Anfibología y otras sospechas

24 11 1996

María Moliner, en El Diccionario de uso del español, define el término “anfibología” como “Equívoco. Circunstancia de tener una palabra o expresión más de un significado”. Lo mismo ocurre en la vida. A veces parece que un banquero es el ejemplo de made himself para mostrar a la juventud, una especie de Cid Campeador de las finanzas, y al final resulta un ratero al por mayor. O un militar que vela por el sueño de los honrados currantes se trueca en un cuatrero evadido por medio mundo y para agarrarlo hay que ofrecer recompensas más sustanciosas que en su día por Billy The Kid.

De modo que los inocentes consumidores de noticias, acudimos a los diarios con el ánimo de enterarnos, al menos, de lo que ocurre en el teatro del acontecer, aunque sigamos ignorando lo que ocurre de verdad entre bambalinas, porque la realidad suele desclasificarse mucho después de ocurrida. ¿Y qué encontramos? Con frecuencia, indicios y pistas que bien podrían acercarnos a la verdad. Pero otras, intentamos entender, pero ni con muy buena voluntad nos enteramos.

Por ejemplo: “Abierto el plazo para solicitar alimentos de intervención de la Cruz Roja”. ¿Qué son alimentos de intervención? ¿Alimentos que intervienen nuestra hambre? ¿O que interviene la Cruz Roja?

O: “El portavoz de la familia Cordón cree que el industrial secuestrado sigue en sus manos”. Si sigue en manos de la familia Cordón, como asegura este titular, se trata de una noticia muy interesante. En tal caso, ¿por qué cree y no está segura la familia? ¿Y si esasmanos parece que son, pero no son, entonces, de quién son?

Pero la noticia más asombrosa que he descubierto últimamente en los titulares es que: “Declaran el despido de una embarazada improcedente”. Lo que parece una noticia china, donde un segundo embarazo es altamente improcedente. Pero se trata de una información local. Quizás la perspicacia del periodista rebasa nuestra admiración. Puede que ni la improcedente madre o el padre, que seguramente no hizo ni más ni menos que lo que suele hacerse en estos casos, sepan que un niño improcedente está a punto de arribar a este mundo (no tan procedente como algunos quisieran). Y por eso la despidieron. Desde que leí la noticia escruto a cada embarazada por la calle para ver si es improcedente o no. Pero no lo consigo.

“Anfibología”; en: Diario de Jaén, Jaén, España, 24 de noviembre, 1996, p. 52.

 


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