Los de afuera (vistos desde adentro)

7 03 2002

Los cubanos de afuera no seremos coroneles (alguno habrá) pero sí tenemos quien nos escriba. Se trata de los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, que nos han dedicado toda una sección, “Cubanos en el Exterior”, en su página oficial

Bajo el subtítulo “Algunas características de la emigración cubana”, se nos cuenta que “el término emigración cubana es cambiante”. Si al principio fueron terratenientes y batistianos, “al paso de los años esa emigración fue incluyendo en su seno a otros sectores sociales producto de distintas razones”. Claro que no se especifica ninguna de las “distintas razones” por las que un tornero, un campesino, o la peluquera de la esquina, deciden abandonar el paraíso de los trabajadores para entregarse a la explotación inicua del capitalismo. Recuerda el documento a los 125.000 marielitos como “distintos” a sus predecesores, sin tampoco ahondar en las razones de esa distintitud o de su éxodo masivo.

Equiparan los redactores del MINREX la emigración cubana a la del resto de las naciones subdesarrolladas, aunque su propia propaganda diga exactamente lo contrario —¿será porque dado el escaso acceso a Internet, esta página está diseñada para que la lean los de afuera?—. El caso es que un mojado mexicano sólo intenta permutar una explotación inicua a diez centavos la hora, por otra igualmente feroz, pero a diez dólares la hora. El cubano, en cambio, abandona el paraíso especialmente diseñado para él, y se marcha al infierno. Al de Chihuahua nadie le expropia la casa y los bienes por cruzar el río, no lo expulsan del trabajo aunque manifieste su intención de mojarse, tiene derecho al voto por correo en su país de origen, así resida en Alaska, y jamás le exigirán un permiso de entrada o un visado para regresar a casa. Son demasiadas diferencias.

Por eso, cuando más adelante se nos dice que “Cuba no tiene dificultad en reconocer que sus nacionales son parte del flujo migratorio internacional en búsqueda de mejores destinos económicos”, a uno le entran ganas de exclamar: haberlo dicho antes. Antes de encarcelar a tanta gente por intento de salida ilegal. Antes de escupir, expropiar y apedrear a los que han querido abandonar la Isla (que se vaya la escoria), antes de poner en práctica el vejatorio “permiso de salida”, hundir un remolcador lleno de mujeres y niños, prohibir la correspondencia entre padres e hijos si uno de los dos ha emigrado en busca de “mejores destinos económicos”. Y por eso también se invita desde el MINREX a “los residentes en Estados Unidos” a abandonar “a cambio” (¿a cambio de qué? ¿de las palizas, las humillaciones y el secuestro de sus bienes?) “la falsa imagen de que son un supuesto exilio político, para reconocer con valor que son otra minoría inmigrante en la primera economía mundial”.

De hecho, es muy probable que el 90% de la diáspora cubana no tuviera ninguna intención de constituirse en exilio político. Simplemente, buscaban libertades, sustento digno, una tierra de promisión. Pero las autoridades cubanas, al satanizar toda emigración, al castigar con extremo rigor todo intento de fuga, al despojar de sus bienes a quien osara escapar —el reparto del botín arrebatado al enemigo en fuga ha sido práctica común en todas las guerras—, fabricó en buena medida ese exilio político.

Es natural que una persona aspire a lo mejor para los suyos, y que en muchos casos esté dispuesto a abandonar su espacio natural para conseguirlo. Es posible incluso que esa persona no manifieste una clara orientación política, y que ciertas libertades, como las de asociación o palabra, no signifiquen mucho para él, porque ni se dedica a asociarse, ni tiene intención de promulgar un manifiesto. Pero si esa persona, por el simple hecho de buscar fuera lo que no encuentra en casa, sufre todo tipo de escarnios y saqueos, si su legítima aspiración, que (hoy nos enteramos) “Cuba no tiene dificultad en reconocer”, le convierte en una escoria, un desecho social, tarde o temprano sus motivaciones económicas se refuerzan por una vindicatoria voluntad política. De ahí que el gobierno de Cuba sea el principal artífice de un exilio político, al que ahora intenta convencer de que “era jugando”.

El documento insiste en culpar a Norteamérica del masivo exilio, en el que al parecer la desastrosa situación de la Isla no ha influido. Pero ya se sabe que la culpa de todo en Cuba sólo la tienen el imperialismo, los soviéticos convertidos en rusos y el clima.

En cuanto a su magnitud, que cifra en un 12% (medio millón por debajo de todos los cómputos), la llama normal, dentro del habitual10-15% de la población de un país en el exterior. Para apostillar, como “conclusión obligada el que poca gente se ha ido de Cuba» (sic.). Algo que bien podrían corregir eliminando todas sus barreras a la emigración, empezando por el “permiso de salida”.

No deja de mencionar el MINREX a la perversa Ley de Ajuste Cubano, aunque miente al tildarla como “texto jurídico único en su tipo”. Basta leer las leyes migratorias norteamericanas, que son de acceso público y están disponibles en la red.

Y ya es francamente repugnante que atribuyan el éxito económico de la comunidad cubana de Miami, exclusivamente, al trato preferencial prodigado por la Small Business Administration, y no al esfuerzo personal de esos compatriotas que fueron excretados un día con una maleta vacía, y cuya aportación en forma de remesas es ahora el segundo ingreso de la República. La misma República que expropió a ese millón de cubanos, y aún contando con todos los recursos, convirtió a uno de los países más prósperos de América en uno de los más pobres. Todo a causa de la Bad Business Administration.

En otra parte del sitio se nos afirma que deberíamos dar gracias por que la Revolución “ha resistido”, En caso contrario, no existirían 118 consulados que nos permiten continuar siendo ciudadanos cubanos. Sin su cooperación y “consejos personales” (sic.) ya seríamos naturalizados en cualquier sitio o residentes permanentes sin nexos documentales con la patria. Vaya suerte la nuestra. Sobre todo por los amables consejos personales que ofrecen la mayoría de nuestros consulados, donde una buena parte de los funcionarios —con sus honrosas excepciones, hay que decirlo— se lleva maquinalmente la mano a la cintura para acomodarse la pistola, y sólo entonces se percatan de que su servicio ahora es consular. Al parecer, el MINREX considera que si la Revolución no hubiera resistido, Cuba se habría desvanecido en el aire. La historia de la Isla concluiría con ellos. Algo que está en consonancia con su noción de que en 1959 comenzó nuestra historia. Lo anterior fue mero prólogo.

Y eso explica que se lamenten de no poder “avanzar más en la relación con los cubanoamericanos”, empeñados en “crear una supuesta disidencia en Cuba”, “un supuesto sector alternativo a la Revolución”. Lo cual constituye una advertencia: si no aceptamos disidencias y alternativas in situ, menos aceptaremos una emigración respondona. Bastante que les permitimos gastar en Cuba su dinero imperialista, y hollar con sus zapatos Florshane el suelo inmaculado de la Patria. En fin, que uno llega a envidiar al coronel de García Márquez.

 

Los de afuera (vistos desde adentro) ”; en: Cubaencuentro, Madrid, 7 de marzo, 2002. http://www.cubaencuentro.com/sociedad/2002/03/07/6673.html.





Nueva víctima de Barbie

16 11 1996

Una joven granadina de 26 años yace en coma irreverible tras ingerir diuréticos masivamente para bajar de peso. Una joven que, según las estadísticas, no había recorrido sino la tercera parte de su trayecto vital, intentaba disminuir unos kilos a cualquier precio, y de hecho ha disminuido hasta el peso cero: la levedad de la muerte.

Mientras en los países en desarrollo (mejor decir en subdesarrollo, que lo otro es mera conjetura) millones de personas mueren de hambre sin intentarlo, porque la vida no les deja otra opción; en nuestros lares, que podrían alimentar a un cuarto de Europa más con lo que se tira a la basura, miles de jóvenes bien alimentadas se suicidan de hambre por alcanzar la estética Barbie, una estética que ya va siendo tan macabra en víctimas de la anorexia como aquellos zapatos de hierro que usaban las mujeres chinas para tener los pies pequeños, y que a los occidentales nos aterran por su barbarie.

¿Qué dosis de responsabilidad atañe en estos casos a la persona que, entontecida por un diseño corporal que los ricos alcanzan, cuenta corriente de por medio, a silicona y bisturí, se niega a reconciliarse consigo misma, y sobrevalora kilos y centímetros a costa de subvalorar su inteligencia, sus sueños y su sensibilidad, es decir, lo que hacen de ella un ser humano, no una muñeca presuntamente perfecta? Mucha. ¿Cuánta responsabilidad correspondea una propaganda repetitiva hasta la obsesión, al bombardeo de imágenes perfectas, de personitas de diseño, e incluso al empresario que exige «buena presencia», aunque él mismo sea feo como la muerte en día de lluvia? Mucha también.

De cualquier modo, vale reflexionar en estos casos sobre lo que hemos perdido. ¿Cuántas obras, emociones, sueños y felicidades (o infelicidades) probables habrá inmolado esta joven a la diosa Barbie? Nunca lo sabremos. Sólo que 26 años de experiencia vital no fueron suficientes para comprender que la vida, aún en su humana imperfección, es la aventura más espléndida, destinada por igual a ser disfrutada y padecida por gordos y flacos, por feos que nunca tendrán «buena presencia», y por feos del alma, que son los peores aunque se paseen por las pasarelas.

“Víctimas de Barbie”; en: Diario de Jaén, Jaén, España, 16 de noviembre, 1996, p. 33.