El genio: esa rara sustancia

18 07 1999

Sobre la definición del genio se ha hablado mucho, pero la coincidencia entre las definiciones de los hombres geniales es sumamente sospechosa de acercarse a la verdad. Mientras Carpentier decía  que la inspiración lo sorprendiera trabajando, Einstein hablaba del genio como la capacidad de pensar durante mucho tiempo en una misma cosa, y Edison ofrecía una receta al afirmar que el genio es 1% de inspiración y 99% de sudor.

CONTAR EL TALENTO

Algunos científicos afirman que como índice del talento debe emplearse la velocidad de los procesos mentales y la agilidad con que se resuelvan los problemas intelectuales, sobre todo teniendo en cuenta que a medida que aumenta la dificultad del problema, el tiempo para  resolverlo se incrementa en proporción logarítmica, con lo cual pasan a jugar un mayor papel cualidades tales como la persistencia y la capacidad de concentración.

Alrededor del 75% de las personas poseen capacidades intelectuales intermedias, con coeficientes de desarrollo intelectual entre 85 y 115 puntos. El 25% restante se divide entre las personas geniales, con coeficiente mayor de 115, y los incapaces, con coeficiente menor de 85. Estos últimos solo podrán realizar trabajos de escasa complejidad intelectual, en contraste con los primeros.

¿BIOLOGICO?

El talento, como cualquier producto, se forma a partir de una materia prima (congénita) elaborada  en una fábrica (la sociedad). ¿En qué medida es determinante la calidad de la materia prima o la calidad del proceso fabril? O, en otras palabras, ¿qué determina el genio? ¿Los factores hereditarios, congénitos, la sociedad, o ambos? ¿Podría la sociedad, actuando de una manera óptima, “fabricar” genios empleando como materia prima cualquier ciudadano?

Se ha detectado que entre los niños adoptivos que jamás vieron a sus padres, los coeficientes intelectuales se acercaban más al coeficiente de sus padres biológicos que al de sus padres adoptivos. Después se analizaron los facultades mentales de los niños educados en casas infantiles luego de ser abandonados por sus padres; sitios donde la distribución del tiempo y la información que se ofrece a los educandos es muy homogénea. Asombrosamente (o no tanto) entre estos niños existía la misma diversidad de facultades mentales que entre el resto de los ciudadanos. Incluso ha sido confirmado en Japón, donde tienen lugar una gran cantidad de matrimonios entre parientes cercanos, la ley de la genética que postula que para los niños procedentes de matrimonios entre primos hermanos se prevee un desarrollo intelectual más bajo.

Entonces, ¿es la herencia el factor determinante?

¿SOCIAL?

Análisis históricos han permitido determinar que cuando durante siglos los miembros más inteligentes de ciertas comunidades y grupos sociales los abandonan, sean cuales fueren las causas; si el talento se convierte en objeto de persecución y exterminio, entonces el “fondo hereditario” se verá a la larga afectado, lo cual no establece ningún tipo de fatalismo geográfico. Se ha comprobado durante estudios realizados en los Estados Unidos, que el coeficiente intelectual de niños esquimales sin instrucción y de algunas comunidades asiáticas, es más alto que el de los niños blancos norteamericanos, a pesar de su prosperidad y su instrucción. También es válido revisar la historia, contemplar como ciertos países, ciertas regiones, han asombrado al mundo por la prodigalidad de sus talentos durante las épocas de esplendor, apagándose ese talento durante la decadencia. Lo que demuestra de qué modo el talento, para florecer requiere de una base social ‑‑como una planta cualquiera.

¿EL TALENTO NO SE CANSA?

Se ha pensado que la enfermedad o el cansancio pueden rebajar el coeficiente intelectual, cuando menos temporalmente. No es lo que opina el profesor inglés Eysenck. Durante la Segunda Guerra estuvo trabajando en el hospital de socorro de Mill Hill. A un grupo de pacientes que adolecían de enfermedades nerviosas en todo el país, se les propuso en el momento de su llegada un test de grupo para determinar sus capacidades mentales, aunque se sentían agotados después del viaje, no conocían el hospital ni a los médicos, y no sabían qué les esperaba. Después de meses en magníficas condiciones, con buena alimentación, tratamiento adecuado y prácticas deportivas, el profesor repitió el test, prometiéndole 50 cigarrillos al que aumentara en diez puntos sus resultados anteriores. No hubo incrementos considerables.

EL GENIO NO ES MACHISTA, PERO…

sí hay diferencias en cuanto a ciertas características  del talento observado entre hombres y mujeres. Ante todo, y para descartar susceptibilidades, se ha comprobado que el coeficiente intelectual es más o menos similar entre hombres y mujeres. Las diferencias son de otro orden:

Los hombres, por regla general, resuelven más fácilmente los problemas numéricos y espaciales, mientras entre las mujeres se notan mayores facilidades para la memorización y la solución de tareas verbales. Los hombres son más “extremistas” que las mujeres: Se ha notado en los hombres fluctuaciones más altas del coeficiente intelectual ‑‑abundan más, en comparación con las mujeres, coeficientes muy altos y muy bajos. Existen, comparativamente, más necios y más genios entre los hombres, en contraste con una mayor proporción, entre las mujeres, de individuos dentro de los límites normales.

LA ENFERMEDAD DE LOS GENIOS

De una relación de 1030 genios ingleses publicada por Ellis, él subrayó que 53 padecían gota, lo que supera de 5 a 10 veces la proporción de gotosos en el conjunto de la población. Entre ellos aparece el médico Harvey, descubridor de la circulación sanguínea, el matemático y mecánico W. Hamilton, el historiador E. Gibbon, el dramaturgo W. Congreve, Roger y Francis Bacon, Charles Darwin, etc.

Entre los 39 representantes más altos de la ciencia mundial ‑‑según Y. Golovánov‑‑, cinco padecieron  gota: Galileo, Newton, Harvey, Leibniz y Linneo.

Franklin, Emmanuel Kant, Boyle Y Berzelius, eran también gotosos.

De los 18 sabios más ilustres de la antigüedad hasta el siglo XIX, relacionados por L. Figuier, un tercio padecían gota.

Príamo y Edipo, Aquiles, Belerofonte, Alejandro Magno e Iván El Terrible, el sultán turco Osmán, Amurates I, Bayaceto El Relámpago, Mahomed I y II (El Conquistador), los famosos Médicis renacentistas, los duques de Lorena, Miguel Angel, Uglug‑Bek, Martín Lutero, Juan Calvino, Erasmo de Rotterdan, Thomas Moore, Oliverio Cromwell, el cardenal Julio Mazarini, Stendhal, Maupassant, Goethe, Turgéniev, Bismarck y Suvórov, así como Enrique IV, padecieron todos de gota.

Sin suscribirnos totalmente a sus observaciones, transcribimos las conclusiones de Ellis:

“Las personas geniales del tipo gotoso, son marcadamente varoniles y profundamente originales; poseen una energía potente y estable, su proceder es perseverante y paciente, llevando hasta la solución el problema planteado (…) Los genios  que padecen gota no tienen nada en común con los tísicos célebres, que se distinguen por su febril actividad, la turbada alternancia de los intereses y rápida percepción, pero que son algo afeminados.”

Lo que sí hay en común entre todos estos genios gotosos es su tenacidad, su perseverancia.

La relación parece abrumadora, pero ¿lo es verdaderamente?

ACIDO URICO Y CLASES SOCIALES

Los investigadores han planteado que en el caso de los gotosos debe tenerse en cuenta el papel que juega el ácido úrico (C5H4O3N4), estimulador del trabajo del cerebro. Si el organismo normal contiene un gramo de esa sustancia, el de los gotosos llega a 20 o 30. El ácido úrico es muy parecido, por su estructura, a la cafeína y a la teobromina, conocidos estimulantes de la actividad mental.

Al margen de esto, hay varios elementos que nos inclinan a leer con mucha prudencia estas conclusiones: en primer lugar, no hay por el momento una definición homogénea de lo que se entiende por genio, ni patrones universales, ni un conocimiento tan profundo de la historia de las personalidades, que nos permita comparar a Platón con Freud o con Jorge Luis Borges. En segundo lugar, la gota es un padecimiento que tiene como causa, en sentido general, el consumo desmedidamente alto de proteínas (principalmente de origen animal), y ello ha dependido tradicionalmente de dos factores: los hábitos alimentarios de cada pueblo y el nivel de desarrollo. Si nos remitimos a los genios individuales, tendríamos que analizar su extracción social ‑‑casi invariablemente, a lo largo de la historia humana, integran las capas más altas, máximos consumidores de todo y, en especial, de proteínas. Por tanto, es posible que la alta proporción de gotosos entre los genios tenga más que ver con su posición social que con su talento. Si existieran datos suficientes, tal vez obtendríamos estadísticas semejantes analizando a los ricos o a los reyes.

PERSPECTIVAS

Se supone que para el año 2000 ya se hayan podido simular los procesos complejos del pensamiento, y obtener sustancia viva sintetizada. Para esa fecha se prevee el intelecto artificial, y para dos decenios más tarde, el control de la herencia. Algunos afirman que para mediados del próximo siglo ya el hombre habrá logrado gobernar su memoria y restablecer sus recuerdos. Eso implicará perspectivas sin precedentes para el florecimiento del talento humano. Según los estudios realizados hasta hoy por prestigiosos fisiólogos, todo hombre tiene en estado latente capacidades mentales potencialmente ilimitadas, que solo se aprovechan en un 10% dados los modernos métodos de educación. Por otro lado, la vocación, condición sine qua non para que el genio se manifieste, en numerosísimos individuos no se revela, torciéndose su camino hacia actividades en las cuales se frustrará o solo alcanzará éxitos muy discretos.

¿Qué ocurrirá cuando tenga lugar una revolución en las ciencias pedagógicas, que consiga aprovechar a fondo las capacidades instaladas en el cerebro humano? ¿Qué ocurrirá cuando miles de millones de seres humanos sometidos hoy al hambre y la incultura, alcancen una vida más plena? ¿Qué ocurrirá cuando se perfeccionen los métodos para el autodescubrimiento vocacional? ¿Qué ocurrirá en la medida en que avance el proceso de perfeccionamiento genético de la humanidad a través de la mulatización global?

Nadie puede hoy contestar esas preguntas. Pero seguramente el genio dejará de ser esa rara avis, esa estrellita solitaria que iluminó largos y tenebrosos períodos de la antigüedad.

“El genio: esa rara sustancia”; en: Somos Jóvenes, n.º 134, La Habana, julio, 1991.


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