneas hay demasiadas palabras. Las precoces palabras de Los años duros, su emblemático volumen de cuentos con el que no sólo obtuvo el Premio Casa de las Américas a los 25 años, sino el privilegio de inaugurar una nueva era de la narrativa cubana. Las palabras de Las iniciales de la tierra, la novela que despertaría un inusual fervor entre los lectores de la Isla. Las palabras como espejos múltiples que componen La piel y la máscara. Las palabras perdidas que dan título a la que posiblemente sea su mejor novela. Las palabras tragicómicas de Dime algo sobre Cuba. Las palabras vertiginosas de Las cuatro fugas de Manuel, su última novela, donde la carne de la ficción es apenas una delgada piel, tensa y pulida, sobre la osamenta de la realidad.

Los miles de palabras que aún contienen las revistas que fundó: Pensamiento Crítico, que intentara reflexionar el entramado de la Revolución Cubana; El Caimán Barbudo, hogar de varias generaciones de creadores, y Encuentro de la Cultura Cubana, este espacio plural que a sus seis años de vida tiene el privilegio de ser la revista cubana más vilipendiada (en público) y más leída (en privado) dentro de los confines de la Isla

Bajo las pocas palabras de esta nota están todas las palabras de sus decenas de guiones, sus once documentales y sus dos largometrajes de ficción. Las palabras pronunciadas o escritas en cientos de conferencias y artículos. Las polémicas palabras de Los anillos de la serpiente, que hizo explícita su ruptura con las autoridades de la Isla, inaugurando esa suma de palabras destinadas a prefigurar esa Cuba posible a la que todos aspiramos.

Jesús Díaz ha abandonado, a los 61 años, el espacio físico, la geografía de Madrid. Sus amigos podemos constatarlo, sin resignarnos a creer del todo la noticia. Ha abandonado las estadísticas, los censos, los registros documentales. Se ha adentrado en la región más transparente de la cultura cubana. Y en su nueva geografía le acompañan El Rojo; Iris, la que volvió desde Miami en busca de sus dos hijos; el dentista Stalin Martínez, balsero de azotea; los supervivientes de los años duros que llegaron a rubricar las iniciales de la tierra; le acompaña Manuel, que ya no huye. Y le acompaña la memoria de sus compañeros, su familia, sus amigos, sus compatriotas, los que hemos transitado con él un tramo del camino, e incluso la memoria de sus enemigos, que ahora no podrán librarse nunca más de su recuerdo. Le acompañan, en suma, todas sus criaturas, y las que sus lectores de hoy y de mañana, fraguamos con la complicidad de sus palabras.

De modo que, aún cuando sea inapelable su cronología, sería falso decir que Jesús Díaz descansa en paz. Sus palabras y nuestra memoria no se lo permiten.

 

“Jesús Díaz: las palabras halladas”; en: Cubaencuentro, Madrid, 3 de mayo, 2002.http://arch.cubaencuentro.com/cultura/noticiero/2002/05/03/7725.html

 


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