En busca de nuevos ojos (La nueva plástica cubana y su público)

29 06 1988

Cuéntase de un viajero que, establecido en un reino lejanísimo, aceptó el idioma local para los usos del día, formó familia, y al final de su vida transcribió en palabras de su idioma natal todo su saber en asunto de dioses, pueblos y hombres. Llegada la hora de su muerte, legó el manuscrito a sus hijos, que no tardaron en vender a un comprador de papel viejo toda la sabiduría de su padre transcrita en signos extraños, que para ellos no significaban más que curiosidades caligráficas o cagadas de exóticos insectos. Quizás esa podría ser una definición de la incomunicación. Pero no la única. Por eso la Asociación de Artes Plásticas de la UNEAC convocó un debate público el diez de abril pasado para tratar sobre la (in) comunicación entre la plástica cubana contemporánea y sus destinatarios. Durante cuatro horas, críticos, creadores y espectadores debatieron, compartieron, coincidieron y disintieron, sin que las coincidencias llegaran al contubernio ni las disensiones a la reyerta. Y aunque comenzaron hablando de la comunicación, aprovecharon para sacar a flote otros asuntos que prefiero incluir, aún a riesgo de salirme de tema, que guardar, porque más fácil es que se lleve el viento (o que se borren) los casetes de esa reunión, que un viento pérfido arrastre hacia el olvido todos los ejemplares de La Gaceta.

Premisas

Como aperitivo, Jorge de la Fuente (Vicepresidente de la Asociación) leyó cinco premisas respecto a las relaciones arte‑público, que en buena medida dieron pie para iniciar el debate:

1. La tendencia dominante en el arte joven cubano es propiciar una comunicación no superficial con el pueblo, a través de una serie de medios y proposiciones que no en todos los casos son aceptadas, comprendidas o recibidas según las aspiraciones de los artistas. Comunicarse con el público no es someterse acríticamente a las expectativas estéticas ni al canon acuñado por la tradición o la retórica. Es reflejar y contribuir de modo creador a objetivar lo más importante del sentir y del pensar de una nación en un momento histórico concreto; plasmar en imágenes renovadoras la sensibilidad contemporánea y lo genuinamente popular, que no depende de la mayor o menor aceptación inmediata, sino de la calidad de las obras.

2. No hay que dar oído a las afirmaciones sobre la muerte del arte o a la afirmación de que el gran arte siempre fue elitista. Desde las primeras vanguardias se ha producido una revolución en los códigos. Terminó la época de la homogeneidad y de los grandes estilos estandarizadores de la expresión artística, y sólo la cultura de masas asimila hoy sus lecciones. El cambio se ha convertido en norma y el método para evaluarlo no puede ser su simple aceptación por la conciencia cotidiana.

3. Sólo el socialismo podrá saltar el abismo entre la vanguardia artística y el todo social. Lo cual no será un acto espontáneo ni mecánico. Para ello es imprescindible la integración de la vanguardia artística al proceso social, que lo insólito se inserte de modo original en lo cotidiano mediante un sistema de promoción y divulgación institucionalizada.

4. Las promociones de artistas más jóvenes quieren crear su público mediante la materia con que cuentan: su talento. Para ello recurren a todo el arsenal del arte contemporáneo y su sensibilidad ante los conflictos. La supuesta o real agresividad de muchas obras es una vía para violentar las convenciones. Es preciso luchar contra cualquier unilateralidad y lo más unilateral en la cultura es el mal arte y el éxtasis acrítico.

5. Existen propuestas poéticas y artísticas en conflicto, y las tensiones entre artista y público son alimentadas a veces por prejuicios. Si propiciamos la sana confrontación, todos saldremos enriquecidos, siempre que respetemos, si está fundamentado, el criterio del otro.

Volando en círculos

Ignacio Granados (ayudante de mecánico): El que se incomunica es porque quiere. Ha habido exposiciones y acciones plásticas. La gente va a los museos. Comunicación hay, aunque a veces no gusten las opiniones que se emiten. Un pintor no tiene que andarse preguntando dónde va a ir la paloma, si arriba o abajo. Que la ponga dondequiera. Si es auténtico, va a llegar. Si sobra, sobra, y eso no tiene remedio.

Desiderio  Navarro (ensayista y crítico): Para ver una obra plástica, no sólo hay que tener ojos, sino también saber los elementos que ligan los objetos representados y las leyes según las cuales se ha hecho. El problema no es sólo si el público entiende la plástica joven, sino si entiende a Lam, a Rosemberg. Un elemento a tomar muy en cuenta es el nivel de educación cultural del pueblo.

El kitsch es la otra cara de la no comunicación. El que guste o no ni explica el problema de la comprensión ni es el único problema. ¿Qué funciones se asocian a la plástica? ¿Embellecer el mundo? El objetivo es siempre la problematización del mundo. ¿Puede eso interesar al espectador del kitsch, que es precisamente la desproblematización del mundo? La cosa sería elaborar estrategias de comunicación masiva con el público, sin concesiones, brechtianamente.

Josein Reyes (montador, Museo Nacional): A veces se parte de posiciones un tanto elitistas al hablar de la relación de las artes plásticas y los espectadores. Nos pasa como el cuento del tipo que va a buscar el gato. Si ustedes supieran la capacidad de comprensión que tiene la gente. Comprender y gustar. Lo importante es llevarlo ante la obra. Y comprender a quién tenemos delante.

Aldo Menéndez, hijo (pintor): La cada vez mayor cantidad de información de los artistas hace que el arte haya ganado en complejidad y profundidad pero, a su vez, eso provoca la ilegibilidad del arte moderno.

Desiderio Navarro cita entonces a Brecht, cuando decía que crear para pequeños grupos no es menospreciar al pueblo.

Depende de si esos pequeños grupos sirvan a los intereses del pueblo o los obstaculicen. Hay artistas que pretenden  hacer su obra para todo el pueblo. Suena democrático, pero no lo es. Lo democrático es convertir este pequeño círculo de entendidos en un gran círculo de entendidos, porque el arte precisa de conocimientos. Y a Lunacharski, cuando afirmaba que sonará paradójico, pero la causa del comunismo no es la eliminación de la aristocracia, sino la conversión de toda la humanidad en una especie de aristocracia. Para alcanzar ese objetivo se requiere la más amplia educación, pero por muy amplia que sea siempre será adelantada por las individualidades más dotadas. Así no tendremos un arte estancado. Tendremos pioneros. No se puede plantear que si la masa obrera no entiende El Capital, de Marx, éste no hace falta y hay que sustituirlo por el resumen popular de Kautsky.

Pluralidad en plural

Alexis Somoza (escultor, estudiante ISA): Casi siempre vemos la comunicación desde la postura del mismo artista. Adentrándose en una nueva ética, profundizando en la diversidad de nuestra realidad, podremos encontrar la diversidad de comunicación tan evidentemente necesaria hoy. La definición de períodos como fases marcadas por cambios de dirección, implican a la vez continuidad y disociación, por lo que no debemos olvidar que el cambio de dirección debe ser motivado, no sólo por el impacto de un único hallazgo revolucionario capaz de transformar la cultura, sino por el efecto acumulativo, gradual, de modificaciones numerosas y modestas. Sólo las estructuras sociales más primitivas presentarán un solo tipo de arte como expresión concluyente y más o menos definitiva. Ante una época tan compleja como la nuestra no puede haber un arte simplista. Y el modo de apreciar ese arte también estará condicionado socialmente. Factor social que es también fundamental en la formación de un estilo. El riesgo imprescindible es que el hecho artístico adquiere independencia como elemento comunicativo y es, por tanto, un tipo de experiencia que no puede ser definida normativamente.

Jorge de la Fuente: Lo básico es el respeto a todo lo que se crea con autenticidad y seriedad. El problema es que a veces, tras un supuesto análisis político, se juzga una obra desde una poética que no coincide con aquella desde la cual fue hecha. Hay hasta posiciones prerrogativas. Y no, porque el arte hoy es un gran abanico donde caben distintas posiciones.

Ética se escribe con mayúsculas

Alexis Somoza: Las obras vinculadas a momentos convulsos de la historia, no existen para resolver esos problemas. Hay que cuidarse de ver en cada obra un reflejo sencillo de una situación social. Sería tonto centrar toda la atención en el contenido, cuando la forma es la experiencia social solidificada en un lenguaje concreto. La fuerte inserción de lo ético en un arte socialmente comprometido, corresponde al agotamiento del arte como arte bello y su canonización en lo estético.

Agdel (pintor): En el medio de este problema está la ideología. Durante las revoluciones siempre se ha dado un desfase entre las ideas globales y el conocimiento empírico. La base es el problema de la ideología: No sólo no hay una verdadera educación ideológica, sino que no hay un verdadero estudio de los principios ideológicos del socialismo. Hay ideas globales de carácter humanista que rigen determinados aspectos a través de los cuales se mueve la ética, pero sin un despliegue de esas ideas hacia las diferentes ramas de la cultura. Y eso se refleja entre artistas y pueblo.

José B. González (recluta del SMG): Comunicación y censura no pueden convivir.

Desiderio Navarro: Hay que hacer una distinción entre la ideología de la obra y la ideología autoral. Pero a veces se llega hasta a una contradicción, como si el autor fuera un ser ciego, desvalido ante su propia obra. Todos, y él también, pueden equivocarse como receptores. Hay lecturas incompetentes desde el punto de vista plástico. La decisión sobre la obra debe ser antes el debate colectivo y no la decisión unipersonal. Si censura consiste en que algunas obras no deban salir al más amplio público, yo sí estoy de acuerdo con que exista esa censura. Lo que sí me preocupa son dos cosas: los criterios de esa censura, que deben ser fundamentados científicamente, y quiénes la van a ejercer. Se pueden equivocar, bien por ser incompetentes o por no tener en cuenta todos los argumentos, entre ellos los del creador. Pero también debe haber unas instancia de control social de esa censura, donde participen los propios creadores. Si una obra tiene problemas (y yo las he visto, con independencia del autor) y no va a darse a conocer, que eso se discuta en el seno del colectivo, en pluralidad de voces. Aún cuando el resultado sea erróneo, que no sea unipersonal, y sí al máximo nivel de claridad.

¿Voluntad de comunicación?

Roque (fotógrafo): Discrepo de que la tendencia dominante en el arte joven sea propiciar una comunicación no superficial con el público. No existe espíritu de comunicación. A pesar del fuerte movimiento individual y colectivo (arte calle, exposiciones, etc.), hay búsqueda de un estado de comprensión por parte de las instituciones, o de los que están sentados en las instituciones, que prima sobre el interés de comunicación con el público. Hay interés, eso sí, de comunicar con el espectador, pero no con el público. Espectador es el que mantiene una expectativa hacia un tipo de obra, cierto interés de búsqueda, cierta cultura, en contraste con el público, más masivo. Hay la ineficacia y/o el desinterés de propiciar esa comunicación entre la nueva plástica y el público. El artista joven está en disyuntiva: elite o público. Y parece que no tiene conciencia de esta disyuntiva u optó por la elite.

Jorge de la Fuente: No creo que el artista joven trate de sensibilizar a las instituciones, a los funcionarios. Si no hay voluntad de comunicación, se encierra en su casa y no le enseña las obras ni a su hermana, lo cual no deja de ser válido también. Nadie es espectador per se. Debe hablarse de público de arte o de cada arte. Público que deviene en espectador. Hay categorías ya muy bien definidas. Masa o pueblo en sentido global es algo más amplio.

Agdel: El problema es más delicado. Si analizamos la formación artística, no existió nunca el más mínimo recurso en cuanto a la teoría de la comunicación. Existen modelos institucionales que vienen desde el sistema de arte de élite: galerías, exposiciones. Respecto a la iniciativa de los jóvenes, sí hay voluntad de comunicación, pero no vista de un modo plano. Esa voluntad se traduce en muchos aspectos: se están haciendo concesiones, y hay desde obras muy buenas hasta muy malas por concesiones que se están haciendo. Hay quienes han planteado incluso que su obra la estaba haciendo para incidir en las instituciones, para resolver un problema estrictamente inmediato, y que su superobjetivo sería que algún día su obra fuera comprendida por los grandes sectores. Que no se preocupaba por ninguna otra cosa. Hablo en términos de voluntad.

Desiderio Navarro: El público está hecho de espectadores, aunque ya hoy no son espectadores, sino receptores, concepto más amplio. Hay que preguntarse no sólo si no les gusta el arte joven, sino que más no les gusta. ¿Qué más no entienden? ¿Qué cuadro usted pondría en su casa? En Hungría, una encuesta reportó que a sólo el 10% le gustaría poner una muestra de arte posimpresionista. Cuando hablamos de los gustos del pueblo, se impone que no hablemos sobre una base especulativa, sino sobre sólidas investigaciones sociológicas acerca de la cultura plástica de la población cubana, que las instituciones deben fomentar y alentar. En realidad, no hay un gusto del pueblo, sino una gran diversidad de gustos condicionados por una amplia gama de factores.

Alexis Triana (estudiante de Periodismo): Es importante que el artista se preocupe por la comunicación, pero su gran obligación es hace una obra auténtica.

¿Educación estética o estática?

Silva (Director de Galería): Hay una distancia educacional entre el artista y la masa.

Jorge de la Fuente: Se habla de educación estética y hay que ver cuál, porque hay pueblos con una cultura, con una educación estética que rechaza todo lo que se sale de su marco. El problema es crear una sensibilidad frente  al arte contemporáneo. Conseguir el núcleo de una educación estética en el socialismo. Y si hay libertad de creación, tiene que haber libertad de recepción. No es que a todo el mundo, indiscriminadamente, tenga que empezar a gustarle desde ahora la plástica joven cubana.

Agdel: Recuerdo que planteamos en San Alejandro la crisis total de los programas de estudio. Aquí verdaderamente, dijimos, los artistas no se preparan. Pero Jorge Rodríguez, el director de la escuela, nos dijo algo que no habíamos tomado en cuenta: más importante que la transformación de los programas, es el trabajo del profesor. Si reestructuras los programas y los dejas en manos de los malos profesores, todo sigue siendo lo mismo.

Alexis Triana: Una función que le corresponde a las instituciones es la de dinamitar esas recetas de cocina con las cuales se imparten las asignaturas relacionadas con la educación estética.

Medios (m)(p)asivos

Arturo Cuenca (pintor): No puede haber cultura de masas sin medios para comunicarse con esas masas. Nuestra circunstancia nos obliga a que lo ideológico tenga un carácter central, pero la ideología debe unir, fomentar el papel de la cultura. Y aquí los medios masivos subestiman a la alta cultura. No se hacen los estudios de qué cantidad de información culta puede soportar cada individuo de acuerdo a su nivel de escolaridad. La TV cuenta con todos los recursos para ello.

Jorge de la Fuente: La dirección del ICRT desea poner todo el diseño de la TV en manos de los artistas, y la dirección de la Revolución no es ajena a esto.

Roque (fotógrafo): Decirle a las instituciones que lo hagan y que lo hagan bien. La TV es un mecanismo que te come, y tendrías que tumbar a un montón de gente que tiene una mentalidad bastante atrasada, y que son los que imponen un gusto a la población. Son los culpables.

Alexis Triana: Lo malo es que en gran parte de nuestra difusión masiva, lo divulgado sea lo mediocre.

Miguel Ángel (estudiante ISA): ¿Qué será de mí cuando llegue a Pinar del Río o Guantánamo y no pueda asistir a ningún encuentro de este tipo? ¿Hasta qué punto la divulgación, la promoción, llegarán allá? No podemos olvidar que en provincias existe un fuerte movimiento plástico, pero el nivel de desinformación es muy grande.

Jorge de la Fuente: Pronto se creará un centro de documentación, y se le enviarán conferencias, información, a las provincias.

Plástica de lo cotidiano

Marcos García (Asociación Hermanos Saíz): Partimos de la realidad de que el arte en la micro no va a ser la solución universal, pero es una vía. No es sólo decorar u ornamentar, es crear un diálogo.

Ricardo (estudiante ISA): Todas esas ideas del arte en la carretera, en la micro, etc., son parches a lo que no hace la arquitectura, y no porque no haya arquitectos. El problema es el método. Todas las casas del médico son iguales, todos los aeropuertos. No hay una solución del color, de la luz. Uno está en Matanzas y parece que está en Pinar del Río. No hay un estudio plástico ni en el cine, ni en la TV, ni en la industria, ni en la arquitectura. En teoría, todo esto está en la plataforma programática del PCC, pero en la realidad, los canales están tupidos. Y cuando la gente crece en una ciudad así, ¿vas a aspirar después a que vaya a una galería y acepte la nueva plástica? Eso es mentira. Hay que empezar a pensar por ahí.

Alejandro (pintor): ¿Por qué con los recursos básicos materiales no hemos logrado que las nuevas inversiones hayan dedicado siquiera un mínimo al embellecimiento del entorno? Hemos perdido mucho tiempo. Por eso este debate no puede quedar en debate teórico.

La crítica

Roque (fotógrafo): La prensa, los críticos de arte se está desinformando con la crítica que estamos haciendo actualmente, con lo que se escribe. Hay que pensar más cuando se trata de informar a la gente o de crear gustos sobre lo que pasa en la plástica cubana. La página cultura del Tribuna da pena. La revista Bohemia, que la lee todo el mundo, publica críticas que no informan, que no son sinceras ni están ejerciendo una función cultura.

Alexis Somoza: Es necesario ir a la creación de un sistema de análisis basado en la tipología de las conciencias, tanto semiótica como sociológica, para poder buscar la correspondencia entre la situación histórica y el estilo cultural. Sistemas modelantes que permitan establecer las conexiones entre realidad social y hecho artístico.

Funcionarios y funciones

Arturo Cuenca: Es un problema que atañe a las altas esferas del gobierno. Que tengan en cuenta el papel que debe jugar el arte, fundamental en la civilización moderna. La conciencia de la cultura en el socialismo, que puede hacernos más revolucionarios y más socialistas.

Jorge de la Fuente: Las soluciones de los problemas sociales no son inmediatas. Y creo que hay que centrar más los ataques no hacia individuos, sino hacia mecanismos, hacia cierta atmósfera. Hasta que no cambien esas relaciones sociales, no van a cambiar las individualidades.

También se habló de la obligación de las instituciones en cuanto a no sólo admitir, sino fomentar el arte problema, el arte que plantea situaciones aún sin solución, y no quedarse tranquilitos cuidándose las espaldas y fomentando un arte “lindo”.

Jorge de la Fuente: Cada uno tiene su papel: el artista, los teóricos, las instituciones, los medios de promoción. Y no se trata de suplantar los campos, sino de intercomunicar. Y recordar una observación del Che en el sentido de que muchas veces los llamados gustos del pueblo son los gustos  sublimados de los funcionarios.

Cauces abiertos a la luz

Silva (director de galería): Siempre lo nuevo ha tenido que abrirse paso a puro empujón. En nuestro país, siempre, o casi siempre, los artistas han tomado de corrientes foráneas sus iniciales procesos creativos, para después aplatanarlos. Ahora sucede algo similar. Todo el pos vanguardismo está sufriendo lo mismo. Está bien que nuestra juventud marche a la vanguardia de lo nuevo en el arte occidental, pero es aún mejor que empecemos a ser iniciadores de lo nuevo en el socialismo.

Agdel: El problema ha transcendido la simple asimilación de técnicas y poéticas foráneas. En general, la cosa es analizar de un modo serio lo que nos transmiten las vanguardia en el campo de las artes plásticas, lo que no significa asimilarlas tal cual.

Arturo Cuenca: Hay un arte técnica y un arte ciencia, que no tienen por qué comunicar inmediatamente con las grandes masas. Como la Teoría de la Relatividad. Hay que respetar el arte que quiere alcanzar nuevos códigos, campos, espacios para lo estético, para la emoción. Darle el respeto y la subvención estatal para que se siga haciendo ese arte y se creen los canales para que ese arte se tecnologice, se convierta en diseños ambientales, objetos, modelos que conformen una ecología estética que es la que realmente crea el hombre nuevo.

Desiderio Navarro: Hay un problema capital, y es si el artista se considera cocreador de la ideología colectiva o si es un ilustrador de la ideología hecha por otros. Si es un simple ilustrador, sólo debe ilustrar lo ya planteado por otros. Y si no se ha dicho algo sobre esto o aquello, no lanzarse. ¿Qué pasaría si alguien, con los recursos del arte, que es también un medio de conocimiento, se lanza a la búsqueda de verdades que aún no hayan alcanzado el estatus de reconocimiento, si alguien se adelanta y no se conforma con el papel de ilustrador? Porque si el arte es un medio de conocimiento, tiene que ser de verdades nuevas, porque para descubrir verdades viejas no se usa un medio de conocimiento. Ese es otro de los problemas cuya solución requiere debate colectivo. Porque el artista se puede adelantar, acertar, y también equivocarse.

¿Quién le pone el cascabel…?

Glecsi Rojas (impresor): ¿Quién se va a encargar de decirle todo esto que estamos diciendo aquí, todas estas críticas, a los criticados? Porque si no, estaremos perdiendo aquí la tarde. ¿O esto se quedará entre nosotros, en familia? Yo propongo que ustedes vayan de una forma institucional a ver a quien sea. Está bien que se publique, pero yo no creo en soluciones de periódicos.

Yo tampoco, Glecsi, porque los periódicos no se crearon para dar soluciones, sino para informar, para fomentar el público debate. La Gaceta es sólo el amplificador a través del cual tantas palabras podrán llegar a oídos ávidos por escucharlas y a otros no tan ávidos o ávidos, precisamente, por lo contrario.

Ahora, los hechos tienen la palabra.

“En busca de nuevos ojos”; en: La Gaceta de Cuba, La Habana, junio, 1988.





CONTAR EL CUENTO (Violencia, didactismo, adolescencia: breve recuento de la cuentística cubana de la Revolución)

29 06 1988

BREVISIMA HISTORIA DE LA CUENTISTICA

CUBANA DE LA REVOLUCION

No por vocación clasificatoria, sino para acercarme por un camino lo menos intrincado posible a la cuentística cubana de la Revolución, ordeno ésta en cuatro etapas que corresponden, en gran medida, a las ya formuladas por Francisco López Sacha: la primera, de 1959 a 1966, sería el Primer Período Didáctico, respondiendo al criterio de Angel Rama; la segunda, 1966‑1970, la Narrativa de la Violencia; la tercera, del 70 al 78, la Narrativa del Cambio, o Segundo Período Didáctico; y la cuarta, 1978‑1988, podría llamarse Narrativa de la Adolescencia.

PRIMER PERIODO DIDACTICO (1959‑1966)

Durante estos años ocurre el proceso de consolidación de la Revolución. El acto de vivir se convierte en algo tan impostergable, que el hecho literario queda relegado por la realidad a un segundo muy segundo plano. Tienen lugar los sucesos que alimentarán en gran medida la Narrativa de la Violencia que se producirá en el período posterior.

Angel Rama, analizando el devenir literario de las revoluciones rusa, mexicana y en cierta medida, la cubana, señala que en los albores de la revolución se produce poca literatura y quienes están en mejores condiciones para hacerla son, precisamente, los derrotados. Aunque esto no se cumpla estrictamente en nuestro caso, sí tiene lugar el proceso de creación en dos vertientes opuestas: una literatura sin asidero a la circunstancia inmediata por un lado, y una literatura circunstancial por el otro. Esta última, comprometida, deslumbrada por la Revolución, trata de explicarla desde la perspectiva poco fiable que concede el asombro, haciendo uso de un didactismo a veces ingenuo y excesivamente explícito. A ella me refiero cuando denomino la etapa como Primer Período Didáctico.

Durante la Revolución Rusa, Lenin hablaba a Lunacharski sobre los que se unen al carro de la victoria, fenómeno inevitable y síntoma de la victoria. Y el Che, en El socialismo y el hombre en Cuba, apuntaba: «La culpabilidad de muchos de nuestros revolucionarios y artistas es que no son auténticamente revolucionarios (…) Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original…» Fue cierto, como se encargó de corroborar el tiempo, el oportunismo de algunos escritores que se unieron al carro de la victoria, para desuncirse después como quien cambia en el beisbol de equipo favorito. Y no es casual que quienes hoy más gritan a favor de los Mulos de Manhattan, fueran en su momento los más extremistas hinchas del equipo Habana. Ya sabemos lo que aparece cuando se rasga la piel de un extremista. Fueron los menos, por cierto, aún cuando hoy se vendan como los más ‑‑o como los más representativos, que tampoco son. Respecto a ese pecado original de que hablaba el Che, creo que en gran medida, ocurrió. )Por qué? Ante todo, fueron excepcionales los escritores que ya entonces lo eran, que tuvieron participación directa en la lucha insurreccional. Una parte, asqueados de la circunstancia republicana, veían con escepticismo la posibilidad de un cambio. Otros, alejados del país por diversas causas, hacían de su obra en sitios más acogedores o menos hostiles. Para la inmensa mayoría, de extracción pequeñoburguesa, la Revolución fue primero el asombro y más tarde el deslumbramiento. Ellos entregaron a la Revolución naciente cuanto tenían, sus palabras; pero interiorizar una revolución que los tomaba por sorpresa era ya un proceso más lento, un largo aprendizaje, como lo fue también para un nutrido sector de la población cubana, no sólo los intelectuales. No hay duplicidad en esto, sino velocidades diferenciadas de asimilación: entregara a la Revolución era un acto de compromiso y militancia, entregarse era un acto de amor. Si a eso lo llamáramos, como el Che, pecado original,  sería un humano pecado que sólo para un pequeño grupo se convirtió, deshonestidad mediante, pecado capital.

NARRATIVA DE LA VIOLENCIA (1966‑1970)

Al tiempo que se radicalizaba la Revolución y tenía lugar el auge de los movimientos guerrilleros en América Latina, ocurre el paso de la lucha contra bandidos, episodio central del período anterior, a la lucha ideológica, cuyo suceso fundamental fue el combate contra la microfracción; a la lucha económica que culmina, en 1970, con la zafra, un decenio permeado de voluntarismo.

Entre 1966 y 1970 se produce la mejor cuentística de la Revolución, cuya calidad sólo recientemente ha sido igualada y en parte superada. La narrativa de la violencia tiene como tema central la guerra, desde el período insurreccional hasta la lucha contra bandidos recién concluida. Caracterizada por conflictos de alto dramatismo, formas rítmicas veloces y lenguaje de sobreentendidos que implica una complicidad, una comunidad de vivencias entre el lector y el escritor, es una cuentística más babeliana que hemingwayana, cruda, incisiva, y que evade la mitificación de la guerra mediante una disección participante y crítica a la vez de la realidad narrada. Esto escandaliza la concepción maniquea al uso de la guerra como choque entre malos malos y buenos buenos, lo que provoca el cuestionamiento, en diversa medida y por diversos motivos, de los principales libros y autores; quedando sobreentendida a partir de ese momento la incuestionabilidad de la realidad, caldo de cultivo donde florecerá la

NARRATIVA DEL CAMBIO (1970‑1978)

                                                ó

                   SEGUNDO PERIODO DIDACTICO

El inicio de los setenta propició, por un lado, una literatura didáctica (hasta didactiquera), protagonizada por escritores que hacen su aparición durante este período y algunos narradores de la violencia con obras menores; una literatura que se siente obligada a explicitar sus posiciones ideológicas para que no haya confusiones ‑‑recordar la carta de Engels a Nina Kautsky‑‑, medicina preventiva para evitar la combustión de barbas que ya habían ardido en el capítulo anterior. Al negar la creación artística como patrimonio de «cenáculos» o «individuos aislados», es decir, artistas ni juntos ni solitarios, y contraponer a esto las masas como genio creador, se cayó en la simplificación de negar el papel del individuo en la creación artística, como si el credor, el artista, no saliera del pueblo, no se nutriera del pueblo, no creara para el pueblo. A esto se unió una feroz precaución contra la «cultura capitalista» ‑‑por lo cual se entendía generalmente la cultura que se hacía en los países capitalistas. A pesar de la advertencia de Carlos Rafael Rodríguez en el sentido de que el quid de la cuestión no era escuchar música folklórica latinoamericana y no norteamericana, lo anterior generó un autobloqueo cultural del cual aún estamos emergiendo. No es hasta 1988 que el propio Carlos Rafael habla de proscribir de la cultura la palabra extranjero.

En este contexto se produce una narrativa anémica, apocada, que tiene como tema fundamental y perspectiva el hombre viejo en un mundo nuevo. Prima en ella un tempo más lento, un lenguaje más pausado y el maniqueísmo de los conflictos, quedando excluidos en lo esencial aquellos que verdaderamente tensarían las fuerzas de la sociedad en la dirección de su ulterior evolución. Hubo quienes confundieron el optimismo filosófico del marxismo‑leninismo con una visión festiva de la realidad. Y como toda verdad tiene dos alas, aún cuando no cumpla con las leyes de la simetría bilateral, al cercenársele de cuajo el ala oscura, al tusársele el plumaje según ciertas premeditaciones (y hasta precauciones) político‑estética ‑‑créanme que la ideología no andaba ni por allí aquel día‑‑, resultaba una realidad muchísimo más bonita, con una sola limitación: no levantaba el vuelo.

La creación de personajes ideales que el autor manejaba desde sus alturas olímpicas, fue un procedimiento bastante usual. Eran tan asépticos, con una ideología tan bien planchada, que sólo les faltaba para alcanzar la perfección que los lectores se lo creyeran; lo cual, dada esa natural perspicacia de los lectores, no ocurría, provocándose, por contraste, una reacción de rechazo en bloque. Cabría aclarar que tal situación no se asemeja más que superficialmente a una visión romántica, en cuyo caso la ponderación del hombre es un medio de reflejar cierta realidad tan válido como cualquier otro.

NARRATIVA DE LA ADOLESCENCIA (1978‑1988)

Ya desde los últimos años del período anterior se entronizaron desviaciones y males que serían denunciados a mediados de los ochenta, Cuba incrementa su asistencia civil y militar a decenas de países y gana prestigio en la arena internacional como presidente del Movimiento de Países No Alineados.

Es en este contexto que se produce la Narrativa de la Adolescencia ‑‑aunque por un momento estuve tentado de llamarla Narrativa de la Etica‑‑, que tiene su precursor en la de Rafael Soler (1975).

Una nueva promoción ()generación?) de narradores se abre paso con libros que tienen, como común denominador, la recreación de la infancia y la adolescencia, y más aún, el estar escritos desde el punto de vista del niño‑joven‑adolescente, es decir, desde la perspectiva del asombro y del descubrimiento. Visión que coincide con la de los propios narradores. Literatura rica en matices, diversa desde el punto de vista formal, enfocada esencialmente hacia lo cotidiano, aunque pueda moverse con comodidad en disímiles universos espacio‑temporales, excluye, por lo general, la concisión anecdótica de los narradores de la violencia, dado que aquí la anécdota no es más que una justificación para el planteamiento de acusiosas inquietudes éticas. Rasgo también esencial porque la preocupación por lo ético aparece como respuesta al relajamiento de la ética. Y no hay más inflexible guardián de la ética que la adolescencia. La disección crítica de la sociedad, tímida en sus inicios, se va acentuando hacia fines del período, revelando los conflictos y tensiones internos de la sociedad proyectados hacia el futuro.

Aunque decir que esta es la Narrativa de la Adolescencia equivale a subrayar uno de sus rasgos más pronunciados, en esta promoción encontramos el concierto de voces más diverso de toda la narrativa producida dentro de la Revolución: redescubrimiento de técnicas características de lo que se ha dado en llamar literatura fantástica y del absurdo, consolidación (no siempre feliz) de la nueva ciencia ficción y el policíaco cubano ‑‑aun con una baja sensible de su calidad respecto al período anterior‑‑; lirismo, humor, concisión de lenguaje, barroquismo acentuado, expansión temática, uso y hasta abuso del lenguaje popular, novedosas construcciones sintácticas y estructurales ‑‑quizás tardíamente asimiladas de la narrativa del boom‑‑, conviven con modos más convencionales de contar; y sobre todo, la cristalización de cuando menos cinco y puede que hasta diez voces singulares casi al unísono, hecho sin precedentes en la cuentística cubana. Panorama que augura mejor suerte para el género en un futuro cercano.

NOCIONES DE FUTUROLOGIA O

EL ARTE DE AUTOPREGUNTARME

La narrativa cubana contemporánea dispone de un grupo relativamente nutrido de autores que reúnen las tres materias primas con que se fabrica la buena literatura: talento, oficio y laboriosidad, además de 20/20 en cada ojo para escrutar una realidad sumamente peculiar: el primer país socialista de América, de habla hispana, con una apreciable tradición literaria, en el contexto de una de las literaturas más ricas de este planeta, la hispanoamericana, y en el continente donde ya hoy, rebasada la adolescencia del boom, se sientan pautas en la narrativa contemporánea. Una sociedad consolidada, donde es más fácil dilucidar las causas y azares del devenir histórico, pero situada a su vez en un crucero de su desarrollo; plena en contradicciones, tensada hacia el futuro.

Aunque Carlos Rafael Rodríguez ha afirmado también que el escritor no es «conciencia crítica de la sociedad», sino «testigo de la verdad», creo que el papel de testigo implicaría cierta pasividad incompatible con el realismo analítico. Puede que esto responda ciertas pretensiones de algunos intelectuales de erigirse en «conciencia crítica«, cuando no son más que «parte de la«, porque la conciencia crítica en una sociedad de participación, debe ser toda la sociedad, sin distingos ni parcelación del dercho a la crítica en cotos privados de algunos sectores o grupos.

“Contar el Cuento (Violencia, didactismo, adolescencia: breve recuento de la cuentística cubana de la Revolución)”, La Habana, 1988