Manual de vuelo

4 09 2008

Una práctica reciente en la República de Cuba es adjuntar al permiso de salida de quienes viajen con pasaporte oficial el siguiente documento:

 

“Compañero:
La misión para la que te preparaste es importante, pero siempre que sea posible, en el escenario y forma adecuada lleva el mensaje de tu pueblo revolucionario y solidario, que resiste el bloqueo del imperio por casi 50 años.
Que fueron y son conquistas de la revolución desde su triunfo, entre otras, el derecho del pueblo a decidir su destino, la defensa de los derechos de la niñez, la igualdad de la mujer y la lucha contra la discriminación racial y de sexo.
También da a conocer que hace 10 años, hay cinco héroes cubanos encarcelados injustamente en las cárceles de los Estados Unidos por luchar contra el terrorismo.
Que el ejemplo del compañero Fidel está y estará siempre en el pensamiento y la acción de todos los revolucionarios del mundo.
Recuerda que en cualquier parte de la tierra, puede haber un oído receptivo y dispuesto a luchar junto a tu pueblo”.
“Dirección de relaciones internacionales, CITMA”.

 

Hace muchos años, cuando los únicos viajes posibles eran en misión oficial o por salida definitiva, los “compañeros que nos atienden” solían reunir a las delegaciones y advertirles de los peligros que los acechaban en la selva capitalista. Por dónde debían moverse (preferiblemente en manada) y por dónde no. Con quiénes y de qué podrían conversar. Así como un manual de tentaciones que iba desde los puticlubs hasta la quincallería. La amenaza explícita no era necesaria. Vivir en la Isla era suficientemente amenazante. Se daba por sentado que todos los compañeros se portarían bien.

Ahora, al parecer, ya no hay tanta confianza en la buena conducta de los cubanos, aunque sean portadores de un pasaporte oficial. El nivel de desilusión, la falta de expectativas y el descrédito generalizado hacia eso que insisten en llamar Revolución, hace aconsejable puntualizar cuáles son los mensajes que deben difundir en el ancho mundo. Se les insta a llevar “el mensaje de tu pueblo revolucionario y solidario, que resiste el bloqueo del imperio” “en el escenario y forma adecuada” (se excluyen los mítines en sex shops, bares de alterne, asociaciones de gays y lesbianas y en las sedes de Reporteros sin Fronteras o Human Rights Watch). Deberán ser portadores de las “conquistas de la Revolución”, y el texto no se refiere a la toma de Angola o a la invasión a Miami, sino al “derecho del pueblo a decidir su destino” (queda al buen juicio del publicista el modo más adecuado de explicar el sistema electoral cubano y la democracia socialista, aclarando que aquello de la “dictadura del proletariado” es cosa de los manuales soviéticos). Se subrayarán los derechos del niño y la mujer y la lucha contra toda discriminación racial y de sexo. A pesar de Mariela Castro, no se menciona la “orientación sexual” y tampoco la discriminación por razones religiosas, políticas o ideológicas. Puntos sobre los cuales el comprador de grúas o el geógrafo deberán hacer pudoroso silencio para no ser objeto de manipulaciones ideológicas. También se orienta relatar la saga de los cinco héroes prisioneros del imperio, esos luchadores contra el terrorismo que la justicia norteamericana insiste en llamar espías.

Es decir, aunque el propósito de su viaje sea adquirir grúas o asistir a una conferencia mundial sobre la desertización, los viajeros deberán convertirse en agentes publicitarios con la certeza de que “el ejemplo del compañero Fidel” se ha expandido como la Gripe A por todo el planeta y está presente en los corazones de los revolucionarios noruegos, los comunistas suizos, los guerrilleros de las Rocallosas y la insurgencia de Montecarlo.

Y se advierte al viajero que, del mismo modo que “siempre hay un ojo que te ve”, “en cualquier parte de la tierra [los océanos quedan descartados, demasiados balseros], puede haber un oído receptivo”. Así que ándate con cuidado y mira a ver lo que tú dices por ahí, que cada oído está conectado a una lengua.

Pero lo más sorprendente de este mensaje es que lo firma la Dirección de Relaciones Internacionales del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Quizás nunca sabremos si se trata de un experimento científico sobre la teoría del rumor, o de un aporte ecológico a la desertificación de las ideas.

“Manual de vuelo”; Madrid, 2008

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