Teología neoliberal

11 02 1997

La Internacional Socialista acaba de aprobar un documento contra el “fundamentalismo neoliberal”, apelando a una nueva función del Estado dirigido, sobre todo, al servicio del ciudadano, y que tenga como principales preocupaciones la eliminación del paro y la modulación de las grandes desigualdades estructurales. Sólo que hoy ello resulta más difícil.

El capital, ente sin patria, móvil como nunca antes y que no entiende sino el esperanto de la contabilidad, rastrea por todo el planeta las mejores oportunidades, y es allí donde se coloca. Lo ahuyentan las legislaciones que protegen al trabajador, los impuestos y la inestabilidad socio-política. Lo atraen las facilidades fiscales, la mano de obra barata, abundante y fácilmente prescindible, así como los regímenes estables, no importa si democráticos o dictaroriales, pero que aseguren los derechos de las inversiones, aún a costa de cualquier otro derecho. De modo que se ha elaborado una teología a su imagen y semejanza: el neoliberalismo puro y duro, que establece, ante todo, que “todos los dineros son libres e iguales”. Aunque se nos venda continuamente como “creador de empleo” es, ante todo, multiplicador de su propia riqueza, cosa que no puede hacer, naturalmente, sin plusvalía y, por tanto, tiene que crear empleo.

De modo que la contemporaneidad se sume en un atolladero difícilmente soluble: el Capital, ajeno a los intereses del Hombre, es quien dicta las reglas. Si el Hombre modifica esas reglas, puede ahuyentar al Capital hacia sitios más complacientes, y sin inversiones sólo es posible el equitativo reparto de la miseria. El Estado del malestar. Es quizás el nudo gordiano de nuestra Era, sólo que la solución aplicada entonces por Alejandro, cortar el nudo, quizás no sea hoy tan fácil. Aunque más vale tarde que nunca, los propios ideólogos del neoliberalismo deberán entender que las garantías sociales y el bienestar de los muchos no es un simple lujo, sino una necesidad para su propia supervivencia: hoy y mañana. Los pueblos colocados entre la espada y la pared, suelen aprovechar el menor descuido para tomar la espada y cortar el nudo.

“Teología neoliberal”; en: Diario de Jaén, Jaén, España, 11 de febrero, 1997, p. 29.


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